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15 de agosto de 2016

Juliana Bonacci, 4 poemas 4 (II)


Ilustración de Yelena Bryksenkova
DOS

Busco plantas sagradas 
en las que veo cada día. 
Hojitas de albahaca 
ramitas de helecho y 
flores de hibisco. 
Dejo que se sequen y tomo
solo una cucharada de cada una 
para hacer una tinta con la que
escribo el poema que recorre
mis nervaduras y llega
al margen del sentido.

Llevo conmigo un manojo de hojas de Ocimun basilicum para atraer 
la riqueza, metafísica, claro. Después de la tercera noche en duermevela 
preparo lo bebedizo con esas hojas para poder descansar. Cuando 
lo logro, sueño que camino por jardines con pérgolas cubiertas por 
una filigrana verde opaco de rizomáticos Pteridium aquilinum
refrescantes Hibiscus sabdariffa. Atardece y acompaño a cada cáliz 
azucarado en su caída. A la mañana despierto llena de capullos.



Ilustración de Yelena Bryksenkova

CINCO

Anís estrellado contra mi corazón.
La vida juega con las formas
nosotros somos nuestro propio accidente.

Estoy de viaje. Llueve. Lentamente. Y se derraman las connotaciones.
Es el apogeo de la primavera y los brotes relucen. De alguna manera
siento como si estuviera en casa. No voy de paseo porque prometí
recoger las semillas de Illicium verum, que abre sus flores en esta
estación. Ellas ofrecen la esencia para un poderoso remedio. Beber
su infusión a diario aumenta la clarividencia y permite percibir
acontecimientos futuros. Aunque esta vez creo intuir el pulso de las cosas.



Ilustración de Yelena Bryksenkova
DIECIOCHO

Con los dedos de la mano derecha
bebo el jugo del lirio de agua
con los ojos fijos en la flor más próxima
y los pies en el cuerpo del arroyo
sello un nuevo tiempo
fuera del tiempo
y acuerdo
una instancia lunar.

En las praderas húmedas de mi consciencia, son pájaros los que
aportan la coloración cárdena al Iris sibirica.
La primavera aparece con la herida de los dioses grises, que no se
pueden nombrar pero deben destruirse.




Ilustración de Yelena Bryksenkova

TREINTA Y DOS

Te espero
con mis ojos
de trébol
de tres hojas

(intuyo que
la suerte
vendrá
cuando estemos
en el mismo espacio
y tiempo).

El Trifolium Pratense es una famosa hierba de hojas trifolioladas y
florecillas rojas, rosadas, blancas o amarillas. Si miro hacia abajo veo
que crecen sin problemas (cerca de las ortigas, del diente de león o de
las minúsculas verónicas) en cualquier superficie. Después de comer
los de flor blanca uno se siente más cerca de la tierra y del sol.




Juliana Bonacci 
(Camilo Aldao, Córdoba, Argentina, 1976)
Reside en Unquillo
POETA/EDITORA
de herbario, Editorial Zindo & Gafuri, 2015
en FBK1 PAJARILLOS EN LA CABEZA
en FB2
para leer MÁS

14 de octubre de 2015

Juliana Bonacci, 4 poemas 4


Fotografía de Irene Cruz

Voy por las tardes a
beber hebras de azafrán
al bar de la esquina del otro diario.
Sé que ella lo hace al mediodía
con la melancolía de un          Modigliani.

¿Coincidirán alguna vez nuestras tazas?

Mi vecino del piso de arriba
llora por las noches
(especialmente los sábados).

Leo poemas mientras encuentro
un ritmo en mis pulsaciones.
Ya no espero que alguien me llame
porque si sucede, es mi mamá.
Lluvia negra es un personaje que
inventé en un test laboral
y a veces vuelve.

¿Deberé olvidar ahora
que aún está tibio
el recuerdo?


Fotografía de Irene Cruz
Hoy lo veo pasar igual que Buda
sentada bajo el árbol
lo veo pasar pero
no puedo contar las veces
que muero.
El sedante hace su efecto.
Hay una interrupción
una almohada
un grito
los cabellos caen
la piel se estira
la inocencia
se arrodilla.
Hoy dejé traslucir
unas hebras
para que crean
que hilan.

-Mucho misterio, ¿ella te lo dijo?
-No, ella no sabe lo que grita su cuerpo.



Fotografía de Irene Cruz

Mi vecino puede ser un asesino
un comediante
o un vendedor de amuletos
no lo sé
sólo conozco
sus largas lágrimas de sábado por la noche.
El llanto suele durar hasta las 2 am
lo escucho semana a semana
porque yo también me quedo.
Esa gotera
horada mi soledad.

La primera vez que
las imágenes sonoras llegaron
a romper el blanco silencio
pensé que se trataba de una mujer
luego de un niño
finalmente descubrí
que el epicentro del dolor
era el cuerpo de un hombre
que vestido de negro y sonrisa
veía cada mañana
en el ascensor.




Fotografía de Irene Cruz
Podría estar inscripta
en el libro de los seres imaginarios pero
soy una mujer de largos ciclos
de breves alas cerradas a mi rostro
mil cuatrocientos sesenta y un años
doce mil novecientos noventa y cuatro años
ciclos de sol/luna/planetas
volviendo a su posición inicial
fuego que vuelve o
historia de huevos, gusanos y cenizas
para buscar el cadáver de mi padre
y envolverlo en cristal, cada vez.






Juliana Bonacci 
(Camilo Aldao, Córdoba, Argentina, 1976)
Reside en Unquillo
POETA/EDITORA
de Hebras y lluviaDínamo Poético editorial, 2015
para leer + en PAJARILLOS EN LA CABEZA


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