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29 de mayo de 2026

Noël Valis, 2 poemas 2


Fotografía de Riitta Päiväläinen

LAS MUJERES TIENDEN SUS FALDAS SOBRE LOS HOMBRES

Cuando las mujeres tienden sus faldas sobre los hombres,
algo, quizá el viento, se siente vencido y ama,
deviene un vagabundo de sueños por olas interiores de guijarros,
busca saladas lágrimas calientes acurrucándose entre dos pechos.
Puede convertir un octubre tranquilo en rompeolas de corazones.
 
Cuando las mujeres tienden sus faldas sobre los hombres,
el sol es amplio e inconsciente. Las sábanas se secan pronto.
Las sorpresas vienen con tiernas prendas aleteando;
con pequeños botones que se desprenden y caen y ruedan;
con aire repentino que cierra de golpe una ventana y atrapa la oscuridad.
 
Las mujeres ondulan y recogen sus faldas,
mientras se resbalan de sus manos húmedos peces agitados,
uno de esos peces está aprendiendo cuán incierto
es el paso de una nube de verano retumbando en la distancia,
perforando gorras de nubes, picadas de bordes aborregados.
 
Cuando las mujeres tienden sus faldas sobre los hombres,
echan una red de sombras
sobre la dulce forma indefensa que allí yace.
Niña, esto de ser hembra, este brillo, este temblor,
es lo que viento, sol y nube han hecho de ti. Haz tú otra cosa.

Traducción de Noël Valis

WOMEN SPREAD THEIR SKIRTS OVER THE MEN

When women spread their skirts over the men,
something, maybe the wind, is overcome and loves,
becomes a drifter of dreams through cobbled inland waves,
looks for warm, salty tears nestled between breasts.
Can turn quiet October into a breaker of hearts.

When women spread their skirts over the men,
the sun is ample and unconscious. Sheets dry quickly.
Surprises come with tender garments flapping;
with small buttons that burst and fall and roll;
with sudden air that bangs a window shut and catches the dark.
 
Women billow and furl their skirts,
as wet, thrashing fish slip through their hands,
one of those fish learning how uncertain
is the passing of a summer cloud that rumbles distance,
that pierces cloud caps, pinked with mackerel edges.
 
When women spread their skirts over the men,
they cast a net of shadows
over the soft, helpless form that lies there.
Child, this being female, this glistening, this tremor,
is what wind, sun, and cloud made you. You make something else.


 

Fotografía de Agatha Katzensprung
LEER ES UN ACTO TAN ÍNTIMO

Leer es un acto tan íntimo...: mira cómo mi dedo dibuja
tus vértebras, delicadamente recorre los bordes tocando
el hueco espacio entre tu encuadernación y tu espalda
y se demora sobre la cubierta conteniendo el aliento,
retardando el momento, el deslumbrante segundo de abrir
tus secretos, de devorar tus delicias, mi amante, mi texto;
dame tus palabras, tus imágenes, tu inteligencia
mientras yo, pasando anhelante los firmes extremos
de tus páginas,
gozo, triunfo, en esta esquiva criatura de súbita, ardiente
albura cuya elocuencia adivino y comparto
como hundiéndome entre las cubiertas saboreando las mejores
partes.
Me rindo a tu varonil gracia, mi texto, mi amante,
mi amante, mi texto.

Traducción de Julia Uceda

READING IS SUCH AN INTIMATE ACT

Reading is such an intimate act: see how my finger traces
your spine, delicately runs along the edge, touches
the hollow space between the binding and your back,
and lingers, hovering breathless and poised above the cover,
deferring the moment, the dazzling second of opening
your secrets, devouring your pleasures, my lover, my text;
give me your words, your images, your cleverness,
while I, eagerly turning the stiffened tips of your pages,
delight, exult in this shy creature of sudden, burning
whiteness whose eloquence I bespeak and share,
as diving between the covers, savoring the best parts,
surrender to your manly grace, my text, my lover,
my lover, my text.


Colección Esquío de Poesía, 2003
Prólogo de Carol Maier



Noël Maureen Valis
(1945)
ESCRITORA/POETA/INVESTIGADORA/TRADUCTORA/PROFESORA
Colección Esquío de Poesía, 2003
Prólogo de Carol Maier
para leer + en CERVANTES VIRTUAL
+ en la Academia Noretamericana de la Lengua Española ANLE



18 de octubre de 2011

Julia Uceda, Poemas limítrofes


Fotografía de Bulent Erol
POEMAS LIMÍTROFES

I

El vacío no es una silla
frente al desierto: es el silencio
del alma. Es un corazón
sin luz. Es ver esta mano
                           —llegada desde una mano más pequeña
                           y perdida, tal vez muy dulce—,
quieta, pero no muerta: siendo lo que muere,
ceniza de lo que fue. Cambiando. Moviéndose
en su profunda inmovilidad
                           —así se mueve el tiempo—.
Haciéndose presente sobre la mesa.
Ajena y viva. Un objeto exento
que fue una mano y ahora es otra mano
que no deja su huella en la piedra
sino en la arena: agua
del gran desierto aquel.
                                  O una mano
que es una silla vacía frente al mismo desierto
                           —sabré qué digo ahora
                            dentro de algunos años—.
                                    Una mano
que cuelga de un brazo que pertenece a un hombro
y este hombro a un corazón sin luz. Carencia
de dolor que produce dolor: sólo la piedra,
dentro,
va creciendo. Somos lo que nunca
creímos llegar a ser. Esto hacen,
en nosotros, los otros. Sólo
todo aquello que no es un ser humano
no contribuye a nuestra nada.



Fotografía de Yulia Gorodinski

II

A veces no entro a tiempo en las horas
ni con buen pie,
y algo de mí se tambalea,
desentonado,
más acá o más allá
de lo real lejano.
                           Porque me quedo lejos,
vengo de lejos —sin saberlo—.
                                        Lo que ata
mi atención a otro lado
no es lo que podría llamarse una memoria.
Más se parece a una raíz:
a la raíz de una memoria encadenada,
con musgo,
tras una puerta sin pestillo,
ni aldaba, ni umbrosa cerradura;
una raíz que impide
lo que de mí se espera en una hora;
una raíz a la que nunca deberé preguntar
sino saltarla
porque el tejido de sus sendas tiene enigmas profundos,
y el tiempo que sujeta mi muñeca
es testimonio
de un compromiso breve, pero cierto.





Julia Uceda 
(Sevilla, España, 1925 - 2024)
de Viejas voces secretas de la noche, Sociedad de Cultura Valle-Inclán,
(Colección Esquío de Poesía, núm. VI), 1981
para leer MÁS


17 de junio de 2011

Julia Uceda, 2 poemas 2


"Disappeared", fotografía de Daria Endressen
LA EXTRAÑA

                              La fatiga e'sedersi senza farse notare.
                                         Cesare Pavese: "Il vino triste".

Me levanté sin que se dieran cuenta
y salí sin hacerme notar.
Había estado todo el día
entre ellos, intentando
hacerme oír,
procurando decirles
lo que me habían encargado.
Pero el recado que me dieron
no era preciso. El humo,
la música, el ruido de las risas
y de los besos -estallaban
como las rosas en el aire-,
eran más fuertes que mi voz. Cansada
de mi trabajo inútil,
me levanté,
abrí la puerta
y salí del hermoso lugar.
Desde la calle
miré por la ventana: nadie había
advertido mi ausencia.
Caminé. Volví el rostro:
ninguno me seguía.

(de Sin mucha esperanza, 1966)



Fotografía de Daria Endressen

SEMANAS

Cuántos lunes y martes
en el polvo, detrás, por los caminos.
Serían diferentes entre sí, pero todos
parecían el mismo.

Busco las sillas, las ventanas, los lechos
de la fiebre o el llanto, del diente dolorido,
a esos lunes o martes, y ya todos
están fuera de sitio.

Forman montón de cosas, horas,
piedras, palabras, lápices, destinos,
pero fueron cruzando la puerta de hacia adentro
con mucho frío.

A veces los despierta una canción
antigua, una esquina, un amigo,
y me hace gracia de que todos entonces
me parezcan domingos.





Julia Uceda 
(Sevilla, España, 1925 - 2024)
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