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20 de agosto de 2013

Elizabeth Bishop, Argument (2 versiones)


Fotografía de Sasha Nikitin


PORFÍA

Días que no pueden o no quieren
acercarte a mí,
Distancia que pretende parecer
todo menos terca
porfían y porfían y porfían conmigo
incesantemente
sin lograr demostrar que te quiero o te deseo menos.

Distancia: ¿Recuerdas toda aquella tierra
bajo el avión:
aquella costa
de playas apagadas y rebosantes de arena,
extendiéndose borrosas
hasta donde mis razones no alcanzan?

Días: Y piensa
en todos aquellos instrumentos amontonados,
cada cual para su uso,
anulando mutuamente su experiencia;
en cómo se parecían
a un horrible calendario
«Saludos de Nunca&Siempre, Inc.»

El sonido intimidante
de estas voces
que tenemos que encontrar cada cual por separado
puede y debe ser vencido:
Días y Distancia derrotados
e idos
ambos, definitivamente, del apacible campo de batalla.

en Antología Poética de Elizabeth Bishop, Valencia, 1988
Versión de Orlando José Hernández




ARGUMENT

Days that cannot bring you near
or will not,
Distance trying to appear
something more obstinate,
argue argue argue with me
endlessly
neither proving you less wanted nor less dear.

Distance: Remember all that land
beneath the plane;
that coastline
of dim beaches deep in sand
stretching indistinguishably
all the way,
all the way to where my reasons end?

Days: And think
of all those cluttered instruments,
one to a fact,
canceling each other’s experience;
how they were
like some hideous calendar
“Compliments of Never&Forever, Inc.”

The intimidating sound
of these voices
we must separately find
can and shall be vanquished:
Days and Distance disarrayed again
and gone
both for good and from the gentle battleground.


ARGUMENTO

Los días que no pueden traerte cerca
o no quieren,
la distancia intentando aparecer
como algo más que obstinada,
discuten, discuten, discuten conmigo,
interminablemente,
sin lograr demostrar que eres
menos deseada ni menos querida.

Distancia: recuerda todo ese país
debajo del avión;
esa costa de borrosas playas
profundas en la arena,
estrechándose indistinguiblemente
todo el trayecto,
¿todo el trayecto hacia
donde mis razones terminan?

Días: y piensa
de todos esos confundidos instrumentos
uno al efecto
cancelando cada experiencia de los otros;
cómo fueron,
cómo algún espantoso calendario
“cumplidos de Nunca&Para Siempre, Inc.“.

El intimidante sonido
de esas voces,
nosotros podemos, por separado, encontrar
que pueden y serán vencidas:
Días y Distancia desbandados nuevamente
y arrasados ambos por buenos
y desde el tierno campo de batalla.

Versión de Luis Benítez



Elizabeth Bishop 
(Worcester, Massachusetts, EE.UU, 1911- 
Boston, 1979)
para leer MÁS

20 de julio de 2012

Elizabeth Bishop, Insomnio


Obra de Mariana Palova


INSOMNIO

La luna en el espejo de tocador
contempla (tal vez orgullosa
de sí misma, pero jamás se sonríe)
millones de millas
en la distancia y más allá del sueño,
o quizá duerma de día.

Si el Universo la abandonara,
ella lo mandaría al infierno
y encontraría una extensión de agua,
o un espejo, donde morar.
Envuelve pues tus cuitas con una telaraña
y tíralas en el pozo

a ese mundo invertido
donde la izquierda es siempre la derecha,
donde las sombras son en realidad el cuerpo,
donde nos quedamos despiertos toda la noche,
donde el cielo es tan llano como el mar
es ahora profundo, y donde tú me amas.

INSOMNIA

The moon in the bureau mirror
looks out a million miles
(and perhaps with pride, at herself,
but she never, never smiles)
far and away beyond sleep, or
perhaps she's a daytime sleeper.

By the Universe deserted,
she'd tell it to go to hell,
and she'd find a body of water,
or a mirror, on which to dwell.
So wrap up care in a cobweb
and drop it down the well

into that world inverted
where left is always right,
where the shadows are really the body,
where we stay awake all night,
where the heavens are shallow as the sea
is now deep, and you love me.






Elizabeth Bishop 
(Worcester, Massachusetts, EE.UU., 1911-1979)
de Una fría primavera, 1955
en Antología Poética, Valencia, 1988
Traducción de Orlando José Hernández
para leer MÁS

1 de septiembre de 2011

Berta Piñán, Genealogía


Fotografía de Metin Demiralay (demiralaymetin@gmail.com)

GENEALOGÍA

La rosa que cortó George Sand,
su perfume furtivo
en esta tarde última de otoño.
Los rebaños australes de Alejandra Pizarnik
que mi abuela apacentó después,
en la navidad del 57, sola entre la nieve,
en los montes de L'Aspru.
La llama de un fósforo, en Park Avenue,
en las manos ateridas de Margaret Randall,
que alumbra ahora mi cigarro
en la noche de Madrid;
las garzas azules de Elizabeth Bishop
que vienen a posarse en la orilla de estos versos
y son también aquello que perdimos;
Linda Pastan y las voces, al volante,
cuando presiente que ya hemos gastado
el tiempo que nos queda.
Un libro que pasa de mano en mano
en una mañana apacible de Dachau
-Alemania- y que yo abro ahora,
60 años después, para recordar
que nunca más seremos
inocentes.
La carta que Adrienne Rich
nunca envió,
donde decir adiós y decir lo siento
le dolía tanto
-el corazón de una mujer
arde en ese cuarto-.
Los números secretos de Szymborska, el manzano
que plantó en la primavera polaca y
dejó escrito en el poema:
sólo los presos desean volver a casa -dijo-,
y ahora son aquellas las frutas que yo recojo
en mi huerto.
El gas mortal de Sylvia Plath,
el agua resbalando por el pelo
de Alfonsina Storni, como un puñado
de serpientes.

Quién dijo que al final seríamos
juntos y felices,
al final,
quién dijo que la verdad no
dolía tanto,
que brillaba como un gusano
de luz
en la esfera de la noche.
Las cárceles de hielo de Ajmátova,
de Tsvietáieva,
que sacuden en el centro mismo del
silencio.
Dime lo que un corazón
puede soportar
de luz y de sombras,
cuánto de soledad, cuánto de frío,
qué heridas no seremos capaces de cerrar,
quién olvidará primero.
Dime cuántas veces se puede lanzar
la misma piedra en el vacío
y a quién va a golpear
cuando regrese.




Berta Piñán  
(Cangas de Onís, España, 1963)
de La mancadura (El daño) Editorial Trea, 2010
Edición bilingüe
para leer + en EMMA GUNST

18 de julio de 2010

Elizabeth Bishop, Un arte (2 traducciones)


Fotografía de Guy Le Baube (Francia, 1944)

UN ARTE

El arte de perder no es un arte difícil;
tantas cosas parecen colmadas de un propósito
de pérdida que cuando se pierden no es muy trágico.

Pierdan a diario algo. Acepten la molestia
de extraviar el llavero, la pérdida de tiempo.
El arte de perder no es un arte difícil.

Practiquen perder, luego, más cosas y más rápido:
lugares, nombres, dónde era que estaban yendo.
Ninguna de estas cosas es demasiado trágica.

Perdí el reloj materno. Y miren, se me ha ido
la última, o penúltima, casa que tanto amaba.
El arte de perder no es un arte difícil.

Dos hermosas ciudades, perdí. Y algunos reinos
que poseía, dos ríos y un continente.
Y aunque, sí, los extraño, no fue una cosa trágica.

Incluso tras perderte (la voz mordaz, un gesto
que amo) no habré dicho una mentira. Es obvio
que el arte de perder no es cosa muy difícil
aunque parezca a veces (¡escríbelo!) algo trágico.

en Obra poética, Elizabeth BishopTarragona, Igitur, 2008
Traducción de Sam Abrams y Joan Margarit




ONE ART

The art of losing isn't hard to master; 
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster,

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.

- Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.




UN ARTE

El arte de perder no es difícil de dominar;
tantas cosas parecen decididas a 
perderse que su pérdida no es una catástrofe.

Pierde algo cada día. Acepta el desbarajuste
de llaves perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil de dominar.

Luego practica perder un poco más, pierde más rápido:
lugares, y nombres, y allí donde pensabas
viajar. Nada de esto causará una catástrofe.

Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! se fueron mis tres últimas
o penúltimas casas amadas.
El arte de perder no es difícil de dominar.

Perdí dos ciudades hermosas. Y,  aun más
algunos reinos que  tuve, dos ríos, un continente.
Los extraño, pero no fue una catástrofe.

Incluso perderte a ti  (la voz burlona, un gesto
que amo) no mentiré. Es evidente
el arte de perder no es muy difícil de dominar
aunque parezca (¡Escríbelo!) una catástrofe.

Versión © Silvia Camerotto





Elizabeth Bishop 
(Worcester, 1911- Boston, EE.UU., 1979)
Premio Pulitzer en 1956
para leer MÁS
en WIKIPEDIA


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