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5 de diciembre de 2014

Alicia Torres, 2 poemas 2


Fotografía de Melvin Sokolsky
CIRCE

Tengo un afecto desmedido
por el cambio.
Un poco de arte,
un hechizo anticuado,
todavía conmueven pesos muertos.

No me hurtes la mirada, hipócrita,
en mi casa todo te delata
y haces mal en creerte a salvo.

Con la mano izquierda
convierto en turbulencia
la placidez del aire que te ronda.
Con la mano derecha
reescribo el tedio prematuro
que se lee en tu frente.
Me deslizo íntegra
por la vertiente de tu deseo más oculto
y te pongo en evidencia, Fiera,
te despojo del ridículo disfraz,
dejándote garras y pelambre recia,
descubriéndote, como el envés de un guante,
la salvaje alegría
de no ser inocente.
Y ahora lánzate
sobre el rastro de sangre que te muestro.
Desciende al infierno que sin saber
buscabas.



Fotografía de Melvin Sokolsky
FATAL

Dicen
que en las selvas de Samoa
hay una planta
hermosa
que florece una vez cada cien años.
Su única inmensa flor
-amarilla
como las mañanas soleadas en Arles
exhala tal olor
a carroña y podredumbre
que ciertos pájaros grandes
atraídos por este canto de sirena
se dedican a cortejar
lo que el sentido les señala
de su gusto
y la flor al sentirse así
acariciada
encierra entonces en sus brazos
al bienquerido
y como una novia que ha esperado largamente
lo ama ávida y voraz
un siglo.



Alicia Torres 
(Caracas, Venezuela, 1960)
de Fatal, Fundarte, Caracas, 1989
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14 de noviembre de 2014

Alicia Torres, 3 poemas 3


Fotografía de Clare Rae
SIMPLICIDAD

Una pared blanca.
Sol y plantas creciendo
en un silencio de entrega perfecta.
Una claridad mediterránea
donde algo como polvo
flota ingrávido en la luz
a la vez inexpresable y banal de la mañana.
Esto que apenas soy
si me busco con sencillez
en la limpieza del instante.



s/d del autor de la fotografía
ASCESIS POR LA GRACIA

El tiempo está alto y yo me miro
vivir como quien ve por vez primera
un paisaje alguna noche ya soñado.
El tiempo está alto y yo me muevo
presa del aliento sorprendido
del que ensaya no tener
mas ser tenido,
mío el pie que avanza
mas no el paso,
mía la mano que acaricia
mas no el gesto,
mío el corazón
más no el latido.

Misterioso destino de mis huesos
conocedores de la andanza, no el camino.
Entregados al amor
mas no al amado.



s/d del autor de la fotografía

EL ÁNGEL SE CONTEMPLA A SÍ MISMO

Los hombres tienen
un apetito voraz por las alturas.
Cierran los ojos y sueñan
otra delicia y otra tierra menos seca,
pero nada saben en el esplendor de su inocencia.
El cielo es eternamente azul y somos bellos.
Más quién desde aquí podría decir
yo amo, yo tengo,
la fruta está madura, es para hoy?
Aquí estamos todos
para siempre a la vuelta del deseo.
Alas para volar a dónde?
No somos de nadie,
a nadie esperamos.
Ostentamos como un lujo
la media sonrisa de otra muerte.

AN ANGEL CONTEMPLATES HIMSELF

There is in men
an insatiable craving after heights.
They close their eyes and conjure
further delights, an earth less parched.
But, in their splendid innocence, they know nothing.

The sky is eternally blue, and we are beautiful.
But who in this place could declare
I love, I own,
the fruit is ripe, it is today's?
In this place we are all
forever on the far side of desire.

Wings to fly to where?
We belong to nobody,
nobody is expecting us.
Like an ornament we display
The half-smile of another death.

 (Traducción al inglés de Paddy Bushe)



Alicia Torres 
(Caracas, Venezuela, 1960)
de Consideración de la Rosa, Pequeña Venecia, Caracas, 2000
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18 de febrero de 2014

Alicia Torres, El árbol bajo el mar


Fotografía de Egor Shapovalov
EL ÁRBOL BAJO EL MAR

Él viene cada día y me dice:
"Hoy estás tan bella".
Yo contesto:
"Je suis toujour plus belle que toi".
Luego me doy vuelta y pienso en el árbol bajo el mar,
como algo irremediable.
Está ahí, 
anclado en la sima de la sima,
plateado por el resplandor interno
de su propia soledad.
Esta no es luz de luna:
no conoce el rostro cambiante
de esa piedra que nos vence,
tampoco el dedo lacerante del sol.
Vive aposentado en su bienaventuranza vegetal,
sin sentir,
sin pensar, 
completo en sí mismo, 
unido a sí mismo,
olvidado de sí mismo.
Es así como su éxtasis silencioso
es el centro secreto hacia donde gravitan
las almas en peligro de perderse
absortas en su propia dicha.





Alicia Torres 
(Caracas, Venezuela,1960)
de Consideración de la rosa, Fondo Editorial Pequeña Venecia, 2000
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31 de enero de 2014

Alicia Torres, Camila


Fotografía de Alisa Andrei

CAMILA

Iluminada por el relámpago nacido del vuelo 
de un pájaro, Camila O’Gorman huye con un 
sacerdote, su amante, en 1848. 
-Enrique Molina-

No es de señoras 
esta 
pasión desenfrenada 

No está permitido 
robar pastores           así 

pero ven sin más 
amado 
al campanario 
cuando descuelgue la noche 
y santifica esta arritmia 
que me muerde 
bajo la enagua de bramante 
Despójate tú de esa negrura 
que cubre todo 
lo húmedo que mi boca reclama 
Déjala que repose 
como un lago de agua turbia
a nuestros pies 




Alicia Torres 
(Caracas, Venezuela, 1960)
de Fatal, Fundarte, Caracas, 1989 
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7 de septiembre de 2012

Alicia Torres, Mujeres de Atenas

Fotografía de Noah Kalina


MUJERES DE ATENAS

Nosotras en tiempos de guerra,
somos unas combatientes admirables,
aunque nuestros heroísmos estén hechos 
a la medida de un libro que nunca se escribió.
A veces entregamos nuestras joyas
a una causa que no entendemos del todo
pero que íntimamente detestamos,
y luego cuidamos, como siempre, de la casa
con una expresión ambigua en las mañanas,
que no es de miedo, pues no somos temerosas
aunque la visión de muelles y aeropuertos
nos estremezca hasta la náusea
y nos persiga en el sueño.
Es verdad que hilamos más que de costumbre
pero es que estas telas recias nunca alcanzan 
para la vastedad de nuestros lechos.
Casi todas tenemos la tendencia 
a coleccionar las cosas más triviales
como caracoles y vidrios coloreados,
y también todas pasamos muchas horas 
inmóviles ante los espejos
como tratando de develar algún misterio
pero está visto que nunca es suficiente.
Sólo nosotras sabemos 
cuánta amargura esconden unas manos quietas,
cuánto oscuro deseo anida en lo sereno,
cuánta violencia late en la sumisión.
Nadie nos llama por las tardes 
y cuando rezamos 
a la sombra del altar del sacrificio
pedimos de rodillas cosas
que pertenecen a otra tierra 
y a otro cielo,
a otro modo de estar en esta piel.
Nunca hablamos con las otras del futuro
-ese terreno fatal de la esperanza-
pero frecuentamos secretamente los oráculos,
con sus vísceras sagradas,
sus hojas de eucalipto y sus sibilas,
e indagamos afanosas en el aire
cualquier signo que confirme
nuestra más íntima sospecha.
Jamás nos confesamos impotentes
pues nuestra fuerza reside en el silencio,
mas al quedarnos solas
a la orilla de la noche interminable
rogamos a los dioses una tregua
o un cambio sutil para la historia.



Alicia Torres 
(Caracas, Venezuela, 1960)
de Fatal, Fundarte, Caracas, 1989
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3 de septiembre de 2012

Alicia Torres, Sacerdotisa

Fotografía de Egor Shapovalov
SACERDOTISA

A veces juego con la idea de matarte
(después de todo, querido,
nadie es inocente)
y entonces pienso en sacerdotes antiguos
ataviados de oro y lino blanco,
incienso rumbo a los cielos,
la precisión de la obsidiana afilada
en noches de luna menguante,
un pecho descubierto,
la tensión rápida y certera
de una mano educada para el puñal,
el placer de los dioses,
la satisfacción del deber cumplido.
Y hay orden de nuevo en el mundo,
la lluvia se derrama por los campos,
el viento hincha las velas aqueas
y la tierra es fértil otra vez,
pero entonces tú te acercas, querido,
con los brazos abiertos
y yo sonrío culpable
besándote la garganta
las muñecas, la sien.
La vida, allí donde late vulnerable.





Alicia Torres 
(Caracas, Venezuela, 1960)
de Fatal, Fundarte, Caracas, 1989
en Las palabras necesarias, 
Muestra antológica de poesía venezolana del siglo XX,
Selección y prólogo Arturo Gutiérrez Plaza, Lom, Santiago, 2010
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29 de abril de 2011

Mary Oliver, 2 poemas 2


Obra de Anwen Keeling

LOS GANSOS SALVAJES

No tenés que ser buena persona.
No tenés que caminar de rodillas
cientos de kilómetros por el desierto, arrepintiéndote.
Solamente tenés que permitir que el animal suave de tu cuerpo
ame lo que ama.
Cuéntame sobre la desesperanza, la tuya, y te contaré sobre la mía.
Mientras tanto el mundo sigue girando.
Mientras tanto el sol y las piedritas claras de la lluvia
corren a través de los paisajes,
por las llanuras y los árboles profundos,
las montañas y los ríos.
Mientras tanto los gansos salvajes, altos en el aire limpio y azul,
vuelven nuevamente a casa.
Quienquiera que seas, no importa la soledad que te abrume,
el mundo se ofrece para tu imaginación,
te llama como los gansos salvajes, ásperos y emocionantes--
una y otra vez anunciándote tu lugar
en la familia de las cosas.

Traducción de Irene Ocampo


WILD GEESE

You do not have to be good.
You do not have to walk on your knees
for a hundred miles through the desert repenting.
You only have to let the soft animal of your body
love what it loves.
Tell me about despair, yours, and I will tell you mine.
Meanwhile the world goes on.
Meanwhile the sun and the clear pebbles of the rain
are moving across the landscapes,
over the prairies and the deep trees,
the mountains and the rivers.
Meanwhile the wild geese, high in the clean blue air,
are heading home again.
Whoever you are, no matter how lonely,
the world offers itself to your imagination,
calls to you like the wild geese, harsh and exciting -- 
over and over announcing your place
in the family of things.




Obra de Ellen Weinstein

POEMA MATUTINO

Cada mañana
se crea
el mundo.
Bajo las pajillas
 anaranjadas del sol

las cenizas
amontonadas de la noche
se convierten en hojas otra vez

 y se adhieren de nuevo a las altas ramas,
y los estanques parecen
una tela negra
donde han pintado islas

 de lirios estivales
Si es tu naturaleza
estar contento
nadarás por las suaves veredas

 durante horas, y tu imaginación
se posará en todas partes.
Y si tu espíritu
lleva consigo

 la espina
que es más pesada que el plomo,
si no te deja
pausa,
 hay todavía

un lugar en lo profundo de ti mismo
donde hay una bestia gritando que la tierra
es exactamente lo que quiere:

cada estanque con sus lirios llameantes
es una oración oída y contestada,
generosamente,
cada mañana,

te hayas o no
atrevido a ser feliz,
te hayas o no atrevido
a rezar alguna vez.

Traducción de Alicia Torres


MORNING POEM

Every morning 
the world 
is created. 
Under the orange

sticks of the sun 
the heaped 
ashes of the night 
turn into leaves again

and fasten themselves to the high branches— 
and the ponds appear 
like black cloth 
on which are painted islands

of summer lilies. 
If it is your nature 
to be happy 
you will swim away along the soft trails

for hours, your imagination 
alighting everywhere. 
And if your spirit 
carries within it

the thorn 
that is heavier than lead— 
if it's all you can do 
to keep on trudging—

there is still 
somewhere deep within you 
a beast shouting that the earth 
is exactly what it wanted—

each pond with its blazing lilies 
is a prayer heard and answered 
lavishly, 
every morning,

whether or not 
you have ever dared to be happy, 
whether or not 
you have ever dared to pray.




Mary Oliver  
(Cleveland, Ohio, EE.UU., 1935 - 2019)
de Dream work / Trabajo de ensueño,  1986
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