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13 de octubre de 2021

Guillermo Bawden, 8 poemas 8 (de Historia de la lluvia)


Fotografía de Shaun Pierson

Geosmina es lo que hace oler a lluvia
como tierra mojada
es una bacteria que se suelta con la humedad
Un olor que también tienen los camellos
del desierto de Gobi
Una caravana que atraviesa lo árido
mientras huele la esperanza
como la fe en la garganta de los sedientos



Fotografía de Austin Tott

Cuando al fin cae
todo es lluvia, incluso lo que se protege
lo que no moja
acaso en la gota que se detiene
en la punta del paraguas
o en el viejo picaporte con fauces de león
esta el poema


Fotografía de Chrissie White
Hay algo mejor que la lluvia 
las horas que le siguen 
frescas, descansadas 
cuando algo 
parece revelar lo posible


Fotografía de Elina Brotherus
Hay una lluvia que no cae, que llueve
hasta la mitad del cielo
moja aviones y alas de pájaros
Se llama virga y se mide también
en milímetros


Fotografía de Alberto Polo Iañez

El mundo cree que la gota cae como lágrima
que algo llora
pero el agua es orden y cae redonda
como la esfera perfecta que describen los sabios


Fotografía de Chrissie White

El hombre ciego tiene razón
cada vez que llueve me las imagino
con cara de película de los cincuenta
esperándome, yéndose
todas, una tras otra
desfilan en la esquina del bar
sé que existe el amor
porque existe la lluvia


Fotografía de Dorothy Shoes

Quiero que me hables de la lluvia
no del buen tiempo
El buen tiempo
me pone los dientes ásperos

Es en la boca
dónde más se extraña la lluvia


Ping Zhu fotografiada por Leandro Castelao

Desde la Revolución Industrial ocurrieron grandes cambios en los regímenes de lluvias de todo el planeta
ahora llueve más en las partes orientales de América del Norte y del Sur
el norte de Europa y el norte y centro de Asia
pero menos en el Sahel, el Mediterráneo, el sur de África partes del sur de Asia y en el pelo de una mujer
que se aleja en un viento seco, lejos, lejos de mí





Guillermo Bawden
(Córdoba, Argentina, 1977-2024)
ESCRITOR/ARTISTA PLÁSTICO/MÚSICO
para escuchar una entrevista en RADIO CUT
para leer + en POETAS SIGLO XXI
su canal de YOUTUBE


4 de marzo de 2021

Alane Rollings, El amor reservado para eclipses y el paso de cometas (+1)


Fotografía de Chrissie White
EL AMOR RESERVADO PARA ECLIPSES Y EL PASO DE COMETAS

Comenzamos antes del comienzo:
todo menos nuestra existencia puede ser explicado.
Tenemos nuestros días, desiguales como los de Saturno,
y de ellos inventamos nuestros años de extensión incierta.
De todos los milagros posibles, preferimos los espectáculos arriba y
[abajo

cuyo propósito parece ser la diversión de los planetas.
Tenemos unos cuantos recuerdos para justificar nuestro futuro
tanto como los milagros que esperamos para justificar nuestro
[pasado:
la pausa en la luna llena, el momento antes de un abrazo
o después de un parto, representativos de nuestra estancia sencilla,
[ansiosa, en la tierra.
¿No es el cielo un poco accidental?

Calculo mis cucharadas de sodio y azufre,
lista para duplicar las grandes soluciones de la historia de la ciencia.
¿Es esto medicina? No ha curado un alma.
Es suficiente para hacerte pensar que las estrellas
no van a ninguna parte. Danos algo humano.
Una maquinación de deseos que podemos llamar <<el deseo>>,
que exige que te olvides de establecer condiciones, que te acerques
con ternura, que acaricies transparentemente, que te des cuenta
de cuánto hay que aprender del cuerpo para conseguir un sentido
[de la existencia.
Tan sencillo, este sentido.
El primer pensamiento que cruzó por la mente de Dios.
Tan humano él.

Estoy pidiendo la luna o su equivalente:
una constelación en forma de corazón o un ocaso que ni el cielo
[puede aguantar.
¿Recuerdas cómo el Istmo de Panamá surgió del océano
para presenciar la evolución de marsupiales?
Siguió todo lo demás: la crianza de peces de oro en China,
los descubrimientos de fuegos artificiales, del hipnotismo,
unos pocos medicamentos auténticos
que lograron atravesar océanos en el pico de un pájaro:
forsythia para hacer sensible el cuerpo;
syringa para fortalecer los miembros;
belladona para hacer los ojos más soñadores y para provocar
[sueños;
drogas que inspiran ecuaciones majestuosas
y convierten a las mujeres embarazadas en fresas.
Repite sus nombres como estrellas, lee sus ingredientes, pero
sólo para recordar que hay otros sin nombres en absoluto,
ni siquiera consistencia irracional.

Todo este tiempo, todo este tiempo,
todo este ser laborioso traído a la vida, este mundo de diferencia
y nuestras vidas transportadas a su sitio en el público
sin dinero y delirante en el paraíso.
Aquí estamos, piedras en nuestras gargantas
y extrañas semillas tranquilizadas en nuestros regazos.
¿A quién está tratando de impresionar el universo?
¿Me puedes decir, como hombre de mundo,
el universo nos hará una visita,
si no tienes secretos para él?
Ésta es la atmósfera a que despiertan los animales
después de evolucionar, tan empapada de memoria que sólo
[respirar
te hace soñar como fumador de opio.

Observa cómo la vida pasa dentro de una mujer
que quiere volcarse en ti.
Parirte para siempre.
(Insólita ocurrencia.)

de Transparent Landscapes, Raccoon Books, 1984
leído en MADRI+D

B O N U S  T R A C K 

"Me justifiqué yendo lejos, 
para poder decir: 'He mirado por todas partes'"

"I justified myself by ranging far,
so that I could say, 'I have looked everywhere.' "

de In Your Own Sweet Time, Wesleyan University Press, 1989



Alane Rollings
(Savannah, Georgia, EE.UU., 1950)
Reside en Chicago
para leer el poema en portugués en CIENCIA VIVA
para leer + en ESCAPE INTO LIFE
y +


26 de marzo de 2020

Candelaria Villavicencio, 3 poemas 3


Fotografía de Chrissie White

Y yo 
que soy una mujer 
Con los ovarios bien puestos
No atino a coger el revolver
Y matarte.
Yo
Que soy una mujer 
Con los pelos en el pecho 
Me castro el vientre
Para que solo nazca de mí 
La lluvia roja de los guirres 
Yo 
que soy una mujer 
Que pronto cumpliré la última edad de las piedras 
Me mantendré rígida como un espantapájaros 
Hasta quedar por completo 
Sin cuerpo 
Y a solas con la voz ronca de las madres




Fotografía de Chrissie White

No me interesa el ruido de la cama
Ni el hombre que viene a verme
Poniéndose los pies de puntilla.
Quiero cosas simples
Como la estrategia de las perchas
O el humo de algunas prendas
Al dejarlas tiradas en el suelo.
No me interesa el volumen de tu cuerpo contra mí
Quiero quedarme en silencio
                        No insistas en venir a verme.
Estoy cansada de tanta búsqueda
De tanto abrazo incierto
Quiero dar sentido a tu labio
Al garabato de mi cuerpo en el suelo
Al exceso de la distancia entre nosotros.




s/d dxl autxr

Te dije que no sabía llorar.
Sospecho que tengo
las lágrimas creciéndome por dentro.
No saber llorar
Empieza a preocuparme
Sin duda esto del llanto
Es más importante de lo que creía.
Tenerlo a punto en los ojos
Tiene que ser una experiencia 
maravillosa sin duda 
Aunque luego nos escueza
Y se nos hinche la cara.
No saber llorar 
Nos obliga a tener al mar
Guardado con cadenas por temor 
A que sean demasiado punzante. 
No saber llorar
No es algo para decirlo a bocajarro
Se nos pueden cerrar los ojos de golpe 
Y no nos daríamos cuenta.





Candelaria Villavicencio
(Tenerife, Islas Canarias, España, 1961)
su blog LA ÚLTIMA MIRADA DEL DINOSAURIO
su FACEBOOK






11 de septiembre de 2019

Jane Mead, 3 poemas 3


s/d del autxr de la ilustración

PRÍNCIPE DE FUEGO
PRÍNCIPE

Aunque el almanaque cuelgue
entre nosotros, aunque mi frente
y mis manos son mapas

Te rodearé
como ahora te rodeo,
cuando mi frente y mis manos

son cenizas. Será
como si fuéramos elegidos. Incluso el aire
tendrá que fingir.

PRINCE OF FIRE
PRINCE

Though the almanac hang
Between us, though my brow
And my hands are maps—

I will encircle you
as I encircle you now
when my brow and my hands

are ash. We will be
as if chosen. Even the air
will have to pretend.



Ilustración de Pascal Campion
CAMINANDO, BLUES

Lluvia tan oscura que
no puedo atravesar---
el tren pasando

apurado. La voz
dijo camina o muere, yo
caminé, el tren

y la voz 
borrosos. Caminé con
mis huesos y mi corazón

de tiza, ni siquiera
un fragmento de sentido:
días de cavilación, noches

de preocupación, solitario
tren a toda prisa.


WALKING, BLUES

Rain so dark I
can’t get through—
train going by

in a hurry. The voice
said walk or die, I
walked,—the train

and the voice all
blurry. I walked with
my bones and my heart

of chalk, not even
a splintered notion:
days of thought, nights

of worry,—lonesome
train in a hurry.



Fotografía de Chrissie White 
HE ESTADO VIVIENDO

He estado viviendo
más cerca del océano de lo que pensaba--
en una cala rocosa llena de algas.

Me hala hacia abajo cuando camino por el agua.
A veces, volver a la tierra
requiere toda mi fuerza.

A veces, volver a la tierra.
es lo peor que podemos hacer.
Mientras tanto, soñamos:

El cuerpo es inocente.
Ella nunca me ha lastimado.
Lo que amamos revolotea en nosotros.

I HAVE BEEN LIVING

I have been living
closer to the ocean than I thought--
in a rocky cove thick with seaweed.

It pulls me down when I go wading.
Sometimes, to get back to land
takes everything that I have in me.

Sometimes, to get back to land
is the worst thing a person can do
Meanwhile, we are dreaming:

The body is innocent.
She has never hurt me.
What we love flutters in us.




Ph Joanna Eldredge Morrissey
Jane Mead
(Baltimore, Maryland, EE.UU., 1958 - 2019)
Traducción de BeverlyPérez-Rego
para leer + en POETRY FOUNDATION



18 de junio de 2019

Camila Craig, 2 poemas 2



Fotografía de Chrissie White



VEINTE


El peso de mis órganos en una bolsa de basura es lo que tú llamas equivocarse.
Veinte años de feminicidio,
veinte años de prenderme en llamas.

La raíz sacral de la violencia es la necesidad de amarse,
satisfacerse
o prostituirse.

Veinte años de sobreprotección emocional,
de ponerme la piel de gallina,
de atropellarme el cuerpo.

Hay heridas de fábrica mil por ciento inolvidables,
algunas las lloro por las hermanas que no conozco,
y otras por las hijas que nunca tuve.





s/d del autor


RESPUESTA AL ABANDONO

Quédate conmigo
hasta que no podamos hacernos más daño
y llámalo
fantasía
romanticismo
le pregunté a mi mamá
por qué volvía indiferente
al lugar del accidente
y me dijo
“se llama amor”





Camila Craig Huamán 
(San Pablo, Brasil, 1998)
Reside en Lima desde los 4 años
POETA MULTILINGÜE/FOTÓGRAFA/
ESTUDIANTE DE COMUNICACIONES Y LITERATURA
para leer más en ESCRITURAS INDIE
su blog BOULEVARD HOTEL

21 de abril de 2019

Gloria Anzaldúa, Compañera, cuando amábamos


Fotografía de Chrissie White



COMPAÑERA, CUANDO AMÁBAMOS
(for Juanita Ramos and other spik dykes)

¿Volverán, compañera, esas tardes sordas
Cuando nos amábamos tiradas en las sombras bajo otoño?
Mis ojos clavados en tu mirada
Tu mirada que siempre retiraba al mundo
Esas tardes cuando nos acostábamos en las nubes

Mano en mano nos paseábamos por las calles
Entre niños jugando handball
Vendedores y sus sabores de carne chamuscada.
La gente mirando nuestras manos
Nos pescaban los ojos y se sonreían
Cómplices en este asunto del aire suave.
En un café u otro nos sentábamos bien cerquita.
Nos gustaba todo: las bodegas tiznadas
La música de Silvio, el ruido de los trenes
Y habichuelas. Compañera,
¿Volverán esas tardes sordas cuando nos amábamos?

¿Te acuerdas cuando te decía ¡tócame!?
¿Cuándo ilesa carne buscaba carne y dientes labios
En los laberintos de tus bocas?
Esas tardes, islas no descubiertas
Cuando caminábamos hasta la orilla.
Mis dedos lentos andaban las lomas de tus pechos,
Recorriendo la llanura de tu espalda
Tus moras hinchándose en mi boca
La cueva mojada y racima.
Tu corazón en mi lengua hasta en mis sueños.
Dos pescadoras nadando en los mares
Buscando esa perla.
¿No te acuerdas como nos amábamos, compañera?

¿Volverán esas tardes cuando vacilábamos
Pasos largos, manos entrelazadas en la playa?
Las gaviotas y las brizas
Dos manfloras vagas en una isla de mutua melodía.
Tus tiernas palmas y los planetas que se caían.
Esas tardes teñidas de mojo
Cuando nos entregábamos a las olas.

Cuando nos tirábamos
En el zacate del parque
Dos cuerpos de mujer bajo los árboles
Mirando los barcos cruzando el río
Tus pestañas barriendo mi cara
Dormitando, oliendo tu piel de amapola.
Dos extranjeras al borde del abismo
Yo caía descabellada encima de tu cuerpo
Sobre las lunas llenas de tus pechos
Esas tardes cuando se mecía el mundo con mi resuello
Dos mujeres que hacían una sola sombra bailarina
Esas tardes andábamos hasta que las lámparas
Se prendían en las avenidas.

¿Volverán, 
Compañera, esas tardes... cuando nos amábamos?





Gloria E. Anzaldúa
(Valle del Río Grande, Texas, EE.UU, 1942-2004)
POETA/ACADÉMICA/ACTIVISTA POLÍTICA/PERIODISTA/
FEMINISTA/ESCRITORA/CRÍTICA LITERARIA
de Borderlands/La Frontera: The New Mestiza,
Aunt Lute Press, San Francisco, 1987
Reeditado en España por Capitán Swing
Traducción de Carmen Valle
para leer MÁS

4 de marzo de 2019

Gabriela Kizer, 4 poemas 4


Fotografía de Oscar Keys
ERA MÁS FÁCIL

Bastaba una señal, un dejo luminoso
para alargar la mano al aire
          como hacia un cuenco de abundancias,
para temblar al pie de una página sin reverso.
¿Qué suerte de futuro permitía entrar
una vez y otra
al juego de avanzar con el trapo en los ojos?
Taima.
¿Cuándo me vine abajo?
¿Cuándo crucé los brazos sobre el pecho?

de Amagos, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 1999
para leer una reseña de Alberto Hernández en: LETRALIA





Fotografía de Oscar Keys

En una vida
deben escribirse pocos poemas de amor.
Sólo cuando el corazón anuncia algún presentimiento difícil,
cuando ya no sabemos si en medio de un mal sueño
seremos despertados por un beso
o pasaremos de largo hacia un sueño peor,
sólo ante un minuto que oscila
es dado escribir algo breve y conciso,
que no salga muy fácil.

Por lo demás
sólo rezamos cuando creemos que estamos a punto de morir,
pero creer ya es algo.

de Guayabo, Ediciones Arte Dos Gráfico/Ediciones Esta Tierra de Gracia, Bogotá, 2002




Fotografía de Rebecca Miller

Mi primer novio solía llevarme al cementerio
para hacerse más liviana la compañía de su madre.
Mi primer amante solía llevarme al cementerio
para hacerse más liviana mi compañía.
Mi primer marido solía llevarme al cementerio
sin ninguna razón aparente.
Mi segundo amante manifestó siempre inconformidad
ante mi negativa de hacerle mantenimiento 
a su sepulcro predilecto 
desde la infancia.
Mi tercer amante enfureció y me llamó puritana
por no haber querido hacer el amor
sobre la losa de la que fuera su mujer.
Mi cuarto amante me echó de la casa tildándome de puta
mientras gritaba delante de toda la vecindad
que yo pertenecía a un tipo de mujeres
que debían haber nacido muertas.
Mi quinto amante jamás pudo comprender
que tuviese que dejarlo con urgencia
al enterarme de que invertía su dinero sobrante
en parcelas equidistantes e iguales. 
Sé que aún hoy mantiene la sospecha de algún motivo oculto
y sigue expandiendo sus propiedades por diversos camposantos.
Supongo que yo también mantengo la sospecha de algún motivo oculto
que me ha llevado a heredar una casa propia, 
un buen sofá y una habitación pequeña
donde a veces suelo preguntarme por qué los hombres
persisten en buscar mujeres vivas.

de Guayabo, Ediciones Arte Dos Gráfico/Ediciones Esta Tierra de Gracia, Bogotá, 2002




Fotografía de Chrissie White
1.

Padre,
he aquí al orador de orden,
heme aquí, fuera de orden y sin saber orar.
He aquí la artritis del orador de orden,
heme aquí entumeciendo y deformando las líneas trazadas en sus manos
para que no haya gesto que pueda ser posible, para que no haya gesto.
He aquí los guantes en las manos del orador de orden,
henos aquí enajenados en la soltura de sus movimientos
y en la gracia de sus expresiones,
aunque sepamos, Padre.

He aquí el coro de lutos antiguos y parsimoniosos,
he aquí la pestilencia que trae nuestra sangre caliente,
he aquí que el único modo que tuvimos de inclinar al espectador
sobre el abismo de la escena
fue arrojándonos a él.

He aquí el hambre del abismo bajo las tablas de la escena.
He aquí el abismo,
heme aquí, a veces inapetente o padeciendo de hartura
como un muchacho pálido y enfermo,
como un muchacho enfermo, Padre, enfermo.

He aquí la ceguera del bardo, su melodía incipiente.
He aquí el miedo de la muchacha que hará soplar el viento,
heme aquí convirtiendo sus ojos en acero para los héroes, para el verdugo.

Padre,
he aquí a la gente que no fue a escuchar al orador de orden,
henos aquí en nuestras cocinas blasfemando
porque hoy será quemada la bruja que tiene maldito este lugar,
la bruja que asusta a los niños hombres por las noches,
la única habitante del pueblo que sabe rezar, pero le faltan dientes y es bruja.
Henos aquí sobre nuestros calderos
sin saber si usar sapos o ranas para el susto de esta noche.
Henos aquí, Padre, para la carcajada.

Ja. He aquí la risilla pueril de quien ya no puede ni asustarse.
He aquí lo que no convence de esta dentadura postiza.
Porque nuestra raza no habrá de tener dientes,
fue lo que dijeron en la primera conseja.
Y no me pasaron las alquimias
ni me dieron a guardar el ácido de las pociones disolventes
ni me enseñaron más que la inutilidad de la cola del lagarto.
Y heme aquí, Padre, sin saber hacer casitas de chocolate y leche
ni jaulas para tantear el espesor de mi bocado.
Heme aquí, ¿no me he presentado?
He aquí a la que escapa del fuego por la inutilidad de la cola del lagarto,
heme aquí montada en el miedo que no tienen, en la risa de su farsa
que es mi escoba, la divina comedia de esta quema
realizada mil veces en este mismo lugar.

¿Acaso ya no hay héroes? ¿Mujeres histéricas y alucinadas?
¿Alguna santa que quiera suplantarme?
¡Ah! ¿Qué otro martirio forjaréis para la bruja terrible de este pueblo?
Os saldréis con la vuestra.

Heme aquí, Padre, sin lengua para presentarte respetos,
yo, la que jamás ha reído, orgullosa verruga sin una mísera maldición a mano
y ni siquiera dispuesta a arder, heme aquí.

Padre,
he aquí al sastre laborioso de estas horas,
heme aquí tomándole medidas al eco de la carcajada
que se convierte en llanto, que se convierte en risa, que se convierte en eco.
Heme aquí atravesado de alfileres como un muñequito de mala magia
escondido en algún cajón de la antigua máquina de costura
que ya no anuda sino que parte los hilos
y deshace los ruedos
y no puede.

de Tribu, La cámara escrita, Caracas, 2011
para leer la reseña de Luis Moreno Villamediana en: 500 EJEMPLARES





Gabriela Kizer 
(Caracas, Venezuela, 1964)
POETA/DOCENTE/LICENCIADA EN LETRAS
para leer + en LA MAJA DESNUDA
y + en KALATHOS
su FACEBOOK

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