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4 de febrero de 2022

Begoña M. Rueda, 2 poemas 2


Obra Insomnia de Lovisa Ringborg

A 23 DE MARZO DE 2020
 
Los sudarios se apilan en cajas de cartón
junto a la puerta del cuarto de baño.
Son las únicas prendas del hospital
que no se lavan después de darles uso.
Como todo en nuestra época
también vienen dentro de un plástico,
encontrándose la muerte como la bollería industrial,
envasada y directa al vacío.
Una se pregunta quién fabrica los sudarios,
qué fría máquina los cose y los empaqueta
listos para cubrir cualquier cuerpo
que yazca mudo en la morgue.
Yo por sudario quisiera las manos de mi madre,
morir antes que ella
y engendrarme de nuevo en su vientre,
volver a ser niña y no tener ni idea
de que en las lavanderías de los hospitales
la muerte se apila en cajas de cartón
junto a los inodoros.



A 23 DE ABRIL DE 2020

Cómo será la boca
de la enfermera que me pincha el dedo
y lo aprieta hasta sacarme la última
gota de sangre.

Me pregunto si llevará pintados
los labios de rojo tras la mascarilla,
si sabrá besar en la frente o pronunciar
exitus.

Huele a gel hidroalcohólico y tiene
casi tanto miedo como yo,
un lazo negro en el uniforme blanco
y los resultados de nuestros test.
Mañana podría tocarle a ella,
pienso.
Coronas de flores frescas
acompañarían su ataúd
y una compañera de facultad
la reemplazaría al día siguiente.
Así, como si nada.

Como si la vida
mañana podría tocarle a ella
lo mismo que podría tocarme a mí.



de Servicio de Lavandería, Editorial Hiperión, 2021
Premio de poesía Hiperión XXXVI




Ph Mariano J. Sánchez
María Begoña Moreno Rueda
(Jaén, España, 1992)
POETA/LAVANDERA HOSPITALARIA
para leer + en ZENDA


21 de agosto de 2021

María de los Ángeles Fornero, 5 poemas 5 (de Úlcera, sal, papel y carbón)


Fotografía de Magalí Druscovich (para Revista Anfibia
7

El virus muere
–asegura la OMS–
con agua y jabón.

Pero no sale agua.
Ni un chorro
ni una gota
–cualquier agua–
ni sucia
ni vieja
algo de agua
de las canillas
en ninguna de las
casillas.

Jabón seco y
nada de agua
ni una gota
en las canillas
de las casillas
de los pasajes
de la Villa 31.


Ilustración de Juan Martín Ayerbe (para Revista Anfibia)
13

I

Hoy. Una memoria de siglos invertidos.
Unas agujas girando en reverso.
Unos planetas por fuera de su elipsis.
El seso perturbado. El caballo en la terraza.

II

Vivimos una época del mundo
donde llegamos a creer
en el mito de Adán y Eva
en que la respiración del otro
me envenena.
Prometeo nos quitó el fuego para dárselo
a los dioses y Baco toma agua mineral
en el desierto.

III

Ahora parece imposible, pero
las paralelas alguna vez se unen
el amor volverá a llover hacia las nubes
la poesía detonará los tiempos consagrados
y respirarnos como cerdos encimados
será celebración de primavera.


Ilustración de Denisse López (para Revista Gato Encerrado)
LAURA

Con el aislamiento
su casa fue una trampa.

El monstruo que se escondía
tras la heladera
debajo de la cama
en las alacenas
entre los pocillos de café
y los frascos de conservas
mostraba las garras.
Prohibía
lavarse los dientes
vestirse de colores
mirar por la ventana.
Con cada prohibición
crecía su forma de amo
en ceguera y ojos rojos
–con intermitencias–
pero sin detenerse.

Hasta que una mañana,
cuando ya no cabía
en el ambiente,
y antes de salir,
roció la casa con nafta y la incendió,
con ella dentro.


Ilustración Equipo de diseño de la UCI

VENTANAS CON MUJERES

Detrás de una ventana,
una mujer.
O su figura con hombros de carbón.
Cabello de sombras, sin boca.

Detrás de otra ventana,
otra mujer.
Unos ramos de brazos como antorchas.
Más cabellos y una línea pronunciada como boca.

Otras ventanas, menos figuras
de mujeres detrás.
Menos sombras, menos líneas y más bocas.
Algunas con sangre, otras con alas.

Más ventanas.
Vidrios rotos. Hilachas colgando de las astillas.
Más y más mujeres fuera del detrás de las ventanas.
Hasta que sea torrente, inundación.


Imagen: ATE Córdoba (en La Tinta)

COMEDORES POPULARES

Bajo el culo de la olla
leña verde.

Sobre el hule de la mesa
los menudos.

Invadiendo las narices
humo duro.

Hasta los codos de remanga
las mujeres.

En las bocas de niños con barbijos
hambre.

Y en los platos de losa
un cucharón asfixiando
la tormenta.


Úlcera, sal, papel y carbón, El Mensú Ediciones, 2021




María de los Ángeles Fornero 
(Carrilobo, Córdoba, Argentina, 1961)
Reside en Córdoba
POETA/DOCENTE/PSICÓLOGA SOCIAL/
PROFESORA DE LENGUA Y LITERATURA
-1a ed- Villa María
ilustrado por Carolina Martínez
prólogo de Andrea Farchetto
para leer + en EMMA GUNST

2 de marzo de 2021

Pilar Blanco, Tiempo es que la piedra pueda florecer (+2)


Ilustración de Laurie Lipton

TIEMPO ES QUE LA PIEDRA PUEDA FLORECER

Lo
Mismo
nos ha
perdido, lo
Mismo
nos ha
olvidado, lo
Mismo
,nos ha -

No, no se quedarán solos los pájaros
cantando un frenesí de esporas y semillas.
Detrás de los barrotes quizás asome un tallo su verdecer insólito,
quizás ardan en nieve los cerezos
y vuelvan a su industria las hormigas
y repunte el milagro de la higuera
y el agua sea música en la quietud del musgo.

Cuando todo termine,
cuando se recuperen los umbrales,
las llaves en su clavo,
los pies en los zapatos y en su huella,
¿Quiénes seremos? ¿Qué contará otra vez la matemática,
qué dirán los periódicos,
cuántas sillas estrenarán su círculo vacío,
cuánta almohada sin peso,
cuánto plato sin nombre y sin cuchara?

Cuando todo termine nada habrá terminado.
Se pasará otra página de la biblia del mundo
impregnada en veneno. Como ayer, como siempre.
Sobre ese pergamino
ya han empezado a escribirse los pudieras:
Epitafio.
Esperanza. 

en Versos Versus Virus, abril 2020
Selección de Pablo Blanco


B O N U S  T R A C K (x2)
                                              
Ilustración de Laurie Lipton
                           
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.
 Abruma
la mordedura rabiosa del dolor,
la quemadura dulce, casi niña,
que ha venido a quedarse,
que se sienta a mi mesa e interroga.
Si no sé  lo que quiere
Si no sé lo que quiere con sus ojos
Si no sé  lo que quiere con sus ojos decirme.
Si he perdido la mano con la que retenía,
el pie con el que huyo,
la lengua en la que invoco: “¿y yo qué soy?”,
qué
soy
(yo mismo el más perdido
sin arena y desierto, sin abismo
de código insondable)…
Me abruma
la rabia mordedora del dolor,
la urgencia por abrirme de par en par la carne,
el cuerpo en alma viva.
Y saber que el gusano
de este desasosiego se fortalece en mí.
Yo lo alimento.


Ilustración de Laurie Lipton

BIOLOGÍA HUMANA

Apenas el trazado de un dedo sobre el agua,
El levísimo rastro de un aroma, un sonido,
La imperceptible huella de un insecto
Que pasa y ya no es vida.
               Y a nadie dio dolor.
Ése es tal vez su paso
Por esta geografía de tierra blanca y mar,
De cielo abierto y mar sobre la vista alzados.



Pilar Blanco Díaz
(Bembibre, León, España, 1959)
Reside en Alicante
POETA/ESCRITORA/PROFESORA DE LENGUA Y LITERATURA/
LICENCIADA EN FILOLOGÍA HISPÁNICA/ACTRIZ
para leer una entrevista en EL COLOQUIO DE LOS PERROS


10 de febrero de 2021

Isabel Martínez Barquero, Pandemia


Fotografía de Julia Fullerton-Batten

PANDEMIA

Son tiempos en los que la muerte
espera en lo más mínimo:
una mota de polvo,
una ráfaga de aire
o el aliento enamorado.
De nada sirve ocultarse.
El enemigo acecha,
invisible persigue su tributo,
su ración continua de carnaza.
Se cubrieron las sonrisas,
postergamos los abrazos,
suprimimos los roces,
anulamos los besos.
Despojados de toda afectividad,
recluidos en moradas solitarias,
perdemos día a día
el júbilo de los otros,
las manos que nos ensanchan,
las miradas que nos reflejan.
Hoy somos torpes criaturas
conscientes de su barro frágil.
Quizá en un mañana próximo
vuelvan a crecernos alas
y soñemos de nuevo
más allá de la débil materia
que sustenta nuestra estancia
en el mundo,
un mundo que no nos pertenece,
que solo nos tolera
mientras no le hagamos daño.

-último poema publicado en su perfil de Facebook-


Isabel Martínez Barquero
(Murcia, España, 1958-2021)
POETA/ESCRITORA/LICENCIADA EN DERECHO/PROFESORA
para leer una entrevista en CAPÍTULO 1
para leer una nota en LA VERDAD






11 de noviembre de 2020

Miriam Tessore, Vivir adentro


Obra de Javier Jaén

Todos mis deseos más profundos se cumplieron: quedarme en casa, bajar cambios, ver y sentir lo importante del pasar de los días. Reencontrarme con mi hija y su paso definitivo de niña a mujer. Escucharla, vivirla, disfrutarla. Tiempos que se nos van de las manos sin darnos cuenta. Hasta el preciso momento de la cuarentena obligatoria uno se decía para los adentros y los afueras "se me pasó volando el tiempo" y eso significaba: no pude vivir. Desde marzo a esta parte, ya ocho meses, el tiempo se me pasó volando pero diferente. Las funciones de mi trabajo se acomodaron rápidamente en mi hogar. Pude vivir sin sostén. Pude sacarme los tacos y cualquier zapato incómodo. Percibí lo cómodo que son los pijamas (me di cuenta de la incomodidad de los jeans). Logré ver todos los amaneceres sin la prisa cotidiana. Ver el trayecto del sol dentro de mi departamento. Como se iluminan los objetos y la mutación del ambiente. Pude ventilar los espacios, vaciar los placares, ordenar la biblioteca, limpiar, limpiar, limpiar a consciencia todos los rincones físicos y también las sombras internas.

Leí mucha poesía, con menos ansiedad y con un ojo un poco más crítico -que no significa mejor, claro está-. Modifiqué la planificación por la emoción. Lloré mucho más de lo normal. Despedí a gente conocida. Abracé mucho a la distancia. Acompañé. Sentí el dolor de los otros. Agradezco, agradezco, agradezco. 

Pude escuchar los miedos de familia, amigos y compañeros de trabajo. Pude sentir las miserias de muchos. Reconocí afectos que no contemplaba. Hubo gestos de amor y cuidado. Di y recibí. Agradezco, agradezco, agradezco.  

Me fortalecí en ideas y conceptos. También dudé y encontré caminos impensados. Me dediqué a estudiar, hice cursos, seminarios, webinars, coloquios y ahora una diplomatura. Creo que estamos presenciando la gran transformación de las universidades. 

La cotidianeidad de consumo se transformó en colaborativo. Excepto por la comida en el supermercado para provisiones varias cada 15 días, una vez al mes a la farmacia y a la verdulería de la cuadra una vez a la semana, el resto de las compras fueron online y a mujeres que emprenden sus sueños. Debo reconocer el alcance de Instagram. Así conocí a Caro, que teje a crochet y lleva adelante Platos de sitio con unas creaciones amorosas. A Leticia, que teje de todo y le compré un hermoso porta macetas, y la encontrarán en Tejequetetejebylety. Me reencontré con la poeta y editora Alejandra Pipi Bosch que también teje!!! Y le encargué unas sandalias hippies como me gustan en Pipi.tejeparavos. Mi amiga poeta Agustina Ferrand estampa su arte en papeles, paredes y también en tazas en dametodalapoesíaquetengas y ahí me hice de tres de ellas para mi hija y sus amigas que en breve se irán a vivir juntas para estudiar en la universidad. Y por último las manos mágicas de Mercedes Pussetto quien me hizo las cortinas de gasa pañalera de mis sueños y el forro del sillón. Así con todo esto siento que renové mi casa y mis aires de gran señora confinada al hogar.

El homeworking se hizo realidad del golpe y porrazo y no solo trabajé todos los días desde casa sino que me apunté en una diplomatura en Gestión del Teletrabajo que dicta la Universidad Nacional de Córdoba

Digamos que no me aburro. Extraño a mi familia que no veo desde febrero, mamá, hermanos, cuñados y sobrinos. Se siente esa ausencia. Pero incrementamos considerablemente las video llamadas y todo tipo de contacto online casi casi exagerado pero necesario.

Tengo absoluta lucidez del privilegio de poder vivirlo así y contarlo. Tengo un techo, un sueldo y una profesión que me permite trabajar desde casa, un plato de comida, una hermosa ventana con vista a un enorme cielo, conexión a internet y dispositivos para estar conectada. Tengo salud y tengo yerba para el mate. Agradezco, agradezco, agradezco.

De arranque, y durante esta gran pausa, millones de personas no pudieron ni pueden detenerse ni un día ni trabajar desde casa. Muchos también sufren el encierro. No es mi caso. 

23 de agosto de 2020

Catherine "Kitty" O’Meara, En tiempos de pandemia



Fotografía de Julia Fullerton-Batten


EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Y la gente se quedó en casa. 

Y leía libros y escuchaba. Y descansaba y hacía ejercicio. Y creaba arte y jugaba. Y aprendía nuevas formas de ser, de estar quieto. Y se detenía. 

Y escuchaba más profundamente. Algunos meditaban. Algunos rezaban. Alguno bailaba. Algunos hallaron sus sombras. Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

Y la gente sanó. 

Y, en ausencia de personas que viven en la ignorancia y el peligro, sin sentido y sin corazón, la Tierra comenzó a sanar.

Y cuando pasó el peligro, y la gente se unió de nuevo, lamentaron sus pérdidas, tomaron nuevas decisiones, soñaron nuevas imágenes, crearon nuevas formas de vivir y curaron la tierra por completo, tal y como ellos habían sido curados.

(s/d del/a traductor/a)


IN THE TIME OF PANDEMIC

And the people stayed home.

And they listened, and read books, and rested, and exercised, and made art, and played games, and learned new ways of being, and were still.

And they listened more deeply. Some meditated, some prayed, some danced. Some met their shadows. And the people began to think differently.

And the people healed.

And, in the absence of people living in ignorant, dangerous, and heartless ways, the earth began to heal.

And when the danger passed, and the people joined together again, they grieved their losses, and made new choices, and dreamed new images, and created new ways to live and heal the earth fully, as they had been healed.

marzo 2020

Et les gens se confinèrent chez eux
Et ils lurent des livres et ils écoutèrent
Et ils se reposèrent et ils firent des exercices
Et ils firent de l’art et ils jouèrent
Et ils ont appris de nouvelles façons d’être.
Et ils s’arrêtèrent

Et ils écoutèrent plus en profondeur
Certains méditaient
Certains priaient
Certains dansaient
Certains rencontraient leur ombre
Et les gens ont commencé à penser différemment.
Et les gens ont guéris

Et en l’absence de gens qui vivaient comme des ignorants dangereux
Sans raison et sans cœur
Même la Terre elle aussi commença à guérir
Et quand le danger fut passé
Et que les gens se retrouvèrent
Ils pleurèrent leurs morts

Et ils firent  de nouveaux choix.
Et ils rêvèrent de projets nouveaux
Et ils  créèrent de nouvelles façons de vivre
Et ils guérirent complètement la Terre
Comme eux aussi avaient guéri.

(Traducción al francés leída en MOSALYO)





Ph Phillip O’Meara
Catherine "Kitty" O’Meara
(Madison, Wisconsin, Estados Unidos, 1956)
MAESTRA/ASISTENTE ESPIRITUAL EN HOSPITALES Y HOSPICIOS
para leer una entrevista en DESERET NEWS
para leer + en THE OPRAH MAGAZINE
su blog THE DAILY ROUND



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