Mostrando entradas con la etiqueta nines b. rodríguez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nines b. rodríguez. Mostrar todas las entradas

8 de noviembre de 2016

Nines B. Rodríguez, 4 poemas 4


Fotografía de Ines Rehberger

QUE SE MATEN LOS NUDOS

Hay nudos que se alojan
en la garganta
y que un día te tragas
para que nadie note
lo que abultan,
normal,
quedan mal sin cuello alto,
digo,
cuando una ya anda
cabizbaja.
Te los tragas
y ahí se quedan
en el estómago
como todo nudo
atando algo
atando
tristezas a penas
nervios a inseguridades
risas no reídas a
miedos y a daños
a sueños, que caducaron
y demás cosas que nos tragamos
para que nadie
las vea.
Y claro, el nudo, atado
trata de pelear
como un loco en una camisa
un animal en una jaula
pelea
sin muchos asaltos que ganar
pero pelea.
Y cuanto más crece
más pelea
a veces tanto que se escapa
y lo vomitas de repente
entero el nudo
con todas sus putas cuerdas
lo vomitas
a voces, a lágrimas, a silencios
a suspiros,
a ostias
a solas
o en público…
entonces
loca
te dicen
que te has vuelto loca
– no señora, loca no
es solo que no cabe más
dolor sin digerir
en este estómago,
entienda usted que
el polvo al menos lo mordemos
antes
de tragárnoslo.
(Creo que
debería existir un vertedero
una planta de reciclaje
una cárcel
o un planeta
donde depositar
los malditos nudos
y que se maten
peleando entre ellos)


s/d del autor de la fotografía

No os da la sensación a veces
de que deberíais de poneros al día
con vosotros mismos
abrir una botella de vino
sentaros frente al espejo
y preguntaros cosas,
como por ejemplo
¿cuándo fue la última vez que fuiste feliz?
o ¿cuándo fue la última vez que dijiste que eras feliz
aún sabiendo que era mentira?




Fotografía de Vincent van de Wijngaard

LA MÚSICA MUY ALTA

Si tú supieras que
cuando no estás
pongo la música muy alta
te enfadarías.
Pero, cuando no estás
necesito dejar de escuchar
tus golpes
tus gritos
y mis sueños romperse
dentro de mi cabeza.
Entonces, cuando no estás
pongo la música muy alta.
Y bailo. Bailo mal, ya lo sé
bueno
tal vez solo un poco histérica
como si tuviese un bicho encima
pero así siento que sacudo de mi cuerpo
la sensación de tus manos.
Sí, cuando no estás
suelo poner la música muy alta.
Y canto. También canto
mal, seguro…
no puedo evitarlo
a veces tengo tantas ganas de escuchar
mi voz.
Pero si lo supieras
que cuando no estas
pongo la música muy alta
tú te enfadarías…
porque
¿qué pensarán de mí los vecinos
con este escándalo?


s/d del autor de la fotografía

BÉSAME CON ELLOS

Así que hay gente que cree
que la poesía puede llevar corbata, ¿eh?
o, peor aún, alzacuellos
y recitan como si rezasen
versos para vírgenes
que ni les escuchan.
Pero se equivocan
la poesía tiene que llevar
medias de rejilla
de las de mírame y... 
ay, por favor, tócame
ahí, ahí, sí, sí, sí...
medias que se rompan 
al mirarlas
y salpiquen
manchándolo todo
de significados.
La poesía
ha de ser como un latido
-o como un latigazo-
que se sienta
-o que duela-
así que, poeta
deja de leerme tus versos
como el que lee la biblia
y escúpemelos a la cara
o bésame con ellos
pero hazlo con pasión
hazlo con lengua
bien húmeda, bien profunda
no quiero más besos en la mejilla
no quiero bostezar con tus versos
quiero palabras
que parezcan gemidos
y poemas
que parezcan orgasmos.
Dicho esto,
vamos poeta,
fóllame de una vez con tu voz
que me estoy muriendo de deseo.




Nines B. Rodríguez
(Madrid, España, 1979)
POETA/TRADUCTORA/PROFESORA
para leer sus traducciones ACÁ

8 de mayo de 2016

Jenesis Fonseca, El camino hacia el corazón de una mujer


Jessica y Jacob (extraída de Anna Ritar)
EL CAMINO HACIA EL CORAZÓN DE UNA MUJER

En mi familia siempre hay una cocina. En la cocina, siempre hay mujeres. Y en las mujeres siempre hay miedo. Miedo a que esta vez la receta no salga bien. A que el hombre deje su comida sin terminar. A que el estómago del hombre encuentre placer en el hogar de otra. A haberle servido demasiado, o demasiado poco. A que esté muy lleno, o muy hambriento por otra cosa y eso siempre será culpa de la mujer. Demasiado azúcar, o no el suficiente, supongo.

En mi familia, cocinar bien es un plato fuerte con mucho valor. Mantiene a los hombres cerca, los trae a casa todas las noches. Abuela creía que una buena comida dice “te amo” mejor que un beso. Abuela creía que una buena comida dice “lo siento” mejor que una disculpa. Como mi abuela, mi madre sirve en exceso, dice “Nunca, nunca se puede amar de más”.
Una noche, papá no volvió a casa para cenar, su plato se quedó frío en la mesa. Despertó a mamá a las 4 de la mañana después de pasar la noche por ahí bebiendo, la agarró por el pelo y la arrastró hasta la cocina exigiendo que le hiciera su comida favorita. Ella dijo “Chiles rellenos – Lo siento. Guarnición de arroz – Te amo. Otra cerveza de la nevera – Lo siento, te amo.”

El desayuno de la mañana siguiente fue la última vez que le pidió perdón. Su comida es mejor, pero los hombres de la vida de mi madre nunca se han quedado ni unos segundos. Dicen que “El camino hacia el corazón de un hombre es a través de su estómago.” No hay ningún proverbio sobre el camino hacia el corazón de una mujer, la manera de meterse dentro de ella es más importante.

Dos hijas más tarde, y años después del divorcio, mi madre todavía cocina como si hubiese un hombre en la casa. Se queda mirando la silla vacía en nuestra mesa, y me pregunta más de una vez si estoy segura de que la cena está rica esta noche. Supongo que las disculpas a veces pueden tener un sabor parecido al amor.

Yo no sé cocinar. El hombre al que amo cocina para mí. Sabe que la manera de llegar a mi corazón no es la comida, ni las rosas, sino el amor honesto que llena. Y puede que todavía no sepa cocinar, pero mi madre me enseñó a amarme a mí misma, demasiado, siempre, aunque él no se quede.

THE WAY TO A WOMAN'S HEART

In my family, there is always a kitchen. In the kitchen, there are always women. And in the women, there is always fear. Fear that this time the recipe won’t work. That the man will leave his meal unfinished. That the man’s stomach will find pleasure in someone else’s home. That she has served him too much or not enough. That he is already too full, or hungry for something else, and that it will be the woman’s fault. Too much sugar, or not enough, I guess.

In my family, good cooking is a valued centerpiece. Keeps the men close, brings them home every night. Grandmother believed a good meal says “I love you” better than a kiss. Grandmother believed a good meal says “I’m sorry” better than an apology. Like my grandmother, my mother serves in excess, says “You can never, never love too much.”
One night, daddy didn’t come home for dinner, his plate left cold on the table. He woke mommy up at 4 in the morning after his night out drinking, dragged her by the hair into the kitchen demanding she cook him his favorite meal. She said “Chiles rellenos - I’m sorry. A side of rice - I love you. Another beer from the fridge - I’m sorry, I love you.”

Breakfast next morning was the last time she apologized for him. Her cooking is best, but the men in my mother’s life have never stayed for seconds. They say “The way to a man’s heart is through his stomach.” There is no proverb about the way to a woman’s heart, the way into her is more important.

Two daughters later, and years after the divorce, my mother still cooks like there’s a man in the house. She glances at the empty chair on our table, and asks me more than once if I’m sure dinner tastes good tonight. I guess apologies can taste a lot like love sometimes.

I don’t know how to cook. The man I love cooks for me. Knows the way to my heart isn’t food, or roses, but the kind of honest love that fills. And I may not know how to cook yet, but mommy still showed me how to love myself, too much, always, even if he doesn’t stay.







ph Mark Czajkowski
Jenesis Fonseca-Ledezma
(Los Ángeles, EE.UU.)
Traducción de Nines B. Rodríguez

7 de mayo de 2016

Lily Myers, Mujeres que encogen


Fotografía de Marta Bevacqua
MUJERES QUE ENCOGEN

Desde el otro lado de la mesa de la cocina, mi madre sonríe con un vaso de vino tinto que se bebe en una taza medidora. Dice que no se priva, pero he aprendido a encontrar un matiz en cada movimiento de su tenedor.
En cada arruga de su frente según me ofrece lo que queda en su plato. Me he dado cuenta de que solo se come la cena cuando se lo sugiero. Me pregunto qué hará cuando no estoy ahí para hacerlo.

A lo mejor es por esto que mi casa me parece más grande cada vez que vuelvo; es proporcional. Según encoge, el espacio alrededor de ella parece más amplio. Ella mengua mientras mi padre aumenta.  Su tripa se ha puesto redonda por el vino, la noche, ostras, poesía. Una novia nueva que tenía el sobrepeso de una adolescente pero de la que ahora mi padre dice “que le encanta la fruta.”

Pasó lo mismo con sus padres: mientras mi abuela se volvió frágil y angular, su marido se hinchó, mejillas rojas y redondas, tripa rechoncha y me pregunto si mi linaje es uno de mujeres que encogen haciendo espacio para que entren los hombres en su vida sin saber cómo volver a rellenarlo una vez se marchan.

Es por eso que las mujeres de mi familia llevan décadas encogiendo.
Lo hemos aprendido todas unas de otras, de igual forma que cada generación le enseñó a la otra como tejer, hilando en silencio entre hebras que todavía puedo sentir cada vez que camino por esta casa creciente, con comezón, recogiendo todas las costumbres que mi madre ha ido dejando sin darse cuenta como trozos de papel arrugado de los bolsillos en sus incontables paseos de la habitación a la cocina y a la habitación otra vez. Noches en las que la escucho deslizarse para comer yogur entero en la oscuridad, una fugitiva robando unas calorías a las que no tiene derecho, decidiendo cuántos bocados son demasiados, cuánto espacio se merece ocupar.

Viéndola batallar o la imito o la odio, y ya no quiero hacer ninguna de las dos cosas. Pero la carga de esta casa me ha seguido por todo el país. Hoy hice cinco preguntas en clase de genética y todas ellas empezaron por la palabra “perdón". No sé los requerimientos para graduarse en sociología porque me pasé toda la reunión tratando de decidir si me podía tomar otra porción de pizza. Una obsesión circular que nunca quise, pero 

la herencia es accidental – todavía me mira con los labios manchados de vino desde el otro lado de la mesa de la cocina.


SHRINKING WOMEN

Across from me at the kitchen table, my mother smiles over red wine that she drinks out of a measuring glass.
She says she doesn't deprive herself,
but I've learned to find nuance in every movement of her fork.
In every crinkle in her brow as she offers me the uneaten pieces on her plate.
I've realized she only eats dinner when I suggest it.
I wonder what she does when I'm not there to do so.

Maybe this is why my house feels bigger each time I return; it's proportional.
As she shrinks the space around her seems increasingly vast.
She wanes while my father waxes. His stomach has grown round with wine, late nights, oysters, poetry. A new girlfriend who was overweight as a teenager, but my dad reports that now she's "crazy about fruit."

It was the same with his parents;
as my grandmother became frail and angular her husband swelled to red round cheeks, rotund stomach
and I wonder if my lineage is one of women shrinking
making space for the entrance of men into their lives
not knowing how to fill it back up once they leave.

I have been taught accommodation.
My brother never thinks before he speaks.
I have been taught to filter.
"How can anyone have a relationship to food?" He asks, laughing, as I eat the black bean soup I chose for its lack of carbs.
I want to tell say: we come from difference, Jonas, 
you have been taught to grow out
I have been taught to grow in
you learned from our father how to emit, how to produce, to roll each thought off your tongue with confidence, you used to lose your voice every other week from shouting so much
I learned to absorb
I took lessons from our mother in creating space around myself
I learned to read the knots in her forehead while the guys went out for oysters
and I never meant to replicate her, but
spend enough time sitting across from someone and you pick up their habits

that's why women in my family have been shrinking for decades.
We all learned it from each other, the way each generation taught the next how to knit
weaving silence in between the threads
which I can still feel as I walk through this ever-growing house,
skin itching,
picking up all the habits my mother has unwittingly dropped like bits of crumpled paper from her pocket on her countless trips from bedroom to kitchen to bedroom again, 
Nights I hear her creep down to eat plain yogurt in the dark, a fugitive stealing calories to which she does not feel entitled.
Deciding how many bites is too many
How much space she deserves to occupy.

Watching the struggle I either mimic or hate her,
And I don't want to do either anymore
but the burden of this house has followed me across the country
I asked five questions in genetics class today and all of them started with the word "sorry".
I don't know the requirements for the sociology major because I spent the entire meeting deciding whether or not I could have another piece of pizza
a circular obsession I never wanted but

inheritance is accidental
still staring at me with wine-stained lips from across the kitchen table.










Lily Myers 
(Seattle, Washington, EE.UU., 1993/94?)
Traducción de Nines B. Rodríguez
para saber + sobre el poema en PREZI
en INSTAGRAM
en TWITTER
su WEB

24 de agosto de 2015

Kait Rokowski, Un buen día (+1)


Fotografía de Rebecca Miller
UN BUEN DÍA

Ayer me gasté 60 dólares en comida,
cogí el autobús de vuelta a casa,
cargando las bolsas con dos buenos brazos hasta mi estudio
y me hice la cena.
Tú y yo puede que tengamos definiciones diferentes de lo que es un buen día.
Esta semana pagué el alquiler y la factura de mi tarjeta de crédito,
trabajé 60 horas entre dos trabajos, 
solo vi el sol en los descansos para fumar,
y dormí como una roca.
Usé hilo dental por las mañanas,
cerré la puerta con llave,
y me acordé de comprar huevos. 
Mi madre está orgullosa de mí.
No es el tipo de orgullo del que regodearse en el campo de golf.
No se puede competir con temas como "mi hija ha entrado en Yale"
con "ah, sí, mi hija se ha acordado de comprar huevos"
Pero está orgullosa.
Y es que, se acuerda de lo que vino antes de esto.
Las semanas en las que se me olvidó cómo usar mis músculos,
como me quedaba tan callada como la niebla espesa durante semanas.
Pensaba que cada llamada desde un teléfono desconocido sería la noticia de
mi suicidio.
Esos fueron malos días.
Mi vida era un regalo que quería devolver. 
Mi cabeza era una casa con grifos que gotean y bombillas fundidas.
La depresión es una buena amante.
Tan atenta; tiene una manera innata de hacer que todo tenga que ver contigo.
Y es difícil olvidar que tu habitación no es el mundo,
que las sombras oscuras que lanza tu dolor no son iluminación romántica.
Es más fácil quedarse en esta relación abusiva que solucionar los problemas que ha creado.
Hoy he dormido hasta las 10,
fregado cada plato que tengo,
discutido con el banco,
hecho papeleo.
Tú y yo puede que tengamos diferentes definiciones de lo que es ser adulta.
Yo no trabajo por un sueldo, no terminé la universidad,
pero ya no hablo por otros,
y no me arrepiento de nada por lo que puedo genuinamente pedir perdón.
Y mi madre está orgullosa de mí.
Quemé una casa de depresión,
pinté sobre murales de tonalidades grises,
y fue difícil reescribir mi vida en una que quisiera vivir
Pero hoy, quiero vivir.
No he salivado al pensar en cuchillos afilados,
ni envidiado al chico que saltó desde el puente de Brooklyn.
Simplemente he limpiado el baño,
puesto la lavadora,
llamado a mi hermano.
Y le he dicho "ha sido un buen día".

Traducción de Nines B. Rodríguez
Propuesta de traducción de Emma Gunst

A GOOD DAY

Yesterday, I spent 60 dollars on groceries,
took the bus home,
carried both bags with two good arms back to my studio apartment
and cooked myself dinner.
You and I may have different definitions of a good day.
This week, I paid my rent and my credit card bill,
worked 60 hours between my two jobs,
only saw the sun on my cigarette breaks
and slept like a rock.
Flossed in the morning,
locked my door,
and remembered to buy eggs.
My mother is proud of me.
It is not the kind of pride she brags about at the golf course.
She doesn’t combat topics like, ”My daughter got into Yale” 
with, “Oh yeah, my daughter remembered to buy eggs”
But she is proud.
See, she remembers what came before this.
The weeks where I forgot how to use my muscles,
how I would stay as silent as a thick fog for weeks.
She thought each phone call from an unknown number was the notice of my suicide.
These were the bad days.
My life was a gift that I wanted to return.
My head was a house of leaking faucets and burnt-out lightbulbs.
Depression, is a good lover.
So attentive; has this innate way of making everything about you.
And it is easy to forget that your bedroom is not the world,
That the dark shadows your pain casts is not mood-lighting.
It is easier to stay in this abusive relationship than fix the problems it has created.
Today, I slept in until 10,
cleaned every dish I own,
fought with the bank,
took care of paperwork.
You and I might have different definitions of adulthood.
I don’t work for salary, I didn’t graduate from college,
but I don’t speak for others anymore,
and I don’t regret anything I can’t genuinely apologize for.
And my mother is proud of me.
I burned down a house of depression,
I painted over murals of greyscale,
and it was hard to rewrite my life into one I wanted to live
But today, I want to live.
I didn’t salivate over sharp knives,
or envy the boy who tossed himself off the Brooklyn bridge.
I just cleaned my bathroom,
did the laundry,
called my brother.
Told him, “it was a good day.”

(para ver el VIDEO)



B O N U S  T R A C K

Fotografía de Rebecca Miller


Nada acaba poéticamente.
Se termina y entonces la convertimos en poesía.
Toda esa sangre no fue una vez hermosa.
Fue solo roja.

Nothing ever ends poetically.
It ends and we turn it into poetry.
All that blood was never once beautiful.
It was just red.





Kait Rokowski 
(Maine, EE. UU.) 
Reside en Brooklyn
para leer MÁSMÁS
su BLOG


12 de mayo de 2015

Ulrike Gerbig, 2 poemas 2


Fotografía de Filipoiu Marius 



EL SR. PERFECTO Y LA SRA. PERFECTA

El Sr. Perfecto y Sra. Perfecta
viven ahí abajo en la orilla del mar
años después de que él la pidiera en matrimonio
con anillo y rodilla hincada

El Sr. Perfecto y la Sra. Perfecta
se adoran de verdad
a él le encantan sus cualidades femeninas
como ama de casa y como madre

Para la Sra. Perfecta lo que más importa
es el tamaño de sus bolsillos
su algunas veces muy demandante polla
para ella es una maldición

Sí, el Sr. Perfecto y la Sra. Perfecta,
mantienen sus vidas tan limpias
que él se folla a otras a sus espaldas
porque hacerlo abiertamente no está bien

Y a la Sra. Perfecta disfruta mucho
del dinero como soborno por su silencio
se compra cosas bonitas
y dice "¡te amo, cariño!"

Para el Sr. Perfecto y la Sra. Perfecta
no existen las malas acciones
mientras que las dulces mentiras que se cuentan
sean tan piadosas como sus sábanas

Así que la Sra. Perfecta le dice a las feministas
tan dulce como una palomita
que está bien ser una esclava
si simplemente lo llamas amor


MR. RIGHT AND MRS. RIGHT

Mr. Right and Mrs. Right
Live down there by the sea
Years after he proposed to her
With ring and bended knee

Mr. Right and Mrs. Right
Truly adore each other
He loves her female qualities
As housewife and as mother

To Mrs. Right what matters most
Is the size of his purse
His sometimes so demanding cock
To her is just a curse

Yes, Mr. Right and Mrs. Right,
They keep their lives so clean
He fucks around behind her back
‘cause openly is mean

And Mrs. Right really enjoys
The bucks that are hush-money
She buys herself some pretty stuff
And says “I love you, honey!”

For Mr. Right and Mrs. Right
There are no dirty deeds
As long as the sweet lies they tell
Are whiter than the sheets

So Mrs. Right tells feminists
As gentle as a dove
It is alright to be a slave
If you just call it love



Fotografía de Filipoiu Marius 


ME LO MEREZCO

En lo profundo de nuestro ser
hay una lista
de todas las cosas
que nos hemos perdido
de las cosas que nunca nos hemos atrevido a probar
las 100 cosas que hacer antes de morirnos
en ella encontramos las cosas que no hemos hecho
todas las oportunidades perdidas
toda la diversión
negada evitada y pasada por alto
las 100 cosas que hacer antes de morirnos

I DESERVE IT

Deep in our selves
There is this list
Of all the things
We so far missed
The things we never dared to try
A 100 things to do before we die
On it we find the things not done
All the lost chances
All the fun
Denied avoided and passed by
A 100 things to do before we die




Ulrike Gerbig 
(Frankfurt, Alemania)
POETA ALEMANA QUE ESCRIBE EN INGLÉS
Traducción de Nines B. Rodríguez
Propuesta de traducción de Emma Gunst
para leer más poemas en inglés en: DEAD DRUNK DUBLIN  
y en STRANGEROAD
ANOTACIONES: 
*Mr./Mrs. Right (traducido como Sr. y Sra. Perfectos) son maneras de referirse en inglés al amor de tu vida, literalmente se traduciría como Sr. y Sra. Apropiados/Correctos.
*Al traducir "ahí abajo (en la orilla...)" en el poema original en inglés dice "down there", que se puede traducir como "ahí", o "ahí abajo", y también es una manera de referirse a Australia. Podría ser que la autora pretendiera esto último, pero se ha optado por la traducción más literal.
*En los versos sobre las mentiras y las sábanas, en el poema original dice "white lies" (literalmente en castellano: mentiras blancas) y aunque se traduce como "mentiras piadosas", en el poema original en inglés compara la blancura de las mentiras con la blancura de las sábanas. 
*En ingles todos los versos llevan rima A B C B excepto del 9 al 12, que llevan rima A B A B.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...