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22 de enero de 2023

Natalia Schapiro, 4 poemas 4 (+1)


Fotografía de Florence Levillain
MADRE

Reconozco el comienzo del día
en esta pena que hunde
y lame a mi madre vieja
desde allí va saliendo
el pañuelo de la mañana.
Los enojos se deshilacharon
brota amor antiguo
pegado a los huesos.
Y ahora estás tan frágil
solo puedo cuidarte
del viento.


Fotografía de Florence Levillain

SILLA

Rodando te llevo
por primera vez
tu cuerpo de huesos
como cedros
vibrando los modos de la vereda
empujo cuesta arriba.
Más pesa ser tu madre.


Fotografía de Florence Levillain

Habrá que dejarse arrastrar por este río
golpear contra las piedras
gastarse en ellas
hasta que la pesadez sea agua
y disuelva lo lastimado
que tapa los poros.
A tientas, manoteando
esperar que el aire vuelva
a nuestros sótanos
allí donde enterramos
el corazón.


Fotografía de Florence Levillain

LIMPIEZA

Preparar ropa, toalla
colmar de vapor el aire
llorar llorar bajo la ducha
mientras se mezclan las aguas
saladas calientes
tibias dulces
limpias tristes
mojar el cabello
los pensamientos
mecer el corazón roto
en la palma de la mano
darle el calor robado
pichón herido
acariciarle penas, desgarros
recién cuando esté calmo
y la mente abierta
en un pequeño cielo
guardar el corazón resucitado
cerrar la ducha
secarse despacio
como después de una lluvia
que alumbra
colores frescos.


B O N U S  T R A C K 

Fotografía de Florence Levillain


El sol del domingo
realza la pena
cuando todo es herida
la belleza duele.




bosque cotidiano, el andamio ediciones, 2022





Natalia Schapiro
(Buenos Aires, Argentina, 1974)
POETA/ESCRITORA/PSICÓLOGA
de bosque cotidiano, elandamio ediciones, 2022
para leer + en EMMA GUNST

17 de mayo de 2020

Cecilia Pavón, El festival de las lágrimas



s/d del autxr de la fotografía


EL FESTIVAL DE LAS LÁGRIMAS

Las lágrimas vienen al Festival de
canciones tristes.
Son todas distintas, son todas lágrimas
por distintas razones
lágrimas de amor, lágrimas de dolor,
lágrimas de distancia, y al final
lágrimas de felicidad.
Pero estas no sé si existen.
Parece que los días de sol la gente no
sabe qué hacer:
paralizarse en la vereda.
Al menos a mí me pasa, la parálisis,
estar muda, cerrar los ojos.
Ayer dijeron que se terminaba 
el mundo.
Nostradamus lo había predicho hacía
más de mil años. El eclipse, la
alineación.
Pero no pasó nada.
Si lo pienso detenidamente, es terrible,
es un golpe muy fuerte para mí,
yo había creído que en verdad se
terminaba el mundo,
que se terminaba todo.
Había llamado a las personas queridas
para despedirme
te amo, te amo, te amo, te amo,
te amo, te amo, te amo, te amo
y había sentido un calor en el cuerpo.
El cielo ayer tarde estaba raro. Naranja
y violeta, extraño, a franjas, veteado,
como el pelo de un perro callejero.
El cielo del día antes del fin del mundo,
pensé, y es lo que seguramente
pensaron todos los que lo vieron.
¡Ese cielo!
Parada en la vereda como estoy ahora
miré hacia el lugar de donde vienen
menos autos y suspiré, y mi cuerpo fue
raptado por las vueltas del amor.
Me fui a dormir sola. Me dormí leyendo
un libro. De Freud.
Era tan tonto leer, pero yo leía.
Cuando estaba tan emocionada a la
tarde por la venida del fin del mundo
no sabía si era miedo o excitación.
El miedo tenía que ver con agonizar, la
excitación con ver el cielo encendido.
Ver fuego en el cielo y sentir la fuerza
de miles de siglos detenerse por un
solo instante en un solo lugar.
El lugar tenía como nombre “Fin” y 
también se llamaba “Yo”.
A las cuatro de la mañana me despertó
el teléfono, era Gary que decía que el
mundo ya se había terminado hacía
dos décadas.
Desde el 70 todo lo que pasa es irreal
dijo, un poco cansado porque venía de
una fiesta en la que habían bailado
mucho para despedir al mundo.
No sé, le
respondí, yo nací en el 73 no 
he vivido tanto tiempo.
Si el mundo se hubiese terminado
hubiésemos muerto todos abrazados,
viendo las cosas estrellarse,
y lo mejor de todo es que yo hubiese
concretado un sueño de infancia.
A los diez años, durante la hora de
clase yo soñaba que el mundo se
acababa en cualquier momento, por
una guerra o por cualquier cosa,
iba a pasar en el recreo, todos los
compañeros juntos, mi mejor amiga
y el chico del que yo gustaba a mi lado,
sin padres, moriríamos libres en la
escuela todo el grado a la vez.





Cecilia Pavón 
(Mendoza, Argentina, 1973)
POETA/NARRADORA/TRADUCTORA/ARTISTA/
LICENCIADA EN LETRAS
de Virgen, Belleza y Felicidad, Buenos Aires, 2001
en 53/70 -poesía argentina del siglo XXI-, 
Editorial Municipal de Rosario; Espacio Santafesino; 
Centro Cultural Parque de España AECID, Rosario, 2015
Roberta Iannamico... [et.al.]; compilado por Julia Enriquez;
Daiana Henderson; Bernardo Orge
su blog ONCE SUR
para leer MÁS

26 de noviembre de 2018

Roberta Iannamico, Dantesco


Fotografía de Elizabeth Gadd
DANTESCO

Era el mejor día de primavera
después de haber tomado refugio
en la casa de Patricia
descansado, comido y bebido
emprendí el regreso
Patricia me acompañaría
hasta mitad del camino
ella me guiaba
era un campo abierto y brillante
en plena tarde
cuando nos despedimos
frente al tanque de agua
al final
de la hilera de árboles
ella dijo
-qué hermoso
el camino que nos separa-
le pedí que me indicara
una dirección
(valiente bramachari
con una remera de cielo
y un bolso cruzado)
-debe ser por allá-
y señaló una tranquera
imposible no verla
una tranquera blanca
abierta
justo en la línea del horizonte
un horizonte alto y curvo
que hacía notar
la redondez de la tierra
la abracé dos veces
y la vi desaparecer
ni bien pegó la vuelta
empecé a caminar
liviana
presa de un profundo bienestar
cuando llegué a la tranquera
la luz me pareció extraña
y tan fabulosa
que creí estar mareada
árboles sin hojas
a los costados de la entrada
hermosos árboles
eran los guardianes
y yo quedé en ese instante
por completo enamorada
decía ahhhh, ahhhh
no podía dejar de exclamar
de suspirar
frente a esos árboles
(la luz ponía de un leve amarillo
los troncos gris blanquecino)
Ante la puerta dudé
¿es cruzando esta puerta
el lugar?
porque el que acababa de pasar
no podía ser más lindo
la inclinación de las ramas
me dio a entender
que del otro lado
era todavía mejor
crucé
fui entrando de a poco
a ese campo sembrado
verde brillante el pasto
completamente parejo
el cielo celeste y el sol
no podría explicar con palabras
lo que yo sentía
caminaba
olvidada de mi cuerpo
como si estuviera
hecha de espacio
y a la vez consciente
de la gran belleza
y de que había algo
que no era normal
se me ocurrió mirar al sol
(éramos el pasto, el cielo
el sol y yo)
y vi nada menos
que el sol
que no es con puntas
como se lo dibuja
es absolutamente redondo
y todo luz
podía diferenciar
el sol de sus rayos
rayos de luz
que se expandían
por todo el aire
cuando llegué al alambrado
comprendí
que comenzaba el descenso
crucé el alambre
y todo era naturaleza
piedras tierra
yuyos de distinto tipo
cierta semilla de temor
aparecía en mi
mientras bajaba
con el sol
un águila mora
fue el primer ser que vi
planeaba en círculos
por encima mío
me asustaba un poco
su cercanía
su vuelo rasante y su canto
y me di cuenta
que no se puede decir con letras
el canto de un pájaro
si quisiera escribirlo acá
no podría
tomé el ritmo de ese canto
para caminar
una liebre salió corriendo
cuando pasé por al lado
una liebre de ese dorado oscuro
del que suelen ser las liebres
(no sabía que eran tan grandes
las liebres)
mientras bajaba
cierto temor me acompañaba
crucé un campo
de plantas secas
 caídas
sobre la tierra
caminaba esquivándolas
como a cadáveres
que eran
sabía
que no tenía
nada que temer
pero estaba tensa
exageradamente alerta
y comprendí
que el camino estaba marcado
sólo debía seguirlo
con gran comodidad
aparecieron los chimangos
más abajo las palomas
y ya casi se oía
el ladrido de los perros
de mi pueblo
siguiendo ese camino
que extrañamente aparecía ante mí
llegué al arroyo
crucé
por un camino de piedras
allí dispuestas
una piedra muy grande
por la que tenía que pasar
era como una cabeza calva
con pasto como pelos
en forma de corona
me pareció la cabeza del Dante
o de mi abuelo Pascual
que sin duda se le parecería
Pascual "Iann Amico"
(el amigo de Juan)
me reencontré con el arroyo
como con un hermano
era en la orilla
una plataforma de piedras
me imaginé un lugar
para oficiar ceremonias
ahí hice pis
di media vuelta y pasé otro alambrado
el sol justo se ponía
y yo entraba a mi aldea.




Roberta Iannamico 
(Bahía Blanca, Bs. As., Argentina, 1972)
de Dantesco, Ediciones Vox, 2006
Ilustraciones de Clara Dómini
para leer MÁS

25 de abril de 2012

Roberta Iannamico, Dudas sobre mí (Intención de autorretrato)


Ilustración de Duy Huynh


DUDAS SOBRE MÍ (INTENCIÓN DE AUTORRETRATO)

¿Qué puedo decir de mí si ni siquiera sé si soy o no soy?
Les pregunté a mis amigos y se rieron.
Le pregunté a mamá y me abrazó.
Les pregunté a los profesores y juntaron las cejas enojados.
Le pregunté a un árbol viejo que por toda respuesta me empapó de hojas y todos pensaron que era otoño.
Le pregunté a mi placard, pero estaba demasiado desordenado para contestar.
Le pregunté al presidente y dijo que no conocía a ninguna Roberta. ¡Qué insolente!
Y así fui preguntando por las calles, pero nadie supo decirme cómo soy.
Es que a veces creo que soy muy alegre y me encuentro llorando en mi cuarto; otras creo que soy malísima pero no puedo dejar de acariciar a los perros callejeros.
Digo que soy charlatana, pero el otro día fui a una reunión con gente desconocida y no pude pronunciar dos palabras juntas.
Hay días en que creo que lo sé todo y por la noche me doy cuenta que no sé nada de nada.
Leo mi diario desesperada buscando una definición de mí y descubro que soy.


ROBERTÍSIMA

frío y calor, blanco y negro, sonrisa y lágrima, bosque y desierto, sol y luna, música y silencio…
Cuando se es tantas cosas a la vez, ¿se es todo o se es nada?





Roberta Iannamico 
(Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina, 1972)
(lo escribió a los 14 años)
para leer MÁS

5 de noviembre de 2011

Roberta Iannamico, sin título (II)


(*) sin datos del autor


¡Acá estoy yo!
¡Iujuuuu!
Te hago morisquetas
en la cara
Acá estoy yo
escondida
atrás de una flor






Roberta Iannamico 
(Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina, 1972) 
texto inédito de Haditas
para leer MÁS

22 de junio de 2011

Roberta Iannamico, (sin título)

Mujer frente al espejo, Pablo Picasso, 1937



Frente al espejo
de marco dorado
yo
el pelo atado 
en una cola
deja ver los aritos
la cara 
lavada
los ojos
profundos
como cuando se acaba
de llorar
la boca
roja
una polera negra
y un saco de lana
violeta
encima de todo
como una capa
como un gran pétalo
como si yo fuera
una flor nocturna 
que resplandece
a la luz de la luna
y disimula
a la luz del sol.





Roberta Iannamico 
(Bahía Blanca, Argentina, 1972)
de El collar de Fideos, Ediciones VOX 2001 
para leer MÁS

23 de mayo de 2010

Roberta Iannamico, 3 poemas 3


Fotografía de Sophia Aerts

SOY UNA PLANTA

Ahora
ya soy una planta
sangre verde baja por mi espalda
mi cara es una flor
más o menos vieja
yo tengo tres brotes
los hijos
yo tengo dos amigos
los pájaros del día
luciérnagas de la noche
mi raíz se mueve sobre la tierra
y mis hojas
son las hojas
donde escribo
estas palabras.



Fotografía de Francesca Jane Allen

VIDA

Amo la vida
los momentos de la vida
los cotidianos
aunque una no se de cuenta
los mágicos
los soleados
las charlas
la música
el clima
el cielo celeste siempre arriba
sol nubes
luna y estrellas
pájaros
mariposas
abejas
tatadioses
grillos
moscas
luciérnagas
hormigas
escarabajos
lombrices
por nombrar apenas
una ínfima partecita
todas las plantas
desde el árbol más alto
hasta el mínimo yuyito
flores de todas las formas
de todos los tamaños
de todos los colores
que parecen pájaros
que parecen corazones
repollos
estrellas
manos
campanas o cornetas
lo mismo con los frutos
ni hablar de los animales
el que inventes
ya existe en mil versiones
¿y los humanos?
¿merecerían un capítulo aparte?




Ilustración de Johanna R. Wright



EL COLLAR DE FIDEOS

Donde yo veía el camino
hay una planta de zapallo
es una guirnalda
con enormes faroles
las hojas se rozan
y hacen ruido de cartón
o de un cuero liviano
a la sombra vive el sapo rey solitario
que a la noche viene
hasta la puerta de mi casa
ni loca lo beso.





Roberta Iannamico 
(Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina, 1972)
para leer MÁS
una ENTREVISTA

17 de abril de 2010

Roberta Iannamico, 4 poemas 4


Obra de Georgina Hart



UN RECUERDO

Me acuerdo era muy joven
tal vez adolescente
y estaría enamorada
lo se por algo que recuerdo
que ese día sentía
con el mundo en general
íbamos a pintar algo
en una pared y yo me puse una camisa larga de mi hermano
me hice una colita y tomé un colectivo o tal vez fui caminando
pero había demasiada luz primaveral y estaban rojos mis cachetes
y no me acuerdo más sólo esa camisa ese sol y algo como de libertad o amor.






Obra de Lili Gribouillon (Anne Soline)




LAS COSAS

Siempre con las cosas la ropa los platos los huevos duros
el agua de la canilla los juguetes tirados lo caliente lo frío
lo suave lo pesado las cosas que entran en una mano
eso es lo que tengo para armar un mundo.









Obra de Lili Gribouillon (Anne Soline)



LOQUITA

Si no encuentro mi cuaderno
me escribo en la cara
me escribo en las manos
como cuando iba a la escuela
me escribo en las piernas
como cuando me sentaba en la pelela.





Obra de Georgina Hart


SI ALGUIEN TE LLEVA DE LA MANO

Si alguien te lleva de la mano
te das cuenta
de que la mano tiene corazón
dos manos juntas
se entienden más
que todas las personas
que todos los seres
están juntas
completamente
si alguien te lleva de la mano
solo la mano vive
el resto del cuerpo
está desmayado
la mente duerme
y vas
como un barrilete
a cualquier lugar
que siempre te sorprende.

(de Muchos poemas, Voy a salir y si me hiere un rayo, 2008) 





Roberta Iannamico 
(Bahía Blanca, Argentina, 1972)
Reside en Villa Ventana
POETA/MÚSICA/PEDAGOGA
para leer MÁS
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