como si el apuro de los pájaros hubiera carcomido ese punto íntimo en que cada día nos vestimos de azul y sabemos no llorar no pedir más pan que el que comimos sólo dejar que los huesos se acomoden bajo el propio peso
Otra vez entreabres la puerta y la casa se llena de
prados y
puentes y palacios. Vuelves otra vez al pasado: y
siempre
por amor, para ir. Y te das la bienvenida y pasas y
soplas
todos los vientos para que se sienta a gusto la ciudad que
traes.
(Algún día será tanto el amor que traigas que no
habrá
espacio sino para él).
(de Vicente habla al pueblo, Editorial La Creciente, Córdoba, 2007)
Un’altra volta socchiudi la porta e la casa si riempie di prati e ponti e palazzi. Torni un’altra volta al passato: e sempre per amore, per andare. E ti dai il benvenuto e passi e soffi tutti i venti perché si senta bene la città che porti. (Un giorno sarà così tanto l’amore che porti che non ci sarà spazio se non per lui). (Traducción del CCTM)
Sé que los muertos no escriben, que no habrá más cartas tuyas para mí, salvo las que guardé. Y sin embargo, mi nombre, aún naufraga en el trazo azul de tu caligrafía. Cuántos papeles y dedicatorias, cuántos retratos y fotografías, emergen de los cajones con fechas y detalles que quizás no escribiste para mí. Pero… ¿para quién habrían de ser ahora sino para mis ojos que te invocan en medio de la sombra que va tejiendo la mentira de tu ausencia?
¿Qué rumores laten en la casa vacía? ¿Qué ojos abren las cóncavas aristas de la sombra? ¿Qué detonaciones replican los pasos y las voces de los ausentes? ¿Qué bulliciosa alegría se perpetúan en los escombros? ¿Quién habita este silencio?