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6 de abril de 2020

Maribel Lacave, Señas de identidad


Fotografía de Oleg Oprisco

SEÑAS DE IDENTIDAD

Mi voz es la de Eva pecadora
la misma que alentó
mi flecha de amazona
y lloró soledades
del castillo cautiva.

La selva oyó el sonar de mis tambores
y los cielos mis gritos en la hoguera.

Luché contra el francés en Aragón
y contra España en Venezuela
soy Penélope fiel
y Mariana Pineda.

Luché en Marruecos y en Argel,
seguí a Dolores por cárceles y exilios
y de Vietnam aún llevo cicatrices abiertas.

Hiroshima me vio regar su suelo
y el Sahara bordarle su bandera.

Me buscaron sin cesar en Argentina,
de Uruguay lloré torturas y tristezas
y en Chile, puesta en pie,
cantaba con Violeta

soy Juana, Alfonsina y soy Gabriela
el desierto conoce mis noches sin fronteras
y el Caribe los días que anduve por la sierra.

Soy la mujer
la mujer que parió los hijos todos
que pueblan el planeta.

Soy diosa que camina
buscando paraísos en la Tierra

siempre amando sin descanso
siempre creciéndome sin tregua.




Maribel Lacave -María Isabel Lacave-
(Islas Canarias, España, 1951)
Reside en Chiloé, Chile, desde 1998
POETA/NARRADORA/ENSAYISTA/ANTOLOGADORA
SINDICALISTA/GRADUADA SOCIAL/
de Sin fronteras -antología-(CCPC)
Editorial Centro de la Cultura Popular Canaria,
Islas Canarias, 2001
para leer más en PROFESIONALES PCM
en FACEBOOK
en ESCRITORES.ORG






2 de diciembre de 2018

Fernanda Trías, Viernes 3 AM


Fotografía de Oleg Oprisco

VIERNES 3 AM

Todo coexiste. La cronología es artificial, sólo determinada por la emoción. Cuando resbalé por la escalera del bar, incluso antes de partirme el labio, ya estaba resbalando por la escalera de La Boca —las mismas botas, los mismos escalones de madera gastada— el día en que mi padre murió. Quizá mi padre ya estuviera muerto entonces (queremos esquivar la muerte que ya nos mató). Resbalo. Estoy borracha pero menos que otras veces, manoteo la baranda, veo la sonrisa de Ada que me habla desde el descanso, unos escalones más abajo, y la sonrisa no tiene tiempo de deshacerse porque antes me deshago yo: caigo. Y qué larga puede ser una caída. Ada me levanta. Creo que nuestra relación está terminada. No queda nadie en el bar más que los chicos de la barra; están cerrando. Me ven, supongo, con las manos llenas de sangre envolviéndome la boca. Me alcanzan un trapo con hielo y me acuestan en un sillón. Pienso que tengo las manos sucias, que no llegué a lavármelas al salir del baño. Recuerdo entonces que fue al revés: mi padre murió hace tres meses. ¿Qué escalera sucedió primero? Dormito con el hielo apretado en la boca. Cuando abro los ojos, veo a Ada bailando sola en el bar vacío, las sillas dadas vuelta sobre las mesas. Todo coexiste. El artificio es cronológico.




Fernanda Trías 
(Montevideo, Uruguay, 1976)
ESCRITORA/TRADUCTORA/MAGÍSTER EN ESCRITURA CREATIVA
de Bienes muebles, Brutas Editoras, Chile-Nueva York, 2013
de La Ciudad InvencibleEditorial Demipage, Madrid, 2014
extraído de DESCONTEXTO
para leer una entrevista en OCULTALIT
su página en FACEBOOK


5 de agosto de 2015

Virginia Cantó, 3 poemas 3


Ilustración de Apollonia Saintclair
RECAPITULACIÓN DE UN PRINCIPIO

Al cerrarse los libros
comienzan a escribirse las historias.

Como en tus labios cerrados
la boca empozada de tus verbos
los pasos de tu sombra cuando esperas
encontrar en mi voz el rumor de la carne,
la piel abierta y malherida
que deja el amor cuando nos roza.

Es un hecho fáctico
                                 y predecible:
el asesino siempre vuelve al lugar del crimen
con el austero regocijo de la desconfianza,
como tú vuelves a mí como en hallazgos
igual que el sediento busca su poza
y el hambriento busca sus virtudes.

No sé qué quieres de mí.
De la piel que queda cuando arañas
los párpados del mundo
con las uñas acechantes de epidermis,
el trazo que queda en tu mano tras mi carne.

Soy la línea extendida ante tus ojos,
ecuación pretérita o futura,
presente o el tiempo en que tú elijas conjugarme
el trazo difuso del verbo por mi cuerpo,
un ángulo agudo, el portagrados,
un diapasón que marcha a tu latido.

No puedo culparte.
Eres el hecho empírico de lo incorpóreo
y sólo me diste
aquello que antes aprendiste a quitarme.

Y te miro.
Y sé que al cerrarse los libros
empiezan a contarse las hazañas
en la recapitulación cierta del principio.

 (de Fe de erratas, Editorial Biblioteca Nueva, 2010)



Fotografía de Oleg Oprisco

VI(D)AS CRUZADAS

Crecí cerca de las vías del tren
quizás por eso aprendí temprano
que el cuerpo y la prisa viajan
en el mismo vagón de cercanías
ticando el mismo ticket
de raíl apresurado, oxidando
las muñecas de los hombres
las tibias atropelladas
de un siempre llegar tarde en los relojes.
Los trenes, como los hombres,
tienen las venas de acero
y palpitan carbones en las noches
como el rumor compás del pecho de mi madre
acunando mi cuerpo ferroso;
siderúrgico;
destetado
amamantando el gozo inoxidable
de estar siempre yéndose,
estático y marchado
en vagones que poco dicen de uno mismo
siempre recién llegados
para rompernos las nucas de viajeros urgentes.

 (de Fe de erratas, Editorial Biblioteca Nueva, 2010)



Fotografía de Julia Fullerton-Batten
REUNIÓN FAMILIAR

En pan y mantel se sirve el plato tibio
de las reuniones familiares.
De ancestros y estirpes las patas de una mesa
redonda y angosta para albergar los silencios
que cada cual reinventa con los años.
Las copas altas y esbeltas como esfinges
y una flor de invierno a modo de epicentro,
rosa de los vientos descontemporaneizada.

Uno aprende ese idioma con el paso del tiempo,
la lengua consanguínea de la compostura,
la mirada de la crema fría
y el café en reponso de las sobremesas.

En realidad el único fin es sentarse erguido,
guarecer rodillas con temblor de servilleta
y usar de fuera a dentro los cubiertos del tiempo.

Lo curioso es observar la trascendencia atmosférica,
el valor que la desertificación y el reciclaje
adquieren en la estirpe
como viejos compañeros de juegos y fotografías.

El tráfico y el cambio climático son ya parte
del árbol genealógico que reinventas,
primos hermanos, ancianos bisabuelos,
o aquel tío segundo que marchó a hacer las Américas.

Todos tienen nada prendido de la boca
que fermenta con rumor de cucharillas
y vino blanco para acompañar el pescado.

Las reuniones familiares son mesas que flotan
                                                                en un vaso de agua.
Pásame la sal. Gracias. Ese año hubo buena cosecha
y un olor a ceniza y hierba recién quemada.

Masticando se reescriben los recuerdos innombrables,
los que no tuvimos y modelamos
con la flexibilidad de un cubierto de arcilla.

Son las cinco de la tarde.
Las migas de pan forman surcos de nostalgia
y reposan los recuerdos en el poso del vaso.

Pronto nos veremos, parece que fue ayer,
abróchate el abrigo, que la tarde se derrumba
y sentiremos frío.




Virginia Cantó 
(Murcia, España, 1985)
para leer una ENTREVISTA
su WEB



7 de agosto de 2014

Andrea Cabel García, 2 poemas 2


Fotografía de Oleg Oprisco
EL ONCE

los padres no existen, son viejas armas de guerra, excusas falsas para
evadir la sensación de estar solos. los aeropuertos repletos de gente, las
ventanas abiertas gritando corrientes infinitas de aire. un estómago que
corre y se sostiene apenas, grita y gime escondido en sí mismo. no te
vayas nunca, no te vayas nunca. un estómago que araña su textura, su
manía de latir hacia el cielo. la inmensa bóveda de soledad se abre en
dos, en tres, no te vayas nunca, me quedo contigo, la cama se hace dos
veces ella, no te vayas nunca.
once veces caminaré la misma vereda roja, roja, de azúcar y distancia.

(de Un rojocolección Underwood, PUCP, 2009)




Fotografía de Oleg Oprisco

LÁGRIMA EN LA ARENA

En el pecho
Una voz extraña ha despertado
Y una canción canta en mí
una nostalgia que no es mía.
Lucian Blaga

he decidido, como todos los días, alimentar el espacio que dejaste. pintar las hojas de los árboles cuando cae el otoño. despertar con caricias y fruta el recuerdo de tu piel por la mañana. camino con miel en los ojos, con el color de la playa cuando es de tarde, explico a mis brazos que la fuerza es una forma de amar al cielo, que las estrellas son el aterrizaje para escapar de ti. y vuelvo.

resignada, sin tiempo, vuelvo al borde de la cama, directamente a tus ojos, regreso con la frente baja y los ojos de principio y final. entonces pienso en la gravedad de la lluvia, en la vida cíclica de un beso. por ti visto mis manos de soledad y esperanza, por ti mi cuerpo es el color rojo, por ti mi vida se escapa y descansa. he decidido, hoy, como todos los días, alimentar tu lenguaje de vacío, y dejarlo secar al sol.

(de Latitud de fuego, Borrador Editores, 2011)




Andrea Cabel García 
(Lima, Perú, 1982)
para leer + en URBANOTOPÍA  
+ en LETRAS 5s

2 de agosto de 2014

Sonia Scarabelli, 5 poemas 5


Fotografía de Oleg Oprisco

LECCIÓN

Sabernos ir,
dijo tu voz querida,
todo está ahí,
la clave del decoro
y la nobleza
ganada de una vida
se alcanza en ese gesto.

Cierre final
del círculo, encontrado
un poco de azar
y otro, por coherencia,
por hacerse
el ciego lazarillo
de sí mismo,
poniendo el corazón
al frente de los pasos.

Estas cosas se aprenden,
me dijiste,
en parte de los libros
sí, cuando la palabra
todavía es humana
y no ha perdido
su lustre tibieza,
pero más
te enseña la tenaz
partida de los otros.
Si se van
con dolor o con pericia,
no es lo que cuenta,
importa

ese último momento,
que sin decirse ocurre,
y dicho sonaría quizás
a: Sí, te dejo ahora
y no me quejo,
seguro hubiese
querido más,
qué hacerle,
no se pudo.

Entonces pasa,
justo ahí
se suelta el alma
como un barquito,
una pequeña
barca en aguas
que ni tan frías son
ni tan profundas como dicen.

Yo creo en todo esto,
dijo tu voz querida,
y de ahí tanto esfuerzo
por aprenderlo, tanto
apuro
por no apurarme: quiero
llegar a tiempo.

(de Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscurasBajo la luna, 2008)




Fotografía de Oleg Oprisco


LOS COMEDORES DE PAPAS

Yo no recuerdo estar
frente a la lámpara
ni tampoco la mesa de madera,
pero los rostros sí, los ojos
con aquel paño de tristeza enormes
y el olor a la leña
llenando todo de un humo que apenaba,
no el humo celebrante
de las fogatas de San Juan, no el humo
de las hojas ardiendo en la vereda
sino más bien un humo
en el que parecía fueran a quemarse
todos los sueños de la vida

¿En qué pensó mi padre ante ese único
alimento rodando entero
el mediodía?

Sólo un plato de papas y todo
el tiempo por delante,
el largo día entre los hijos

Lujosas me parecían a mí
que aún sin dolor miraba
el vaso medio lleno
y no la pérdida
el hondo plato de la pérdida
servido
tan blanca, blandamente

(de Flores que prefieren abrirse sobre aguas oscurasBajo la luna, 2008)





Fotografía de Oleg Oprisco

LAS DIRECCIONES CONTRARIAS 

No es de la salvación
de lo que hablo, es
de lo que no se salva
y queda siempre
con el arpón clavado,
y tenso en la soga
que lo arrastra hacia arriba,
va al fondo igual,
Moby Dick en la propia calavera.
Y por eso, si el alma o la ballena
lo que se hunde
lo mismo da: la vuelta es por el fondo.

Quiero decir, parece
una insistencia de las cosas
–y de los seres–
que la gracia
venga a aliviarles el desastre
cuando ya iban a darse
por vencidos. Si no
cómo se explica
que suba así de dulce la mañana
y que uno sienta
abrirse todavía el corazón
al toque blando de la luz
cuando un instante atrás apenas
estaba todo
tan oscuro. 

(extraído de REVISTA ATMÓSFERA )




Fotografía de Oleg Oprisco

ENCUENTRO EN EL JARDÍN 

Era de noche
y octubre ya se iba
notando en tu jardín. Por el perfume
lo supe ahí, jazmines florecidos
hacia los cuatro puntos
cardinales y en el centro
azahar de limonero,
un naranjo, y cinco
rosas blancas.

No te pedí encender

la luz del patio esta vez,
entré como una extraña,
como esa
hija clandestina y llena de secretos
que los años
van haciendo de mí
pero viniste

callada tras mis pasos
con aquella
linterna diminuta
y una por una iluminaste
todas las flores nuevas. Todavía
siento el temblor

dulcísimo que entonces
sentí mientras miraba
abrirse en puntos claros
el verde corazón.

Y como es posible
que con los años
haya también aprendido algo,
lo demás es silencio.

(extraído de REVISTA ATMÓSFERA)




Fotografía de Oleg Oprisco

CINCO DE LA TARDE

I

Alto rincón de fuego:
ha caído la sombra sobre el patio
¿cuántas veces? ¿los años
venideros
qué dirán de esta hora?
¿cómo hablarán su idioma
sacrosanto?
tu patio madre
a las cinco de la tarde
un color demorado
en las campanas esas
tan extrañas
de la planta del fondo
que sólo se abren en la tarde
exhalan
un perfume de perturbante
intensidad y luego
al otro día
ya están muertas
y al sol cuelgan
como piel abandonada
por una flor serpiente.

¿Qué haré
después si un día
ah si lo que no se nombra
ocurre
que haré a las cinco
de la tarde
en noviembre
mirando aquel rincón
alto de fuego
el ángulo de la pared vecina
donde al oeste occidere
el sol nos deja a solas
con la conversación, 
varón discreto éste
y raro?

Lo puedo anticipar
y no saber:
nunca nada es lo mismo.

(en Poetas Argentinas (1961-1980)Ediciones del Dock, 2007
Selección y prólogo de Andi Nachon)





Sonia Scarabelli 
(Rosario, Santa Fe, Argentina, 1968)
para leer más en LOS NOVELES 
MÁS

22 de julio de 2014

Gabriela Halac, 2 poemas 2


Fotografía de Lukasz Wierzbowski

Siempre es así
me siento en el sillón de jardín
de a poco vacío el plato del almuerzo
y veo un pájaro que vuela solo
mientras el sol baña la escena

.

abro los ojos
miro en dirección al centro del patio
cierra la puerta
entre nosotros existe esa puerta

{ __ }

es eso
¿qué tipo de puerta sería si no se cierra?
y ¿qué clase de relación tendríamos si comiéramos juntos?

.

todas son pequeñas señales
detengo la respiración para tragar
dos bocados
cinco
siete
la mesa es un círculo de piedra
que el sol encandila

.

los ojos ya están cerrados
y un arroyo de sangre fresca los riega
mientras imagino si viniera
… … … … … … … …
nada
no voy a pedirle nada
en el plato hay peces muertos
¿se ven?
desde la ventana ¿me ve?
la luz me atraviesa los párpados
adivino
las cortinas son verdes
y presiento en mis tobillos que el pasto está larguísimo
iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
todavía hay trozos de invierno
palos
plantas muertas
piedras del último fuego
es un paisaje enrojecido
lo que veo cuando no veo

.

apoyo mis manos
la mesa hierve
¿llegó alguien?
hago silencio
nubes
peces
el pájaro que vuela
montañas de cenizas en el azador
y un solo sillón con almohadones amarillos.


.
.
.

Fotografía de Oleg Oprisco

La mancha no sale

aunque me esfuerce
es irreversible
además
me gusta mirarla
su forma se parece a nuestras siluetas dormidas
nos veo ahí
¿no te pasa?
está tan perfectamente ubicada
en el centro de la casa
que la divide en dos
tu parte y mi parte
a veces cambia
oscurece o brilla con el sol de la mañana.
                                 


                                    
Gabriela Halac 
(Córdoba, Argentina, 1972)
POETA/ESCRITORA/EDITORA/GESTORA DE PROYECTOS CULTURALES
de Sangre, Alción Editora, 2011
para leer una ENTREVISTA
su BLOG

30 de junio de 2014

Amalia Bautista, Ida y vuelta


Fotografía de Oleg Oprisco


IDA Y VUELTA

Cuando nos dirigimos al amor
todos vamos ardiendo.
Llevamos amapolas en los labios
y una chispa de fuego en la mirada.
Sentimos que la sangre
nos golpea las sienes, las ingles, las muñecas.
Damos y recibimos rosas rojas
y rojo es el espejo de la alcoba en penumbra.

Cuando volvemos del amor, marchitos,
rechazados, culpables
o simplemente absurdos,
regresamos muy pálidos, muy fríos.
Con los ojos en blanco, más canas y la cifra
de leucocitos por las nubes,
somos un esqueleto y su derrota.

Pero seguimos yendo.





IDA E VOLTA

Quando nos dirigimos ao amor
todos vamos ardendo.
Levamos amapolas nos lábios
e uma faísca de fogo no olhar.
Sentimos que o sangue
nos golpeia as têmporas, as virilhas e os punhos.
Damos e recebemos rosas vermelhas
e vermelho é o espelho do quarto em penumbra.

Quando voltamos do amor, murchos,
rechaçados, culpados
ou simplesmente absurdos,
regressamos muito pálidos, muito frios.
Com os olhos desmaiados, mais grisalhos e a cifra
de leucócitos nas nuvens,
somos um esqueleto e sua derrota.

Mas seguimos em frente.

(Traducción al portugués de Ronaldo Costa Fernández)




Amalia Bautista 
(Madrid, España, 1962)
en Tres deseos (Poesía reunida), Editorial Renacimiento, 2006
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