Mostrando entradas con la etiqueta george sand. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta george sand. Mostrar todas las entradas

1 de octubre de 2013

George Sand (+ Alfred de Musset), Poemas encriptados





POEMAS ENCRIPTADOS

Me emociono al deciros que tengo
el convencimiento de que la otra noche teníais como
siempre unos deseos locos de
bailar conmigo. Sé de vuestra voluntad en hacerme
gozar y quisiera que fueseis siempre vos
como prueba de que me amáis
quien lo haga. Estoy dispuesta a mostraros mi
afecto absolutamente desinteresado y sin cal-
culo, y si queréis de verdad verme
desvelando sin artificio mi alma
desnuda, venid a hacerme una visita.
Hablaremos como amigos, francamente
os probaré que soy la mujer
sincera, capaz de ofreceros mi estima
más profunda y más estrecha
en una palabra, daros la mejor prueba
que pudieseis soñar, conozco vuestra
alma libre. Sabed que me ha salido una am-
polla enorme, dura y también
honda. Al pensarlo tengo una angustia muy
grande. Acudid pues enseguida y venid a
hacérmela olvidar, es muy fuerte y no sé dónde
metérmela.



Me emociono al deciros que tengo
el convencimiento de que la otra noche teníais como
siempre unos deseos locos de
bailar conmigo. Sé de vuestra voluntad en hacerme
gozar y quisiera que fueseis siempre vos
como prueba de que me amáis
quien lo haga. Estoy dispuesta a mostraros mi
afecto absolutamente desinteresado y sin cal-
culo, y si queréis de verdad verme
desvelando sin artificio mi alma
desnuda, venid a hacerme una visita.
Hablaremos como amigos, francamente
os probaré que soy la mujer
sincera, capaz de ofreceros mi estima
más profunda y más estrecha
en una palabra, daros la mejor prueba
que pudieseis soñar, conozco vuestra
alma libre. Sabed que me ha salido una am-
polla enorme, dura y también
honda. Al pensarlo tengo una angustia muy
grande. Acudid pues enseguida y venid a
hacérmela olvidar, es muy fuerte y no sé dónde
metérmela.


(Respuesta de Alfred de Musset

¿Cuándo pongo a vuestros pies mi homenaje sincero? 

¿Queréis que en un momento cambie de expresión? 

Vos habéis capturado los sentimientos de mi corazón 

Que para adoraros me otorgó El Creador. 

Me siento delirar, vuestro amor me impide que me 

Acueste, sin antes escribiros en el papel, 

Con todo mi cariño y con la seguridad de que 

Vos sabréis aportar consuelo a mis males. 




(y nuevamente George Sand )

Esta inmensa ansiedad que me atenaza en la 

Noche conmueve todo mi ser y mi alma.



George Sand - Amandine Aurore Lucile Dupin - 
(París, Francia, 1804-1876)
Traducción de Rafael Tasis
extraído de MD MUJER

1 de septiembre de 2011

Berta Piñán, Genealogía


Fotografía de Metin Demiralay (demiralaymetin@gmail.com)

GENEALOGÍA

La rosa que cortó George Sand,
su perfume furtivo
en esta tarde última de otoño.
Los rebaños australes de Alejandra Pizarnik
que mi abuela apacentó después,
en la navidad del 57, sola entre la nieve,
en los montes de L'Aspru.
La llama de un fósforo, en Park Avenue,
en las manos ateridas de Margaret Randall,
que alumbra ahora mi cigarro
en la noche de Madrid;
las garzas azules de Elizabeth Bishop
que vienen a posarse en la orilla de estos versos
y son también aquello que perdimos;
Linda Pastan y las voces, al volante,
cuando presiente que ya hemos gastado
el tiempo que nos queda.
Un libro que pasa de mano en mano
en una mañana apacible de Dachau
-Alemania- y que yo abro ahora,
60 años después, para recordar
que nunca más seremos
inocentes.
La carta que Adrienne Rich
nunca envió,
donde decir adiós y decir lo siento
le dolía tanto
-el corazón de una mujer
arde en ese cuarto-.
Los números secretos de Szymborska, el manzano
que plantó en la primavera polaca y
dejó escrito en el poema:
sólo los presos desean volver a casa -dijo-,
y ahora son aquellas las frutas que yo recojo
en mi huerto.
El gas mortal de Sylvia Plath,
el agua resbalando por el pelo
de Alfonsina Storni, como un puñado
de serpientes.

Quién dijo que al final seríamos
juntos y felices,
al final,
quién dijo que la verdad no
dolía tanto,
que brillaba como un gusano
de luz
en la esfera de la noche.
Las cárceles de hielo de Ajmátova,
de Tsvietáieva,
que sacuden en el centro mismo del
silencio.
Dime lo que un corazón
puede soportar
de luz y de sombras,
cuánto de soledad, cuánto de frío,
qué heridas no seremos capaces de cerrar,
quién olvidará primero.
Dime cuántas veces se puede lanzar
la misma piedra en el vacío
y a quién va a golpear
cuando regrese.




Berta Piñán  
(Cangas de Onís, España, 1963)
de La mancadura (El daño) Editorial Trea, 2010
Edición bilingüe
para leer + en EMMA GUNST
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...