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17 de octubre de 2013

Teresa Soto González, En el mercado


Fotografía de Vivian Dorothea Maier

EN EL MERCADO

Un día de mercado es como un revoltijo
de manos que llevan bolsas,
y en cada mano hay una marca por el peso de la bolsa,
son marcas invisibles, van boca abajo.
Los suelos en los mercados se ven sólo al final
cuando es más de mediodía y las bolsas abandonadas se 
                                                                                       inflan 
                                            y quedan tierra y cajas vacías.
Se adivina entonces un mercado que pasó por encima
como por descuido pero con algo de vanidad.

Y se llevó sus toldos de plástico blanco y las cuerdas
que estaban cargadas de algodones y lycras.
Lejos ya los tablones y los caballetes con libros apilados.
En algún lugar debió de venderse una pulsera de cuentas 
                                                                                        viejas,
                         un cuaderno garabateado, una herradura.
Cuando termina el mercado ya no se pueden pasar los 
                                                                                     dedos
por los libros viejos y luego frotárselos contra los
                                         pantalones con disimulo.

El mercado pasó y un reguero de gente por debajo,
entre las piernas separadas y los faldones cosidos a mano.
En el suelo no queda nada del ruido del mercado,
las voces de los vendedores no se inflan ni ruedan por 
                                                                           las aceras.
Las voces fueron en el mercado como las ruedas de las 
                                                                              bicicletas,
círculos que dan movimiento.
El mercado rueda sobre las voces de los vendedores.



Teresa Soto González 
(Oviedo, España, 1982)
de Un poemario, Rialp S.A., Madrid, 2008
Premio Adonais 2007
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9 de junio de 2011

Teresa Soto González, Imitación de Wislawa (A la manera de...)


Fotografía de Anka Zhuravleva (Rusia, 1980)

IMITACIÓN  DE WISLAWA (A LA MANERA DE...)

Mis hermanas no escriben poesía,
mis hermanas no leen los periódicos
ni se ponen sombreros
ni saben a las cinco de la tarde
que son las cinco de la tarde.
Yo no soy Wislawa Szymborska,
no soy Marina Tsvietáieva
y no soy Hölderlin.
No soy ninguno de los tres
y no quisiera ser los tres a la vez.
Mis vecinos no saben que escribo,
les agradezco que no lo sepan.
No lo saben y no me leen
y a mí me gusta que no me lean.
Gracias a que no me leen
no pienso nunca en qué pensarán
mis vecinos de mis versos.
La ciudad donde vivo no es silenciosa
así que en mis versos no está el silencio de mi ciudad.
Mi portero no sabe pronunciar mi nombre
y no lo pronuncia por las mañanas
cuando se sacan los nombres
a pasear atados a una correa de saludos.
Así que no oigo mi nombre cada mañana.
De tanto no oír mi nombre
empecé a pensar que no lo había tenido nunca.
.............................¿Se puede perder un nombre?
Yo no necesito mi nombre para escribir,
así que no lo escribo.
Esto es una imitación.
Para una imitación
sólo sirve el nombre de otro.




Teresa Soto González 
(Oviedo, España, 1982)
de Un poemario, Ediciones Rialp, Madrid, 2008
Premio Adonais 2007
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