Mostrando entradas con la etiqueta aykut aydogdu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta aykut aydogdu. Mostrar todas las entradas

30 de septiembre de 2025

Joyce Carol Oates, 3 poemas 3 (de Melancolía americana)


Ilustración de Aykut Aydoğdu

MISERICORDIA

Tanto depende
de
olvidar tanto

pues nuestros
más tempranos
anhelos nunca
nos abandonan.

El golpe
que borra
la memoria
es otra palabra
para la misericordia.

THE MERCY

So much depends
upon
forgetting much

for our
earliest
yearnings never
abandon us.

The stroke
that wipes out
memory
is another word
for mercy.


Ilustración de Aykut Aydoğdu
LA TORMENTA QUE VIENE

El olvido era un cielo azul y familiar, hace tiempo.
Y el lago, también, familiar aunque ahora vuelto tinta.

¡Esa frontera de marismas refulgentes!
Un resplandor solar entre la oscuridad como
un ojo demoníaco.

Si es 1859, probablemente creas
en el alma radiante. Esa única vela blanca
en la proa del olvido.
¿O eres tú, un hombre en mangas de camisa,
ese solitario remero
en una barca invisible? Esforzándote en los remos
y sin tocar tierra jamás.
Como por un pulso avivado el final de las cosas
sopla desde el mítico Noroeste.

¡Ah, olvido! Ese sabor nudoso a alquitrán.
Ese olor a humedad en el aire.
No tendrás tiempo ni siquiera para una plegaria.

¿O te has vuelto un recorte de papel con camisa roja,
chaleco beige, sombrero de paja, una figura
sentada confiadamente
al filo del lago de pesadilla?
¿Un pescador? ¿Es eso lo que eres?
¿Y tu perrito?
¿Y el filo del abismo?
Ah, ¿dónde están los adultos que te amaban,
y hacían guardia?

THE COMING STORM

Oblivion was a familiar blue sky, once.
And the lake, too, familiar though now turned to ink.

That border of marshgrass luridly bright!
Sun-glaring mid darkness
as a demon eye.

If it's 1859 you believe, probably,
in the radiant soul. That single white sail
at the prow of oblivion.
Or are you, a man in shirtsleeves,
that solitary rower
in an invisible boat? Straining at the oars
and never to reach shore.
As by quickened pulsebeat the end-of-
things blows out of the fabled Northeast.

Oh, oblivion! That gnarly tarry taste.
That smell of airborne wet.
You won't have time even for prayer.

Or have you become a paper cutout in red shirt,
Beige vest, straw hat, a figure
jauntily seated
at the edge of the nightmare lake?
A fisherman? That's what you are?
And your little dog?
At the edge of the pit?
Oh, where are the adults who once loved you,
and stood guard?



Ilustración de Aykut Aydoğdu

ESO OTRO

Se reían, pero no. Tú
no te acuerdas de eso.

Lo que crees recordar
no fue eso.

Sí, te acuerdas
de algunas cosas. Y
algunas cosas sí
ocurrieron. Pero no de esa forma.

Y de todos modos, no
a ti.

THAT OTHER

They laughed, but no. You
don't remember that.

What you think you remember— it
wasn't that.

Yes— you remember
some things. And
some things did
happen. Except not
that way.

And anyway, not
to you.



Joyce Carol Oates
(Lockport, NY, EE.UU., 1938)
POETA/NOVELISTA/DRAMATURGA/CUENTISTA/
ENSAYISTA/EDITORA/DOCTORA EN LITERATURA INGLESA
Edición bilingüe
Traducción de Pedro Larrea
para leer + en POETRYALQUIMIA

29 de mayo de 2020

Isabel Fraire, 3 poemas 3


Obra de Aykut Aydogdu

COMO UN INMENSO PÉTALO DE MAGNOLIA

como un inmenso pétalo de magnolia
se despliega la luz de la mañana

no hay casas no hay pájaros
no hay bosques

el mundo
ha quedado vacío
hay solamente luz 

en El corno emplumado, número 27, julio 1968
de Sólo esta luz, Editorial Era, México, 1969



Obra de Aykut Aydogdu

Oigo un ladrido
cuánto tiempo había deseado
vivir de nuevo
en un barrio
en donde se oyera
en medio de la noche
un ladrido

de Poemas en el regazo de la muerte, Editorial Joaquín Mortiz, colección Las dos orillas, México, 1977
y en No sé ir a casaPoesía Mexa, 2018 / Selección de Jorge Posada




Obra de Aykut Aydogdu


Ahora yo también
                               estoy en un cuarto de hotel
                                                                            en Nueva York
                                                                                                   quejándome
                                   de la soledad

por fin
            he accedido
                                 a esa experiencia
                                                                literaria

y no escribo más que un poema cursi
                                                            intrascendente
                            que no vale la pena publicar

de Irse para volver, Puente colgante, Poesía reunida, México: Universidad Autónoma Metropolitana, 1997
y en No sé ir a casaPoesía Mexa, 2018 / Selección de Jorge Posada





Isabel Fraire
(Monterrey, Nuevo León, 1934 - México DF, 2015)
POETA/TRADUCTORA/CRÍTICA LITERARIA/ENSAYISTA
por Ernesto Lumbreras, en MILENIO2020
+ en TIEMPO EN CASA, Nov. 2015
su WEB

14 de abril de 2020

Raquel Aljadeff, 4 poemas 4


Obra de Aykut Aydogdu

SHALOM

No hay paz.
Incluso
donde aún no ha estallado
la violencia
(no denuncio, no juzgo)
doy testimonio
no hay paz.
Palomas hay,
no faltan,
el mundo está
lleno de ellas
blancas o no, gordotas
pintadas con olivo.
Paz no hay.

f r a g m e n t o

de Shalom y otras adversidades, ICCED, 1992
Prólogo de Jerónimo Castillo




Fotografía de B. Berenika
POR ESO

          y me miro
por eso
desde mi
tiempo antes
y reconozco
           a medias
a ésta que soy
y nos miramos,
ésta que soy
a la que fui y nos
medimos
          mutuamente.

de Shalom y otras adversidades, ICCED, 1992
Prólogo de Jerónimo Castillo
Leído en CAMINOS DE TINTA




Fotografía de B. Berenika

¿Finalmente entenderemos
uno y otro?
Me falta entendimiento.
Es mucha luz
me falta entendimiento.

¿Y frente a frente estamos
uno y otro?
Así quedan las cosas.
Finalmente
seguro entenderemos.
O no, quién sabe.
Y nunca, quién sabe.
Y jamás, quién sabe.

de Shalom y otras adversidades, ICCED
(Instituto Científico y Cultural "El Diario"), San Luis, 1992




Fotografía de B. Berenika

RETRATO MEJORADO

Basta de sol
ya basta.
Hacia la noche
entre las ruinas
como una
mariposa
nocturnal.
Mis manos
traman
formas, urden
gestos
desafíos
lápidas
sutiles e
inconmovibles
muros
de contención.

Quién
atrapa
a quién.
Me apodero
del enladrillado
Alzo mi
reino
en las cavidades
Someto
la prisión
me corono de sombras
y
Soy




Raquel Aljadeff
(San Luis, Argentina, 1936 - 2010)
Lectura recomendada por Paulina Movsichoff
para leer + en LA MUSA INQUIETANTE



22 de febrero de 2020

Patricia García-Rojo, 3 poemas 3


Ilustración de Aykut Aydoğdu
POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS

Y entonces dios unió a las mujeres con recetas,
y de madre a hija,
y de abuela a nieta,
copiaron, mejoraron,
perfeccionaron, destrozaron
y confesaron
primeros y segundos platos,
dulces, postres y meriendas
con un toque de sal, una guinda,
miel, canela,
eternizándose todas
unas en las otras,
por los siglos de los siglos
amén.

POUR LES SIÈCLES DES SIÉCLES

Et alors dieu unit les femmes par des recettes,
et de mère en fille,
et de grand-mère en petite-fille,
elles copièrent, améliorèrent,
perfectionnèrent, défirent
et confessèrent
premiers et seconds plats,
sucreries, desserts et goûters
avec une touche de sel, une griotte,
miel, cannelle,
s’éternisant toutes
les unes dans les autres
pour les siècles des siècles
amen.

Traducción al francés de Colo



Ilustración de Aykut Aydoğdu

cuando yo no sabía lo que era amor,
amaba. 
y cuando no sabía lo que era penar, 
esparcía lágrimas terribles
en las escaleras. 
porque esgrimía 
la fuerza invencible de la inexperiencia.
ojalá el yo sólo sé 
que no sé nada fuera
impulso para crear y no parálisis
de la conciencia. 


Ilustración de Aykut Aydoğdu

MEMORÁNDUM

haz del pecho un prado
y no una jaula




Patricia García-Rojo 
(Jaén, España, 1984)
POETA/ESCRITORA/PROFESORA
LICENCIADA EN FILÓLOGÍA HISPÁNICA
su blog RIDÍCULA CALAMIDAD
su FACEBOOK
su WEB

27 de octubre de 2019

Edith Wharton, La plenitud de la vida (fragmento) (+1)


Obra de Aykut Aydoğdu

LA PLENITUD DE LA VIDA

(...) a veces pienso que la naturaleza de la mujer es como una casa con muchas habitaciones: está el recibidor de entrada por el que pasa todo el mundo para salir o entrar, el salón en el que una recibe a las visitas formales, la sala de estar donde los miembros de la familia vienen y van a su antojo… Pero más apartadas, mucho más apartadas, hay otras habitaciones cuyos picaportes nunca se hicieron girar para abrir sus puertas. Nadie conoce el camino para acceder a ellas, nadie sabe a dónde conducen. Y en la habitación más recóndita de todas, en el santuario de santuarios, el alma se sienta sola, aguardando el sonido de unos pasos que nunca llegan. 

f r a g m e n t o del cuento La plenitud de la vida, en Cuentos inquietantes, Editorial Impedimenta, 2015
Traducción del inglés y prefacio a cargo de Lale González-Cotta



B O N U S  T R A C K

No hay vicios tan difíciles de erradicar como aquellos que popularmente se consideran virtudes. Entre estas virtudes la más notable es el vicio de la lectura. Se suele admitir que la lectura de basura es un vicio y sin embargo la lectura per se –el hábito de leer—pese a ser nuevo, figura ya entre virtudes tan bien reputadas como la sobriedad, el ahorro, madrugar y practicar regularmente ejercicio.

f r a g m e n t o de El vicio de leer
Traducción de Enrique Lynch



Edith Wharton
(Nueva York, EE.UU., 1862 - 
Saint-Brice-sous-Forêt, Francia, 1937)
POETA/ESCRITORA/DISEÑADORA/
PRIMER MUJER EN RECIBIR EL PREMIO PULITZER (1921)
para leer un artículo por Rodrigo Fresán
para leer más en TEXTOS.INFO

20 de junio de 2019

Claudia Magliano, Hay que tener cuidado...


Ilustración de Aykut Aydogdu
Hay que tener cuidado. Hay que ser cautelosa.

Modosita, decían.

No mirar más que un solo punto, el de adelante.

O la cabeza gacha, agachada, hacia abajo. Bien abajo.

El suelo, las baldosas, el piso, el asfalto, la tierra, el césped, lo que haya debajo de los pies. Mirarlo. Mirar solo hacia ahí. El cielo, el aire, los costados no son para vos. Nada te ha sido reservado. Conservá la postura. La espalda recta, derecha, la curva de tu cuello.

Hay que ser cuidadosa. Tenés que ser cuidadosa. Guardá bien tu cuerpo. Debajo de la ropa guardá bien tu cuerpo. Que no se note que hay un cuerpo allí, una piel, un pliegue.

Hay que ocultarse. Hay que abstenerse de mirar a los ojos, los hocicos, las fauces de los perros.

Los perros parecen animales domésticos. Parecen dóciles los perros. Pero los perros matan. Clavan todo lo que tienen de filoso en los cuerpos blandos, desgarran a veces, se meten adentro de los cuerpos. Arrancan la carne. La destrozan. Y no es para comerla, no. Solo para ser perros matan. Estrangulan con los dientes. Hacen huecos con las garras, dan muerte. Solo por darla. Solo por saberse perros. Más perros todavía.

Hay que tener cuidado. Ser cautelosa. Modosita. Discreta, sobre todo discreta. Tu cuerpo es de los perros. No intentes poseerlo. Poseerte. No te pertenece. No te será dado.

Un hilo de sangre corre por la boca de los perros, cae en finas gotas que se deshacen al contacto con el aire. No es su sangre la que cae. No es de los perros eso que duele. Te duele a vos que no supiste comportarte, mantener la calma que el deseo reclama. No fuiste viva, inteligente, no supiste cómo moverte y te dejaste llevar por el deseo. El deseo te arrastró varios metros sobre la tierra y dejaste un surco. Y eso que vos pensabas en otras descendencias. Creías en tus hijos y en los hijos de los hijos de tus hijos. Y en las hijas de tus hijas y las hijas de las hijas de tus hijas. Creías en una cadena interminable que perpetuaría tu nombre. Por siglos tu nombre estaría en la boca de tu descendencia. Iba a estar, eso pensabas cuando jugaste con las muñecas, cuando dibujaste una casa con chimenea y humo y un árbol y flores alrededor. Porque la vida tenía que prolongarse en el juego, en ese juego que te habían legado solo para vos. Te irías a casar, tan blanco todo, y después esperarías que tu vientre creciera como un globo o una pelota debajo del vestido y aun así estabas dispuesta a parir, porque ese era el designio. Pero los perros se adelantaron a tu suerte, levantaron tu casa bajo la tierra. Te hundieron los ojos los perros porque no supiste no mirarlos. Y eso que solo el suelo te estaba reservado, todo para vos ahí servido para que pusieras la mirada hacia abajo, para que inclinaras bien el cuello, la cabeza, todo tu cuerpo y te quedaras allí como una florcita más a la espera de la lluvia. Como un yuyo que creció imperceptible entre las grandes plantas. Pero tuviste que mirar a los perros, les clavaste los ojos bien adentro, para que te vieran, para que olfatearan tu coraje y te salió mal. Tenías que cuidarte, ser cautelosa, modosita,  como decían  las hijas de las hijas que te hicieron ver la luz años después de su nacimiento. Y te tocó ser parte de ellas, ser una más te tocó. Y no te diste cuenta, no entendiste que tu cuerpo no te pertenecía y era de los perros, solo para los perros era tu cuerpo.





Claudia Magliano 
(Montevideo, Uruguay, 1974)
POETA/ESCRITORA/PROFESORA
en De divina proporción -muestra de poesía uruguaya contemporánea-,
Editorial La coqueta, 2017
extraído de EXCÉNTRICA Poéticas en Movimiento
para leer MÁS

15 de junio de 2019

Lucía Sánchez Saornil, Caminos del arco iris


Obra de Aykut Aydogdu
CAMINOS DEL ARCO IRIS

por una deuda antigua

Eché mi corazón al mar
en busca de tu huella

Eras lo que no se sabe
bruma.
Yo iba abriendo caminos de arco-iris
para alcanzarte
y tras tus pasos
seguían mis antorchas
cuando tu mano de oro
abrió mi costado izquierdo.



Lucía Sánchez Saornil
(Madrid, 1895 – Valencia, España, 1970)
POETA/MILITANTE ANARQUISTA/FEMINISTA/
COFUNDADORA DEL MOVIMIENTO MUJERES LIBRES
de la revista Ultra, Nº4, marzo 1921
y en Poesía española de vanguardia: 1918-1936,
Castalia, 1995
para leer MÁS
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...