Mostrando entradas con la etiqueta solveig von schoultz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta solveig von schoultz. Mostrar todas las entradas

11 de agosto de 2011

Solveig von Schoultz, La alegría


s/d del autor de la fotografía




LA ALEGRÍA

Por fin ella dejó de tratar de agradar
a quien no fuese dios o la muerte, ambos muy lejanos,
se permitió ser lo que era
(y como él decía)
una maldita vieja.
Se puso casi guapa del alivio
mandó a paseo el cuidado del pelo y de la ropa
decía lo que le apetecía.
Los hombres no eran más que niñitos
que alguien había parido alguna vez,
preocupaciones sobre todo, y el chupete de consuelo.


(de Bortom trädet hörs havet, 1980)




Solveig von Schoultz 
(Borga, Finlandia, 1907-1996)
en Poesía NórdicaEdiciones de la Torre 
Biblioteca Nórdica, 1999
Selección y traducción de Francisco J. Uriz 
para leer MÁS










1 de agosto de 2011

Solveig von Schoultz, 2 poemas 2 (+1)


Fotografía de Neil Krug
CONVERSACIÓN

Cuarenta años habían vivido juntos
y el lenguaje se había ido haciendo más difícil de entender
al principio habían sabido algunas palabras
luego se fueron contentando con movimientos de cabeza:
cama y comida.
Durante cuarenta años se las arreglaron así en su vida diaria.
Sus rostros fueron adquiriendo calma, la de las piedras.

Pero alguna vez aparecía un intérprete ocasional:
un gato, una puesta de sol extraordinaria.

Escuchaban con un destello de inquietud
trataban de contestar
                                  eran ya dos mudos.



Fotografía "The moon", de Egor Shapovalov

LA ESTRELLA

De repente logré liberar uno de mis brazos
de los brazos que me sujetaban
y lo estiré y toqué una estrella:
sí, allí estaba, no había cambiado de color,
la estrella era profunda como antes con espinas azules
y mía, sólo mía-
la estrella estaba en su cuarto
nos sonreíamos mutuamente
y ambas nos volvimos
cada una hacia su cielo respectivo.




B O N U S  T R A C K

CORAZÓN

Le dábamos centeno, no mucho,
lo suficiente para que no se cansase,
le dábamos agua, un dedal,
para que tuviese que recordar el manantial
abríamos la puerta, ligeramente
para que el cielo le golpease el ojo
y fijamos un trozo de espejo en su jaula
para que viese directamente la nube.
Inmóvil permanecía con alas palpitantes.

Así cantaba.






Solveig von Schoultz 
(Borga, Finlandia, 1907-1996)
Traducción del original sueco de Francisco J. Uriz
para leer MÁS
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...