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12 de agosto de 2020

Janet N. Gold, En el principio


Fotografía de Bex Finch

EN EL PRINCIPIO

En el principio fue el sueño
y el sueño se hizo mujer
y la mujer tomó su cepillo
y limpió el cielo
agarró su escoba
y barrió el desierto de todos sus huesos
con su pala
abrió brecha en el barro mudo.

Llamó el hambre por su verdadero nombre
y anduvo a zancadas por los bosques del miedo,
recogiendo las ramas quebradas
y las flores caídas.

En el paisaje de una mañana tácita
apiló los huesos y las estrellas,
la arena, el barro y las ramitas,
los corazones mortinatos
y las iras no gastadas.

Grande fue la pila,
caliente el centro de la creación.

En medio de su elación
sumergió sus manos
en el quemante cielo,
movió el moribundo mar,
apretó peces y plumas,
desmenuzó el terco barro. 

Movió y movió la pila
de lo que fue
y lo extendió cual manta
encima de la tierna tierra
desnuda de esperanza
y sin los adornos de la memoria.

En la manta de lo que fue
descansó de su trabajo
y soñó que era una semilla
y la semilla soñó un jardín
y el jardín soñó este principio.

en el fanzine Poesía de Puertas Abiertas #29, Ediciones Mal Paso, 
Tegucigalpa, Honduras, 2020

IN THE BEGINNING

In the beginning was the dream
and the dream was made woman
and the woman took her brushes
and washed the sky clean
picked up her broom
and swept the desert of all its bones
with her shovel
she cracked open
the mute clay.

She called hunger by its true name
and strode through the forests of fear,
gathering up the broken limbs
and fallen flowers.

In the landscape of an unspoken morning
she piled the bones and stars
the sand and clay and twigs
the stillborn hearts
and unspent angers.

High was the pile
hot the center of creation.

Deep in her elation
she plunged her hands
into the burning sky,
she stirred the dying sea,
she lifted the rim and scrabble
pressed fast the fish and feather
crumbled the clumps of stubborn clay.

She turned and turned the pile
of what was,
then spread it like a blanket
on the infant land naked of hope and
unadorned with memory.

On the blanket of what was
she rested from her work
and dreamed she was a seed
and the seed dreamed it was a garden
and the garden dreamed this beginning into being.




Janet Nowakowski Gold
(Torrington, Connecticut, EE.UU., 1948)
Reside en Camden, Maine
CATEDRÁTICA EMÉRITA DE LITERATURA LATINOAMERICANA/ 
INVESTIGADORA/ESCRITORA/POETA/CRONISTA
para leer una entrevista en EL HERALDO
para leer una nota en AL DÍA NEWS
para escucharla recitar el poema acá
su WEB


25 de febrero de 2017

Amanda Castro, 2 poemas 2 (II)


Fotografía de Armend Nimani (Skopje, Macedonia, 2015)
ELLOS

Ellos no comprenden, Madre, 
ellos no te han visto 
     sangrar como nosotros 
ellos no vieron los buitres 
     sacarte los ojos 
los perros 
     desgarrarte 
     ellos no oyeron tus gritos de angustia, Madre

Él nunca pudo entender mi ira 
porque no te vio retorcerte 
          en la montaña 
     no te vio las manos quebradas 
          los labios rotos 
     el vientre hinchado de moretones 
          la vulva reventada 

Él no te ha visto nunca, Madre, 
él sólo tiene ojos para sí mismo 
los edificios altos 
y la corbata del domingo

No podía entenderme el alma hecha pedazos 
porque no ha visto tus ojos desterrados 
perdidos en el aire 
     ávidos de color 
Él no ha limpiado tus manos desgarradas 
No sabe el significado de un pañuelo blanco 
o una canción lejana 
o los colores de tu falda 

Él no conoce el terror del silencio 
La sensación helada de la sangre de los otros 
     sus gestos
     sus gritos 
     sus cuerpos carcomidos en los escombros  
sus cuerpos 
     tirados uno sobre otro 
     bañados de gasolina 
Nunca olió la carne humana ardiendo 
     los peces en el aire

Él no conoce el amor.

(de Onironautas, Editorial Letra Negra, Guatemala, 1984)



Turquía, 2013

Para separarnos
de los animales
inventamos palabras
que nos ayudaron
a nombrar
lo inexplicable
volvimos a jugar a Dios
Pero como ni dios ni las palabras
pueden nombrar las emociones
descubrimos
la piedra, el hierro, el átomo
y las guerras,
nos fuimos especializando;
la rueda, el carro, el microondas
el procesador de palabras,
el rayo láser, las plantas nucleares,
los gases nerviosos:
los hilos eléctricos
que conectamos a las humedades
de nuestros enemigos
para que nos digan cuentos
que ha sabemos,
descubrimos así el odio

(de Quizás la sangre..., Utopía Editorial, Tegucigalpa, 2001)




Amanda Castro -Amanda Lizet Castro Mitchell- 
(Tegucigalpa, Honduras, 1962-2010)
Fundadora de la Editorial Ixbalán de Honduras 
y defensora de los derechos laborales de las mujeres
en Honduras: inserción de la poesía femenina en lo contemporáneo
de Ada Luz Pineda
para leer Volver a imaginarlas: retratos de escritoras centroamericanas
Compilación de Janet N. Gold

Editorial Guaymuras, 1998
para leer más en EMMA GUNST
y en: REGISTRO CREATIVO

30 de septiembre de 2013

Amanda Castro, 2 poemas 2


Obra de Catrin Welz-Stein

LA MAMÁ

Alta y de piel oscura
grande mitológica
peleadora y tierna era la mamá
sus ocho hijos todos aprendieron a leer
a creer en Dios
a entender lo que su madre amaba
ellos
todos con título de secundaria
profesores secretarias
todo
por aquellas manos carrasposas
agrietadas por manos de la angustia
y el abandono
-aquellos hombres que prometieron ayudarte
y se marcharon-
todo
por aquellas manos
rajadas por el olor putrefacto
-lugares donde ella buscaba el pan-
limpiando pisos
limpiando servicios
limpiando
todo
por un pan para sus hijos
porque sus hijos fueran a la escuela
porque tus hijos fueran alguien
por darles lo que vos nunca tuviste
una cama en lugar del petate
una casa en lugar del cuartito maltrecho
una vida en lugar del tormento
Mamá
¿No te das cuenta?
cambiaste el curso del sol
con tus manos
con tu enorme cuerpo lacerado
El sol en tu frente
cuesta abajo cuesta arriba
de vuelta al trabajo
asegurando el futuro en tus manos
(las mismas que hacían la ropa
más simple del universo)
-el amor encerrado en un cuerpo de mujer-
Mamá
no te das cuenta
cambiaste el curso del sol.




Obra de Catrin Welz-Stein

LA NIÑA

Con tus ojotes
me mirás desde tu esquinita
-ese lugar
donde se tejen los versos
y el amor-
quiero tocarte pero no puedo
Aprendiste demasiado temprano
que no podías confiar en nadie
y cuando me acerco huyes
-huyes cuando se acerca cualquiera-
Antes de descubrir las palabras
ya conocías el dolor del abandono
desde entonces te habitó la amargura
nunca tuviste tiempo para sentir un pecho
y nutrirte de amor y de esperanza
te quedaste suspendida
en el espacio del deseo
-deseo de ser deseada-
Más tarde vino lo más violento de la vida
la persona en quien más querías confiar
 te enseñó esos juegos secretos
que te arrancaron el habla
y la cordura
el amor ya no era una cosa linda
sino un dolor que violaba
la pureza de tus manos
descubriste esa esquina de lugares mágicos
donde el tormento y la angustia no existían
Te separaste de todo
-de mí, más-
Te volviste sombría
Todo te hacía sangrar
las primeras heridas
Hoy te veo en tu esquinita
pidiéndome a gritos
que no te deje morir
y sufro al no poder
darte explicaciones
mis ojos se acobardan con los tuyos
Tampoco comprendo
cómo se puede rechazar a un recién nacido
cómo se puede violar la inocencia
de alguien que nos quiere
cómo se puede matar a un niño
Todos vivimos alejándonos
de la vida
 aprendiendo a matar
-odiándonos-
Pero hoy
con tus ojotes de luz
nuestra esperanza crece
igual que los versos en tus manos
Vivo
en espera del día
en que podré abrazarte
ya no te niego
el derecho a la rabia
ni las palabras
hemos descubierto
el amor





Amanda Castro 
-Amanda Lizet Castro Mitchell- 
(Tegucigalpa, Honduras, 1962-2010)
Fundadora de la Editorial Ixbalán de Honduras 
y defensora de los derechos laborales de las mujeres
Compilación de Janet N. Gold, Editorial Guaymuras, Tegucigalpa, 1998
para leer MÁS

29 de agosto de 2011

Amanda Castro, Juana la Loca


(*)


JUANA LA LOCA

“¿Por qué me llaman Juana la loca?
Porque estoy loca…”

Tus ojos resplandecían con tu locura
esa locura que no se detenía
ante nada
ante nada
todos con la bocabierta
viéndote desnudarte en plena fiesta
mostrándote
mostrándonos
lo bonito que era tu clítoris
(las viejas con el pelo parado
se comparaban en secreto y descubrían
que el tuyo era más bonito
porque se te salía por los labios)
Tus ademanes frágiles
le cortaban el habla a cualquiera
sobre las tablas
en la concordia
en tu caseta que olía a monte
yo te miraba por la ventana
haciéndote mil preguntas
tu flaquísimo cuerpo
atravesando cuartitos
tu cuerpo golpeado
violado
-violentado-
tu flaquísimo cuerpo de papel y locura
lleno de cicatrices
de moretones
de botas dibujadas en la cara
-cuerpo de mujer-
(yo te miraba por la ventana)
los largos dedos tejiendo un suéter
mantelitos de cocina
bordando un cuadro del príncipe
el índice colmado de hoyitos
Todos decían que estabas loca
Estabas loca
loca de rabia
loca de sexo
loca de amor
sin darte cuenta
cargabas nuestra locura
Nosotros que acostumbrábamos decirte
cómo actuar
lo que decir
lo que pensar
lo que hacer
nosotros
que decíamos quererte
comprenderte
decíamos que estabas loca
Ninguno de nosotros se adentró
Nadie llegó a tocarte de veras
a beber tu angustia
a lamerte las lágrimas en soledad
ninguno de nosotros logró verte la locura
nadie se atrevió a decir
que no era cierto
que no estabas loca
que estabas muriendo
que era otra cosa
Todos nos quedamos boquiabiertos
mirándote desnudarte
y meterte la daga
hasta lo más profundo
diciendo que estabas loca




Amanda Castro -Amanda Lizet Castro Mitchell- 
(Tegucigalpa, Honduras, 1962-2010)
de Celebración de Mujeres, 1º Edición, Quetzaltenango, Guatemala, 1993; 
2º Edición, Tegucigalpa, Editorial Guardabarranco, 1996
Compilación de Janet N. Gold, Editorial Guaymuras, Tegucigalpa, 1998
otro poema Juana la loca, de Juana Pavón
para leer MÁS






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