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19 de noviembre de 2023

Celeste Dieguez, 2 poemas 2


Fotografía de Taylor Marie McCormick

Estuvimos ahí
horas gritando y cantando.
Te miré
mientras el brillo de tus ojos se hacía líquido bajo las luces.
En el cabildo estaban proyectando
las preguntas que hoy nos convocan.
Tu cuerpo se alza detrás de la proyección
como si las letras te barrieran
un escaneo que indaga lo que tenés para decirme
vos, entre tantos;
algo que sea para mí, algo que no nos separe.

Hablábamos y entraste en un loop
de generalizaciones y fechas,
sé de tus buenas intenciones pero
prefiero el diálogo que se va edificando con inocencia
citando solo para apuntalar las ideas frescas o a medio cocinar
que brotan entre trago y trago
entre pico y pico; el tuyo parlanchín
el mío cobijando saliva con gusto a cerveza
y en una caja de terciopelo plegada
mi lengua y un bostezo que reprimo
para soltarlo de costado por pura gentileza.

Un hombre necesita acumular fechas, saberes
conocimiento periodizado,
un par de ideas originales para lucirse
y un montón de data digerida ya por otros hombres.
Capas de fino concreto que protejan
al frágil cascarón, polluelo tierno,
de la cruel mirada crítica de sus congéneres
repetir, citar
no gestar
no dudar
qué embole.


Fotografía de Taylor Marie McCormick

Vos
dándome cátedra sobre la
política nacional con
disimulo paternalista.
Yo
Encendiendo un cigarrillo
para no encender la
Molotov que llevo dentro.


La plaza, plaquette, Malisia Editorial, 2017



María Celeste Dieguez
(Chascomús, Bs. As., Argentina, 1979)
POETA/EDITORA/CORRECTORA/TALLERISTA
de La plaza, plaquette, Malisia Editorial, 2017
para leer una reseña en OTRA PARTE
+ en FIP

8 de diciembre de 2022

Sylvina Bach, Fin de año (+1)


Fotografía de Taylor Marie McCormick

FIN DE AÑO

El último día del año
soplaré sobre un papel
todo lo inconcluso,
lo tibio, lo distante,
lo esquivo, lo cobarde.
Tal vez en el espacio vacío
una brújula señale
un punto cardinal desconocido
y entonces por fin mi sombra
salga de este espejo.


B O N U S  T R A C K 

Fotografía de Taylor Marie McCormick

Al Este del río
nos atascamos mi hijo y yo
en una tormenta de ráfagas heladas
que azotaba los árboles cercanos
contra el suelo
pero no los quebrantaban.

Mi hijo se abrazó a mi cuello.
Con una mano lo contuve;
con la otra escribí:
todo cuanto miramos
es una escena invencible.
Sólo desde allí
construiremos la vida.



La escena invencible, Gerania Editora, 2020





Sylvina Bach 
(San Miguel de Tucumán, Argentina, 1975)
POETA/ESCRITORA/PSICÓLOGA
de La escena invencible, Gerania Editora, 2020
para leer una reseña en LA PAPA
para leer + en EL GANSO NEGRO
y + en EMMA GUNST



21 de noviembre de 2022

Patricia Karina Vergara Sánchez, Violación


Fotografía de Taylor Marie McCormick

VIOLACIÓN

I

Aullaban los perros el mal presagio, 
vino el monstruo a buscarme.
Traía consigo una promesa de destrucción.
No tenía ojos, pero supo esconder su rostro.
Por eso no sospeché, hasta que fue tarde.

Esa noche conocí a qué huele el horror.
No podía mover mi cuerpo, temblaba espanto.
Metió sus dedos-garras en mi vagina. 
Yo gritaba, pero no paró.No entendía de piedad.


II

Mil veces me pregunté por qué
¿De qué cosa sagrada me quería despojar?
¿Del útero de mi creación? 
¿Qué intentaba llevarse de mí?
¿Qué fue lo que sus garfios pretendieron arrancar?

¿Habría podido devorarme?
¿Creyó que podía sustraer la luz que me sostiene?
¿Creyó helar el calor de mis entrañas?
¿Apropiarse de un pedazo de mí, para sí?

¿Fue ese zarpazo un intento de llevarme a pedazos?
O, por el contrario,
el hedor que le carcome es tanto, que le desborda.
Quería dejar algo de ello en mi cuerpo;
hacerme compartirlo, también llevarlo.
Insecto que deposita su larva siniestra en ser viviente,
para que le coma por dentro.
Dentellada envenenada de muerto en vida,
que pretendía expandir su maleficio.

¿Qué fue, por qué la pesadilla?


III

Después,todo era silencio.
Grité con la boca abierta,
pero todo fue silencio.
Cielo gris.
El cuerpo aterido de frío.


IV

Sin embargo,
nada fue transformado.
El monstruo sigue siendo monstruo.
Finge de día ser pobre diablo.

La carne que arrancó de mi cuerpo
es ahora polvo que ya no le nutre.
Esa es su tragedia,
su peste sigue contaminando todo.

Monstruo sigue siendo monstruo.
Haga lo que haga.
Se disfrace como se disfrace.


V

Yo fui remolino de dolor,
pero como estoy hecha de viento,
torné ráfaga.
Como soy agua,
evaporé hacia el ocaso azul violeta.
Como soy fuego, me guardé,
ceniza silenciosa-espera.
Como soy tierra,
recorrí caminos nunca antes transitados
–a pesar de quien quisiera pisarme–.
Como soy éter,
disolví el tiempo hasta otro tiempo.


VI

Así, ahora lluevo,
soy agua risueña con tintes de atardecer.
Tierra roja siempre renovada y fértil,
abierta a nueva semilla.
Éter transmisor de energía inasible.
Carbón ardiente que resiste cualquier tormenta.
 
Sobre todas las cosas,
me descubro viento.
Soy mujer viento,
estoy hecha de viento
que embravece al mar,
que aviva el fuego,
que transforma la tierra,
que danza en abrazo esencial con el universo.

¿Qué pueden las garras malignas contra el viento?

No pueden atraparme,
no pueden tocarme.
Me elevo,
me limpio.


VII

Soy mujer viento. 
Voy girando.
Un día seré huracán.


Tuxtla Gutiérrez, Chiapas: UNICACH, 2018
Editora María Teresa Garzon Martínez





Karina Vergara Sánchez 
(México DF, México, 1974)
POETA/INVESTIGADORA/FEMINISTA
para leer + en EMMA GUNST
pakave@hotmail.com

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