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3 de julio de 2026

Alfonsina Clariá, Tengo la impresión...


Obra de Aron Wiesenfeld

Tengo la impresión de haber vivido en otro mundo. De haber hablado otro lenguaje: el mismo en el que escribo. La forma en que miro las cosas: más allá y por detrás de la superficie, desdibujándolas a veces, habitándolas otras. Yo las fabrico al desnudarlas.

Estoy en el mundo percibiéndolo otro, haciéndolo otro. Una trama inventada. Adentrada. Una red tan fina, tan fantasmagórica, que voy quedándome cada vez más sola. Como una araña, presa de su propia tela.

No es como digo ni como veo; lo sé. No es, sencillamente, así. Es otra cosa. Hablo en un idioma que yo misma desconozco. En una lengua a la que ni los muertos responden. 

No necesito estar en otro lugar más allá de esta tela, traslúcida de tan fina; de esta hebra donde engarzo y sostengo voces que no sé de dónde vienen, cuya resonancia me hipnotiza.

Voy a desaparecer musitando sílabas inconexas. Porque de desaparecer se trata. He aprendido, al fin, a desaparecer. 

                                                                                          

Alfonsina Clariá 
(Córdoba, Argentina, 1972)
POETA/LICENCIADA EN LETRAS MODERNAS/ 
ESCRITORA/DOCENTE/INVESTIGADORA
de Papeles desordenados (libro inédito)
para leer MÁS

19 de marzo de 2026

Celia Inés López Miranda, Luna azul


Fotografía de Alastair Magnaldo

LUNA AZUL   

(a Beatriz Coccia)

el horizonte 
anuncia el portal  
hacia la noche.

luna llena,
acuarela de oleaje 
en plenilunio.

por vos,
el mar crece hipnotizado
-como crece la mano del labriego en la siembra-
enlunado abismo de las olas 
                 unge mis pies con su lengua de sal.

como un amante
se deshace en espuma,
y el Río Negro tirita 
entre sus pliegues,
hasta la frontera de los peces

luna de mar y de río
revelación azul 
en el aura de mi pensamiento.
(tiempo del despertar)

busco el poema -que tal vez no escriba-
en la arena de mi sombra.



Celia Inés López Miranda
(Villa Dolores, Córdoba, Argentina)
para leer + en EMMA GUNST

7 de marzo de 2026

Nélida Lencina, 3 poemas 3


Ilustración de Lesley Thiel

Poesía, no estés triste.
Sé que te dedico escaso tiempo.
Siempre ocupada en mi jardín.
Las flores y su perfume
también son poesía.


Ilustración de Lesley Thiel

El planeta parece hundirse
y el sol nos quema
mientras los humanos
alardean con su inteligencia.
Son ellos la mano de obra
que llena ríos y mares
con plásticos y basura.
Son ellos los que talan
los que prostituyen la tierra
a cambio de dinero sucio.


Ilustración de Lesley Thiel

Entonces supe que la vida
a veces es un intercambio

Son largos los años vividos.
La mente y el cuerpo
esperan el final.
Mis ojos recorren el lugar
para grabar cada detalle de existencia.
La caricia del atardecer
el manto verde hasta donde puedo mirar.
Mis oídos guardan las melodías de las aves.
Las flores, el color y ese perfume que llevaré
en mi piel como despedida.
El camino bordeado de piedras
será mi brújula para volver
en lluvia, en sol o en brisa.


Erguida aunque todo esté girando
Ediciones del Parque Tucumán, 2025



Nélida Lencina
(José de la Quintana, Córdoba, Argentina, 1941)
POETA/LABRADORA
de Erguida aunque todo esté girando
Ediciones del Parque Tucumán, 2025
Palabras preliminares de Claudia Tejeda

5 de marzo de 2026

Fabiana León, 2 poemas 2


Yakov Yakovlevich Kalinichenko
Al lado de mi casa
vive gente
que nunca he visto.
Conozco sólo el murmullo
de sus voces
y el ruido del placard
que molesta a los vecinos.
No sé que saben ellos
si conocen la mancha
de mi cara
el saco negro
que uso en las salidas.
Si saben que en mi heladera
sobra el agua
como si mi boca reclamara
una sed de años
o fuera un tesoro
que otros saquearon.
Ignoran que hundo
la boca en mis manos
para no gritar.


Edward Vyrzhikovsky (1928-2008)
Yo podría vivir en  una casa así
con esos escalones de madera
la pared rugosa y muebles de  cemento
podría armar un cuarto para mi soledad
y la poesía
un fuerte que sostenga el vacío
donde nadie susurre sus miserias
ni abolle sueños
y en el centro    mi corazón abierto
hasta la llaga.



Fabiana León
(Oncativo, Córdoba, Argentina)
Reside en Villa María
POETA/LICENCIADA EN COMUNICACIÓN SOCIAL/
PERIODISTA/DOCENTE


15 de febrero de 2026

Alfonsina Clariá, 5 poemas 5


Obra de Pia Valentinis

 A Javier

Me quedo
en el día que empieza
bajo la sábana de tu voz.

Me quedo en tu promesa
en tu hoy
y en tu futuro.

En el azar del devenir
me quedo
te escucho
lato
despierto en vos.           


Fotografía de Lin Yung Chen
Soy equilibrista
piso el hilo tembloroso
del devenir.

Apoyo mi pie
en el terreno
de la incertidumbre.

Soy equilibrista
confío en hilos invisibles.


Obra de Pia Valentinis

Vos y yo nos parecemos
a esos pájaros
que salen vivos
de los derrumbes

y a la mañana siguiente                 
cantan.


Fotografía de Laura Stevens
¿Y si nos vamos al mar?
A la fotografía
en la que estamos juntos
tirados en la arena
cerca del carrito de milhos.

Vayámonos a descansar
a caminar bajo la luz
del atardecer
a mirar por la ventana
que se abre al rumor
profundo del mar.

Guardemos en un bolso viejo
la lluvia de las despedidas
el frío de lo irreversible
los espasmos del insomnio.

Armemos la valija
y dejémosla acá
vayámonos sin nada
a aquella foto
los dos solos.


Alfonsina Clariá fotografiada por su hija
El tiempo es arena movediza
vacilo, no sé pisar.

Si pudiera moverme
me quedaría donde estoy:
en esta casa
en este cuerpo frágil 
y fuerte
en el desvelo
en la escritura, me quedaría.

Todo está en movimiento
la eternidad es una puerta. 






Alfonsina Clariá 
(Córdoba, Argentina, 1972)
POETA/LICENCIADA EN LETRAS MODERNAS/ 
ESCRITORA/DOCENTE/INVESTIGADORA
de Álbum de fotos, Ediciones Recovecos, 2019
en FACEBOOK
para leer MÁS

25 de noviembre de 2025

Yanina Audisio, 3 poemas 3 (de Mordida por las flores)


Fotografía de Alena Kakhanovich

Necesito la fuerza de unas manos, su romance con el aire. Que vengan desde la evolución que las moldeó para el traslado y la captura, ya sumergidas en la aleta que agita el pez de barro. Que vengan a pulsar el cuello como haciendo música, a tallar lo que de piedra en su erosión deja el alma.

Jaleo, vértigo, embriaguez. La materia sueña con entregarse a un poder ajeno. Abandonaría la incomodidad que la acompaña desde los primeros diecisiete años cuando no conseguía salir del pueblo, como ahora del dolor. Guía de agua que se atascó, mi cuerpo invoca un profundo amasamiento, caídas vertiginosas, grandes caudales.

Estiramiento, fricción, golpeteo. La espalda y los muslos piden manos que les concedan lo que aquel río natal les mezquinó. Mi madre nació cerca del deslumbrante Paraná. Mi padre, de un barranco que crecía como una bestia feroz con las lluvias. Pulsera sin brillo para mi piel ronca, sólo hasta la rodilla me concedió su lamida aquel río trunco.

Acaso unas manos repararían el amor que no pude tenerle, el consuelo que no hubo en su lengua anchísima. Pondrían en el lomo un ave zancuda, un camalote sobre la orilla, donde el río no supo ser compañero. Los cuatrocientos kilómetros que ocupa en la tierra no consiguieron sacarme de esas calles. La mansedumbre no es navegable.

Como un ejército de saqueadores sobre la hora azul de las tolderías, pedía un caballo para soportar la morosidad, surcarlo en patas y crines negrísimas, más nocturnas que su garganta. Pero debí conformarme con la torpeza de cachorro, con la incomodidad de ejemplar añejo, con el cuerpo, hermanastro de ese río, revoltijo oscuro que no refleja el cielo.

Y aun reconocida en ese parentesco, lo situaba del lado de los asesinos. Aunque no se haya llevado ni un ternero. El crimen fue no convidar tardes de alivio, cubrir huesitos de abuelas ranqueles, ampliar la llanura con su tristeza de agua.

Vengan unas manos a resarcir lo que me debe el río, a dar flotación y arrullo, a componer lo que en el paisaje fue negado: hacer de mí una criatura reblandecida por el roce de una sustancia, que un dios alguna vez tocó para delegar la sanación.



Fotografía de Alena Kakhanovich

Necesito un río para bañar mis dolores. Custodio de remolinos, riesgo que corre, una lengua que repare la dureza del cuello.
Desbordaría por la tierra, concedida a los árboles. Treparía en brazos del agua a un reposo de fruto que espera ser devorado. El futuro vendrá punzante en el pico de un zorzal que se agota en su lastimadura.

Necesito un río que despunte sus juncos, como quien dibuja su sueño en el lujo. Caería al fondo con ese verde en la boca, barro en la espalda, arena en el pelo. Una materia más que se vuelca en el paisaje derrotado.

Necesito un río para darle el cuerpo: piedra inadecuada, no sabe flotar ni hundirse.
Necesito un río inconsolable, que me llore y me llore.



Fotografía de Alena Kakhanovich

Si el cuerpo no fuera un ancla, esta perturbación me haría levitar. Pero no le concede al organismo que retoce con soltura.
Vaciada, lenta y en astillas, conozco la agonía del caracol: no podrá apropiarse de la playa, sólo sabrá sucumbir a una sed desmesurada.


 Mordida por las flores - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires 



Yanina Audisio
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1983)
Reside en Buenos Aires
POETA/TRADUCTORA/PSICÓLOGA/MAGÍSTER EN SALUD PÚBLICA
de Mordida por las flores - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Bs. As.
para leer + en EMMA GUNST

16 de agosto de 2025

Nora Gabriela Luna, 5 poemas 5


Ilustración de Loré Pemberton
PRIMER GRADO

–¿Cómo te fue en la prueba?
Una risa y tu ingenuidad.
–No sé, Mami.
Me mostrás una hoja con una mala nota
que no lográs entender.

Entonces buscamos juntos
el recreo en la música y la poesía:
–¿Te gusta Edith Vera?
–¡Sí! ¿Me leés?
Abro el libro de tapas verdes y leo:
La sopa es divertida
y se cocina a fuego lento.



Cocinar es lo que mejor me sale:
me equivoco,
quemo tortas,
cocino descalza para sentir el frío,
amaso el alfajor catamarqueño
y galletas de chocolate.

Cocino para mi familia,
mis amigos,
disfruto sus miradas y sus risas.

Nunca dejé de estar
en la cocina de mi abuela.



Obra de Uma Gokhale

Acostada en el pasto
tapé mi cara.

El pino alto
fue testigo de mi miedo.

Acompañada
por flores y hormigas,
el viento borró mis tristezas.



Ilustración de Lucy Almey Bird 

A las mujeres de mi familia

Pienso mucho en las mujeres de mi familia,
en esa paciencia que a veces me cuesta encontrar.
Sus historias resuenan en mi memoria,
sus voces endulzan mis laboriosas mañanas.
Pienso en las oportunidades y en esas ramas
que podamos para que el árbol pase el invierno
y vuelva a animarse con la primavera.




Especializados en guerras
desde que nacemos,
las batallas son diarias,
personales,
el poder de la mentira
nos paraliza,
la confianza llega tarde.

¿Y ahora?
Se apagó la luz,
el cuarto quedó oscuro,
se escucha un llanto.

Le hago lugar al dolor.
Me perdono.


La construcción de mis recuerdos
Babel Editorial, Córdoba, 2023



Nora Gabriela Luna
(Córdoba, Argentina, 1981)
POETA/COMUNICADORA SOCIAL/FOTÓGRAFA
de La construcción de mis recuerdos
Babel Editorial, Córdoba, 2023
Prólogo de Alfonsina Clariá
para leer + en EMMA GUNST

14 de abril de 2025

Mónica Alicia Spesso, 9 poemas 9


Fotografía de Caryn Drexl

PALOMITA DE LA VIRGEN

La palomita de la virgen,
de espaldas,
en la ruta 13,
las alitas ajustadas al cuerpito,
no vió la tormenta
que apuraba a los conductores.
Pobre pichona.

Fotografía de Caryn Drexl
DESEO FUGAZ

En la noche de boda
se apoyó en la ventana
del primer piso del viejo hotel.
Vio caer fugaz una estrella.
Pidió un deseo de esposa.
Quizás la estrella ya se había apagado
y sólo vio un antiguo reflejo,
o tal vez lo que brillaba
era un destello de otros miles
pedazos de deseos de felicidad
desordenados en el universo.


Fotografía de Caryn Drexl

LAS UÑAS DE LOS PIES

Los sábados por la tarde
él le cortaba las uñas de los pies,
ella se los entregaba, nuevos.
Un día, el dedito chico sangró,
otro día, el gordo.
Las uñas asustadas
dejaron de crecer.

Fotografía de Caryn Drexl
FOCO QUEMADO

Él la levantaba
en brazos,
ella gritaba y se reían.
Con la cabeza tocaba la lámpara
que iluminaba el cabello castaño,
hilos con resplandor.
Él perdió la fuerza,
ella se puso pesada.
Las luces se fueron apagando.


Fotografía de Caryn Drexl

MITAD ROSADA, MITAD MUERTA

Ella tenía un jardín
con cuatro cactus
y una hortensia
mitad rosada,
mitad muerta.
Él hizo la poda.
No dejó
ni la viva ni la muerta.


Fotografía de Caryn Drexl
CABELLO ATADO

La sopa de acelgas azules
calabazas naranja
puerros peludos
y nabos celestes
estuvo lista a las doce treinta.
Ella sirvió los platos.
Subían el vapor oloroso
y las cucharas llenas.
Él encontró un pelo.
Es del puerro, mintió ella.
Él no tomó la sopa,
ella usó rodete para siempre.


Fotografía de Caryn Drexl

APRENDER PALABRAS

Dicen que para aprender una palabra en otro idioma hay que verla trece veces. A ella le bastó una para aprender el vocabulario de la lengua soez.

A ella se le quebró el corazón.
Y por ahí le entró la habilidad.
Y jugó con él
al pin pon
en lengua soez.


Fotografía de Caryn Drexl
EL GRAN MOVIMIENTO

Ella hace el gran movimiento
con las alas.
De las puntas cuelgan
un anillo dorado,
una retahíla de perlas y pesares
y un hombre plateado.
Lo que más le pesa
son los miedos
que revolotean en círculo
sobre la cabeza.


Fotografía de Caryn Drexl

COMO LINDA BLAIR

Como Linda Blair
en el exorcista
giró la cabeza
trescientos sesenta grados.
Ensayó más de quinientas veces.
Logró el medio giro.
Ciento ochenta grados.
Y se fugó
con los pies
de uñas cortas.





Mónica Alicia Spesso
(Sacanta, Córdoba, Argentina, 1961)
Reside en Las Varillas, Córdoba
PROFESORA/TRADUCTORA DE INGLÉS/
LICENCIADA EN LENGUA INGLESA
poemas inéditos 
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