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14 de julio de 2026

Paty Blake, Claves infalibles para el éxito


Marie Sophie Wilson-Carr fotografiada por Giorgio Palmas

CLAVES INFALIBLES PARA EL ÉXITO

No es de buen gusto
y etiqueta
pasearse desnudo
y observarse en los espejos
de las calles

reconocerse en otros ojos
sin permiso
del propietario

habitar eternamente
en las esquinas
de un cuerpo ajeno
inerte

no es de buen gusto
escribir poemas
morirse antes de la cena

dormir más de ocho horas
el día de tu cumpleaños

atravesar varias calles
en busca de lo inexplicable

ni decirlo:
no es de buen gusto
atornillarse los lentes a los ojos
y caminar la noche sin rumbo.




Paty Blake -Patricia Blake Valenzuela-
(Obregón, Sonora, México, 1978)
POETA/ESCRITORA/PERIODISTA/COMUNICADORA/
PROMOTORA DE LA LECTURA/TERAPEUTA GESTALT
Leído en YO, LOLITA
para leer + en su BLOG

24 de enero de 2026

María Sabina, Soy la mujer...


Ilustración encontrada en Biodiversidad Mexicana
SOY LA MUJER...

f r a g m e n t o s 

Soy la mujer que sólo nací, dice1
Soy la mujer que sola caí, dice
Soy la mujer que espera.
Soy la mujer que examina.
Soy la mujer que mira hacia adentro.
Soy la mujer que mira debajo del agua.
Soy la nadadora sagrada
porque puedo nadar en lo grandioso.
Soy la mujer luna.
Soy la mujer que vuela.
Soy la mujer aerolito.
Soy la mujer constelación huarache.
Soy la mujer constelación bastón.
Soy la mujer estrella, Dios
porque vengo recorriendo los lugares desde su origen.
Soy la mujer de la brisa.
Soy la mujer rocío fresco.
Soy la mujer del alba.
Soy la mujer del crepúsculo.
Soy la mujer que brota.
Soy la mujer arrancada.
Soy la mujer que llora.
Soy la mujer que chifla.
Soy la mujer que hace sonar.
Soy la mujer tamborista.
Soy la mujer trompetista.
Soy la mujer violinista.
Soy la mujer que alegra
porque soy la payasa sagrada.
Soy la mujer piedra del sol.
Soy la mujer luz de día.
Soy la mujer que hace girar.
Soy la mujer del cielo.
Soy la mujer de bien.
Soy la mujer espíritu
porque puedo entrar y puedo salir
en el reino de la muerte.

1. La palabra dice se agrega porque “quien habla es el hongo”. 
Viene a ser un lenguaje impersonal, según el chamán A. Estrada.– n. del e.
México, Siglo XXI Editores, 
Escrito por Álvaro Estrada
14ª edición, 2007, 135 pp.
Leído en LETRAS LIBRES


MARÍA SABINA DIXIT

Nací alrededor de 1894 en la Sierra Mazateca cerca de Huautla de Jiménez, Oaxaca. Mi madre María Concepción y mi padre Crisanto Feliciano fueron campesinos que trabajan la tierra. Mi hermanita se llamaba Ana María. Mi nombre completo era María Sabina Magdalena García. Crecimos con nuestros abuelos maternos Manuel Cosme y María Estefania. Mis abuelos y bisabuelos paternos fueron reconocidos curanderos. Siempre vivimos en la pobreza. A los 14 años me casaron con Serapio Martínez, con quien tuve tres hijas, pero a él se lo llevó la revolución y muy tempranamente quedé viuda. Mi segundo marido fue Marcial Carrera con quien tuve seis hijos.

La Sierra Mazateca es parte de la Sierra Madre Oriental de Oaxaca cerca del límite con Puebla y Veracruz. Los mazatecos, nos denominamos Ha shuta Enima, que quiere decir "los que trabajamos el monte, humildes, gente de costumbre". A pesar de que somos pobres, nuestra región tiene una gran riqueza cultural. Nuestros vecinos al suroeste son los cuicatecos y al sureste los chinantecos y más al sur los zapotecos. La Sierra es un lugar muy diverso con selvas secas y matorrales, bosques de pinos y encinos y ecosistemas húmedos en las laderas orientales.

Yo veo a los hongos como niños, como payasos. Niños con violines, niños con trompetas, niños payasos que cantan y bailan a mi alrededor. Niños tiernos como los retoños, como los botones de las flores; niños que chupan los malos humores, la sangre mala, el roda de la mañana. El pájaro que chupa la enfermedad, el chupamirto bueno, el chupamirto sabio, la figura que limpia, la figura que sana. 

(Entrevista con Fernando Benítez)


Ilustración de Nicolás Rosenfeld

Soy una mujer que llora,
Soy una mujer que habla,
Soy una mujer que da la vida,
Soy una mujer que golpea,
Soy una mujer espíritu,
Soy una mujer que grita.

Soy Jesucristo,
Soy San Pedro,
Soy un Santo,
Soy una Santa.

Soy una mujer del aire,
Soy una mujer de luz,
Soy una mujer pura,
Soy una mujer muíieca,
Soy una mujer reloj,
Soy una mujer pájaro,
Soy la mujer Jesús.

Soy el corazón de Cristo,
Soy el corazón de la Virgen,
Soy el corazón de Nuestro Padre,
Soy el corazón del Padre.
Soy la mujer que espera,
Soy la mujer que se esfuerza,
Soy la mujer de la victoria,
Soy la mujer del pensamiento,
Soy la mujer creadora,
Soy la mujer doctora,
Soy la mujer luna,
Soy la mujer intérprete,
Soy la mujer estrella,
Soy la mujer cielo.


María Sabina
-María Sabina Magdalena García-
(Huautla de Jiménez, 1894 - Oaxaca, México, 1985)
POETA/CHAMANA/SACERDOTISA/CURANDERA
para leer una nota en EL PAÍS

11 de octubre de 2025

Natalia Toledo, 3 poemas 3


Ilustración de Lida Ziruffo

Quiérete como se quiere
al sol y a la lluvia.
Quiérete como se quiere
a la poesía recién hecha.
No esperes de nadie.
Todo lo que puedes apreciar
y querer de esta tierra,
está dentro de ti.

Gunaxii lii zica ranaxicabe
gubidxa ne nisaguiee.
Gunaxii lii zica ranaxicabe
diidxa cáyale gasi.
Cadi cuezu’ sti guiruti.
Girá ni zanda ganaxiú
ne chula’dxu’ guidxi layú di’
guirani gule neu ni.



Ilustración de Lida Ziruffo

Tengo tus historias en cada vena que atraviesa mis ojos 
y mis oídos,
puedo oler los cadáveres que venían en las carretas 
mientras el campesino les estrellaba cascarones de huevos en la frente, 
para que no olieran el hedor de los caídos
y avanzaran con los restos apilados.
Tu pueblo siempre fue un perro rabioso, madre.
Pero sabe vestir de flores, 
puede tejer como la noche
un vestido de luces.
Puede dormir con el sur entre las piernas, mientras el viento  mece las hamacas.
En el río está el cascajo de todas las edades,
en el río, se encuentran los restos que formaron el trastero de los antiguos.




Ilustración de Lida Ziruffo


¿Qué es la muerte?
La muerte es mirar una isla
Y no ver a tu madre.

¿Xi nga guendaguti?
Guendaguti nga gu’yu’ ti dani xuba’ lu nisa
Que gu’yu jñou’


Natalia Toledo 
(Juchitán, Oaxaca, México, 1967)
POETA BILINGÜE/NARRADORA/
DISEÑADORA DE ROPA/JOYERA
Medalla Bellas Artes de Literatura en Lenguas Indígenas 2025
para escucharla recitar en CULTURA UNAM
para leer una entrevista en MARGINAL

26 de octubre de 2023

Dharius Vidal, 2 poemas 2


s/d del autor de la fotografía
Existen otro tipo de mujeres que no leen poesía
las que no compran libros
las que toman café de olla en lugar de capuchinos
las que no saben quien es Bukowsky
ni tampoco Monica Gaee o Sabines
pero se saben el camino a bibliotecas públicas.

Son ese tipo de mujeres que trabajan
en casa de familias
en fondas de esquinas
lavando y cosiendo ajeno.
las que no usan bolsas Michael Kors
Usan bolsas de plástico o morrales.

Son aquellas las que no usan Internet
sino 30 pesos de recarga de datos
las de mala ortografía
las de fiestas patronales
en lugar de obras de teatro.

Existen mujeres sin doctorados
las que no son abogadas
secretarias o ingenieras
las de vestidos de manta y huaraches.

Son aquellas que ves vendiendo frutas
sentadas en mercados o debajo de mercuriales
las que no saben que la libertad de la mujer
es la actualidad hoy en día.

Pero son felices mirando paisajes
contando las estrellas
tienen tiempo para poner sueños a su día
Mujeres, como la Madre Tierra,
fértil, callada, protectora y fuerte
porque cada mujer indígena
lleva consigo poesía.

Leído en LA TORRE DEL SILENCIO


'In Moments Of Uncertainty, Hug A Tree' de Ellie Ling

Ella no había nacido diferente a todas
al contrario ella había sufrido lo suficiente
para estar aun recogiendo, sus pedazos por el suelo.

La vida no la había pintado sonrisas extraordinarias
en su rostro, todo lo contrario le había causado
heridas, desilusiones y sueños rotos.

Terminó varias veces llorando por amores
que habían buscado entre sus pieles; aquellas
sinceras caricias que se otorgan por amor.

Más sin embargo un día de tantos, ella se miró al espejo
y se vio de manera diferente, no de la forma acostumbrada
que siempre la vieron las demás personas.

Dio media vuelta y salió a la calle con la frente en alto.
Ella de nuevo se amaba, no le daría otra oportunidad a la vida
para que la lastimara de nuevo.
Entonces caminó altiva, atrayendo las miradas…

Ella no había nacido diferente a todas, había estado
perdida, pero ahora se había encontrado de nuevo
y depende a ustedes encontrarse a sí mismas, si se importan.


Dharius Vidal
(México)
para leer + en INSTAGRAM

16 de abril de 2023

Gabriela Jáuregui, 2 poemas 2 (+1)

Fotografía de Karin van der Molen

LOVE REIGN O’ER ME

Lluvia ácida
Lluvia agria
Lluvia de monsón
Lluvia de chac
Lluvia de tlaloc
Lluvia de primavera
Luvia como mi prima
Lluvia como de estrellas
Lluvia de llanto
Lluvia de ideas
Lluvia de regalos
Lluvia de insultos
Lluvia de trabajos
Lluvia de pedradas
Lluvia como muchedumbre
Lluvia precipitada
Lluvia con prisa
Lluvia de oro
Lluvia de nube
Lluvia meona
Lluvia molecular 
Lluvia huracanada
Lluvia de agua 
Aguacero 
Agua de 0 
Agua líquida 
Agua insípida 
Agua incolora 
Aguapuerca 
Agua de mar  
Agua mi cuerpo
En la tina:
-¿Cómo estás?
-Aquí, arrugándome sin ti.
En un lago:
-¿Cómo estás?
-Aquí, ondulándome por ti. 
Agua que marea 
Aguarrás 
Aguafuerte 
Agua de barrio, y  
Agua de colonia, y de perfume
Agua de rosas 
Agua de azahar  
Agua de toilette, cariño 
Agua se me hace la boca
Agua agrietada, puerto 
Agua pacífica 
Agua atlántica 
Agua homérica 
Agua espejeando 
Aguas de pluma 
Aguas 
Aguas con el agua, se acaba
¡Aguas que allí va el agua!
De riñón 
Aguas medicinales 
Agua mágica 
Agua bendita
Solución salina 
Aguas tirando, corrientes —no eléctricas sino sirenas
Estelas en el agua, caminos de agua 
Agua fresca 
Agua de jamaica
Agua de limón 
Agua sola 
Agua acompañada 
Agua sucia 
Agua caliente
Ojo de agua
Agua corriente —tampoco vulgar  
Agua de cerrajas, que no importa, pues 
Agua de coco, loca 
Agua de uvas, borracha 
Agua de caña, más borracha 
Aguamiel, teporocha 
Agua de amnios, naciendo 
Agua natural, creciendo 
Agua de mesa 
Agua mineral 
Agua dulce 
Agua dura 
Agua salada 
Agua gasificada
Claro como el agua 
Aguas negras 
Agua mansa
Agua muerta, estancada 
Agua fantasma 
Agua rara 
Agua oxigenada, güerita 
Aguachile de camarón 
Agua tónica 
Agua termal
Agua quina 
Aguamala, qué dolor  
Aguacate, qué rico 
Agua de ojos, triste 
Y por eso, agarrándo el agua, bien ebrio
luego hombre al agua, por consiguiente
¡Lo que hay que aguantar!
Sin ahogarse en poca agua
Ni darle el agua al necio
Solo agua viva 
Agua compleja 
Agua del día 
Agua simple, sencilla 
Agua encharcada 
Agua en la que escribo
Entre dos aguas
Fuera del agua 
Aguada 
Agüitada 
Y dentro de ella 
Aguando 
Aguantando
Rompiéndoseme el agua
Partiendo las aguas
por la vena de agua, bajo tierra y sobre ella
El agua en las venas
Con los cuerpos de agua
Lloviendo hacia afuera.


Fotografía de Karin van der Molen
TO-MAR

f r a g m e n t o 

(...)
Te picas
te quiebras
te rizas
te calmas
te abres
me tragas
me asfixias
me ahogas
me escupes
me hundes
me meces
me arrullas
me cargas
me impulsas
me mueves

me marcas los días.
¿Cómo te voy a dejar de amar?



Selección y prólogo: Mónica de la Torre y Cristián Gómez O. 
México, El billar de Lucrecia (EBL), 2009


G A B R I E L A  D I X I T 

Fotografía de Karin van der Molen

Si encuentro que hay algo de esperanza en este mundo, es desde justamente las labores de cuidado –es decir que no sólo puedo entender la maternidad en relación a la explotación y el patriarcado, y claro que el modelo capitalista está sostenido por la invisibilización de esa labor como bien lo ha dicho Silvia Federici. Pero al mismo tiempo, si el mundo no se ha acabado y si encuentro cualquier esperanza posible, como decía, también es justamente en esas acciones de cuidado, predominantemente ejercidas por mujeres, que van desde la maternidad hasta el cuidado del territorio, buscar a lxs desaparecidxs, entre otras. Si el cuidado sólo se ve como explotación/sumisión (mirada patriarcal) lo que se está obviando es lo mas importante: si existe la mínima esperanza que haya un futuro, una vida, es justamente gracias a los cuidados ínfimos, pequeños y cotidiandos que históricamente y hasta hoy han sido relegados a las mujeres.





Gabriela Jáuregui
(México DF, México, 1979)
Reside en San Mateo Acatitlán, México
POETA/ESCRITORA/CRÍTICA LITERARIA/EDITORA/TRADUCTORA/
MAESTRA EN ESCRITURA CREATIVA/DOCTORA EN LITERATURA COMPARADA/
CO-FUNDADORA DEL COLECTIVO EDITORIAL SUR+EDICIONES EN MÉXICO
para leer una entrevista en PÚBLICO.ES
para leer una nota en REVISTA CÓDIGO
para leer + en PERIÓDICO DE POESÍA
su WEB

21 de noviembre de 2022

Patricia Karina Vergara Sánchez, Violación


Fotografía de Taylor Marie McCormick

VIOLACIÓN

I

Aullaban los perros el mal presagio, 
vino el monstruo a buscarme.
Traía consigo una promesa de destrucción.
No tenía ojos, pero supo esconder su rostro.
Por eso no sospeché, hasta que fue tarde.

Esa noche conocí a qué huele el horror.
No podía mover mi cuerpo, temblaba espanto.
Metió sus dedos-garras en mi vagina. 
Yo gritaba, pero no paró.No entendía de piedad.


II

Mil veces me pregunté por qué
¿De qué cosa sagrada me quería despojar?
¿Del útero de mi creación? 
¿Qué intentaba llevarse de mí?
¿Qué fue lo que sus garfios pretendieron arrancar?

¿Habría podido devorarme?
¿Creyó que podía sustraer la luz que me sostiene?
¿Creyó helar el calor de mis entrañas?
¿Apropiarse de un pedazo de mí, para sí?

¿Fue ese zarpazo un intento de llevarme a pedazos?
O, por el contrario,
el hedor que le carcome es tanto, que le desborda.
Quería dejar algo de ello en mi cuerpo;
hacerme compartirlo, también llevarlo.
Insecto que deposita su larva siniestra en ser viviente,
para que le coma por dentro.
Dentellada envenenada de muerto en vida,
que pretendía expandir su maleficio.

¿Qué fue, por qué la pesadilla?


III

Después,todo era silencio.
Grité con la boca abierta,
pero todo fue silencio.
Cielo gris.
El cuerpo aterido de frío.


IV

Sin embargo,
nada fue transformado.
El monstruo sigue siendo monstruo.
Finge de día ser pobre diablo.

La carne que arrancó de mi cuerpo
es ahora polvo que ya no le nutre.
Esa es su tragedia,
su peste sigue contaminando todo.

Monstruo sigue siendo monstruo.
Haga lo que haga.
Se disfrace como se disfrace.


V

Yo fui remolino de dolor,
pero como estoy hecha de viento,
torné ráfaga.
Como soy agua,
evaporé hacia el ocaso azul violeta.
Como soy fuego, me guardé,
ceniza silenciosa-espera.
Como soy tierra,
recorrí caminos nunca antes transitados
–a pesar de quien quisiera pisarme–.
Como soy éter,
disolví el tiempo hasta otro tiempo.


VI

Así, ahora lluevo,
soy agua risueña con tintes de atardecer.
Tierra roja siempre renovada y fértil,
abierta a nueva semilla.
Éter transmisor de energía inasible.
Carbón ardiente que resiste cualquier tormenta.
 
Sobre todas las cosas,
me descubro viento.
Soy mujer viento,
estoy hecha de viento
que embravece al mar,
que aviva el fuego,
que transforma la tierra,
que danza en abrazo esencial con el universo.

¿Qué pueden las garras malignas contra el viento?

No pueden atraparme,
no pueden tocarme.
Me elevo,
me limpio.


VII

Soy mujer viento. 
Voy girando.
Un día seré huracán.


Tuxtla Gutiérrez, Chiapas: UNICACH, 2018
Editora María Teresa Garzon Martínez





Karina Vergara Sánchez 
(México DF, México, 1974)
POETA/INVESTIGADORA/FEMINISTA
para leer + en EMMA GUNST
pakave@hotmail.com

25 de agosto de 2022

Cristina Cavazos, 5 poemas 5


Fotografía de Kristen T. Cates

Vértigo que avanza
sin dar marcha atrás,
la vida dibujada en la línea donde cae el sol.
Un respirar detenido por la muerte
que siente el paso del aire
al remover tierra de las pesadillas,
con furia,
sembrando luces
en el trayecto.
Y al llegar el final
un esplendor que te hace ciego.
El momento
donde la última hoja cae
llevándose la silueta
de lo que era verde
y el corazón 
opaca los cristales de los errores
que se entierran en la piel
que ya no duele.


Fotografía de Kristen T. Cates

KAREN

Abrazos que ya no puedo dar
rompen la ilusión de los días azules
y de la húmeda brisa del verano.

Desde el primer segundo me buscaron,
lo hacen hasta hoy rompiéndose las suelas
en lugares de silencio llenos de oscuridad
pero estoy donde jamás pensarían.

Aún siento las risas apagadas,
los amigos que fueron olvidándome
y los amores que no conocí.

No recuerdo mis fantasías,
ni la inocencia
ni mis ganas de amar
pero recuerdo sus manos
asfixiando mi última noche.

Quisiera poder despedirme
de quienes aún pronuncian mi nombre.
Frustración infinita,
mis ojos siempre abiertos
no hay día ni noche.

Quiero gritar,
abrazar a mi madre,
tocar mis lágrimas, pero no puedo.

Escucho sus lamentos,
siento la desesperación
merodear a mi alrededor;
aun veo esos ojos de lumbre
maldiciendo sobre mi cuerpo.

No me vistieron tantas noches,
deje libros a medias,
maquillaje desordenado
la cama sin tender.
Era un día como cualquier otro
[nunca se piensa en eso].

Una falda bellísima, sí, corta pero bellísima,
el mismo bar,
las mismas personas.
Me sentí segura, bailé
y olvidé la cacería de lobo siempre al acecho;
se quedó cerca, tan cerca que aún puede pisar sobre mí.
Antes pude hacer mucho,
haber dicho algo
y un día yo ya no estaba, pero las preguntas sí.
No está mi cuerpo, no hay rastro,
pero están los valientes que me aman,
que cuestionan e investigan
los veo,
no busquen lejos; nunca salí de casa,
antes de enterrarme tres metros bajo el comedor
me dijo - te amo -.




Fotografía de Kristen T. Cates


Te abrí la puerta hacia el silencio y siempre fui delante de ti, como un lazarillo pendiente del peligro,
temiendo que algo malo te pasara,
anteponiéndome,
arriesgándome.

Pero no pude protegerte;
te arrebataron de mí como los ventarrones se llevan las raíces...
Y no pude hacer nada, no hice nada para que te quedaras; porque fue ahí cuando entendí que así no se juega al amor.

Me han dolido las noches con sus días,
no he podido aceptar que siempre te vas dando portazos en la cara de los que te hemos querido.
Y aunque quizá seas lo que más he deseado, también admito que fuiste lo más rápido de olvidar.
Las huellas de aquellas risas aún están esperando para atacarme cuando el invierno llegue,
cuando deba salir sola a esa mesita de jardín a recordar los cigarros y los vasos de ron que ya no existen.
Y sé que la vida te regresará a mí cuando ya no te quiera,
cuando ya tu recuerdo se haya disuelto entre el subir y el bajar de la gente del metro en una ciudad muy lejana.
Y es que así me ha sucedido siempre,
la vida tiende a devolverme lo que ya no me sirve, lo que dejé en el pasado;
quizá como una jugada mal planeada en una partida de ajedrez o como la bala que alcanza a mover el viento cuando es disparada hacía el corazón de un siervo... y éste alcanza a esquivarlo, a huir... a decir hoy no voy a morir.

No sé si a mí me pase algún día, pero estaré preparada;
tendré el corazón llenito de mí para que nada de ti alcance hueco.
Y así te pienso hoy, cuando llegan a mis pies las hojas amarillas de los árboles...
Y así te siento hoy, como esas terribles ganas de un café cuando cae la lluvia…
Te fuiste sin ni siquiera haber llegado,
me rompiste,
me diste tiempo para reconstruirme, pero fue para volver a romperme;
y entonces de verdad te fuiste…
Cuando tus sonrisas me gritaban a la cara que te había perdido, que ya no tenía nada de aquel que nunca tuve, me senté y lloré como se llora a la muerte,
sin lágrimas,
en completo silencio,
a media carcajada con los amigos de frente.
Te grite a llanto abierto como lo hacen los desesperados de sentir vida en algún desierto…
sin que nadie me escuchara; te lloré en mis sueños, aquellos que al despertar no recordaba,
te lloré en el mercado,
en un semáforo en rojo,
en la caída de las noches y en los amaneceres que nunca vimos juntos.
Pero es que ¿sabes?, nunca pensé ver el rostro de alguien más en tus ojos, nunca previne ese doloroso momento.
No quise decirte adiós antes porque no sabía cómo,
enmudecí siempre ante las migajas de momentáneas sonrisas que me regalabas;
siempre esperanzada a que un día un suspiro direccionado a mí saliera...
Imaginaba cuentos para sobrevivir ante tantos inviernos en medio de las primaveras;
cuentos en donde tú y yo no necesitábamos nada más que recostarnos a mirar las estrellas, contarlas, ponerles nombres... hacerlas nuestras...
Ahora no tengo más que dejarte partir sin culpas, no me quedo con ninguna, me quedo con la vida… esa que ahora tengo que vivir sin ti.


Fotografía de Kristen T. Cates

Me pesas en los omoplatos
ya tan viejos y cansados.
Fuimos fuego y hierba,
mar y luna.
El tiempo me obliga
a respirar arena,
a construir veleros,
a ser un náufrago.
Aun hoy,
con tantos soles intermedios
en silencio
sigo preguntándome
qué hicimos tan mal.



Fotografía de Kristen T. Cates

Estabas donde se cuelga el mar,
firme el ave de tu rostro,
eternamente en mis aguas.




Cristina Cavazos
-Emma Cristina Cavazos Regalado-
(Matamoros, Tamaulipas, México)
POETA/ESCRITORA/TALLERISTA
LICENCIADA EN ESTUDIOS HUMANÍSTICOS Y SOCIALES/
para leer + en LA ROMPEDORA


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