Mostrando entradas con la etiqueta editorial viento de fondo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta editorial viento de fondo. Mostrar todas las entradas

1 de mayo de 2019

Estela Smania, 4 poemas 4


Ilustración de Lieke van der Vorst

Desde los patios de la casa grande
cuando el sol se iba yendo
                               y hacía frío
él venía hacia mí
lento
vacilante.

Yo lo esperaba inmóvil
con los brazos abiertos
para que me encontrara.
Mis manos 
             eran
su única 
             certeza.



Ilustración de Lieke van der Vorst

Nos quedamos solos.
Mil noches fueron
más de mil.
Envejecimos
cabeza con cabeza
entre recuerdos.
Se cruzaba la dicha
         a veces
como un relámpago.



Ilustración de Lieke van der Vorst

Ya no suena su voz
en el umbral de la noche
pero crece su presencia
                                          allí
donde le escribo.
Se posa en los papeles
en el arlequín de palidez mortal
en los retratos de los muertos amados
en la maqueta de una ciudad en ruinas.

Alargo el encantamiento
         -sin palabras-
puro temblor
                        memoria pura

hasta que llegan los niños
y sus juegos invadiendo
las avenidas del comedor.
Es bueno estar
en medio de las cosas
es bueno entregarse a la taza de café
y dejar que el tiempo
ruede así
                sencillo
                              transparente
adormecido sobre las rosas
que él cuidaba para mí.



Ilustración de Lieke van der Vorst
Hablar en pasado
es como abandonarlo
en el tiempo
en el bosque de arrayanes
donde nos conocimos
o en una callecita de Marruecos
donde por una noche
nos perdimos el uno del otro.
Nombrarlo en pasado
es huir hacia adelante 
                                       y salvarme
no es lo que quiero
porque llega el otoño
y el aire es tibio
y tejo
y él se queda conmigo
me abriga
me muestra la salida.




Estela Nanni de Smania
(Paraná, Entre Ríos, Argentina, 1942)
Reside en Córdoba
POETA/NARRADORA/NOTARIA/ABOGADA
de Elegía para E., Viento de Fondo, Córdoba, 2018
contratapa de Susana Cabuchi
para leer sobre ella en NARRADORAS ARGENTINAS

31 de diciembre de 2012

Circe Maia, 2 poemas 2


Fotografía de Lambert Schlechter

EL REGRESO

Regresarán follajes y entrecruzar de ramas,
el complejo rumor de los árboles, los múltiples,
salpicados, cambiantes colores de las hojas.

Volverán a su única semilla
a su primera vez, a su germen oscuro
donde un día dormían.

Y juntos, sin saberse ni verse, sin el ansia
por salir a la luz desde allá abajo
como ahora se esfuerzan en los espesos montes
alzándose y luchando.

Regresará aquel rojo de pétalo encendido
aquel verdor de luz, de dorada alegría
aquella flor veteada y de irisar rizado

todo aquel amarillo llovido sobre el campo
cuando abril se caía en gotas amarillas
sobre un lado del cerro.

Todos regresarán a su hueco de sombra
al centro oscuro y simple donde estuvieron juntos
donde una vez durmieron.




LA PIEDRA DEL MAR

Es una piedra chica, gastada por las olas
mojada y con arena, cuando la recogimos.
Mojada y seca, opaca
pero blanquísima
sobre la palma abierta.

Sobre todo del tacto vienen las realidades.
De su suavidad y peso, y más aun su frío.
No tanto su blancura, fundida ya en el resto
de colores volantes en la playa.

No  tanto su blancura, definida a esta hora.
Blanco sin grietas, parejo blanco limpio
que si anochece vuela con azules y rojos
sobre las azoteas.

En su lago de blanco los ojos se sumergen
pero su pura gota de color se disuelve
se cae en las corrientes de colores llovidos
que borra un aire negro.

La dureza y el frío permanecen, se sienten
sobre la mano, clara realidad de la piedra.
Fría materia, ligero frío, frío
sobre la palma abierta.



Circe Maia 
(Montevideo, Uruguay, 1932)
Reside en Tacuarembó
de La pesadora de perlas - Obra poética y conversaciones con María Teresa Andruetto, Viento de Fondo, Córdoba, comienzos de 2013
para leer MÁS
su WEB

14 de enero de 2012

Ana Paulinelli, XXXIV

Fotografía de Grit Siwonia



XXXIV


Me levanté con la decisión segura, 
un pensamiento tenaz:
hoy lo hago.
La miro,
sobre la mesada.
En el lugar de las cosas que no se usan,
que sólo se miran.


Ya es la tarde,
recuerdo: tengo que hacerlo,
tengo que poder hacerlo.
La meto en una bolsa de nylon
y cometo el error de acariciarla.
Aparecen los ruiditos en su panza redonda.


Y sucede.
Es la venganza del objeto.
El poseedor es poseído.
La saco de la bolsa y va a la mesada.
Una vez más la pava de mi mamá
se instala segura, tranquila, invitada, 
en mi cotidiano.






Ana Paulinelli 
(Córdoba, Argentina, 1951)
de yolana, Editorial Viento de Fondo, 201o
para leer más en: DE LITERATURA Y ALGO MÁS
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...