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21 de noviembre de 2017

Claudia Huergo, 4 poemas 4 (+2)


Fotografía de Benoit Courti 

A OTRO PERRO CON ESE HUESO

No puedo con mi genio
Muerdo la mano del que me da de comer
Pero como un gesto inadvertido,
Para nada malicioso
Me dan la mano y subo hasta el codo
Y si está rico
Avanzo al pescuezo
Y porqué no
A la yugular

Muchos ya no me dan nada
Otros que todavía me quieren
Me tiran algún mendrugo
Por entre los barrotes

En esta cárcel voluntaria
Paso mis días
Y mantengo a raya así
Mi mal genio

Yo no tengo la culpa de no haber sido beneficiada
Con un genio bueno
De esos que salen de la lámpara
A cumplir deseos
Cuando uno la frota

Igual pienso qué clase de idiota
Es el que cree
Que nada le puede ser quitado
Que reserva
Como si se tratara de tesoros
Una mano
Un codo
Una costilla
Un corazón

Adónde pensará llevarse sus partes
A qué parrilla excelsa en el más allá
Creerá  que están destinadas sus achuras

Agradezco a los amigos que me quedan
Que me disimulan la mordida
Que insisten en presentarme como un animal inofensivo

Yo sigo pensando
Que habría que ajusticiar al infame
Que hizo cotizar tan alto en bolsa
La nada que portamos

Si es sabido
Que los fuegos del infierno
Arrebatan todos los asados
Y que en las nubes de aquel cielo
Sólo moran 

Almas veganas




Gypsy Rose Lee, trabajando en su novela The G-String Murders, 1941

SOBRE SI ES POSIBLE ATAR A UNA MUJER CON LA ESCRITURA

No sabía si alguna vez iba a volver a pasar.
Es que estuve mucho tiempo fuera.
Algunas cosas
algunos encuentros
me hicieron de remolque
me sacaron del pantano
y de ahí
al desierto
caminando en círculos
inventando el día.

Nada de eso estuvo mal, nada
ni las noches dormidas sin sueño
ni las 4 comidas sin hambre
ni el sexo imprevisto, de apuro

Solamente es que no sabía
si iba a volver a pasar.
No sabía si iba a tener que acostumbrarme a ese andar
sin la letra enroscada al tobillo
sin el abrigo cálido de la lectura ascendente
que empieza como un fueguito inerme
dubitativo
hasta la llamarada
que lo consume todo.

Insisto:
no sabía
y tampoco quise armar una espera
lo dejé todo librado
espantosamente librado
a que fueran los pasos
el pie
que cae en  la trampa
el grito frente a la mordedura
silenciosa
insidiosa
insigne.

Ahora que volvió el veneno
ahora que las horas cuentan por párrafo
ahora que los libros esperan
vuelvo a moverme
despacio
por todas las antesalas del mundo

Tengo tiempo
mucho tiempo
camino el día empapelada
lista para prenderme fuego

De nuevo ahí.

Hasta el amor
o la lectura.

Siempre.



Fotografía Tuovi Eskola

PUNTO JERSEY ES OTRA COSA

Está el punto arroz
el punto cruz
el punto inglés
y el punto de soledad

Un  hueco en el tejido
donde  la vida se hace salvaje por primera vez
y entre matar o morir
siempre se elige matar
y llorar a mares la pérdida
y brindar con amigos



Charlotte Rampling en Il portiere di notte, 1973

EMBESTIDA

Yo también pensé en algún
momento que se trataba de un
automatismo o de una
corriente eléctrica lo que
acercaba dos cuerpos.
Ahora creo que cada cuerpo
lleva dormido un animal que
se llama ilusión.




B O N U S  T R A C K 


Fotografía de Benoit Courti


INTERESES ENTRE LAS PARTES

Fue un divorcio express
Deseo se separó de amor
Y amor todavía no se entera




Fotografía de Melodie McDaniel


ALWAYS SUMMERTIME

En verano siempre conocemos a alguien
y siempre es para lío.






Claudia Huergo
(Villa Dolores, Córdoba, Argentina, 1968)
Reside en Ciudad de Córdoba
POETA/DOCENTE UNIVERSITARIA/PSICÓLOGA
poemas extraídos de su blog: DIATRIBAS
¡Gracias Cecilia Antolini!
para leer MÁS

16 de junio de 2014

Maja Gjerek, Himno de amor de una pecadora


Fotografía de Benoit Courti

HIMNO DE AMOR DE UNA PECADORA

Fui tu querida
Dormía en el polvo y almorzaba espinas,
En la ceniza y en la niebla andaba desnuda,
Te escribía mensajes en el agua, por la tierra,
Te escondía en mí misma como a un niño,
Fui tu cuchillo en la caña y la fuerza del ángel,
La mano que en la nieve desparrama confetis

Yo era tu mujer
Olía a leche y sangre,
A las heridas bajo la piel cosidas con un lápiz,
A las mañanas llenas de soledad, nubes lluviosas
Y a los clavos con los que clavaron mis dedos
A tus muñecas
Aquellos que esconden sus rostros en la oscuridad
Crueles como los siglos pasados

Me llevaron a los cadalsos, a las encrucijadas,
Me escupieron y levantaron los vestidos,
Me señalaron con el dedo y me mordieron
Mis labios con el vinagre de la manzana paradisíaca,
Se rieron y me dieron vueltas como a juguete de latón
Al viento, a los anillos de los planetas de oro mostraron,
Burlándose, mis manos vacías
Lavadas en el bautismo por las lágrimas que suman los momentos

Yo era tu destino
Abandonada en la calle, robada y triste
Como rosa que florece sólo una vez,
Y se llama Mañana, fui sirvienta y
La primera bailarina, entre nubes de papel
Y las sábanas arrugadas sin tu cuerpo,
Los tuve, los llevé orgullosamente como joyas,
Los ojos miopes de tu hijo no nacido
Era tu querida,
Cruz y dicha nunca nombrada,
Casada con el dolor, invisible en tu mesa
Y ahora sonrío tranquilamente, mientras hablas al espejo
Que no me recuerdas y que no sabes como puedo ser
En el acto del amor, que no muere nunca, terrible y suave,
Mientras escondes el anillo que robaste al sol para mí,
Mientras me cubre con las flores de la nueva primavera
Y en vano cierras la boca al muchacho de tu corazón
Que susurra a la sombra de mi sombra: “querida, fuiste loca
Y mía y yo todavía soy tuyo”,
Y todo lo que perdimos
Es nuestro premio más grande,
Caja de años consumidos
Y un mundo pasajero.





Maja Gjerek 
(Koprivnica, Croacia, 1961)
DILPOMADA EN LITERATURA COMPARADA Y FILOSOFÍA
de Puentes - Poesía croata: diez poetas contemporáneos
Selección, traducción y notas de Željka Lovrencic 
DHK / Correveidile, Zagreb -La Paz, 2007

25 de enero de 2013

Beatriz Viol, 2 poemas 2 (+1)



Fotografía de Benoit Courti

¿Quién me reconocerá cuando
me deshaga de
los lazos, el jabón, el pelo,
el carmín, el flúor, los dientes,
las gafas, el rimel, las pestañas,
la ropa, el perfume, la piel?

Y cuando me muestre entonces en carne viva
frente a los maniquíes de los escaparates
en las calles, ¿Quién me reconocerá?

¿Resistiréis la tentación de llevarme
a un lugar seguro?

(en la revista Retaguardia 1)




Fotografía de Benoit Courti

FLORES DE LAS HERIDAS

Mis carnes albergan huellas
de puñales que ya no me duelen.
Nacieron flores de las heridas,
espigas de trigo, pequeños frutos.
Dicen que ahora estoy más hermosa.
Por si acaso,
me arrancaré las flores
cuando me pesen demasiado.

(de Los mapas perdidos, XXVII Premio Gerardo Diego 2011)






B O N U S  T R A C K

Fotografía de Benoit Courti



El silencio de tu cuerpo.
Ese rincón en el que acurrucarse
donde no se inventaron las palabras.






Beatriz Viol 
(Sabadell, Barcelona, España, 1983)
para leer + en NAYAGUA
y MÁS
su BLOG

14 de septiembre de 2012

Inmaculada Mengíbar, Carta de ajuste (+1)

Fotografía de Benoit Courti
CARTA DE AJUSTE

Lentamente, la vida
fue pasando en silencio como un invierno triste,
como un invierno lleno de gente solitaria
saliendo de los cines,
abrochando despacio sus abrigos, su miedo,
tal vez su indiferencia, quién sabe, sus recuerdos
ateridos de frío. Lentamente,
bajo un reloj de sol ficticio de domingo,
bajo estrellas puntuales que guiaban los sueños,
se iba alejando el mar,
mientras se sacudían los otoños, sus hojas
cayendo entre mis versos,
las semanas, los meses de lluvia en los cristales
de todas las ventanas que daban a la vida
y la tristeza era
un autobús lentísimo
que iba parando en medio de la noche.
Y ahora estás aquí. Qué claramente
puedo volver a ver tu cuerpo entre las sábanas.
Casi de madrugada, mientras duermes y alumbran
las farolas apenas la habitación, abajo
se confunden las luces de neón con la lluvia
y hay paraguas y coches y cazadoras negras,
genre que entra y sale de los últimos pubs,
un oscuro calor de ginebra y de olvido
o acaso esa manera de estar solos de noche.
Y parpadean las luces de colores, los rótulos
comerciales y brillan
en ese río negro
del asfalto los faros
de algún coche que arranca,
de algún taxi que pasa dejando estelas verdes
de luz. Puedco escuchar
vagamente una música lejana que me lleva
dulcemente al sonido
de tu respiración. Qué extraña ahora
esa ciudad oscura donde crecí, sus calles,
su latido cansado de historia detenida,
sus estaciones lentas, sus andenes de otoño,
sus trenes imposibles, sus suieños para nunca,
y auqella soledad
latiendo
como un pájaro,
com o un miedo pequeño que cabía en las manos.
Y aquella luna triste de todos los armarios.
Esa ciudad que me hizo crecer tan solitaria,
que me enseñó a morir con los días de lluvia.
Y ahora estás aquí. Qué claramente
puedo volver a ver tu cuerpo entre las sábanas.
Casi de madrugada, mientras duermes y alumbran
las farolas apenas la habitación, me acerco
muy despacio a tu cuerpo desnudo que ahora duerme,
que ahora me hace pensar
en la vida, con esa sensación tan extraña
que nos presta la noche,
el alcohol o los labios que se acaban de amar.
Tus labios, que en un momento
beso muy suavemente,
muy levemente, casi
con miedo y con dolor,
y me escondo detrás de tu espalda dormida
para que la tristeza ya no pueda encontrarme.
Si bastara olvidar para empezar de nuevo.
Igual que cuando pasa una ambulancia
uno se siente en medio de sí mismo de pronto,
detenido en un instante al borde de sí mismo,
así a veces me siento cuando cruza
esa ciudad oscura mi recuerdo.
Entonces,
acudo siempre en busca de alguna cosa tuya,
tu voz, ciertos momentos
de silencio, tu risa,
un beso tuyo que
aún guardo entre mis labios
y ese reto de hacer
más hermosa la vida sobre todo.
Las mañanas de sol me recuerdan tu cuerpo.
Me hacen volver a ti, recién amanecida,
mi corazón cruzando casi en sueños la vida
de tu piel a mi piel.
Y aquella habitación, la luz aquella
primera del deseo
invadiéndolo todo. El mar de sábanas
y nosotros igual que náufragos hermosos
abrazados en medio de la espuma.
Después, frente al espejo, acariciada
por el suave tacto de tu ropa,
a olas un instante, de puntillas,
recuerdo que la vida,
desde dentro
de la camisa azul de tu pijama,
se hizo de pronto clara, llena de sol, radiante,
impúdica y terrible
como nunca,
y me sentí más cerca que nunca de mí misma.
Si bastara olvidar.
Pero también aquí la vida es mentirosa.
Y a veces es la tarde que no acaba de irse,
su chantaje poético,
una red de nostalgia queriendo retenerla.
A veces son las noches lentas como el olvido,
los momentos en que uno
se busca inútilmente, la consciencia
de que te sigo amando, sobre todo.
Y está la resistencia de los días de lluvia,
las tardes de domingo, los sábados sin nadie,
las facturas que pasan el sueño o la memoria,
esas letras vencidas de las frases de amor.
La soledad, el cierre
por defunción de todo,
cuando todo parece, como hoy, tan ajeno.
Y duele esta manera de andar sola, hace daño
como un invierno triste
tanta espera,
después de tanto amor y de tanto fracaso.
Quién sabe si después de tanto desencanto
no volverá el destino a disculparse.

(de Los días laborables, Hiperión, 1988)



B O N U S  T R A C K 


BUENA DISPOSICIÓN

¿Para tres días tantas maletas?
Me pregunta

Él viene con lo puesto. (No lo puedo creer.
¿Es que no va a cambiar
siquiera de chaqueta?)

Al instante me acuerdo de unos versos de Donne.
(Como un feliz reproche): Ea, pues,
¿qué más ropa necesitas que un hombre?

(de Pantalones blancos de franela, Hiperión, 1994)





Inmaculada Mengíbar 
(Córdoba, España, 1962)
POETA/ESCRITORA/FEMINISTA/
LICENCIADA EN FILOLOGÍA HISPÁNICA
para leer MÁS

26 de julio de 2012

Antonia Pozzi, 2 poemas 2 (+1)


Fotografía de Benoit Courti


HUBIERA SIDO

Anuncio hubiera sido de lo que no fuimos.
De lo que no fuimos y ya no somos más.
La poesía amada por nosotros y nunca del corazón separada
Tú la habrías cantado con tus gritos de niño.
La única espiga eras tú
el tallo de nuestra inocencia bajo el sol..
Mas te quedaste allá con los muertos
con aquellos que no nacieron
con las aguas sepultadas
apagado amanecer a la lumbre de las últimas estrellas.
No ocupa ahora tierra sino sólo corazón
tu invisible ataúd
alma
y tú has entrado en el camino del morir.







DESCONFIANZA

Tristeza de estas manos 
pesadas
que abren las llagas
más leves
por dejar una impronta— 

tristeza de esta boca 
que dice 
tus palabras 
—entendiendo otras cosas—:
esta es la forma
de la más desesperada
distancia. 

16 de octubre de 1933
Traducción de Carmen Leonor Ferro 




SFIDUCIA

Tristezza di queste mie mani
troppo pesanti
per non aprire piaghe,
troppo leggere
per lasciare un'impronta -

tristezza di questa mia bocca
che dice le stesse
parole tue
- altre cose intendendo -
e questo è il modo
della più disperata
lontananza.

16 ottobre 1933

(Parole: diario di poesia, Mondadori, Milano, 1943/
 “Parole: diario di poesia”, “Lo Specchio” Mondadori, 1964)



B O N U S  T R A C K

“como de rama en rama /
un caer /
ligero /
de pájaros /
cuyas alas ya no sostienen”





Antonia Pozzi 
(Milan, Italia, 1912-1938)
de Parole, Milán, 1939
para leer MÁS
y más en: CULTURA&SVAGO

30 de enero de 2012

Sandra Santana, 3 poemas 3


Fotografía de Anka Zhuravleva

MI INGENUIDAD REFLEJADA EN EL IRIS DE SUS OJOS LECTORES

Descubre un montoncito de brasas
y algo le dice que allí reside
el problema de la luz
aunque apagada, siempre
latente.
Se recoge el pelo
para disimular su nerviosismo
                       y las niega reiteradamente
(tratando de ocultarlas bajo la punta del zapato).



Fotografía de Benoit Courti

UNA TIRADA DE DADOS: PRECAUCIONES DE USO

Eviten que el curso de la vida se pliegue,
que permanezca idéntico a sí mismo
conteniendo todas sus potencias
                                           en la pira
                                         del presente.

No es broma, así dispuesto se convierte en un material
sorprendentemente inflamable.

Sólo al respirar el tiempo interviene,
desarrolla su función depurativa.




Fotografía de Anka Zhuravleva

NUEVAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL DESTINO DEL AGUA

La tormenta aguardaba
respirando despacio.
De pronto echa a correr y todas las preguntas
caen agotadas
desde la orilla de nuestros labios.
 “Entiéndeme, vivir es tan difícil, es un verbo tan frágil, tan inconstante... En cuanto le pones un dedo encima comienza a vibrar, a moverse, a perder su forma.”

Mi suspicacia hace
que se rompa la tarde
y la superficie del cielo,
como el vidrio por un leve golpe,
descubre una grieta infinita.

Continúa entero, créeme,
incluso más hermoso,
pero exhibiendo ahora
impúdicamente su fragilidad,
su condición de material efímero.




Sandra Santana 
(Madrid, España, 1978)
de Es el verbo tan frágil, Editorial Pre-textos, Valencia, 2008
para leer MÁS

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