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14 de agosto de 2014

Sirkka Turkka, Cuando los pensamientos son lencería (+2)


Fotografía de Natasha Gudermane

CUANDO LOS PENSAMIENTOS SON LENCERÍA

Cuando los pensamientos son lencería,
apilados en los estantes, ordenados, alineados
como las copas de champán y ponche,
la grabada plata deslustrada y el viejo oro liso.
Y llega el invierno, comandante en jefe Ulysses Simpson Grant,
el rey Lear, su barba blanca.
El lago se vislumbra entre los árboles, en el lago
una perca rayada, tigre ártico.
Entre el bosque se vislumbra la tierra, cuya cuna
es de alto pino tambaleante.
Del cual no podemos soltar los ojos,
del cual nos levantamos,
al cual nos abismamos, cuando los pensamientos
están apilados, ordenados,
apinados, cuando son de puro
pino, de su raíz.
Cuando duerme el pez.
Entra en otro mundo y cierra los ojos.
Aquí no florece el liquen, así es su color de advertencia.
Y cuando matan a la hembra de un tiro, quedan las crías.
Aquí la sangre está parada, encantada,
con un truco de magia meten el corazón bajo la piedra
y lo sacan.
Aquí empujan el corazón hasta al pecho de la perca.
Oh qué alegría, cuando a la pena sigue la pena.
Cuando el invierno siempre está llegando y yendo
como la marcha de Rákóczy,
como el Lear, su barba blanca,
una tragedia verdadera, el otoño es su materia.
Uno lo sabe con los ojos cerrados: el invierno llega tras el invierno,
como la pena llega tras la pena, el verano allí en el medio
como un tumor maligno, que rompe la arquitectura del bosque:
tantas hojas y no se ven los árboles.
Y no llega el verano, la enfermedad, sin el invierno, el rey agujereado,
el comandante en jefe de la aurora boreal, no sin la barba congelada.
Donde nosotros, la tribu de gallinetas de agua, estamos condenados a vagar,
donde nosotros, las estrellas, estamos condenadas a centellear.
Donde la perca se hunde hasta el fondo,
cierra los ojos y se queda mirando.

Traducción de Aida Presilla Straus


B O N U S  T R A C K (x2)

Fotografía de Natasha Gudermane

Las estrellas vuelven a ser como una quejumbrosa balada y por
las tardes
los perros afinan sus agrietados violines.
Yo no dejo que se me acerque la pena,
no la dejo acercarse a mí.
Mil metros de nieve encima del corazón.
Murmuro mucho para mis adentros, por la calle
canto en voz alta.
A veces me veo pasar, con sombrero en la cabeza,
por el viento, y con alguna idea torcida.
Hablo de muerte cuando quiero decir vida. Ando con los papeles
desordenados, no tengo ni una sola teoría, solo un perro que blasfema.
Cuando pido aguardiente, me sirven helado,
a pesar de todo claro que soy español, con el nacimiento del pelo bajo
de esta manera, de verdad:
no parezco ser de aquí.
Sudo y trato de hablar, entretanto
tiemblo.
Casi más que la muerte lamento mi nacimiento.
Y todo lo que pido
son mil metros de nieve encima de mi corazón.

de Mies joka rakasti vaimoaan liikaa, 1979,
en Poesía Nórdica,
Antología preparada por Francisco J. Uriz,
Ediciones de la Torre, Biblioteca Nórdica


Fotografía de Natasha Gudermane

Cuando los árboles se cansan, las hojas,
el parque se mete en sí mismo, sin luz,
la oscuridad se acerca
como el hambre.
Me apoyo en el tronco
pienso en un fragmento de poema en mis deudas
en ti
cómo podría yo darte
mi ternura en una caja
y además que significa eso.
Pero tú estás detrás de las cortinas
en otra ciudad,
parten los trenes el viento reúne las hojas
y yo aquí
comienzo a mezclarme en la nevada,
a ser impresionista.

de Huone avarruudessa, 1973
Antología preparada por Francisco J. Uriz,
Ediciones de la Torre, Biblioteca Nórdica

Poesía Nórdica, Ediciones de la Torre,
Biblioteca Nórdica, 1999



Sirkka Turkka 
(Helsinski, Finlandia, 1939-2021)
POETA/LICENCIADA EN HUMANIDADES/
VETERINARIA/AGRICULTORA/BIBLIOTECARIA
para leer + en ENFOCARTE Nº 24
y MÁS

3 de mayo de 2014

Sirkka Turkka, Sólo el alboroto de la lluvia...


Fotografía de Katie Lionheart

Sólo el alboroto de la lluvia que acompaña a la tormenta
y encima de la tormenta de tus ojos: la de tus cabellos.
Nunca he encontrado unos pies más tristes
que los tuyos.
Todo es infinitamente penoso: los mechones de tu cabello,
las hojas amarillas, este otoño.
Es todo lo que poseemos.
Porque tú te vas de mí,
y yo de ti
Y no logro entender
qué es estar abatida por la pena
o qué ocurre cuando tus cabellos
se entremezclan con la lluvia
la lluvia de tus ojos.




Sirkka Turkka 
(Helsinki, Finlandia, 1939-2021)
POETA/LICENCIADA EN HUMANIDADES/
VETERINARIA/AGRICULTORA/BIBLIOTECARIA
en Poesía Finlandesa actual, Icara Editorial,  Barcelona, 1993
Traducción de Juana Ruíz  y Jarkko Sirén
para leer MÁS
+ en AIRES DE LIBERTAD

25 de febrero de 2014

Sirkka Turkka, V



Fotografía de Elina Brotherus

V

El tiempo del vino y de las rosas
se acaba para ti
en el instante que la persona hermosa que tenías
a tu lado te deja.
Cuando te deja,
la rosa queda tan sola,
el vino queda en el vaso como una escultura




Fotografía de Elina Brotherus

Porque el amor es sólo un forastero.
Y envuelvo mi vacío
alrededor de ti como una segunda piel, mi propia oscuridad,
esa carga que late.
Viene el invierno y mira cómo Valentino
acaricia suavemente con su pequeña garra
de león de Rousseau, aquel agente de aduanas.
Y desde aquí, el país sombra de la muerte,
del país sombra de la nieve te grito,
no como se grita a Dios
sino a mi única, privada vida
a este cuerpo, campo de huesos, que esconde
en sus oquedades los órganos sombríos dormitando,
un corazón como una rosa atrapada.
Mira: la rosa se deshace,
se deshace
y su básico color rojo
ha soltado uno a uno sus pétalos.
Llegado el invierno
y llegada la muerte.


Fotografía de Elina Brotherus

Estoy acostada en el suelo.
Lame un perro mi rostro dolorido.
Una bestia que lame el rostro de otra bestia.
La lluvia anda por el camino
con el paso entristecido de un cortejo fúnebre.
La lluvia no cesa, la luz del cielo
nos ha sido arrebatada,
tu sonrisa me ha sido arrebatada
Me levanto y me sacudo,
comienzo a aullar,
a llamar a la oscuridad.
Sea pues bienvenida:
que imperen las tinieblas, que huya la claridad.
Que se vaya tu amor, su luz, todo lo tuyo.

Desciendo junto a mi rebaño:
lo permitido a Júpiter
no lo está para Tauro.
Se me caen los párpados,
la lluvia que no cesa,
quandoque bonus dormitat Homerus.


Leżę na podłodze.
Pies liże moją skaleczoną twarz.
Bestia wylizuje rany bestii.
Deszcz przesuwa się drogą
jak procesja żałobników.
Deszcz nigdy nie ustanie, światłość nieba
została nam odebrana.
Twój uśmiech został mi odebrany.
Wstaję, otrząsam się
i zaczynam wyć,
zwoływać ciemności.
Pokornie je zapraszam:
Niech przyjdzie ciemność, odejdzie światło.
Niech odejdzie twoja, jej światło, i wszystko co jej jest.

Zstępuję do mego stada:
nie otrzyma Byk,
co należy się Jowiszowi.
Powieki mi ciążą,
deszcz nigdy nie ustanie,
quandoque bonus dormitat Homerus.

(versión al polaco extraída de acá)







Sirkka Turkka 
(Helsinski, Finlandia, 1939-2021)
POETA/LICENCIADA EN HUMANIDADES/
VETERINARIA/AGRICULTORA/BIBLIOTECARIA
de Takaisin Tule, pikku Sheba /Vuelve, pequeña Sheba, 1986
en Poesía Finlandesa actual, Icara Editorial, Barcelona, 1993
Traducción de Juana Ruíz  y Jarkko Sirén
para leer MÁS 
+ en ENFOCARTE
para leer sobre su obra en POETRY INTERNATIONAL ROTTERDAM
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