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1 de junio de 2019

Habrá siempre... (s/d del autor)


Ilustración de Georgiana Chitac


Habrá siempre un último adiós, una ultima mirada, un último suspiro.
Habrá siempre la última vez
el último beso
la última luna llena
el último cigarro
la última bajamar
el último sueño
la última Polaroid
el último día de lluvia
la última página de un libro
la última puesta de sol...sin derecho a alborada...

y habrá siempre la última palabra.




Haverá sempre um último adeus, um último olhar, um último suspiro.
Haverá sempre a última vez
o último beijo
a última lua cheia
o último cigarro
a última maré vazia
o último sonho
a última Polaroid
o último dia de chuva
a última página de um livro
o último Pôr-do-sol …sem direito a alvorada...

e haverá sempre a derradeira palavra.


*NOTA DE LA TRADUCTORA: Hay una palabra en el último verso que no tiene traducción posible al español: derradeira. En portugués, igual que en gallego, se distingue entre los términos "último" y "derradeiro". 
"Último" es aquello que lo es hasta el momento, y "derradeiro" lo que está definitivamente acabado.






Traducción de Selo Blanco
extraído de BRIGADOON

29 de marzo de 2016

Maria do Rosário Pedreira, Cuántas personas caminan (+1)


Fotografía de Peter Lindbergh
CUÁNTAS PERSONAS CAMINAN

¿Cuántas personas caminan en
mi dirección? ¿Cuántas me
descubren entre la multitud
y posan sus ojos enteros
en mis ojos? Podría asegurar

que entre ellas está el hombre que
enlazaría conmigo los dedos sobre la
mesa, una palabra que fuese gajo
de naranja y poema, el cuerpo encendido

sobre la sábana un día 
agotador ¿Pero cuántos de esos rostros de
piedra que me cercan esconden el
suyo por las calles esta tarde? ¿Cuántos
nombres de casualidad y en secreto tendré
que escuchar para descubrir el suyo

en mi oído? ¿Cuántas personas
caminan frente a mí?

Traducción de Selo Blanco
Propuesta de traducción de Emma Gunst

QUANTAS PESSOAS CAMINHAM

Quantas pessoas caminham na
minha direcção? Quantas me
descobrem por entre a multidão
e pousam os seus olhos inteiros
nos meus olhos? Podia acreditar

que entre elas está o homem que
trocaria comigo os dedos sobre a
mesa, uma palavra que fosse gomo
de laranja e poema, o corpo aceso

sob o lençol cansado de mais um
dia. Mas quantos destes rostos de
pedra que me cercam escondem o
seu pelas ruas desta tarde? Quantos
nomes de acaso e de silêncio terei
eu de escutar para descobrir o seu

no meu ouvido? Quantas pessoas
caminham contra mim?

 de Nenhum Nome Depois, gótica, Lisboa, 2004





B O N U S  T R A C K 

Fotografía de Saul Leiter

Después de todo, queda el recuerdo de los lugares y de sus nombres;
de los cuartos orientados a poniente
donde las imágenes del río nunca se repiten en las ventanas
y todo está permitido sobre la cama.

Al fondo, había un armario de madera con espejo
donde nuestras ropas intercambiaban su perfume
para que los días se vistieran siempre mejor.
Y, sobre la cómoda, en un espejo más antiguo,
la tarde reflejaba algunas de las alegrías de la infancia.

No era el cuarto de ninguno de nosotros,
pero a él regresábamos siempre con la prisa
de quien ansía los olores calientes y antiguos
de la casa conocida; como quién espera ser aguardado.

Presentí, sin embargo, que no era yo a quien aguardabas:
una noche, te pedí una manta más en vez de un abrazo.

s/d del traductor

Depois de tudo, fica  a lembrança dos lugares e
dos seus nomes; dos quartos virados a poente
onde as imagens do rio nunca se repetem nas janelas
e todos os enredos são consentidos sobre as camas.

Ao fundo, havia um armário de madeira com espelho
onde as nossas roupas trocavam de perfume
para que os dias se vestissem sempre melhor.
E, sobre a cômoda, num espelho mais antigo,
a tarde reflectia algumas das alegrias da infância.

Não era o quarto de nenhum de nós,
mas a ele regressávamos sempre com a pressa
de quem anseia os cheiros quentes e antigos
da casa conhecida; como quem espera ser aguardado.

Pressenti, porém, que não era eu quem aguardavas:
uma noite, pedi-te mais um cobertor em vez de um abraço.

de A Casa e o Cheiro dos Livros2ª. Ed. Lisboa: Gótica, 2007





Maria do Rosário Pedreira 
(Lisboa, Portugal, 1959)
POETA/EDITORA/FILÓLOGA
para escucharla recitar en: LYRIKLINE
para leer MÁS
en FACEBOOK

14 de marzo de 2016

Gonçalo M. Tavares, [la mujer tiene la química de los animales...] (+1)



Fotografía de Annemarieke van Drimmelen

[la mujer tiene la química de los animales...]

la mujer tiene la química de los animales y el polen de las plantas,
y de la Gran Alma roba el Apetito para multiplicar las cosas que nacen.
Los contagios son lentos.
Si una flor volase perdería el olor;
y si el pájaro tuviese olor a rosa, seguro que sería cojo.
Porque el mundo se organizó todo de una vez y después se calló.
Quedamos nosotros, solos, y la Filosofía.
La piedra callada, el animal gruñe,
la hierba crece tan lenta que solo la vemos cuando es adulta,
y los perros ladran bajo el Sol.
Todos somos residuos imperfectos
y los organizadores del Baile se fueron al inicio,
dejando la Música, pero no los pasos.
Por eso tropezamos
partimos la uña mala y buena,
nos apasionamos por una mujer y después ya es otra,
y, en el Fondo, lo que queríamos era sosiego y no bailar.
De lo que tenemos miedo es de la soledad, tenemos que reconocerlo,
ese cajón que viene antes de tiempo,
y nos separa de los otros y del día.
Lo que queremos es sosiego;
ni Misterios ni pasos de baile,
apaguen la Música.



[a mulher tem a química dos animais...]

a mulher tem a química dos animais e o pólen das plantas,
e da Grande Alma rouba o Apetite para multiplicar as coisas que nascem.
Os contágios são calmos.
Se uma flor voasse perdia o cheiro;
e se o pássaro tivesse aroma de rosa, de certeza seria coxo.
Porque o mundo se organizou todo de uma vez e depois calou-se.
Ficámos nós, sós, e a Filosofia.
A pedra calada, o animal grunhe,
a erva cresce tão lenta que só a vemos quando ela é adulta,
e os cães ladram debaixo do Sol.
Todos somos resíduos imperfeitos
e os organizadores do Baile saíram logo no início,
deixando a Música, mas não os passos.
Por isso tropeçamos,
partimos a unha má e boa,
apaixonamo-nos por uma mulher e depois já é outra,
e, no Fundo, o que queríamos era sossego e não dançar.
Do que temos medo é da solidão, temos de o reconhecer,
esse caixão que vem antes do tempo,
e nos fecha dos outros e do dia.
O que queremos é sossego;
nem Mistérios nem passos de dança,
apaguem a Música.





Fotografía de Alex Prager


VENÍA DENTRO DE LA NARANJA

No pensar en el amor porque en el amor no se piensa
Pensar en el amor o es: no pensar, o es: no-amor.


VINHA DENTRO DA LARANJA

Não pensar no amor porque o amor não se pensa.
Pensar no amor ou é: não pensar, ou é: não-amor.





Gonçalo M. Tavares 
(Luanda, Angola, 1970)
Reside en Lisboa, Portugal
de Investigações Novalis, Difel, 2002
Traducción de Selo Blanco
Propuesta de traducción de Emma Gunst
para leer una entrevista en: HOY ES ARTE
para leer más en: REVISTA MINERVA
su BLOG

13 de marzo de 2016

Marina Colasanti, Lo sé, pero no debería



Fotografía de Sebastian Bieniek
LO SÉ, PERO NO DEBERÍA

Sé que la gente se acostumbra. Pero no debería.

La gente se acostumbra a vivir en un apartamento  interior
y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor.
Y como no tiene vistas, luego se acostumbra a no mirar hacia  afuera.
Y como no mira hacia afuera luego se acostumbra a no abrir de todo las cortinas.
Y como no abre las cortinas luego se acostumbra a encender más pronto la luz.
Y a medida que se acostumbra, olvida el sol, olvida el aire, olvida la amplitud.

La gente se acostumbra a levantarse por la mañana sobresaltado porque es la hora.
A tomar el café corriendo porque va atrasado.
A leer la prensa en el autobús porque no puede perder el tiempo del viaje.
A comer un sandwich porque no hay tiempo para almorzar.
A salir del trabajo porque ya es de noche.
A dormitar en el autobús porque está cansado.
A acostarse temprano y dormir profundo sin haber disfrutado el día.

La gente se acostumbra a abrir el periódico y a leer sobre la guerra.
Y aceptando la guerra, acepta los muertos y que haya una cifra de muertos.
Y aceptando la cifra acepta no creer en las negociaciones de paz,
acepta leer todo el día sobre guerra, sobre cifras, sobre su larga duración.

La gente se acostumbra a esperar el día entero y escuchar al teléfono: hoy no puedo ir.
A sonreír a la gente sin recibir una sonrisa de vuelta.
A ser ignorado cuando necesitaba tanto ser visto.
La gente se acostumbra a pagar por todo lo que desea y necesita.
A luchar para ganar el dinero con qué pagar.

Y a ganar menos de lo que necesita.
Y a hacer colas para pagar.
Y a pagar más de lo que las cosas valen.
Y a saber que cada vez pagará más.
Y a buscar más trabajo, para ganar más dinero, para tener con qué pagar en las colas en las que se cobra.

La gente se acostumbra a andar por la calle y ver carteles.
A abrir las revistas y ver anuncios.
A encender al televisión y ver publicidad.
A ir al cine y engullir anuncios.
A ser instigado, conducido, desnortado, lanzado a la infinita catarata de productos.
La gente se acostumbra a la polución.

A las salas cerradas con aire acondicionado y olor a cigarro.
A la luz artificial con su ligero temblor.
Al choque de los ojos con la luz natural.
A las bacterias del agua potable.
A la contaminación del agua del mar.
A la lenta muerte de los ríos.

Se acostumbra a no oír los pájaros, ni el gallo de madrugada, a temer la hidrofobia de los perros,
a no coger la fruta a pie del árbol, a no tener ni siquiera una planta.
La gente se acostumbra a demasiadas cosas para no sufrir.

En dosis pequeñas, intentando no percibir, se va apartando un dolor de aquí,
un resentimiento de allí, una revuelta allá.
Si el cine está lleno la gente se sienta en primera fila y tuerce un poco el cuello.
Si la playa está contaminada la gente solo moja los pies y suda en el resto del cuerpo.

Si el trabajo es duro la gente se consuela pensando en el fin de semana.
Y si el fin de semana no hay mucho que hacer la gente se acuesta temprano
y aún queda satisfecho porque siempre tiene sueño atrasado.

La gente se acostumbra para no rallarse en la aspereza, para preservar la piel.
Se acostumbra para evitar heridas, sangrados, para esquivarse
de la faca, de la bayoneta, para proteger el pecho.
La gente se acostumbra para proteger la vida que poco a poco se gasta y, que
de tanto acostumbrarse, se pierde de sí misma.


EU SEI, MAS NÃO DEVIA

Eu sei que a gente se acostuma. Mas não devia.

A gente se acostuma a morar em apartamentos de fundos e a não ter outra vista que não as janelas ao redor. E, porque não tem vista, logo se acostuma a não olhar para fora. E, porque não olha para fora, logo se acostuma a não abrir de todo as cortinas. E, porque não abre as cortinas, logo se acostuma a acender mais cedo a luz. E, à medida que se acostuma, esquece o sol, esquece o ar, esquece a amplidão.

A gente se acostuma a acordar de manhã sobressaltado porque está na hora. A tomar o café correndo porque está atrasado. A ler o jornal no ônibus porque não pode perder o tempo da viagem. A comer sanduíche porque não dá para almoçar. A sair do trabalho porque já é noite. A cochilar no ônibus porque está cansado. A deitar cedo e dormir pesado sem ter vivido o dia.

A gente se acostuma a abrir o jornal e a ler sobre a guerra. E, aceitando a guerra, aceita os mortos e que haja números para os mortos. E, aceitando os números, aceita não acreditar nas negociações de paz. E, não acreditando nas negociações de paz, aceita ler todo dia da guerra, dos números, da longa duração.

A gente se acostuma a esperar o dia inteiro e ouvir no telefone: hoje não posso ir. A sorrir para as pessoas sem receber um sorriso de volta. A ser ignorado quando precisava tanto ser visto.

A gente se acostuma a pagar por tudo o que deseja e o de que necessita. E a lutar para ganhar o dinheiro com que pagar. E a ganhar menos do que precisa. E a fazer fila para pagar. E a pagar mais do que as coisas valem. E a saber que cada vez pagar mais. E a procurar mais trabalho, para ganhar mais dinheiro, para ter com que pagar nas filas em que se cobra.

A gente se acostuma a andar na rua e ver cartazes. A abrir as revistas e ver anúncios. A ligar a televisão e assistir a comerciais. A ir ao cinema e engolir publicidade. A ser instigado, conduzido, desnorteado, lançado na infindável catarata dos produtos.

A gente se acostuma à poluição. Às salas fechadas de ar condicionado e cheiro de cigarro. À luz artificial de ligeiro tremor. Ao choque que os olhos levam na luz natural. Às bactérias da água potável. À contaminação da água do mar. À lenta morte dos rios. Se acostuma a não ouvir passarinho, a não ter galo de madrugada, a temer a hidrofobia dos cães, a não colher fruta no pé, a não ter sequer uma planta.

A gente se acostuma a coisas demais, para não sofrer. Em doses pequenas, tentando não perceber, vai afastando uma dor aqui, um ressentimento ali, uma revolta acolá. Se o cinema está cheio, a gente senta na primeira fila e torce um pouco o pescoço. Se a praia está contaminada, a gente molha só os pés e sua no resto do corpo. Se o trabalho está duro, a gente se consola pensando no fim de semana. E se no fim de semana não há muito o que fazer a gente vai dormir cedo e ainda fica satisfeito porque tem sempre sono atrasado.

A gente se acostuma para não se ralar na aspereza, para preservar a pele. Se acostuma para evitar feridas, sangramentos, para esquivar-se de faca e baioneta, para poupar o peito. A gente se acostuma para poupar a vida. Que aos poucos se gasta, e que, gasta de tanto acostumar, se perde de si mesma.

(1972)




Marina Colasanti 
(Asmara, Etiopía, 1937-2025) 
Residió en Brasil desde 1948
POETA/ESCRITORA
de Eu sei, mas não devia, Editora Rocco, Río de Janeiro, 1996
en O pequeno livro das grandes emoções
una antología de trabajos literarios brasileños, 2009
Traducción al castellano de Selo Blanco
para escucharlo recitado por Antônio Abujamra
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24 de abril de 2012

Ana Salomé, Fuego



Fotografía de Emily Bem


FUEGO

Empecé a fumar para pedirte fuego.
Para encontrar un motivo. Para.
¿Tienes fuego? Te pregunté.
. Dijiste. Llevaste la mano al bolsillo.
Sujetaste el mechero. Todo plateado.
Te acercaste e hiciste una concha con la mano derecha.
Eras zurdo, como el corazón.
Ahora. Dijiste.
Y acerqué el cigarro a la llama.
Ya está. Y sonreíste.
¿Te importa que te acompañe? Preguntaste.
No, claro que no. Claro que no.
Hace frío. Dijiste. Y frotaste las manos.
El cigarro siempre calienta.
Sí. Tosí.
¿Estás bien? Preguntaste.
Estoy muy bien.
Perfecto. Dijiste. Y sonreíste.
Aquel café es acogedor. ¿No tomas nada?
Un té sería bueno para la tos. Preguntaste. Y dijiste.
Sí, un té sentaría bien. Me estaba apeteciendo.
Parece que acerté. Dijiste. Y ahí sonreí yo.
Tomamos un café y de inmediato hicimos planes de vida
Que marcharon mal, inmediatamente mal.

Empecé a fumar para pedirte fuego.
Para soportar el frío.
Descubrí que no moriría
Ni de cáncer de pulmón, ni de amor,
sino de la propia muerte, el fuego se apagó mal
y el café cerró las puertas. Para siempre.




LUME

Comecei a fumar para te pedir lume.
Para arranjar um motivo. Para.
Tens lume? Perguntei-te.
Sim. Disseste. Levaste a mão ao bolso.
Engatilhaste o zippo. Todo prateado.
Abeiraste-te e fizeste concha com a mão direita.
Eras canhoto, como o coração.
Agora. Disseste.
E levei o cigarro até à chama.
Já está. E sorriste.
Importas-te que te acompanhe? Perguntaste.
Não, claro que não. Claro que não.
Está frio. Disseste. E esfregaste as mãos.
O cigarro sempre aquece.
Sim. Tossi.
Estás bem? Perguntaste.
Estou muito bem.
Óptimo. Disseste. E sorriste.
Aquele café além é acolhedor. Não tomas nada? 
Um chá fazia bem à tosse. Perguntaste. E disseste.
Sim, um chá calhava bem. Estava mesmo a apetecer-me.
Parece que adivinhei. Disseste. E aí sorri eu.
Tomámos chá e de imediato fizemos planos de vida
Que correram mal, imediatamente mal.

Comecei a fumar para te pedir lume.
Para passar o frio.
Descobri que não viria a morrer
Nem de cancro pulmonar, nem de amor,
mas da própria morte, mal o lume se apagou
e o café fechou as portas. Para sempre.







Ana Salomé - Ana Catarina Rocha -
(Lisboa, Portugal, 1982)
Traducción de Selo Blanco
para leer  MÁS y MÁS
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9 de octubre de 2011

Eliana Pougy, No, yo no te amo


Ilustración de  Chris Neal Silas


NO, YO NO TE AMO

Porque cuando pienso en ti imagino tus ojos mirándome y tus manos en mis brazos. Después, me llevas a una esquina cualquiera, me agarras y la gente se besa en la boca. Yo gimo, tú me muerdes el cuello y yo sonrío con los ojos cerrados. Me empujas contra la pared y yo te aparto el pelo para verte el rostro. Me miras con esa carita linda y dices que yo lo soy todo para ti y que no puedes vivir sin mí. Y yo digo te digo que tardaste mucho y que no sabía que era la vida antes de que tu aparecieras. La gente se va descubriendo, nuestras manos se mueven por todas partes y nuestros cuerpos se encajan, así, perfectamente. La gente queda sin aliento y se miran como si el mundo fuera a acabar mañana y nunca más se fueran a ver. Me sujetas el rostro y me dices que nunca viste nada más lindo en tu vida. Yo te miro a los ojos y no digo nada, solo lloro.

No, yo no te amo. Y eso, no es amor. Eso, baby, solo existe en el cine.





Eliana Pougy 
(Mogy das Cruzes, San Pablo, Brasil, 1961)
Traducción de Selo Blanco
su WEB

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