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31 de mayo de 2023

Paola Soto, 4 poemas 4


Ph @lecoledesfemmes

COSAS QUE SE APAGAN PARA SIEMPRE

Hace tiempo que no me toca ninguna voz.
He tapado mi camino hacia adentro,
nada me encuentra.
Vuelvo a los sitios donde juré cambiar
y me rindo junto a las partes que le quedan.
Vuelo sobre mí
para verme desde arriba
para encontrar por dónde
         se me escapa el aire,
dónde está la fuga de mi yo bendito
de esta ternura
que ya no me pongo
ni digo
ni sé.

Soy como las cosas que se apagan para siempre,
estoy luchando por la última luz.

Ahora que ninguna voz me toca
busco el silencio de la noche
como una última canción
y en esta soledad
-con el ardor de las gargantas después de rotas-
sólo quiero bailar.


Fotografía de Bernard Plossu
Le Voyage mexicain, 1966

TORMENTO CARIBE

Tu espalda es la única avenida principal hasta la playa
y nadie me advierte
que hay algo feliz en el ahogo.




Fotografía de Silvia Grav

UN SEGUNDO DE LUZ

Tengo ganas de un choque frontal
un segundo de luz.
Me gusta lo que no puedo mantener,
por eso estoy aquí:
mirando el peligro de los espacios vacíos
en las mesas de dos,
para distraerme a propósito
en medio de la herida
y olvidarme del golpe
antes del dolor.


Fotografía de Gary Isaacs

A VECES ANDO POR AHÍ

A mis padres, que siempre están

Le ofrezco esta frase sencilla: me haces falta,
y me devuelve un gesto aún más simple,
me dice:
a veces ando por ahí
trabajando de arriba abajo,
y me parece que te veo en la vía.

El gesto de hacerme aparecer sin pronunciarme.



Toda esta distanciaEdiciones Continente, 2020



ph Valeria Trias
Paola Soto
(Puerto La Cruz, Venezuela, 1991)
Reside en Argentina desde 2016
POETA/LICENCIADA EN COMUNICACIÓN SOCIAL/
PERIODISTA CULTURAL
de Toda esta distancia, Ediciones Continente, 2020
Prólogo de Benjamín Prado
para leer una entrevista en TIEMPO ARGENTINO
para leer + en LETRALIA

12 de julio de 2019

Benjamín Prado, 2 poemas 2 (+1)


Fotografía de Albin Sjödin
EN EL CAMINO

«…Las acacias se agitan igual que un mar de cobre.
El reloj va tallando el diamante del sueño.
El aire huele a menta y sabe a plomo…»
BP

Han pasado diez años y es un día de invierno.
Tú caminas por las avellanedas.
y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan
por los ríos con luna.

No será como ahora, no tendrás veinte años;
la nieve irá acercándose a tu casa
y el aire verde moverá en tus ojos
sus bosques de cristal y de silencio.

Recuérdalo, hubo un río.
Los árboles vivían
en el imán del agua.
Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras
la canción de los búhos.

Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.
No sabemos a dónde. No sabemos por qué.

Aún estamos aquí.
Pero, de pronto,
han pasado diez años
y tú y yo somos dos desconocidos.

de Un caso sencillo, Ed. Diputación Provincial de Granada, 1986
Colección Maillot Amarillo



Fotografía de Albin Sjödin

CONVERSACIÓN EN LA ISLA

Escribir un poema es intentar desatarse,
adivinar en qué mano está la moneda
– dije yo -. Tú mirabas
el sol igual que un fuego encima de la isla
y yo dije: – La poesía empieza
cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba
pero aún tienes miedo.
Yo veía
las torres blancas. Tú dijiste: – Es raro,
nos gustaría huir
pero nadie nos sigue.

Junto al agua,
partiendo nuestras vidas,
cortándonos las manos al coger los cristales,
tú dijiste: – La poesía es todo
lo que hay entre un disparo y el animal herido.
Parecías
tan lejos, tan a salvo
de ti y de mí;
distinta igual que siempre,
rota y vuelta a armar de una manera nueva.

El sol se fue. La noche
se acercaba y yo dije: – ¿Recuerdas que jugábamos
a poner nuestros años
al lado de la Historia? Por ejemplo:
aprobaste Latín y Armstrong llegó a la luna…
Y tú dijiste:  – El fuego
de los días,
la suma
de las horas,
las letras de «Armstrong llegó a la luna»…
Estábamos tan solos,
tan cansados,
como perros perdidos en medio de la lluvia,
como hombres mirando la noche desde una casa vacía.

Vi las últimas luces de la costa y el cielo
extraño encima de la playa. -A veces
– dije – no hay más que eso
y algún sitio donde ir pero ningún sitio donde quedarte
y palabras que son las piezas del abismo
y recuerdos igual que disparos en una diana.

Luego llegó la luz, el ruido azul
de la mañana,
mientras tú decías:
– Te di mi corazón y quisiste mis sueños,
te di mis sueños pero quisiste mi esperanza.
y yo dije: – Sí, es eso. Eso es todo:
una sola mujer y un millón de maneras de perderla.
Me miraste. Dijiste:  – ¿Y después? Y yo dije:
– Nada. Después no hay nada.
Después de eso
tenemos que estar juntos para siempre.

Nos quedamos callados,
junto al agua,
mientras la luz rompía el orden de la noche,
mientras el mar se estrellaba contra los nombres de las ciudades.
Mirando el sol sobre las torres blancas.
Cada uno observando su corazón moverse
lo mismo que un pez rojo en la oscuridad de un río.

La sombra de las torres se parecía a mi vida.

Cada uno protegido por su propio dolor,
como ángeles mirando una tormenta desde el fondo del cielo.

de Todos nosotrosEdiciones Hiperion1998



B O N U S  T R A C K


Versos al paso, Plaza Tirso de Molina, Madrid
de Pura Lógica, Ediciones Hiperión, 2014



Benjamín Prado
(Madrid, España, 1961)
POETA/ENSAYISTA/NOVELISTA
para leer más en TRIANARTS
en TWITTER
su BLOG
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