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5 de marzo de 2011

Flor López, La última mamuschka (+1)


Fotografía de Sabina Serra


LA ÚLTIMA MAMUSCHKA

Un barquito diminuto gira de manera aleatoria 
en el charco que se ha formado a dos metros de nuestras zapatillas de tela.

Hace dos horas había llovido muchísimo,
parecía que se caía el cielo había dicho la abuela.

El barquito está completamente desequilibrado,
distraído,
y con el olor a humedad del pasto 
entiendo que olvidar a alguien 
no tiene que ver con la distancia 
o la bronca.
Se puede dejarlo ir,
soltarlo teniéndolo al lado,
sin que nunca se entere.

El barro pegado en la suela empieza a endurecerse y nosotros que nunca nos salió bien tocarnos
chocamos las puntas y nos limpiamos el barro.
Las palomitas chiquitas y el cielo rosado (aun),
un mate amargo
que ahora prefiero tomarlo sola,
y un exilio clandestino que me estropea el cuerpo.
Una especie de viento me genera escalofrío a pesar de mi camperita rayada con capucha,
una especie de viento que te re-mueve para siempre y voltea el barquito.

El barquito se hunde en el charco a dos metros ,
se moja ,
se desarma.
Tu olor
mi pelo erizado,
y las pocas gotas que quedan en las hojas que siguen mojando
aun sabiendo que para mi ya todo ha parado.

En la plaza todo quieto,
estático;
y tu imagen ya sin barquito
porque has hundido el barquito
mojado el barquito que era frágil,
de papel de revista,
de diario,
papel celofán,
papel barrilete
de aire no de agua como el barquito.
que sin darte cuenta desarmaste para siempre,
hundiendolo en un reciente charco,
demostrando simplemente todo,
todo lo que tenías por demostrar.




B O N U S  T R A C K 


A la gente le daba curiosidad saber con quien yo cogía,
quizá por eso pensaban que yo podía ser
la promesa de la literatura cordobesa.
A todos les pasa lo mismo,
es un tiempo,
sólo tienen que alimentar la curiosidad de su deseo.
Ahora que saben con todas las letras que me cojo a toda mujer mas o menos linda que se me cruce
ya han buscado otros que tengan misterios.
Pero ninguna vida es tan interesanteComoparece
La mayoría son un montón de mentiras
una arriba
de
otra
una arriba de otra
una arriba de otra
ahí tenés,
eso que dicen que es un misterio.

(inédito)




Flor López  
(Villa Mercedes, San Luis, Argentina, 1988)
Reside en Córdoba
POETA/DOCENTE/INVESTIGADORA/COMUNICADORA/
MAGÍSTER EN ANTROPÓLOGÍA SOCIAL
para leer MÁS
su BLOG

20 de septiembre de 2010

Flor López, Todos los libros de autoayuda son violentos (+1)





Todos los libros de autoayuda son violentos.
En el patio interno de mi departamento hay un hombre que es feliz;
Toma cerveza con sus amigos,
fuma pipas importadas,
se rasca la panza tirado en una reposera de colores
y es feliz.

Todos los martes tiene sexo con una rubia veintiañera,
lujuriosa y sin verguenza.
Tiene sexo desnudo,
toca tetas y es felíz.

Aparentemente desde el jueves tiene una nueva adquisición:
motocross roja y gigante;
de acá arriba es más gigante y el rojo encandila.
De mi pieza veo todo,
todo eso separado de mí por una ventana más el ángulo que se forma al calcular la altura.

Tres pisos no más,
pero todo eso separado de mí.

Hace dos días me pareció reconocer a la chica rubia en el mercado del frente,
pero no,
no era martes.

La chica rubia tenía cara de buena mina y unas tetas gigantes;
levantó la mano justo cuando yo pasaba por el frente,
por un momento creí que me saludaba,
después me convencí de que no,
no era martes.

Desde hace dos años siempre se repite la misma escena:
Yo en mi ventana, 
y abajo el motoquero que tiene reposera y es felíz.

Por elección propia decidí no permitirme mirar más para afuera;
sin embargo últimamente el crujido de la moto encendida
se me planta como un sonido denso e insoportable.

No aprendo a dormir con el;
así que limpio la casa de noche.

Ayer abrí la ventana pero me alejé enseguida.
El humo tóxico de la moto se me metió en toda la casa,
fui a cerrarla y sin querer
-juro que sin querer-
ví a una morocha;
ahora sí era martes,
y era morocha.

Tapándome la naríz para no respirar el monóxido y moviendo la cabeza lado a lado me acordé
de la rubia,
la rubia que era buena mina;

después de un blanco y conteniendo la respiración todavía
pensé en la moto,
en el hijo de puta de la moto
y en que él era felíz.




INSOMNIO

El tiempo pasa diferente desde que tengo 20
no se si fue que empezar a tener sexo modificó las cosas
abrir ese chacra cerrado por tantos años
darle vía libre
senda libre.
Me acuerdo cuando lo único que queríamos era tener tiempo para besarnos
contábamos los días, las horas que nos iban a dejar,
le restábamos el trabajo y las ocupaciones obligatorias
y daba la suma exacta.
Unos 45 días y algunas horas, sin contar las noches que claramente compartiríamos.
Siempre nos gustaron las habitaciones luminosas,
asumo que por eso no puedo soportar casi los lugares dónde no entra el sol.
Las viejas costumbres que te dejan
las ex-maridas.
Sin embargo, uno no deja de ser cauteloso, hasta cuando escribe notas
para pegar en la heladera.
Uno es cauteloso, con el tiempo y con uno mismo.
Eso no impide que desde los 20 todo fuera una excusa para meterte en la cama conmigo
o para que te metas,
lo aclaro por los feministas y las defensoras de los cuerpos de la mujer
hasta que una mujer le dice a otra mujer que solamente sueña con sus tetas
eso si quizá sea romper con los eufemismos.
Yo solamente sueño con tus tetas
y además te amo,
y qué.

(inédito)





Flor López 
(Villa Mercedes, San Luis, Argentina, 1988)
Reside en Córdoba
POETA/DOCENTE/INVESTIGADORA/COMUNICADORA/
MAGÍSTER EN ANTROPOLOGÍA SOCIAL
para leer una entrevista en LA TINTA
su BLOG
para leer MÁS
y en MALÓN MALÓN
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