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19 de mayo de 2012

Ana Sofía Pérez-Bustamante, Eros se explica un poco


Fotografía de Gregory Crewson
EROS SE EXPLICA UN POCO

Me estorbaban tus ojos. Te impedían
descender por los ríos de la carne
y remontarlos luego, lentamente,
a flor de piel. Mejor hubieran sido
ojos de mariposa: ocelos, sí, sedosos
círculos pintados que no ven, 
que aletean. Mis párpados,
membranas fragilísimas que vibran por sorpresa 
desde el centro del vientre, no resisten la luz.
Niño y pez, no quise que me vieras.
En medio de la noche suaves túneles
podía yo fingir
que hicieran de tu cuerpo luminoso
una amante vidriera, y tú podías pensar, 
en el camino oscuro de mis manos, 
caricias musicales
de un sendero muy hondo de puntos como estrellas.
Para que no tuvieras 
miedo de mí. Para que no me hirieras 
al filo de tus ojos. 
Agudísima Psique, todavía
quieres poner las reglas, no comprendes
que de niños y peces ya no comprendes nada.
Yo no quiero jugar, yo soy el juego.
Y tú rompes el agua, y no me ves.


Mercuriales, Colección Esquío de Poesía, 2003



Ana Sofía Pérez-Bustamante - Ana Mourier - 
(París, Francia, 1962) 
Reside en Cádiz
de Mercuriales, Colección Esquío de Poesía, 2003 
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29 de marzo de 2011

Ana Sofía Pérez-Bustamante, Caduceo de Hermes (Feérica)


s/d del autor de la fotografía

CADUCEO DE HERMES (FEÉRICA)

On dirait qu´une fée a passé dans cela!...
A. Rimbaud

Suavemente me llega
quizá desde el cansancio perezoso
el silencioso movimiento
de una mujer mayor que está planchando,
absorta en sus dobleces,
una sábana blanca.
Esa blanda paciencia, tenaz y delicada,
que es y que no sabe que es caricia,
se me eriza en la nuca, en la espalda, en los codos,
más abajo del vientre. Dulcemente
soy su hombro, su brazo, la plancha, soy el áspero
lienzo limpio, el tablero y la manta, soy el aire
poroso, estremecido,
la luz de media tarde, la habitación, la casa
y el silencio: una espiral de gozo
que fluye de la piel de la cabeza,
que recorre los vellos verticales,
que agita remolinos en el sexo
y desde el sexo gira, gira, gira
esparciendo hacia abajo y hacia arriba
océanos de anémonas que ríen, ríen, ríen
la tranquila sorpresa del placer infinito.
Oh, cuerpo, qué ternura
el gesto por el aire:
una mujer mayor que plancha absorta,
que estira despaciosa el hilo con que cose,
unas manos sin prisa
envolviendo en papel morosamente
una caja de lápices, un niño
pasando entre los dedos uno a uno
sus arrugados cromos de colores,
o la curva del brazo que se extiende
para alcanzar un libro que, rozando
la siesta de otros libros, se desliza en su balda:
contra un rayo de sol
espejean en éxtasis los átomos del polvo
volando por un sueño de doradas serpientes.

Y, sí, me quedaría, cuerpo sabio,
no importa con qué excusa,
aquí, por siempre aquí,
en este suave mimo,
entornados los ojos, deshaciéndome
despacio, muy despacio,
en la felicidad del mundo de las cosas.

Mercuriales, Colección Esquío de Poesía, 2003


Ana Sofía Pérez-Bustamante 
(París, Francia, 1962)
de Mercuriales, Colección Esquío de Poesía, 2003 
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14 de marzo de 2011

Ana Sofía Pérez-Bustamante, Géminis ante el altar del Dios desconocido

Fotografía de Sonya Jach

GÉMINIS ANTE EL ALTAR DEL DIOS DESCONOCIDO

"porque su nombre
cabe en el desconsuelo del hombre que está solo."

Luis Cernuda

En el altar de mi silencio
te invoco, Dios, con la modestia de quien sabe
que nombra un simulacro.
Para mi pensamiento eres
la fina piel que cubre (con que cubro)
mi frágil soledad, mi enorme desamparo.
Yo sé que lo primero,
y último, es el miedo, mi miedo.
Y cómo necesita mi corazón un doble
bueno, capaz de perdonarme
lo que no me perdono. Lleno
tu nombre de todo lo que no soy,
lo que no seré nunca.
(...Amor, no sé si existes. Tuyo, te amo).
Oh, Dios mío, desconocido
¿interlocutor? ¿oyente? cotidiano, acoge
esta ofrenda de sombras y de espejos
de un animal confuso, sentimental y débil,
que no te pide (sólo) felicidad eterna, sino
un báculo a diario que soporte
el peso de su azar y su destino.


Mercuriales, Colección Esquío de Poesía, 2003



Ana Sofía Pérez-Bustamante 
(París, Francia, 1962)
de Mercuriales, Colección Esquío de Poesía, 2003 
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2 de marzo de 2011

Ana Sofía Pérez-Bustamante, Psique

Fotografía de Elina Brotherus, Epilogue
PSIQUE

Tarde o temprano, Eros,
yo tenía que verte. No sé si tú lo sabes.
Quizá yo sospechaba que entonces tú te irías.
Quién sabe si, en el fondo, no lo hice a propósito.
Eso lo pensé luego. Entonces
creí que no podría vivir sin ti. No es cierto. 
Viví al principio en un despecho aireado. Más tarde,
una histriónica ira, una honda pena, 
una tristeza mansa, un eco de costumbre
lejana de estar triste, y finalmente, 
una sorpresa, casi, 
si alguna vez pensaba aún en ti.
Lo siento. Hubiera sido, 
no sé, más pedagógico, 
un idilio sin término, o al menos más romántico
un final de tragedia, y no este desenlace.
Escúchame este otro, a ver qué te parece.

Tú vienes aún a mí, algunas noches,
fingiendo que es ayer. Yo finjo que se apagan
las luces de mis ojos. Puedes llamarme como
más te complazca (Dánae, Venus, Leda...).
Yo, pensando en quien quiera, mejor te llamo Eros.
Nos vale cualquier nombre. Digo
"tiniebla", y todo se oscurece. Digo "olvido",
y sólo quedan cuerpos sin memoria.
No me pondré los ojos. Si olvidara
dejarlos en la mesa, junto al vaso,
me coseré los párpados antes de que amanezca
y sabré estar dormida.

Qué lástima de amor. Con que sólo tuvieras
dos dedos de frente, todavía podríamos
ser la más ejemplar y ultramoderna
pareja esporádica de hecho.

Mercuriales, Colección Esquío de Poesía, 2003



Ana Sofía Pérez-Bustamante 
(París, Francia, 1962)
Vive en Cádiz
POETA/DOCTORA EN FILOLOGÍA HISPÁNICA/
PROFESORA DE LITERATURA ESPAÑOLA
de Mercuriales, Colección Esquío de Poesía, 2003 
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