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1 de julio de 2020

Ingeborg Bachmann, En verdad (+1)


Ph Interfoto/Alamy


EN VERDAD  


A quien nunca se quedó sin palabras,
y yo os lo digo,
quien sólo sabe ayudarse a sí mismo
y con las palabras,

a éste no se lo puede ayudar.
Ni por el camino corto
ni por el largo.

Hacer sostenible una única frase,
aguantar en el ding-dong de las palabras.

Nadie escriba esta frase
que no la firme.

de Últimos poemas, Hiperión, Madrid, 1999
Traducción y prólogo de Cecilia Dreymüller y  Concha García
Edición bilingüe


Wahrlich, 1964



B O N U S  T R A C K

Ingeborg Bachmann / Ph Herbert List
en el Campo de 'Fiori, Roma

[SIN TÍTULO]

Qué difícil es perdonar,
un trabajo muy lento y muy arduo,
del que sola me he ocupado
durante ya muchos años.

El odio me ha enfermado,
me siento deformada, estos abscesos
me prohíben incluso mostrarme
junto a los hombres.

Sólo sé que yo
no puedo odiar más de este modo
ni desear tu muerte,
la cual tampoco deseo,
ni cumpliría yo por mi mano,

He aprendido que la mía
ha de amar a sus enemigos, y
esto es tan simple, pues si no cómo
podrían luego mis enemigos
hacerme más de un mal.
Si se extravía una bala,
si alguien me escupe en a cara,
como ayer, no me guardo pensamientos
contra el amor que me ha sido dado.

Tengo miedo ante el amor
que me has infundido tú,
con la intención más cruel.
Totalmente ajada de cortantes ácidos,
venenos de todo tipo, por el opio,
aturdida por completo en mi destrucción.
Puesto que ya no vivo más en ti,
y muerta me encuentro ya, donde estoy.
Lo que cuentan y persisten son las cúpulas
comen dos veces al día, satisfacen
luego sus necesidades, e
imploran por los medicamentos,
que me han de sumir en un largo sueño.

de No sé de otro mundo mejor. Poemas inéditos,
Piper-Verlag, München 2000
Traducción de Breno Onetto




Ingeborg Bachmann 
Wörthersee en Klagenfurt 
Ingeborg Bachmann
(Klagenfurt, Austria, 1926- Roma, Italia, 1973)
para leer en EL CUADERNO DIGITAL 
MÁS
su WEB


11 de agosto de 2018

Concha García, Si


Fotografía de Gregory Crewdson

SI

La colcha forma una imagen frontal
que se deshila como si tuviese poder
la cama. Como si no dormir
fuese un apresuramiento del alma.
Pero no dormir es también vivir
en esquinas rotas donde da tanto la luz
que los sueños capacitan al recuerdo
de una lucidez ancestral. Casi ovillada
dura la noche. Pero la noche dura
porque recuerdo lo poco que duró
el día de antes. El día fue
un borroso acontecer que se sucedía
sobre triviales gestos del otro
o de la otra, o de tantos otros
que reviven en las pesadillas
tuteándose. Yo vivía más
aquellas noches. Yo era un pijama
de color azul y el pelo recogido
con un cabello que olía a soledad,
a un viento, a una autopista, a un
qué hijas tengo, ninguna me habla
pero me dicen lo que no quiero.
Yo siento en mis piernas, cuando
me saco el pijama, cuando la ventana
es un atributo de mi paisaje interior
cómo vais y venís, cómo estáis
en mi consciencia adormilada,
atacando un pasado que sueño
con mi chaqueta azul de pijama.
Y mis piernas se van, se pasean
por las afueras de mi tiempo,
y me siento un pie con muchos dedos,
una caja de música
sin hijas. Con notas solas. Notas
repetitivas y melodías que canto
desde las uñas, desde los botones
de mi pijama, ¡Ah! qué melodías
cuando mis dedos se quedan solos
y el viento de los sueños
aleja el aire de las pesadillas. No sabe
nadie. Nadie lo sabe. Me devoraron
cuando era más joven en la piel.
Con los años mi sentimiento de madre
cambia de personalidad, se orea
una vieja imagen que me lleva
a mí misma. A la que soy
hecha de dedos.




Concha García 
(La Rambla, Córdoba, España, 1956)
POETA/TRADUCTORA/CRÍTICA LITERARIA
de Cuántas llaves, Icaria Editorial, Barcelona, 1998
en Ya nada es rito y otros poemas (Poesía reunida 1987-2003),
Editorial Dilema, Colección Ocnos Alas, Madrid 2007
para leer +en BARCELONA REVIEW
y + en EMMA GUNST
su blog CAFÉ LA LEJANA






17 de marzo de 2014

Concha García, Palabras que articulé hace mucho tiempo


(*)
PALABRAS QUE ARTICULÉ HACE MUCHO TIEMPO

Ser un poco más feliz.
No importa qué fecha, qué locura,
cual estupidez es la derrota.
Serlo aunque acapare enormidad
de casi toda la vida.
Serlo, trazos de serlo. Rasgos
sin fisuras enmohecidas: feliz
al regresar y al partir, en la mitad
feliz. Sabiéndolo y sabiendo
qué fugacidad.



Concha García 
(La Rambla, Córdoba, España, 1956)
POETA/TRADUCTORA
de Ayer y callesVisor, Madrid, 1994
su blog CAFÉ LA LEJANA
para leer MÁS

9 de febrero de 2012

Ingeborg Bachmann, Curriculum Vitae


Fotografía de Rosie Hardy

CURRICULUM VITAE

Larga es la noche,
larga para el hombre
que no puede morir, largamente
se tambalea bajo farolas
su ojo desnudo y su ojo
cegado por el aliento de aguardiente, y el olor
a carne mojada bajo sus uñas
no siempre le aturde, oh dios,
larga es la noche.

Mi cabello no se encanece
porque salí del vientre de las máquinas,
Rosarroja* me untó de alquitrán la frente
y los mechones, habían estrangulado
a su hermana, blanca como la nieve. Pero yo,
el jefe de la tribu, pasé por la ciudad
de diez veces cien mil almas, y mi pie
pisaba las cucarachas del alma bajo el cielo de cuero, del cual
pendían diez veces cien mil pipas de la paz,
frías. Una calma de ángeles
deseé a menudo para mí
y cotos de caza llenos
de los gritos impotentes
de mis amigos.

 Con las piernas y las alas abiertas
subía la sabihonda juventud
sobre mí, sobre el estiércol, sobre el jazmín,
hacia las inmensas noches del secreto
de la raíz cuadrada, la leyenda de la muerte
empaña mi ventana cada hora,
dadme euforbia y verted
la risa en mi garganta
de los viejos que nos antecedieron, cuando
caiga yo sobre los infolios
en el sueño vergonzoso,
para que no pueda pensar,
para que juegue con flecos
de los que cuelgan serpientes.

También nuestras madres
soñaron con el futuro de sus maridos,
los vieron poderosos,
revolucionarios y solitarios,
pero después del retiro los han visto encorvados en el huerto
sobre las llameantes malas hierbas,
mano a mano con el fruto charlatán
de su amor. Triste padre mío,
¿por qué callasteis entonces
y no habéis seguido pensando?

Perdido en las cascadas de fuego,
En una noche junto a un cañón
que no dispara, condenadamente larga
es la noche, bajo el esputo
de una luna enfermiza, su luz
biliosa, pasa volando sobre mí
el trineo con la historia
embellecida,
en la vía del sueño de poder (lo cual no impido).
No era que yo durmiese: estaba despierto,
entre esqueletos de hielo buscaba el camino,
volvía a casa, me ceñía el brazo
y la pierna con hiedra y con restos
de sol blanqueaba las ruinas.
Respeté los días festivos,
y sólo si mi pan estaba bendecido
lo comía.

En una época arrogante
hay que pasar de prisa
de una luz a otra, de un país
a otro, bajo el arco iris,
con la punta del compás en el corazón,
tomando la noche por radio.
Abierto de par en par. Desde las montañas
se ven lagos, en los lagos
montañas, y en el armazón de las nubes
se balancean las campanas
de un mundo. Saber de quién
es ese mundo, me está prohibido.

Ocurrió un viernes:
-yo estaba ayunando por mi vida,
el aire chorreaba del zumo de los limones
y la espina estaba clavada en mi paladar
entonces saqué del pez abierto
un anillo que lanzado
al nacer yo, cayó en el río
de la noche y se hundió.
Yo volví a lanzarlo a la noche.

Oh ¡si no tuviera miedo a la muerte!
Si tuviera la palabra
(y no la errase)
si no tuviera cardos en el corazón
(y rechazara el sol),
si no tuviera avidez en la boca
(y no bebiera el agua salvaje),
si no abriera el párpado
(y no hubiera visto la cuerda).
¿Están tirando del cielo?
Si no me sostuviera la tierra
hace tiempo que yacería quieta,
hace tiempo que yacería
donde me quiere la noche,
antes de que hinche las narices
y levante su casco
para nuevos golpes,
siempre para golpear.
Siempre la noche.
Y nunca el día.



Lang ist die Nacht,
lang für den Mann,
der nicht sterben kann, lang
unter Straßenlaternen schwankt
sein nacktes Aug und sein Aug
schnapsatemblind, und Geruch
von nassem Fleisch unter seinen Nägeln
betäubt ihn nicht immer, o Gott,
lang ist die Nacht.

Mein Haar wird nicht weiß,
denn ich kroch aus dem Schoß von Maschinen,
Rosenrot strich mir Teer auf die Stirn
und die Strähnen, man hatt' ihr
die schneeweiße Schwester erwürgt. Aber ich,
der Häuptling, schritt durch die Stadt
von zehnmalhunderttausend Seelen, und mein Fuß
trat auf die Seelenasseln unterm Lederhimmel,
aus dem
zehnmalhunderttausend Friedenspfeifen
hingen, kalt. Engelsruhe
wünscht' ich mir oft
und Jagdgründe, voll
vom ohnmächtigen Geschrei
meiner Freunde.

Mit gespreizten Beinen und Flügeln,
binsenweis stieg die Jugend
über mich, über Jauche, über Jasmin ging's
in die riesigen Nächte mit dein Quadrat-
wurzelgeheimnis, es haucht die Sage
des Tods stündlich mein Fenster an,
Wolfsmilch gebt mir und schüttet
in meinen Rachen das Lachen
der Alten vor mir, wenn ich in Schlaf
fall über den Folianten,
in den beschämenden Traum,
dass ich nicht taug für Gedanken,
mit Troddeln spiel,
aus denen Schlangen fransen.

Auch unsere Mütter haben
von der Zukunft ihrer Männer geträumt,
sie haben sie mächtig gesehen,
revolutionär und einsam,
doch nach der Andacht im Garten
über das flammende Unkraut gebeugt,
Hand in Hand mit dem geschwätzigen
Kind ihrer Liebe. Mein trauriger Vater,
warum habt ihr damals geschwiegen
und nicht weitergedacht?

Verloren in den Feuerfontänen,
in einer Nacht neben einem Geschütz,
das nicht feuert, verdammt lang
ist die Nacht, unter dem Auswurf
des gelbsüchtigen Monds, seinem galligen
Licht, fegt in der Machttraumspur
über mich (das halt ich nicht ab)
der Schlitten mit der verbrämten
Geschichte hinweg.
Nicht dass ich schlief: wach war ich,
zwischen Eisskeletten sucht' ich den Weg,
kam heim, wand mir Efeu
um Arm und Bein und weißte
mit Sonnenresten die Ruinen.
Ich hielt die hohen Feiertage,
und erst wenn es gelobt war,
brach ich das Brot.

In einer großspurigen Zeit
muss man rasch von einem Licht
ins andre gehen, von einem Land
ins andre, unterm Regenbogen,
die Zirkelspitze im Herzen,
zum Radius genommen die Nacht.
Weit offen. Von den Bergen
sieht man Seen, in den Seen
Berge, und im Wolkengestühl
schaukeln die Glocken
der einen Welt. Wessen Welt
zu wissen, ist mir verboten.

An einem Freitag geschah's
- ich fastete um mein Leben,
die Luft troff vom Saft der Zitronen
und die Gräte stak mir im Gaumen -
da löst' ich aus dem entfalteten Fisch
einen Ring, der, ausgeworfen
bei meiner Geburt, in den Strom
der Nacht fiel und versank.
Ich warf ihn zurück in die Nacht.

O hätt ich nicht Todesfurcht!
Hätt ich das Wort,
(verfehlt ich's nicht),
hätt ich nicht Disteln im Herz,
(schlüg ich die Sonne nicht aus),
hätt ich nicht Gier im Mund,
(tränk ich das wilde Wasser nicht),
schlüg ich die Wimper nicht auf',
(hätt ich die Schnur nicht gesehn).

Ziehn sie den Himmel fort?
Trüg mich die Erde nicht,
läg ich schon lange still,
läg ich schon lang,
wo die Nacht mich will,
eh sie die Nüstern bläht
und ihren Huf hebt
zu neuen Schlägen,
immer zum Schlag.
Immer die Nacht.
Und kein Tag.




Ingeborg Bachmann 
(Klagenfurt, Austria, 1926- Roma, Italia, 1973)
de Invocación a la Osa Mayor, Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cecilia Dreymüller y Concha García
para leer el poema completo en IGNORIA
para leer CONFIADO ANIMAL
en WIKIPEDIA
para leer MÁS

7 de septiembre de 2011

Concha García, Errabundeo


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ERRABUNDEO

Pasaron muchas cosas. Pasó un autobús,
un hombre sin manos. Un vendedor, un espacio
de tiempo, un escaparate de peines,
un semáforo aturdidor, un lapso de ansia,
un pasajero sin billete, un hotel donde puse
la mirada, una habitación desolada,
unas ganas de fumar infinitas, pasó
un ser del futuro, un significante onírico,
y la vendedora.
Pasó tu pelo.



Concha García 
(La Rambla, Córdoba, España, 1956)
POETA/TRADUCTORA
de Acontecimiento, Tusquets, 2008
su BLOG
para leer MÁS

8 de julio de 2011

Concha García, Una cara tensa refleja la imagen peor

Fotograma de Psicosis, 1960



Una cara tensa refleja la imagen peor
cuando me levanto y el cuerpo
no da la medida. Es cuando
un asco se generaliza. Si yo fuese otra.
Mi rostro no se velaría ante nada.
Los pasos que has dado
no forman caminos sólo se hunden
son huellas solas. Me lo dices:
encontraría soluciones si me pareciese
un encanto mirarme y lo peor
es que no me gusto. Esta carga
se le nota a mis ojos, derramo
un desamparo ancestral, mi cuerpo
de longitudes espesas no quiere manos,
si el deseo fuese no ser yo...
Buscamos donde mirarnos, el reflejo
es continuado por una canción y qué solos
al abrir el piso.





Concha García 
(La Rambla, Córdoba, España, 1956)
POETA/TRADUCTORA
de Árboles que ya florecerán, Igitur, 2001
para leer MÁS
su BLOG

9 de junio de 2011

Concha García, Leve delicadeza


Fotografía de Daria Endresen


LEVE DELICADEZA

No sé. Abro el buzón. Llegan
aquellas cosas mal puestas
en una silla o sobre ella.
Aturdirme de letras,
vivir tardíamente dos pasos
lo justo para intransitar lo cotidiano.
Verme en el espejo: sí, otro día.
Sí, son varios. Sí, fueron muchos.
No sé. Llegar, doblar la ropa
otear la casa, el interior de la casa,
de soslayo, y a veces de frente
sin dejar de examinarme. Es eso.
Sí es eso. La felicidad no tiene temblores
ni arquea días. Es eso. Fíjate
qué cotidiano. Qué leve delicadeza
casi a solas.

(1994)




Concha García 
(La Rambla, Córdoba, España, 1956)
POETA/TRADUCTORA
para leer MÁS
su BLOG
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