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ONÍRICAS II
Fue en la tercera hora, del único día del mes número catorce, del año tardío.
Ese mes no hubo soles, la pude ver perfecta, mente y cuerpo...
la pude ver, pero sus lutos…
Daba miedo su amor y me alejé de sus pasos.
Cargué mi fusil, en el segundo eterno de la noche de sus párpados cerrados,
le acerté... en el centro mismo de su pecho.
La herida parecía un cuervo dispuesto a salirse todo,
a llevarse su presencia.
Pero maldito día único del mes catorce del año tardío...
en ese instante que la hubiese liberado para siempre , apareció ...
Siempre creí ser la única viajera, pero él... no sabía yo de él.
Bebió sus azúcares, devolvió el cuervo a su lugar, a su corazón... danzaron.
Y en su palma dejó el regalo que ella esperaba.
El regalo que día a día, noche a noche la exilia de la realidad.
Disparé nuevamente el fusil, hacia mi pecho, pero yo no anido cuervos.
Empezaba el mes quince de ese año, el mes de las quinientas tardes,
y yo emprendía un nuevo viaje.
Oigo sus risas, aún en el mes cuatro
y faltan todavía siete siglos para que suceda lo que he contado.
Victoria Sibelles
(Córdoba, Argentina)
(*) s/d del autor de la fotografía
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