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16 de diciembre de 2024

Lucía Etxebarría, Y un corazón que late


Fernanda Laguna
Gentileza Galería Nora Fisch

Y UN CORAZÓN QUE LATE

Lo mejor de mí no son los ojos ni las piernas.
Ni siquiera, a pesar de lo que digan,
esos globos hinchados que me crecen
veinte centímetros bajo la garganta.

Está escondido dentro,
bajo capas de grasa,
bajo músculo y fibra,
bajo sangre y tendones,
bajo venas y huesos.

Lo mejor de mí lo escondí en un recoveco,
tan profundo que olvidaste su existencia.

No se ve a primera vista,
a segunda ni a tercera.
No se aprecia en una cena,
no se lee en lo que escribo,
no se explica en una página.

Lo mejor de mí se descubre en las ganas tercas de seguir adelante,
en el esfuerzo diario por seguirte los pasos.

Son los cuatro millones de alfileres
guardados en el fondo del bolsillo.
Las sonrisas más francas,
las caricias más tiernas,
el destello de gloria entre las piernas.



Lucía Etxebarría 
(Valencia, España, 1966)
NOVELISTA/ENSAYISTA/POETA
en INSTAGRAM
para leer MÁS

8 de marzo de 2024

Carmen Laforet, Me gustan las gentes...


Ilustración de Ellen-Weinstein
Colaboración con el MoMA
en la Celebración de Yayoi Kusama


Me gustan las gentes que ven la vida con ojos distintos que los demás, que consideran las cosas de otro modo que la mayoría... Quizá me ocurra esto porque he vivido siempre con seres demasiado normales y satisfechos de ellos mismos... 

(…)

Me gusta la gente con ese átomo de locura que hace que la existencia no sea monótona, aunque sean personas desgraciadas y estén siempre en las nubes, como tú…”.





Carmen Laforet 
(Barcelona, 1921- Madrid, España, 2004)
Premio Eugenio Nadal de 1944
de Nada, Ediciones Destino S.L., Barcelona, 1945
su WEB


10 de mayo de 2021

Beatriz Fiotto, 3 textos 3 (+2)



LA LLEGADA DE LA LECTURA

El placer primero fue físico. El peso del libro, la rigidez de
sus tapas que contenían la presión de los dedos, las manos abiertas
y contenedoras. La textura del papel en los pulgares, su suavidad,
el color de las hojas. El gramaje que le daba cuerpo a cada hoja, la
ceremonia de dar vuelta la página. El sonido cada vez que se separa la
hoja. El olor compenetrado de estar guardado en el baúl con naftalina,
mezclado con su olor propio. Sus letras prolijas. La magia, cierta
liturgia sagrada en cada carilla que se volvía, en el leve movimiento
del cuello para pasar de la derecha a la izquierda.
Una noche de invierno me senté en el piso contra la pared,
miraba un tomo de una enciclopedia con imágenes. Todos estaban
en sus tareas. En el calor de algún orden, inventaba las palabras
que podían acompañar esas imágenes, jugaba a que leía. Quizás las
lecturas de cuentos de la colección del CEAL que hacía H. contra
quien me acurrucaba para ver y escuchar, sean los recuerdos felices
como el del ropero en el que me refugiaba a veces a descansar.


Collage de Robin Isely

HERENCIA DE MUJERES

El espejo del baño estaba lo suficientemente alto para empezar
desde mis hombros, era un alivio que no se vieran los pechos, sentía
que no tenían nada que ver con la nena que quería seguir siendo.
En realidad prefería ser varón, pero solo por el fantasma de futuros
partos (parirás con dolor) y la evidencia de los privilegios que es lo
mismo que decir que era feminista, aunque no lo sabía. Otra palabra
que faltaba. Ellos sólo iban a sudar en el trabajo un poco, mientras a
nosotras nos tocaban los dolores de parto.
Ya estaba el mandato de la maternidad como algo que en algún
momento te iba a suceder. Como a la abuela que había sido violada
y casada con el violador para que se haga cargo del fruto de esa
violación: mi madre. Luego llegarían seis hermanos más. Otra forma
más de ese terreno disputado y conquistado que termina siendo el
cuerpo de una mujer.


Collage de Robin Isely

MIRAR Y APRENDER

Lavar la ropa, amasar, pelar las papas, coser, tender la ropa,
lavar el baño, fregar las hornallas, barrer la casa, tender las camas,
planchar, bordar y tejer pullovers, lavar los platos, secarlos, regar
las plantas, sacudir los colchones, lavar los vidrios de las ventanas
y almidonar el guardapolvo. Lustrar zapatos, remendar las medias,
hacer las trenzas, blanquear repasadores, bañar al perro, subir un
ruedo, ordenar el ropero, rezar. Sacar los yuyos de los canteros.
Arreglar lamparitas. Limpiar la alacena, descongelar la heladera.
Pegar una taza rota. Calentar un ladrillo. Miraba sentada en un
banquito o parada al lado o arrimando una silla, la pera apoyada
en las manos. Hablando o en silencio, preguntando. Miraba horas y
horas. Miraba y aprendía.


B O N U S  T R A C K (x2)

Collage de Robin Isely

LOS MIEDOS

Todo lo que estaba mal, estaba en la casa. Me habían enseñado
a temer a la calle que sin embargo, era el único lugar donde podía ser
yo misma.


Collage de Robin Isely

TRABAJO INFANTIL

La inmensa alegría que sentía de llegar a casa los viernes. Todos
los días de la semana cuidaba un bebé y ese día recibía mi sueldo. Se
lo daba a madre y ella me devolvía una parte para que me compre un
helado, con el resto compraba comida, ese día comíamos gracias a mí.
No recuerdo haber sentido mayor felicidad.








Beatriz Fiotto 
- María Beatriz Fiotto Parada-
(Marín, Galicia, España, 1972)
Reside en Rosario, Argentina
ESCRITORA/FOTÓGRAFA/ARTISTA/DOCENTE
de Todo eso, GatoGrillé Ediciones, Rosario, 2021
para leer una reseña en LAS NUEVE MUSAS



10 de diciembre de 2020

Magdalena Ferragut, Play I

L'étoile de mer/La estrella de mar, Man Ray, 1928

PLAY 1

Es demasiado fácil derrochar amor, cuando un taxi te espera cada día en la puerta de tu casa y la inmensidad se detiene al oírte llegar. Las ciudades se exprimen el cerebro para ser simpáticas y los dioses echan chispas porque el talón de aquiles ha desaparecido. Y es que quitarle la gabardina al calendario y cojer el teléfono con la izquierda mientras mi puta retorna para acariciarme el pubis y tomarme sobre el colchón de todos los hoteles, es como renegar de mirar al cielo, despeinar al dolor y resonar asmático en la oscuridad. Tengo miedo. Las agujas del reloj de cuco que habitan siempre en mis atardeceres, golpean incansablemente todas y cada una de mis neglicencias. Puedo ser ilustre pero mi culo no se abre fácilmente por mucho amor que mis pezones malgasten. Quiero recordarte amable pero gris, quiero recordar mis alas de ángel cuando mi cintura solo era para ti una cintura más... Las putas no aman en silencio, por eso siempre hay que taparles la boca. Ahora miro hacia atrás, extiendo la chequera cuando los sueños aparecen de repente y sin avisar, y el rítmico balanceo de nuestros cuerpos caduca para dejar paso a una lucha que quizás nos entierre. Abrígame y vuelve a conquistarme, regálame a bettyboo y silba sin hacer ruido cuando aparezca en tu vida fucsia y huérfana, furtiva y prohibida, exiliada, cansada..... hazme el boca a boca amor porque hoy los huracanes reinventan el silencio y pregúntame entonces por mi vida para que pueda volver ligera, con el rímel puesto al revés y sin excusas.

Leído en El establo de Pegaso



Magdalena Ferragut
(Palma de Mallorca, España)
Reside en El Pinar de El Hierro
su página en facebook HIPEA
su viejo blog: HIPEA

3 de julio de 2020

Laura Freixas, El animal más comentado



Obra de Emma Ainala

EL ANIMAL MÁS COMENTADO

Cuando en 1928 una asociación femenina de estudiantes pidió a Virginia Woolf una conferencia sobre mujeres y literatura, la concienzuda escritora se fue a la biblioteca del Museo Británico. Allí solicitó el catálogo, lo abrió por la W de"women" y... "Estos puntos suspensivos indican cinco minutos, uno por uno, de estupefacción, perplejidad y desconcierto", escribe Woolf en "Una habitación propia", donde relata la anécdota. Pues lo que había encontrado, bajo el epígrafe "Mujeres", eran páginas y más páginas de bibliografía sobre el tema, desde todos los puntos de vista imaginables: "Amor a los niños de las - ", "Cerebro más pequeños de las -", "Condición de la edad media de las -", "Inferioridad mental, moral y física de las -", "Menos vello en el cuerpo de las -", "Opinión de La Bruyère sobre las -", "Opinión del señor Oscar Browning sobre las -", "Opinión de Shakespeare sobre las -", "Pubertad entre las - de las islas de los mares del sur", ... "¿Tenéis la menor idea -pregunta Woolf a sus oyentes- de cuántos libros se escriben sobre las mujeres a lo largo de un solo año?
¿Tenéis la menor idea de cuántos de ellos son escritos por varones? ¿Os dais cuenta de que sois, quizá, el animal más comentado del universo?..."
Hay cosas que nos pasan inadvertidas de puro omnipresentes. Yo confieso que, hasta que leí "Una habitación propia", tampoco me había dado cuenta de que en nuestra cultura el hombre es el sujeto (el poeta, el ensayista, el pintor, ...) y la mujer el objeto (el tema, el personaje, la musa, el enigma, la encarnación del arte): "Poesía eres tú", como escribía Bécquer a su amada, implica que "el poeta soy yo".
Hasta que, un día, las mujeres tomaron la pluma. ¿Y sobre qué escribieron? ¿Sobre hombres? Pues no: sobre mujeres. La condición femenina, los roles sexuales, las relaciones entre madres e hijas, amigas, hermanas... son el gran tema de la literatura escrita por mujeres. Extraño fenómeno que tiene seguramente una explicación muy simple: cuando una mujer accede a la literatura, lo primero con  que se encuentra -en las obras creadas por varones, es decir casi todas- es una imagen de la mujer en la que no se reconoce y que le urge rectificar, una imagen que de ser cierta haría imposible, para empezar, que ella fuese escritora.
Viene todo esto a cuento de que la periodista Joana Bonet acaba de publicar un libro titulado "Hombres, material sensible" (Plaza&Janés), en el que empieza a desmentir lo que afirmaba Woolf tras visitar la biblioteca: "Las mujeres no escriben sobre hombres". Bonet se basa en las confesiones que 1.300 varones han enviado al premio Contradiction de literatura personal. Es significativo que ese premio se convocara primero sólo para mujeres y ahora se haya abierto a ellos. Una invitación implícita a que empiecen, por fin, a pensar en sí mismos, a cuestionarse, no en tanto que seres humanos -eso no sería nuevo-, sino en tanto que varones; a analizar, ellos también, su propia condición, los roles sexuales, las relaciones entre padres e hijos, amigos, hermanos... A la larga, y si mucho perseveran, no es imposible que en el próximo concilio de obispas reunidas bajo la autoridad de la Papisa terminen decretando que, en contra de las apariencias, los hombres tienen alma.

en La Vanguardia, lunes 30 de junio de 2003




Laura Freixas
(Barcelona, España, 1958)
ESCRITORA/NOVELISTA/ENSAYISTA/INVESTIGADORA 
Y PROMOTORA DE LA LITERATURA ESCRITA POR MUJERES/
PRESIDENTA DE HONOR DE CLÁSICAS Y MODERNAS
para leer una entrevista en ANTÓN CASTRO
para leer + en LA TRIBU
su WEB


17 de febrero de 2020

Rosa Montero, Soy mujer y escribo... -fragmento- (+2)


Arte de Annya Marttinen


Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre. He visto en mi vida cosas maravillosas. He hecho en mi vida cosas maravillosas. Durante algún tiempo, el mundo fue un milagro. Luego regresó la oscuridad. La pluma tiembla entre mis dedos cada vez que el ariete embiste contra la puerta. Un sólido portón de metal y madera que no tardará en hacerse trizas. Pesados y sudados hombres de hierro se amontonan en la entrada.
Vienen a por nosotras. Las Buenas Mujeres rezan. Yo escribo. Es mi mayor victoria, mi conquista, el don del que me siento más orgullosa; y aunque las palabras están siendo devoradas por el gran silencio, hoy constituyen mi única arma. La tinta retiembla en el tintero con los golpes, también ella asustada. Su superficie se riza como la de un pequeño lago tenebroso. Pero luego se aquieta extrañamente. Levanto la cabeza esperando un envite que no llega. El ariete ha parado. Las Perfectas también han detenido el zumbido de sus oraciones. ¿Acaso han logrado acceder al castillo los cruzados? Me creía preparada para este momento pero no lo estoy: la sangre se me esconde en las venas más hondas. Palidezco, toda yo entumecida por los fríos del miedo. Pero no, no han entrado: hubiéramos oído el estruendo de la puerta al desgajarse, el derrumbe de los sacos de arena con que la reforzamos, los pasos presurosos de los depredadores al subir la escalera. Las Buenas Mujeres escuchan. Yo también. Tintinean los hombres de hierro bajo las troneras de nuestra fortaleza. Se retiran. Sí, se están retirando. Al sol le falta muy poco para ocultarse y deben de preferir celebrar su victoria a la luz del día. No necesitan apresurarse: nosotras no podemos escapar y no existe nadie que pueda ayudarnos. Dios nos ha concedido una noche más. Una larga noche.(...)

de La historia del Rey Transparente, Alfaguara, Madrid, 2005


B O N U S  T R A C K 


Arte de Annya Marttinen

"... no me cabe la menor duda de que los libros nos salvan la vida y nos ayudan, justamente, a sobrellevar los momentos más duros. Decía Camus que el arte en general, y la literatura en particular, era nuestra mayor arma contra el horror... en lo peor de la noche siempre nos salva la poderosa magia que los libros encierran, a saber: alguien que necesita compartir y alguien que escucha"

de Alguien que escucha, columna en El País, 22 de octubre de 2017

"Para mí, los libros son verdaderos talismanes. Me parece que si tengo algo a mano para leer, puedo ser capaz de aguantar casi todo. Son un antídoto para el dolor, un calmante para la desesperación, un excitante contra el aburrimiento. Nunca me siento sola ni existen horas perdidas cuando puedo sumergirme en un texto." 


de La loca de la casa, Alfaguara, 2003

ph © Ivan Giménez
Rosa Montero
(Madrid, España, 1951)
PERIODISTA/ESCRITORA
para leer sus notas en EL PAÍS
su WEB






2 de julio de 2019

Isabel Coixet, El atardecer, más cerca



EL ATARDECER, MÁS CERCA

Tengo una amiga que no ha perdido la fe en la humanidad. O sea que sigue buscando el amor en todos los sites que unen parejas, cruceros de solteros, reuniones de singles: hasta está pensando en presentarse a First Dates. Reconozco que no la disuado de ninguna de estas aventuras, porque constituyen para mí una inagotable fuente de esparcimiento vicario. No hay semana que no conozca a alguien nuevo que esta vez sí que parece la persona ideal, el ser humano que la cogerá de la mano y 'bossanoveará' con ella rumbo al atardecer, como dice So nice, su canción favorita. Pero las semanas pasan y un buen día, cuando la llamo, después de un rato de hablar de esto y aquello (desde el corsé de Wonder Woman hasta el último ensayo sobre el narcisismo que hemos leído al mismo tiempo), indefectiblemente pasamos al tema de su búsqueda del compañero ideal: «¿Qué fue del tipo con el que saliste hace un par de semanas? ¿Cuál? -dice ella-, ¿el del taller de aeromodelismo?». «No -digo-, el de la madre echadora de cartas». «Ah, ése... un perfecto imbécil». «¿Y el del taller de aeromodelismo? ¿Este es nuevo, no?». «Otro imbécil -dice-. Mañana salgo con un ingeniero belga, un tipo muy interesante, ya te contaré». Pasan los días y, cuando volvemos a hablar, el ingeniero belga ya ha sido olvidado y su puesto tomado por un camarero macedonio o un entrenador de yoga de Donosti. Que serán calificados ipsofacto de imbéciles o de cretinos. Admiro la capacidad de mi amiga de no renunciar a esta búsqueda incesante, de seguir en ella con una moral a prueba de bomba, inasequible al desaliento y siempre, en cada encuentro, creyendo que éste es el definitivo. Por otro lado, estamos hablando de alguien bastante atractivo, perfectamente independiente, económica y socialmente, capaz de irse sola al fin del mundo y que, al menos aparentemente, no precisa de nadie más para sentirse «completa». Muchas veces me he preguntado si algún día se le acabarán las ganas de buscar pareja, si se resignará a esta soledad en la que parece sentirse cómoda, pero de la que lucha por escapar. Sospecho que mi amiga ha convertido esta búsqueda en el motor de su vida. Un día, hace poco, me atreví a preguntarle si merecía la pena tanto esfuerzo y tantas cenas en sitios mediocres con hombres que no le llegaban a la suela del zapato. Su respuesta fue que por supuesto que sí, que lo importante no era el destino sino el viaje y que, tras cada desencuentro, volvía a su casa aliviada y confortada con la idea de que era muchísimo mejor estar sola que mal acompañada, aunque volvía a salir a la caza con ganas renovadas. Me temo que en la residencia de ancianos a la que iremos a parar dentro de unos años, mientras yo aprendo, por fin, a hacer sudokus, ella continuará en busca de alguien con quien bailar bossanova hacia el atardecer, pero esta vez el bailarín tendrá una artritis de caballo y el atardecer estará mucho más cerca.



Isabel Coixet Castillo 
(Barcelona, España, 1960)
DIRECTORA/GUIONISTA/ESCRITORA
Premio Nacional de Cinematografía (2020) 
Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes
Premios Goya a la Mejor Dirección
Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, 2015
Leído en EL CORREO




24 de septiembre de 2017

Antònia Vicens, Ser mujer, ser isla (+1)


Fotografía de Elizabeth Gadd

SER MUJER, SER ISLA

Y es que me sentí isla, antes de saberme mujer. Todo un sector numeroso de mujeres que crecimos con muchísimas carencias, llenas de perjuicios y aún ahora, muchas van por el mundo un poco aturdidas de infancia asfixiada.

Porque aquella niña a la que, cuando tenía once años, compraron una bicicleta y rondaba por las calles de los pueblos pedaleando deprisa, queriendo cortar el viento, trascender y transgredir barreras morales, era todas las niñas.

Los hombres de Santanyí, la mayoría agricultores propietarios de cuatro trozos de tierra infructífera o marineros sin barca, se vieron obligados a embarcarse en barcos que pasaban objetos de contrabando, objetos prohibidos y pecaminosos, tales como el tabaco y el nylon, para poder ganar un sueldo digno y mantener a la familia. Residían en Tánger, Gibraltar, La Línea …

Así todas las criaturas éramos un poco huérfanas: los padres, siempre lejos, sólo venían de permiso una vez al año, y las madres, ansiosas, estaban siempre demasiado pendientes de los temporales del mar, y de las corrientes de su corazón y de su cuerpo de mujeres que se iban convirtiendo en islas desiertas. Islas secas. (…)

Y nunca percibí el más leve rumor de rebelión alguna, o de querer asociarse las mujeres, para exigir sus derechos: emanciparse no les pasaba por la cabeza, dejaban correr los años educando a sus hijas como habían sido educadas ellas, muy atentas a no romper, ni tan siquiera resquebrajar, el orden establecido. Quiero decir que la madre se ponía siempre como espejo y el reflejo genético se complementaba con el reflejo social, y las hijas, no teniendo ningún otro modelo, una vez adultas, se convertían en la madre.

Por lo tanto, cuando me di cuenta que mi destino estaba tan cuidadosamente planeado por aquellas mujeres, víctimas y a la vez cómplices de la dictadura patriarcal y católica, quedé tan asombrada que en un intento desesperado de evadirme de ese tipo de lazos, empecé a soñarme escritora. Quería también explicarme a mí misma por qué isla-cobijo de marineros cansados, en lugar de, simplemente, mujer que piensa y decide el itinerario de sus pasos.

(Texto adaptado de Vicens, A. (1998). Ser dona, ser illa,
Lluc: revista de cultura i d’idees, 806-807, 33-35.)
extraído de LA TRIBU



B O N U S  T R A C K 

Fotografía de Elizabeth Gadd
LA POESÍA

flota sobre
la vida fulgores de otros mundos
te estalla en los ojos también
estrellas
de agua secadas en la cala
de la infancia cuando
rendidos vuelven
los ángeles ya sin
sal sin alas y vos
intentás prender sus sombras
colgajos en la cuerda
de tender
las palabras la hora
que más querrías
retornar los muertos que
te suben por
las piernas
aunque llenes
la noche
de palomas blancas todo
esperando
una chispa de fuego
que te encienda el poema.

Traducción de Carina Sedevich
Propuesta de traducción de Emma Gunst
LA POESIA

plana sobre
la vida fulgors d’altres mons
t’esclata als ulls també
estrelles
d’aigua eixugades a la cala
de la infantesa quan
retuts tornen
els àngels ja sense
sal sense ales i tu
intentes agafar-ne les ombres
penjalls als fils
d’estendre
les paraules l’hora
que més voldries
revocar els morts que
et pugen per
les cames
baldament omplis
la nit
de colomes blanques tot
esperant
una espurna de foc
que t’encengui el poema.




ph Lleonard Muntaner
Antònia Vicens Picornell
(Santanyí, Mallorca, España, 1941)
POETA/ESCRITORA
para leer + en REDUCCIONS REVISTA DE POESÍA

20 de junio de 2017

Amelia Valcárcel, Lo que tenemos (fragmento)


Fotografía de Vincent Coffre

CAPÍTULO V

LO QUE TENEMOS

(...)
Parece que no queremos lo que ya tenemos, no queremos lo que no tenemos, no tenemos todo lo que queremos, porque ya tenemos lo que queríamos. Algunos sociólogos avisan que habrá que pagarlo con soledad. El reidor barullo de los doce hijos no pedirá ya cantarinamente un cuento por las noches. Por el contrario, en el apartamento, eventual nido de amor, a la mujer nueva le espera únicamente una lata de conservas. El higiénico esposo no la mirará complacido mientras se despliega hacendosa y él lee su periódico. La mujer mirará el televisor sola con la dichosa lata en el regazo. Y su epitafio nos será fulana, sino guardia civil. Las mujeres que quieran tomar el modelo universal masculino estarán solas. No parece que los varones soporten la misma condena. ¿Por qué las mujeres que viven como varones están solas? Elemental: porque no tienen mujeres. Pueden tenerlo todo menos lo que hasta el más mísero de los varones suele alcanzar: una mujer. (...)



Amelia Valcárcel y Bernaldo de Quirós
(Madrid, España, 1950)
de Sexo y filosofía. Sobre mujer y poder, Horas y horas, 1991
-págs. 83/84-
en WIKIPEDIA
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20 de febrero de 2017

Angélica Liddell, A los hijos que no voy a tener (+1)


Autorretrato de Angélica Liddell

A los hijos que no voy a tener.

No quiero tener hijos. 

No quiero ir más lejos.

Soy una epidemia de resentimiento.

No quiero tener hijos.

Es mi manera de protestar. Mi cuerpo es mi protesta. 
Mi cuerpo renuncia a la fertilidad. 
Mi cuerpo es mi protesta contra la sociedad, contra la injusticia, contra el linchamiento, contra la guerra.
Mi cuerpo es la crítica y el compromiso con el dolor humano.
Quiero que mi cuerpo sea estéril como mi sufrimiento.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi pesimismo. Gracias al pesimismo puedo hacerme preguntas. Alguien debe quedar en mitad de los hombres haciéndose preguntas, alguien debe quedar en mitad de la esperanza haciéndose preguntas. Alguien debe quedar como un idiota. Alguien debe quedar como excremento, alguien debe fracasar definitivamente. La ausencia de hijos me ayuda a ser excremento y a fracasar. Los adultos saltan por encima de mi vientre liso agitando a sus hijos como banderas, como si el mal hubiera desaparecido del mundo, los exhiben como si la inteligencia hubiera triunfado por fin sobre el mundo, como si fueran insignias de un futuro mejor. No confío en un futuro mejor. Las familias se comportan con soberbia, pensando que su prole va a ser distinta, que sus hijos nunca van a traicionar como nosotros hemos sido traicionados, que sus hijos nunca van a dañar y a ser dañados, que los reveses de la vida sin duda van a ser menores y que sus hijos jamás van a ser culpables de nada.
Mi cuerpo es mi protesta contra las grandes esperanzas de los padres, contra las grandes pretensiones de los padres.
No quiero pasar por ese estado de necedad transitoria.
No quiero que mi resentimiento se interrumpa.
No quiero dejar de pensar en la injusticia.
No sería justo para los excluidos que dejara de pensar en la injusticia, que dejara de condenar a los privilegiados.
Sin embargo no he conocido a ningún niño que se convirtiera en un buen adulto. Los niños no se convierten en buenos adultos. Yo no soy un buen adulto. La bondad no existe. Soy mala, muy mala.
Tal vez esa es la razón por la que no quiero ser madre.
Tal vez a las mujeres malas nos sucede eso, no queremos ser madres.
Las mujeres malas, sin instinto maternal, pagamos el tributo de morir solas, podridas, sin alegría, frente al televisor, frente al espanto, secas, rodeadas de moscas de diferentes tamaños.
A las mujeres malas solo nos puede suceder la muerte.
Me parece bien.
Fui niña. Pero no me he convertido en una buena adulta.
El papel del hombre en el mundo es absurdo. Vagamos de tara en tara.
Cuando imagino mi propio parto solo puedo ver asomando entre mis piernas la cabeza grotesca de un monstruo, ya fatigado por la inmundicia del universo, por lo inefable, por la mezquindad.
Mi cuerpo es mi protesta.
No quiero aportar nada al mundo, salvo mi profundo horror por el mundo. Después de los desastres del siglo XX no puedo sentir más que horror. Después de semejante exhibición del mal, el hombre ya no puede redimirse. ¿Quién puede volver a amar a los hombres? ¿Quién puede volver a cantar en honor a los hombres? Alguien dijo que después de los horrores del siglo XX no se podía seguir escribiendo. La palabra se había vuelto absurda, insuficiente. Los hijos son como la palabra, insuficientes. Sería bueno para mi mente aceptar la insuficiencia de la palabra y del hombre. Pero hay algún cocodrilo dentro de mí que me impide aceptarlo. Cada vez soporto menos la injusticia, cada vez soporto menos la maldad. El mundo está basado en la injusticia y en el mal.
Sólo se me ocurre protestar.
Mi cuerpo es mi protesta.
Quiero morirme sola, sin dejar nada atrás. Es mi manera de unirme a los que fueron exterminados, a los que sufrieron sin límite.
No quiero esperanza. 
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es un ejemplo para suicidas, un ejemplo para asesinos, un ejemplo para todos aquellos que se desprecian a sí mismos.
Mi maldito cuerpo.
Mi decisión anormal.
Llega un momento en que la sociedad se excita, se impacienta y procrea, procrea porque sí, procrea. ¿Qué motivos tienen?
Me pregunto, ¿qué motivos tienen?
Pero mi decisión es anormal.
Perdón por la violencia.
Mi violencia verbal es mi lucha contra la violencia real.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi protesta contra los vestidos premamá.
Mi cuerpo, voluntariamente estéril, es mi inconformismo.
Mi cuerpo es mi falta de adaptación.
Las grandes esperanzas de mis padres destruyeron mis propias esperanzas.
Mi cuerpo es mi protesta contra las grandes esperanzas de mis padres, contra las grandes y estúpidas esperanzas del mundo.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción.
Mi decisión anormal es mi acción.
En definitiva, mi vida es mi acción.
Sólo quiero ser hija.
Conmigo termina la tiranía de la sangre.
No quiero formar una familia.
Nunca me fiaría de una institución que es fomentada, ensalzada, vitoreada, incluso premiada por el poder. No me fío de todos esos gobernantes que se fotografían con sus familias. 
La foto de familia siempre está sobre la mesa de los presidentes, en marco de plata, el marco es carísimo, la familia se merece el marco más caro, el presidente se merece la familia más hermosa, más sonriente, más feliz y más cara.
La familia es lo más importante. La familia es lo más importante. Sin familia nadie alcanza el poder. El poder y la familia, siempre unidos. Me repugna. 
Las fotos de familia me recuerdan los espeluznantes dibujitos paradisiacos que los predicadores te muestran mientras te escupen oraciones en la oreja.
La familia y el poder.
La familia y la religión.
No puedo fiarme de algo que es impuesto desde el poder. No puedo fiarme de algo que es impuesto desde la religión.
Sólo por ese motivo deberíamos negarnos a tener hijos.
Céline dice: “Cuando a los grandes de la tierra os da por amaros es que van a convertiros en carne de cañón. Por el afecto empiezan. Los encumbrados solo pueden pensar en el pueblo por interés o por sadismo”
Estoy de acuerdo.
También dice : “¡Qué vivan los locos y los cobardes!
También estoy de acuerdo.
No me siento capaz de complacer a los poderosos, a los privilegiados. Si les complazco estoy alimentando la obesidad y el conformismo de una sociedad idiota, adocenada.
Es necesario que alguien no tenga hijos. Es necesario para desestabilizar las conciencias. Es una forma de hacer justicia.
Mi cuerpo es mi protesta.
Es mi forma de hacer justicia.
Mi cuerpo es mi protesta.
No quiero tener hijos.
Quiero ser pobre.
No tener hijos es una manera de ser pobre.
Los pobres son esa gente cuya muerte no le interesa a nadie.
Esa es la muerte que yo deseo.
No quiero tener hijos.
Es una forma de ser un poco más pobre.
A veces pienso que no depende de mí.
Estoy poseída por una rabia inidentificable que me obliga a enfangarme continuamente en el dolor.
¿De dónde procede esa rabia?
¿A quién pertenece la voluntad del enfermo?
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi protesta contra mi generación.
El fraude de mi generación.
Han creado una sociedad clasista, engreída, ambiciosa y brillante.
Con el sudor de sus frentes, brillante.
Con el sudor de sus frentes, ambiciosa.
Con el sudor de sus frentes, engreída.
Con el sudor de sus frentes, clasista.
Sólo buscan la comodidad.
Imitan a los pequeños ricos.
Ellos dicen lo contrario, son muy progresistas, pero se comportan como cualquier tipo de clase media.
Codiciosos, complacientes, comodones, regalados.
Sí, se reproducen en la comodidad.
Y eso embota sus mentes.
Sus cabezas están rellenas de comodidad.
Ellos piensan que sus conciencias son correctas, pero no lo son. En el fondo su corrección es un tópico que les permite vivir sin sentimiento alguno de culpa.
Mi cuerpo es mi protesta.
Soy una estúpida.
Soy la que está equivocada por querer sentirme perdedora y ridículamente heroica. Me acuso de petulancia. Soy petulante por ir en contra del mundo. Aunque tal vez solo formo parte de su inercia. No me gusta pensar así pero la rabia me obliga.
Una pobre resentida con aspiraciones artísticas. Esa soy yo.
No quiero salvarme.
Soy la peor. La peor.
Protesto con mi cuerpo.
Soy una basura de color rosa.
La inmundicia de mi carne vuelve escrupuloso a todo aquel que se acerca.
Estoy consumida por la verdad.
La guerra me envejece.
Observo mi existencia, como si mi existencia fuera la de una mosca.
Pertenezco a la fauna cadavérica.
¿En qué momento de la descomposición aparezco?
¿Cuántos días lleva muerto el cadáver?
Mi cuerpo es la protesta por los cadáveres inocentes.
No quiero tener hijos.
No quiero más funerales.
¿Quién es el responsable de las ganas de morir de una mujer?
La injusticia mete espadas en la cama de la suicida.
Aunque se me ha parado el corazón la sangre sigue fluyendo por mi cuerpo para seguir protestando.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción.
Mi cuerpo es mi obra de arte.
Mi decisión es mi obra de arte.
No tener hijos es mi obra de arte.
Mi vida es mi obra de arte.
No haciendo hijos hago arte.
El olor a café mezclado con el olor a pescado me hace vomitar.
Relaciono ese olor con la maternidad.
Y al mismo tiempo lo relaciono con la muerte.
Y pienso: en la familia todo ocurre en lo oscuro.
No soportaría un gramo de hipocresía más.
Porque en la familia amamos pero también estamos obligados a amar. 
Esto último origina relaciones tenebrosas, desquiciadas, que desembocan en camuflajes dolorosos. 
En la familia todo ocurre en la oscuridad.
Mi cuerpo es mi protesta.
Protesto contra la ausencia de pasiones.
Protesto contra la tibieza y la cordura.
Protesto contra el uso del dinero.
Las familias, recién estrenadas, trabajan para pagar neveras más grandes, coches más grandes, vacaciones más caras pero más insulsas.
Las familias trabajan para no perder ni un gramo de prestigio social.
Las familias trabajan para no perder ni un gramo de seguridad.
Protesto contra el prestigio social y protesto contra la seguridad.
Aquí está mi cuerpo protestando, sin hijos.
Las familias trabajan duro para parecerse a los ricos.
Aspiran al bienestar total.
En nombre de sus hijos aspiran al bienestar total, es decir, a lo superfluo. Han perdido el sentido del bienestar.
Mi cuerpo protesta contra el bienestar
Las familias trabajan duro.
Aspiran a la calma total.
Protesto contra la calma.
Mi cuerpo protesta contra la calma.
El bienestar, la seguridad, la calma.
Todo ello les alisa.
Nada de pasiones. Nada de excesos.
Trabajan para pagar el gimnasio.
Para pagar la guardería mientras trabajan
Mientras trabajan para pagar la guardería y su eterno descanso.
Y su eterno sacrificio.
No puedo identificarme con ellos.
No puedo identificarme con un plan de pensiones.
No.
Mi vida es patética y adolescente.
Mi protesta es patética y adolescente.
Soy una mierda.
Pero no quiero ser como ellos.
Me da igual. No hay marcha atrás.
Mi generación avanza hacia la estabilidad, hacia el plan de pensiones, hacia el restaurante caro, hacia el carrito lleno de la compra, avanza hacia un consumo sin límite.
Detrás de sus carteras son una masa blanda y sin forma.
Yo no sé hacia dónde avanzo.
En cualquier caso no tener hijos me da fuerza.
Mi decisión me da fuerza.
Mi generación avanza tanto que no les da tiempo a pensar.
Utilizan cuatro tópicos para pensar y se van a la cama. Tan seguros, tan estables.
Mi cuerpo protesta contra la estabilidad.
Aquí hay demasiados funcionarios.
Protesto contra los funcionarios.
Y los funcionarios protestan porque el sueldo no les llega para pagar un coche más caro, un queso más caro, un restaurante más caro, unos calzoncillos más caros, una mierda más cara. Protestan para cambiar los azulejos de las paredes del cuarto de baño. Por eso protestan, porque necesitan llenar el carro de la compra hasta lo insoportable.
Mi cuerpo es mi protesta contra los funcionarios.
La economía determina las relaciones afectivas.
La economía determina mis acciones.
Mi cuerpo es mi acción.
No me da miedo la pobreza.
Mi economía determina mi protesta.
Imposible la relación con aquellos que jamás han tenido en su vida conciencia de ruina y de pobreza.
Imposible.
La falta de conciencia de ruina y de pobreza me defrauda enormemente. Por eso protesto. Mi cuerpo es mi protesta.
La pobreza es tan indeseable como la medianía.
La rabia me hace delirar.
¿Qué hacer para evitar esta rabia, aquí dentro?
Sólo protesto.
Mi cuerpo es mi protesta.
Mi cuerpo es mi acción
Mi vida es mi acción
No quiero tener hijos.
¿Por qué?
Tal vez por la rabia, esta rabia, aquí dentro.
Siempre está a punto de empezar una guerra.
El mundo es maravilloso.

(de Tríptico de la aflicción/Lesiones incompatibles con la vida, Bilbao, Artezblai, 2012)




B O N U S  T R A C K


Autorretrato de Angélica Liddell

En una sociedad misógina, androcentrista y patriarcal, las mujeres se dividen en tres: vírgenes, paridoras y putas. Mi cuerpo se convierte en una agresión contra la sociedad. Mi cuerpo se convierte en protesta. Es un acto de desobediencia. Castigo mi propio cuerpo para desobedecer. Me autolesiono para revolverme contra las lesiones que causa el rol que nos han impuesto desde el nacimiento. Utilizo la violencia poética para defenderme de la violencia real.

A partir de una experiencia personal me ensucio en el origen cotidiano, rutinario y tabú de la violencia sexual contra la mujer, que a menudo desemboca en violación y muerte. Es un miedo de nacimiento, podríamos decir que es algo así como una marca, un privilegio inverso, como si las niñas naciéramos con una letra escarlata pendiendo del vientre, un estigma que nos introduce en la ruleta rusa de las alimañas bárbaras. Acabar con la tiranía de la vergüenza, empleando la belleza, también es desobedecer.
(de La Desobediencia: Yo no soy bonita, In Ubu. Site de l’Université de Burgos, 2009)






ph Claudio Álvarez
Angélica Liddell
-Angélica Catalina González-
(Figueras, Gerona, Cataluña, España, 1966)
POETA/NARRADORA/ACTRIZ/DIRECTORA/DRAMATURGA
de Béatrice Bottin, «Le théâtre de la douleur d’Angélica Liddell»
Bulletin hispanique 114-2 | 2012
para leer + en FERNANDO NOMBELA
+ en TRANSTIERROS 
para leer artículos en EL PAÍS


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