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14 de mayo de 2019

Martha Kornblith, ¿Quién puede decir que he perdido?


Fotografía de Keegan Luttrell

¿QUIÉN PUEDE DECIR QUE HE PERDIDO?

¿Quién puede decir que he perdido?
Si no es menos naranja la naranja porque se pudre
si no es menos árbol el árbol porque se tuerce
si nos cubre el hábito del cielo,
el hábito de la mañana
el hábito del día
Todo esto hemos hecho
fructuoso o no
es nuestra piel, nuestro nombre 
No podemos recorrer todos los jardines
no podemos tener todos los silencios
Este camino es nuestro único camino
nuestras raíces se han aferrado
al oro y al barro
hemos cosechado en la podredumbre
Que nuestro privilegio, nuestra ganancia
es la costumbre y el viaje
es a lo que me refiero.






Martha Kornblith 
(Lima, Perú, 1959 - Venezuela, 1997)
POETA/LICENCIADA EN COMUNICACIÓN SOCIAL
de El perdedor se lo lleva todo, Volumen 54,
Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1997
para leer + sobre ella en EL VERANO DE LOS TAMARINDOS
para leer + en OTRA IGLESIA ES IMPOSIBLE
+ en LA PARADA POÉTICA
y MÁS

24 de abril de 2016

Martha Kornblith, Poema por falta de mi madre


Fotografía de Dylanne Lee
POEMA POR FALTA DE MI MADRE

Madre
he de confesarte que además de
haber enterrado a la muñeca
no he cumplido con tus aspiraciones
de buena ama de casa, madre de hogar,
hijos, nietos, etcétera
que me convertí en poeta
que es lo mismo que decir
en poeta suicida
y que por eso
juego y seduzco a la muerte
todas las noches.
Madre,  
he de confesarte  
que sola  
ahora, apenas 
persigo cucarachas  
persigo cucarachas  
persigo cucarachas 
persigo cucarachas.




Martha Kornblith 
(Lima, Perú, 1959, Venezuela, 1997)
de Sesión de endodoncia, Grupo Editorial Eclepsidra, 1997
para leer MÁS


18 de diciembre de 2013

Martha Kornblith, A veces la vida...


Ilustración de Mai Ly

A veces la vida viene como la carta más baja
rozamos con otros transeúntes
la suciedad en las aceras
habitamos los árboles, los pájaros
pedimos el pan como los pobres.
A veces
la vida viene como vileza.
Entonces nos aferramos a la suerte
frenéticamente.




Martha Kornblith 
(Lima, Perú, 1959, Venezuela, 1997)
de Oraciones para un dios ausente, Monte Ávila Editores Latinoamericana,
1ª edición, 1995
en Obra CompletaEditorial Eclepsidra, Caracas, Venezuela, 2016
para leer MÁS

14 de febrero de 2013

Martha Kornblith, 2 poemas 2 (II)


Fotografía de Vikram Kushwah

Asistir un sábado por
la tarde a una librería
sin sopesar
los tontos que éramos
que plagiábamos hasta la
desdicha y el suicidio.
Asistir un sábado a la
librería
para copiar a Silvia Plath
o al más cercano vecino.
Aunque igual
casi todo convergía siempre
en infortunio
era un argumento para
tener de pronto
un rapto de inspiración
y correr de vuelta a mi casa
para escribir un poema
sobre esta ciudad
que tanto detesto.

Sábado es un día para odiar
a esta ciudad
para odiar a esta ciudad
y a sus poetas
hasta la muerte.




Fotografía de Vikram Kushwah

Hoy
se me ha perdido el mundo.
Es mi propio extravío
lo que busco.
Es Martes
leo a Kristeva
(“la melancolía es estéril
si ella no deviene en poema”)
Es Martes
y hace un mes
mi mano izquierda
ardía en carne viva.
Conocí a un médico
al que amé con locura.
Ese hombre lavó
mi sangre
ese hombre limpió
mi piel quemada
con indulgencia.
Ese hombre conoció
mi llanto
pero ese llanto
no era llanto
que venía de adentro
es un llanto
distinto,
un llanto de afuera.
Es Martes
leo a Kristeva
(“Habito la cripta
secreta de un dolor
sin palabras”).
A él le dedico
Del dolor puede surgir
el amor, el más profundo
amor”.
Es Martes
y leo a Kristeva:
La melancolía es
una perversión,
a nosotros nos toca
conducirla hasta las
palabras y la vida”.



Martha Kornblith 
(Lima, Perú 1959, Caracas, Venezuela, 1997)
de Antología de la poesía latinoamericana del Siglo XXI: el turno y la Transición, 
Siglo XXI - 
Compilador Julio Ortega
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26 de julio de 2011

Martha Kornblith, 2 poemas 2


Fotografía de Masha Sardari

Por eso dedicamos nuestros libros
a los muertos.
Porque tenemos la vana convicción
de que nos escuchan.
Nosotros, cómplices de oficios
menos inocentes,
creemos que seremos dioses
en otros mundos
porque pensamos que la felicidad
es la distancia del milagro
cuando soñamos con una palabra,
cuando vemos alzarse los aviones.

Por eso me volví poeta
porque pasa lento el tiempo en soledad.
¿No es apenas un peligroso instante
lo que sostiene nuestra cordura?
¿No depende la locura
de nuestra única, frágil, cuerda?
¿No pende ella de un solo término,
del preciso término
aquel que nos salva
o nos condena?

C’est pour ça que nous dédions nos livres
aux morts.
Parce qu’on a la vaine conviction
qu’ils nous écoutent.
Nous, complices de fonctions
moins innocentes,
croyons que nous serons des dieux
dans un autre monde
parce qu’on pense que le bonheur
est la distance du miracle
quand on rêve avec un mot,
quand on voit s’élever les avions.

C’est pour ça que je suis devenue poète
parce que lentement le temps passe en solitude.
N’est-ce pas à peine un dangereux instant
ce qui soutient notre raison?
La folie ne dépend-elle pas
de notre unique et fragile corde?
N’est-elle pas suspendue à un seul terme,
au terme précis
qui nous sauve
ou nous condamne?

(Traducción al francés de Stéphane Chaumet)



URSS, 1970 s/d del autor de la fotografía

NO HAY NADA QUE ME DUELA MÁS

No hay nada que me duela más
que el dolor de mis padres
por sus padres muertos.
Cuando brindan calladamente en su memoria,
en un almuerzo frente a su niña linda viva.
Cuando mi mamá le lleva flores
a su mamá en el cementerio.
Yo me veo frente a su tumba
llorando algún día.
Porque ya no la tengo,
y ella ya no tiene a su niña linda.
Me acordaré que me contaba
cuentos sobre su mamá que a mí me aburrían
como una forma de dejar un atisbo
de su memoria.
Yo estaré alerta de rescatar que:
a mi papá de niño sólo le podían dar un penny
para ir a jugar a
Coney Island.
Que mi mamá se estrujó toda la vida
entre sentimientos de culpa
porque en su época no existía
el confort de los psiquiatras.




Martha Kornblith 
(Lima, Perú, 1959 - Caracas, Venezuela, 1997)
de Oraciones para un dios ausente, Monte Ávila Editores, 1995 
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6 de julio de 2011

Martha Kornblith, Me dices que te hable...

Fotografía de Masha Sardari

Me dices que te hable sobre mi vida.
Yo te propongo un poema sobre la locura.
Me propones una frase para desarrollar un poema.
Poema es momento presente, lo que me ocupa.
Me dices que me ponga en el lugar
de la que me hubiera gustado ser.
Yo te digo que una actriz de cine
famosa para vivir y ser amada por miles
que es como volar por encima de una playa
y saber que aquella gente me mira y me llama.
Eso es morir.
O suicidarse.
Vagar como un fantasma ausente
en la conciencia de miles sin cuerpo ni cara.
Para verlo tomar palco entre miles estupefactos
y llamarme.
Suelo volar como una paloma herida
en una playa interminable
y dejar rastros de sangre
ante el tin tin ausente
de tu teléfono,
llamarte es confrontarme con la realidad inexorable
de un fracaso



Martha Kornblith 
(Lima, Perú, 1959 - Caracas, Venezuela, 1997)
de Oraciones para un Dios ausente, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 
Caracas, 1995
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2 de enero de 2011

Martha Kornblith, Invocación


Fotografía de Riccardo Vandoni

INVOCACIÓN

Cuando caiga el gobierno
estaré habitualmente sola.
Como habré pospuesto
las compras
-como es habitual-
de tanto usar el tiempo
para imaginarte,
mi despensa andará
vacía y deambularé sin un
grano de pan,
ni parientes, sola.
Seré una mujer en un
país en guerra
que piensa en ti
habitualmente -sola-.



Martha Kornblith 
(Lima, Perú, 1959 - Caracas, Venezuela, 1997)
de Sesión de endodoncia, Eclepsidra, 1997
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14 de agosto de 2010

Martha Kornblith, Saga de la familia (+1)


Obra "Martell", de Mariana Palova

SAGA DE LA FAMILIA

En todas las casas
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.

En todas las casas
habitará una poeta -loca además-
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
Ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.

En todas las casas
habitará un primo lejano -que vive en otro país-
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana -dijo-)
(So quiet, So Withdraw)
No la reconoció en su última foto.
(lucía tan diferente)
(She looked so different, so atractive, so outlocket)

En todas las casa
habitará una hermana poeta -loca además-
que busca su propia desdeñable
génesis (aquella que ya conocemos)
En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermana poeta
que escriba la historia
de la familia
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono
desconectado
en el filo de la madrugada.

(en Bellas y suicidas, Sol negro editores,
antología preparada por Nora Alarcón)


B O N U S  T R A C K

Fotografía de Gary Isaacs


Sería fatal decir
que el tiempo lo dirá,
el tiempo es mudo
como tus cosas
que no me hablan.






Martha Kornblith 
(Lima, 1959 - Caracas, 1997)
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