Mostrando entradas con la etiqueta paula giglio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta paula giglio. Mostrar todas las entradas

25 de junio de 2020

Paula Giglio, 3 poemas 3 (de Hoy llueve en el mundo)



Fotografía de Julia Fullerton-Batten Looking Out from Within, 2020


Se disipa la neblina
que cubre el colador
y aparece el arroz
en su blanca insistencia.
Antes de comer
pienso en los dedos
que han juntado aquellos granos.
Pienso en vos. Aquel verano.
El mar solía ser una pausa
entre nosotros.
Planeábamos la tarde
y en alguna reposera nos dejábamos abrazar.
Éramos como un poema de Mallarmé:
uno no sabe muy bien qué decir.
Pero después
los tiempos cambiaron.
Por sacudir viejas historias
la habitación se llenó de tierra:
ahí aparece el estornudo
como un tropezón en el discurso;
la alergia era una sola
a veces tuya, a veces mía.
Cuando te fuiste
hubo algo que se limpió,
pero yo insistía en apretar
tu ropa contra mi cuerpo, en poner
dos tazas sobre la mesa.
En el mercado, las vecinas preguntaban:
¿dónde está?
En un mundo nuevo
y ya pasaron varios meses.
El otro día hablamos por teléfono.
Te pregunté: ¿qué tal el invierno?
Me dijiste:
                                        Por primera vez
                                        estuve esperando con ansias
                                        el cambio de una estación.
                                        Día tras día
                                        nublado desapasionado;
                                        no esas nubes así
                                        grandes, cargadas
                                        como una panza, negras
                                        en distintas tonalidades
                                        que cuando llueve
                                        explotan.
                                        Acá la capa de nubes es monolítica
                                        color blanco
                                        sin corazón,
                                        y la lluvia, una lluvia burocrática
                                        que está porque tiene que estar.
                                        Hace tres grados:
                                        el frío que me gusta.
                                        Algo fumígeno sale por la reja
                                        que lleva a las catacumbas.
                                        Debe haber alguna fiesta
                                        y yo me la estoy perdiendo.
                                        Qué ganas
                                        de que vengas a conocer
                                        mi pequeño ecosistema.
                                        Cuando llueve
                                        París es un pan negro mojado.
                                        Definitivamente, esta ciudad
                                        no es para cualquiera.
Vos no sos para cualquiera,
respondo de este lado del teléfono
y me quedo quieta
para que nada se rompa.
De paso, espero.
En ese momento el silencio crece.
Cada palabra, el filo que rebana
un gesto de orgullo.
El arroz descansa sobre el plato.
Pienso en París y pienso en la nieve:
algo delicado
que se posa en los abrigos.
Ya iré, ya iré.
Por ahora, te extraño
desde un lugar que no duele.



Fotografía de Julia Fullerton-Batten Looking Out from Within, 2020


Es un día de lluvia educada y burguesa.
J. Margarit

En la ventana,
mi momento a solas con el cigarrillo.
Estoy attachada, como se dice,
a mi nuevo hogar.



Fotografía de Julia Fullerton-Batten Looking Out from Within, 2020



Hoy llueve en el mundo.
Buenos Aires: 15°
París: 15°
¿Cómo hago para abrazar una ciudad?





Ph Marcelo Di Rienzo
Paula Giglio 
(Córdoba, Argentina, 1988)
Reside en Buenos Aires
POETA/LICENCIADA EN FILOSOFÍA
Edición argentina del libro La risa loca de los ángeles
I Premio Centrifugados de Poesía Joven en España, en 2018
para leer MÁS

15 de abril de 2020

Paula Giglio, 6 poemas 6


Fotografía de Ida Borg

A poca distancia,
un líquido hirviendo
que podría destruirme
una parte del cuerpo.
Lo mismo con el cuchillo.
Si no hay violencia, se debe
a un orden. La mano
no suelta, la olla contiene,
y mi mente acompaña
esta disposición de las cosas.
Pero qué endeble resulta
un instante de cordura. 



Fotografía de Ida Borg


No sobra, no falta, no pasa
nada. Practico el quietismo.
Vivo una revolución que nadie escucha.
Y es así: a la mente, lo de la mente;
lo demás, al corazón.



Fotografía de Ida Borg

Me acuerdo de que nos sentamos
en aquella mesa, contra la pared.
No eras vos.
Era tu vida lo que me gustaba. 




Fotografía de Ida Borg


Buenos Aires está llena
de gente rota.
Ya nadie grita cuando se asusta;
todos putean.
Todos rotos.
De mi ciudad, sólo me queda
sólo me quedo yo.




Fotografía de Ida Borg


Doblé la esquina de mí misma, para comprender.
 E. Blázquez

Llega un punto
en donde lo que hacemos
se convierte en nuestra vida.
¿De dónde sale esta fascinación?
Que el humo no ocupe
espacio en la boca;
sólo tiempo para descifrar
por qué
por qué
por qué.



Fotografía de Ida Borg

Dos estrellas en el cielo
pero la luz que importa
viene de los balcones.




Ph Marcelo Di Rienzo
Paula Giglio 
(Córdoba, Argentina, 1988)
Reside en Buenos Aires
POETA/LICENCIADA EN FILOSOFÍA
de Un lugar para mis piernas largas, Caleta Olivia Ediciones, 2018
para leer una reseña en LA VOZ DEL INTERIOR
y en LA PRIMERA PIEDRA
para leer MÁS y MÁS

20 de septiembre de 2016

Paula Giglio, A la intemperie


Fotografía de Lauren Withrow



A LA INTEMPERIE

Lo más hondo no es íntimo: está afuera.
Circe Maia

1

La ciudad existe en el espejo del baño
y vos tapás la luna con el cepillo de dientes.
Noche sin sonrisa del gato de Cheshire;
oscuridad muda.
Yo salgo al balcón; fumo
para no estar sola.
Tu interior ignora lo que pasa afuera.





Fotografía de Lauren Withrow


2

No abrazo tu espalda;
rodeo una espalda cualquiera
que no me pertenece.
Vos, durmiendo de costado,
la respiración sale por tus omóplatos.
Mensaje claro: la muralla no se cruza.





Fotografía de Lauren Withrow


3

Permanecer boca arriba
de cara al ventilador
para que no caigan las lágrimas:
así transcurre el verano.
Te dije que tenía miedo
de grabarme la tristeza en la mirada.





Fotografía de Lauren Withrow




4

Somos torpes en la oscuridad.
Un solo movimiento y ¡bum!,
tu beso frío con gusto a cigarrillo:
¿a quién te hace acordar?
Cuidado con el cenicero de vidrio.
Una vez me apagué el cigarrillo en la piel,
fue sin querer.
¿Qué hacer cuando el corazón es grande
pero también es grande el miedo?
La cortina en penumbras
enseguida se carga de significado horrible.
Ya está, prendé la luz,
guerra de almohadas.





Fotografía de Lauren Withrow



5

Llueve y esto es eterno.
Siempre voy a estar mirando por la ventana
con el gato en brazos.
¿Será que en la vida anterior
han sido humanos, como dijiste?
Los perros lo serán en la siguiente;
por eso nos admiran.
No todo está errado: tenés tus cositas.
Incluso, a veces pienso
que podríamos ser felices.
Es fácil comparar
la lluvia con el sudor.
Yo digo lluvia y digo piel,
y no lo entiendo de otro modo.





Fotografía de Lauren Withrow



6

A vos porque te encanta,
a mí porque me intriga,
a ella porque le gustó una vez,
a él porque lo volvía loco.
A nosotros porque no nos gusta,
decimos en la reunión.
Eso decimos para quedar bien.





Fotografía de Lauren Withrow



7

Qué frío hace de golpe:
el clima adivina mis estados de ánimo.
Conservar ciertos vínculos, por ahora,
será guarecerse del invierno.
No somos una pareja:
lo nuestro es soledad compartida.
La primavera debe ser el apogeo
de algo que desconozco.





Fotografía de Lauren Withrow



8

Me da tanta gracia
que no puedo lavarme los dientes,
tampoco besarte o tomar el té.
Vos, tan serio, no sos capaz
de mostrarme la lengua,
no hablás, no comés.
Así nos comunicamos:
por la imposibilidad.





Fotografía de Lauren Withrow



9

Una punta que lastima,
hacia abajo.
Hacia arriba, un hueco,
una hondonada
que hasta puede juntar mugre:
éste es el dibujito del amor.
Para mí que el corazón
se parece más a un círculo
y es de color verde.





Fotografía de Lauren Withrow




10

No te vayas; su voz temblaba.
El estampido de la puerta lo ensordece:
la pizza entera para él solo.
No te vayas, había dicho a gritos.
Todo lo que pude hacer
fue cerrar la puerta.





Fotografía de Lauren Withrow



11

Mi suegra
busca a su hijo desesperada:
¿seguro no te dijo a dónde iba?
Sólo hago un gesto con la cabeza
indicando que no
mientras tomo mate.
Ella qué sabe de mis poderes jíbaros
y del pedido de auxilio
agudo, finito,
sepultado bajo la yerba.





Fotografía de Lauren Withrow



12

Lo cierto es que el lunes
nos íbamos de viaje.
Él viajaba creyendo una cosa;
yo, sabiendo otra.
Por eso lo despedí en el aeropuerto
y me fui.





Paula Giglio 
(Córdoba, Argentina, 1988)
POETA/FILÓSOFA
de En el cuerpo, Ediciones del Dock, 2016
Texto de contratapa a cargo de Laura Wittner
para leer una reseña en: La Voz del Interior
para leer MÁS

17 de junio de 2015

Paula Giglio, 3 poemas 3 (+2)


Fotografía de Laina Briedis

Me miro en el espejo de tu baño
cuando me siento muerta

Entonces, soy espíritu de clorofila
y de mis hombros cuelgan largos pétalos violáceos
Mis pupilas revientan de tanto polen
Huelo a recién nacida
a recién regada

Abro la puerta con mis manos de madera
y ahí estás:

Tirado sobre la cama
echando raíces
todo de corteza
prodigando semillas




Fotografía de Laina Briedis

Plantábamos semillas en el patio de casa
esperar meses era esperar años
Nuestra primera cosecha fue un pimiento verde

Del otro lado de la pared no había pimientos
no crecían
Ninguna mano metida en la tierra
Un piso ajeno con zapatos de otros
El sol desteñido
frágil

Del otro lado de la pared estaban todos

Comíamos mandarinas en el patio
Nuestro sol, henchido de luz
Mientras una tiraba las semillas en la tierra,
la otra les echaba agua con su regadera de plástico

Entendí que al salir de casa
había que cerrar la puerta.



Fotografía de Anka Zhuravleva

Afuera, el agua tiene un destino y salpica
Ella siente las tormentas en su cuerpo
Quiere explotar como una estrella
ahogarse en su propio río

Ella llueve rojo por sus piernas


Fuori, l’acqua ha un destino e schizza
Lei sente le tormente nel suo corpo
Vuole esplodere come una stella
affogarsi nel suo stesso fiume

Lei piove rosso dalle sue gambe




B O N U S  T R A C K (x2)



Tilda Swinton


Le regaló un cuchillo para que ella pudiera matarlo todas las veces que quisiera. Pero las heridas duelen sólo cuando hay carne. Él estaba hecho de agua.



Fotografía de Ida Borg

Querían que fuese la mejor
pero es que yo era la única





Paula Giglio 
(Córdoba, Argentina, 1988)
POETA/FILÓSOFA
de Ella, naturaleza, Babel Editorial, 2012
+ en PROGRAMA LUNA DE PÁJAROS
y MÁS

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...