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13 de octubre de 2020

Daisy Zamora, 5 poemas 5


Fotografía de Saul Leiter


A UNA DAMA QUE LAMENTA LA DUREZA DE MIS VERSOS

Sucede que cuando salgo, lo primero que veo
es un vagabundo que hurga en la basura.
A veces, una loca sombrea su miseria
frente a mi casa. Y el vacío de sus ojos insomnes
entenebrece la luz de la mañana.

Esquinas y semáforos invadidos por gentes
que venden cualquier cosa. . .  enjambres de niños
se precipitan a limpiar automóviles
a cambio de un peso, un insulto, un golpe.
Adolescentes ofertan el único bien: sus cuerpos.
Mendigos, limosneros, drogadictos: la ciudad entera
es una mano famélica y suplicante.

Usted vive un mundo hermoso: frondosas arboledas
canchas de tenis, piscinas donde retozan
bellos adolescentes.  Por las tardes
niñeras uniformadas pasean en cochecitos
a rubios serafines.
Su marido es funcionario importante.
Usted y su familia vacacionan en Nueva York o París
y en este país están solo de paso.

Lamenta mis visiones ásperas. Las quisiera suaves,
gratas como los pasteles y bombones que usted come.
Siento no complacerla. Aquí, comemos piedras.





Le semeur/La mujer que sabía leer, dirigida por Marine Francen


QUÉ MANOS A TRAVÉS DE MIS MANOS

Las anchas manos pecosas y morenas de mi abuelo
con igual destreza vendaban una herida,
cortaban gardenias
o me suspendían en el aire feliz de la infancia.
Las manos de mi abuela paterna
—artríticas ya cerca de su muerte,
una vez fueron frágiles manos, filigrana de plata,
argolla de matrimonio en el anular izquierdo;
pitillera y traguito de scotch o de vino jerez
en atardeceres de blancas celosías
y pisos de madera olorosos a cera,
recostada en su chaise-longue leyendo trágicas historias
de heroínas anémicas o tísicas.
Mi padre siempre cuidó la transparencia de sus manos
delicadas como ala de querube
hechas para lucirlas
con violín o batuta.
Mi madre heredó las manos de mi abuelo Arturo,
pequeñas y nudosas, con dedos romos.
De tantas manos que se han venido juntando
saqué estas manos.
¿De quién tengo las uñas, los dedos,
los nudillos, las palmas, las frágiles muñecas?
Cuando acaricio tu espalda,
las óseas salientes de tus pies
tus largas piernas sólidas,
¿Qué manos a través de mis manos
te acarician?



Fotografía de Rinko Kawauchi


VISIÓN DE TU CUERPO

En la habitación apenas iluminada
tuve una dicha fugaz:
la visión de tu cuerpo desnudo
como un dios yacente. 
Eso fue todo. 
Indiferente 
te levantaste a buscar tus ropas
con naturalidad
mientras yo temblaba estremecida
como la tierra cuando la parte el rayo.




s/d del/a autor/a

MEMORIA

Pudimos no conocernos, pero nos conocimos.
La memoria cubrirá con su pátina de oro
este breve momento de nuestras vidas
que en sus distintos trayectos
apenas se tocaron. Y ahora regresan
otra vez a sus órbitas.

Y más que la memoria, guardará el corazón
nuestras conversaciones. La intimidad construida
a punta de palabras acrisoladas
hasta volverlas puras.



Fotografía de Cristina Altieri


CELEBRACIÓN DEL CUERPO

Amo este cuerpo mío que ha vivido la vida,
su contorno de ánfora, su suavidad de agua,
el borbotón de cabellos que corona mi cráneo,
la copa de cristal del rostro, su delicada base
que asciende pulcra desde hombros y clavículas.

Amo mi espalda pringada de luceros apagados,
mis colinas translúcidas, manantiales del pecho
que dan el primer sustento de la especie.
Salientes del costillar, móvil cintura,
vasija colmada y tibia de mi vientre.

Amo la curva lunar de mis caderas
modeladas por alternas gestaciones,
la vasta redondez de ola de mis glúteos
y mis piernas y pies, cimiento y sostén del templo.

Amo el puñado de pétalos oscuros, el oculto vellón
que guarda el misterioso umbral del paraíso,
la húmeda oquedad donde la sangre fluye
y brota el agua viva.

Este cuerpo mío doliente que se enferma,
que supura, que tose, que transpira,
secreta humores y heces y saliva,
y se fatiga, se agota, se marchita.

Cuerpo vivo, eslabón que asegura
la cadena infinita de cuerpos sucesivos.
Amo este cuerpo hecho con el lodo más puro:
semilla, raíz, savia, flor y fruto.




Ph de Christine Reed
Daisy Zamora 
(Managua, Nicaragua, 1950)
Reside en San Francisco, EE.UU., desde 1997
POETA/ENSAYISTA/TRADUCTORA/PROMOTORA CULTURAL/PSICÓLOGA
en Tránsito de espumasColección Lima Lee, 2020
VIII FIP Perú, Primavera Poética
su página en FACEBOOK
para leer MÁS 

11 de febrero de 2019

Gastón Malgieri, 3 poemas 3


Fotografía de Tom Chambers
LA TRINCHERA |

Afuera es el incendio
de todas las cosas que tienen pulso
están los animales pisoteándose entre si
puedo oír los quejidos del asfalto
las implosiones de los refugios
puedo, inmóvil, conmiserarme ante ese dolor colectivo
hacerlo latir en la yema de los dedos
revolearlo por el aire, inhalarlo sin culpa
como quien se pierde
en la extrañeza de un perfume ajeno.

Afuera todo arde en su lógica destructiva
están devorándose unos a otros la calma
ese sacón viejo que abriga sin sentido
alguien grita que por fin, que era hora
de hacer estallar el orden de las cosas
y yo acá, paralizada por el miedo
masticando las mismas ganas incendiarias de abrazarte
porque me dijiste, como quien late
que esta batalla también era nuestra.



Fotografía de Cristina Altieri
EL CANSANCIO |

No se trata de reconocerme cansada
siquiera de poder decirlo a los gritos
como quien pide auxilio en medio de una tropa de aves sordas
tengo que poder aceptarme vencida
por el peso de mis infiernos cotidianos
darles autoridad para aplastarlo todo
incluso los fuegos artificiales de lo eufórico
esos espejitos de colores
que alguna vez me deslumbraron

tengo que poder impregnarme
de ese agotamiento primitivo
que cargan algunos insectos
y que infecta sus colonias de enigmas
sobre la densidad de los materiales
o las inclemencias del tiempo
tengo que poder volver a lo esencial de la pregunta
a ese lugar sin certezas que implica lo llano
a ese partícula ínfima del pulso
a ese el gesto primal
que supone
volver a ponerse la piel.



Obra de Aykut Aydoğdu
LOS APÓSITOS INÚTILES |

Esta que soy, y que duelo:
tengo alambres
allí donde debería insinuarse
una espina dorsal sujetando la carcasa.

Los golpes, sus hematomas,
los ayunos a los que fui expuesta,
todo un trazado de lesiones que me hablan:
trofeos que me guardo en el insomnio.

Una de esas noches supe
que nunca sanaremos
que somos ese mapa impreciso
esa cartografía inservible
este o aquel punzar constante.

De todas las contiendas
nuestra sangre es territorio.

Y nuestros cuerpos conjugados
apósitos inútiles
contra el cuchillo del afuera.





Gastón Malgieri 
(Mar del Plata, Bs.As., Argentina, 1977)
Reside en Córdoba desde 2010
ESCRITOR/FOTÓGRAFO/POETA
de Animales poco útilesEditorial Cartografías, 2019 (en imprenta)
para leer una entrevista en LA TINTA
para leer + en LIBRO EMMA GUNST
su fcb de fotografía BRUTA PH
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