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19 de marzo de 2026

Celia Inés López Miranda, Luna azul


Fotografía de Alastair Magnaldo

LUNA AZUL   

(a Beatriz Coccia)

el horizonte 
anuncia el portal  
hacia la noche.

luna llena,
acuarela de oleaje 
en plenilunio.

por vos,
el mar crece hipnotizado
-como crece la mano del labriego en la siembra-
enlunado abismo de las olas 
                 unge mis pies con su lengua de sal.

como un amante
se deshace en espuma,
y el Río Negro tirita 
entre sus pliegues,
hasta la frontera de los peces

luna de mar y de río
revelación azul 
en el aura de mi pensamiento.
(tiempo del despertar)

busco el poema -que tal vez no escriba-
en la arena de mi sombra.



Celia Inés López Miranda
(Villa Dolores, Córdoba, Argentina)
para leer + en EMMA GUNST

18 de agosto de 2016

Melina Alexia Varnavoglou, 2 poemas 2


Fotografía de Alastair Magnaldo 
NOCHEBUENA

Pasamos nochebuena en tu casa
esa que hace tanto no veías.
Lavamos las copas con polvo
antes de las doce.
Ahí estaba el pesebre en una caja
rotulada con tu letra
de caligrafía militar.
Tu auto, impecable
como lo dejaste
empotrado en el garaje
con el motor fundido,
mis dibujos infantiles con tiza
en las paredes
todavía resistían a la humedad
y las jaulas de pajaritos, vacías
¿Te acordás cuando los liberábamos en la terraza?

Salimos a caminar
por el jardín
para que muevas las piernas
después de la comida
¿Te acordás del girasol
que te pedí que plantaras?
¿y de tus jazmines?
Mirá, ahí están, en marzo seguro florecen
y de esa planta que se abría
una vez cada tres años
¿Te acordás de esa noche
que nos quedamos despiertos
jugando a las cartas
para esperarla?

Y así íbamos nombrando
la ausencia de cada cosa:
Yo lo hacía con palabras,
vos, con la mirada.

¿Por qué no hablarás más, abuelo?
¿será por el dolor?
¿o por sabiduría?

Ya se escuchaban los primeros
tiros en la calle
así que salimos,
bajo los fuegos artificiales
caminábamos.
Enseguida aprendimos
a acompasar la marcha:
cinco pasos pequeños tuyos
equivalían a dos míos.
Pasabas el dedo por las rejas
como un chico
hasta que no te pude detener.

Con dulzura te separaste de mi brazo
y fuiste decidido hasta el árbol,
con furia arrancabas las hojas
y las dejabas caer
¿querías destruirlo, abuelo
para olvidarlo?
¿querías que no fuera
el tiempo, ni tus hijos, ni Dios
sino la fuerza de tus propias manos
quienes lo mataran?
Así debería ser, abuelo.
Así de violentos deberíamos ser con el pasado.

(en Esto Pasa. Poesía en Buenos Aires, Editorial Llantodemudo, 2015)



Fotografía de Jean-Yves Lemoigne

A veces quisiera ser un hombre
para poder decirles
sin temor a que me confundan
que ellos son, en verdad, maravillosos
que adoro sus imposturas
y el filo exacto de las muñecas hacia los codos
su pelo sin peinar y las manos siempre algo misteriosas
y esas muecas que a veces ponen para hacer reír a una mujer
que todo ese rodeo es innecesario
pero de tan patético hermoso
que imagino rayos tensándoles las espaldas
por ese nerviosismo
que cuando están relajados ya nadie les cree
que son realmente grandes cuando abrazan a sus amigos
y se quiebran hablando de ella o de él borrachos después de la fiesta
que en su pechos lisos yo podría chocar sin parar
mi cabeza toda la noche
hasta dar con algo
cuando calculan, cuando sueñan, cuando eyaculan, cuando dudan,
cuando no pueden.

(leído en su facebook)




Melina Alexia Varnavoglou
(Buenos Aires, Argentina, 1992)
POETA/LIBRERA
para leer + en USTED LEE POESÍA 2
+ en GATO BLANCO
su blog HERACLÍTORIS
en FACEBOOK

20 de octubre de 2013

Virginia Grütter Jiménez, Más fuerte que el dolor


Obra de Alastair Magnaldo
MÁS FUERTE QUE EL DOLOR

Yo venía del colegio.
Alegre bata y el pelo al viento.
Árboles pescando estrellas.
Nubes morenas.
Yo iba brisa por las calles
saltando por los charcos sin llave
hacia la cita chica de mis amores
que me allegaba aromas desde las flores.
Él vino y me cogió del talle.
Y la noche llegó, donde mi pecho se abre.
Y así se abrió mi camisa.
Y mis dos senos eran de palma y brisa
y sus manos peces de enero
fuertes y suaves como el viento.
Las manos y los senos así a escondidas
juntos y solitarios en otra vida.
Después llegué a la casa y toqué la puerta.
Y me salió mi madre y mi tía Berta.
Y me dieron de palos por lujuriosa.
Y el cuerpo en gloria
me lo llenaron todo de moretones
a punta de escobazos y de tacones.
Pero me cogió el sueño
con diamantes prendidos en los dos senos.





Virginia Grütter Jiménez 
(Puntarenas, Costa Rica, 1929-2000)
POETA/ESCRITORA/ACTRIZ/DIRECTORA DE TEATRO/ACTIVISTA
de Poesía de este mundo, San José: Editorial Costa Rica, 1973
para leer MÁS

31 de agosto de 2013

Hanni Ossott, El libro que exigías


Fotografía de Alastair Magnaldo

EL LIBRO QUE EXIGÍAS

A Manuel Caballero, mi marido

Déjame ver
déjame ver lentamente
sobre qué será mi último libro...
Si sobre tus estertores o el fracaso en la caricia.
Déjame pensar
Si será un ridículo Bolero
                - o sólo una espina
de las buenas
de las clavadas hasta lo último de la intimidad
Mi alma ahora vuela
                          canta. Y está muerta.

Minotauro: me he deshecho al fin de ti.
Soy una sandalia, danzo, escribo
escribo todo al borde del Universo y los bordes de mi cuerpo,
soy universal
            lo sé, lo sé...
            ¡Tan profundamente!
Mi alma no tiene límites ni nombres
                sagrada
                me despliego
                             hacia el eterno mar
                             bañada.

Lloro, sí, lloro
                la luna es esplendente
                y yo lloro
                             por ese absurdo libro que exigías.

"Mañana será otro día" - dice Scarlet O'Hara
"Pasa la página" - decía mi padre
               Tocaré la tierra con mis puños
                besaré sus resquicios
                sus oquedades
                sola, con el gato
                rezaré a un dios

Y elevaré mis plegarias
                por los amigos
                los raros
                los misteriosos
                los que no se entregan a mí
                los que me temen

Hay muchos libros que vendrán
            tanta palabra escrita!
            tantos personajes y sus mitomanías!
            tantos temas!

            y la luna iluminada para plegar
                       - pero no me obligues a leer más...

           Oh Dios, ¿quién soy?
           ¿qué hijos daré?
           ¿qué monstruos?
           Sólo un grito lánguido
           solitario
           casi como una pena

                      se impone

Mis mañanas son tenues
          en el perfil de mi ventana
          hay un amor
          rico
          excelente
          sin exigencia de libros.

No, hoy no quiero
leer ni escribir
sólo quiero nadificar
o pensar holgadamente y a nadificar de nuevo.

Marzo, 1991




Hanni Ossott Lipfert 
(Caracas, Venezuela, 1946 - 2002)
POETA/TRADUCTORA/ENSAYISTA
de El circo roto: poemas 1990-1993, Caracas, 
Monte Ávila Editores, 1996
para leer MÁS
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