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23 de diciembre de 2015

Carolyn Kizer, Cautiverio


Obra de Dee Nickerson
CAUTIVERIO

El cuarto tiene pocos muebles:
una silla, una mesa, y un padre.

Se sienta en la silla junto a la ventana
libros sobre la mesa.
El momento es siempre justo después del almuerzo.

Pasás en puntas de pie mientras come su manzana
y lee. Levanta la mirada, enojado.
Ha escuchado tu respirar asmático.

Leerá durante años sin alzar la vista
hasta que tu niñez haya terminado:

olores, desorden y preguntas aburridas;
sangre, desde las primeras rodillas raspadas

hasta los primeros muslos manchados.
Estúpidas lágrimas de amor adolescente.

Un día levanta la mirada, complacido
por el producto final.
¡ahora está listo para amarte!

Entonces te induce con voz reservada
a leer a Keats. Vos lo aceptás todo.

Disciplinada en el silencio y el deber,
no le darás causa de reproche.
Se jactará de vos ante extraños.

Cuando la tarde envejece
caen sombras en un cuarto más pequeño
sobre la cama, los libros, el padre.

Le leés en vos alta
"La Belle Dame sans Merci."
Le das su medicina.
Le decís que lo amás.

Esperás a que sus ojos se cierren definitivamente,
entonces podés escribir este poema.


THRALL

The room is sparsely furnished:
A chair, a table, and a father.

He sits in the chair by the window.
There are books on the table.
The time is always just past lunch.

You tiptoe past as he eats his apple
And reads. He looks up, angry.
He has heard your asthmatic breathing.

He will read for years without looking up
Until your childhood is safely over:

Smells, untidiness, and boring questions;
Blood from the first skinned knees
To the first stained thighs;
The foolish tears of adolescent love.

One day he looks up, pleased
At the finished product,
Now he is ready to love you!

So he coaxes you in the voice reserved
For reading Keats. You agree to everything.

Drilled in silence and duty,
You will give him no cause for reproach.
He will boast of you to strangers.

When the afternoon is older
Shadows in a small room
Fall on he bed, the books, the father.

You read aloud to him
“La Belle Dame sans Merci."
You feed him his medicine.
You tell him you love him.

You wait for his eyes to close at last
So you may write this poem.





Carolyn Kizer
(Spokane, Washington, EE.UU., 1925-2014)
PREMIO PULITZER DE POESÍA 1985
en De la nieve, los pájaros - Poesía de mujeres norteamericanas,
Ril Editores, Santiago, Chile, 2010
Compilación Lisa Rose Bradford
Traducción de Luciana Beroiz
para leer MÁS

22 de septiembre de 2015

Cynthia Langier, 2 poemas 2 (+1)


Obra de Dee Nickerson

Soy un saco de huesos 
rotos
que camina
con una nube blanca
en la cabeza y
lluevo en silencio
todas las lágrimas
del mundo





Obra de Dee Nickerson



Es el nudo 
en la palabra y 
el agujero 
en la memoria
lo que me abisma




Obra de Dee Nickerson

ELLA DIJO

Ella dijo que iba a buscar en mi escote la palabra inicial con la que yo escribiría el próximo poema. Y eso hizo. Besó mi escote con ganas y me puso la palabra en la boca. Después decime cual es, dijo y se fue a preparar las tostadas de un lunes feriado. Las tostadas de lunes feriado tienen sabor a hijos en piyama pateando la pelota o mirando dibujitos en la tele. El mate está en la cama porque los feriados suceden en la cama. En la cama se come se duerme se hace siesta se escribe se ovilla la gata los chicos dejan sus huellas y olor a pata. Ahora ella vino con otra bandeja con tostadas puestas como casitas -como cuando de chica hacía casitas con las cartas tratando inútilmente que no cayeran. Las pone así para que el vapor no las humedezca porque sabe que a mi me gusta que las tostadas crujan. Trajo mermelada con pedacitos de naranja y frutilla, y volvió a la cocina a preparar café. Huele rico desde la pieza. Toda la casa huele a café y al perfume de su pelo que va y viene llevando y trayendo una alegría que yo dejé olvidada en la mesa de mis abuelos. Llega el café humeante. Ahora lo llama a Pedro y le sirve algo rico que preparó en el horno. Ella nos mima a todos. A mis hijos y a mí. Sube la persiana. Esta es la luz del día que más me gusta. Se mezcla el naranja con el ocre de los edificios que se pintan en la ventana. Se filtra la brisa y el jazmín del país. Ella besa a la gata. Le da queso untable con el dedo. Las dos queremos chupar su dedo pero lo hace la gata y yo escribo. La gata se relame. Entran los chicos. La gata sale corriendo; yo no puedo. En cambio, cierro los ojos y vuelvo al beso en mi escote, cada vez.





Cynthia Langier 
(Buenos Aires, Argentina, 1971)
POETA/PSICÓLOGA
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