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16 de diciembre de 2025

Jorgelina Soulet, 5 poemas 5


 Obra de Pete Ulatan
Floto
en la noche
como si fuera
una astronauta rusa
lanzada
al espacio.
A veces
salgo de mi nave
para aspirar
polvo de estrellas
y volar
alucinada
con gravedad cero.
Los días son largos
y oscuros
entonces me dedico
a buscar algún cometa
para treparme a su cola.
Inventé también
un idioma intergaláctico
para hablar
con los marcianos
pero no responden
aunque los puedo ver
bailando
en la superficie
de su planeta seco.
Desde mi cápsula espacial
observo
la luna
las estrellas
la redondez del mundo.


Obra de Carla Roth
Yo quisiera desprenderme
del amor
como quien se saca
una camisa.
Abrir cada botón
con delicadeza
doblar después
el cuello
las mangas
los puños.
Deshacerme del amor
como si fuera
una camisa vieja
y agujereada
colocarla en una caja
no olerla
no mirarla
no saber que está.
Yo quisiera desvestirme
del amor
este ropaje antiguo
que me queda holgado
o muy chico
y me aprieta
me asfixia.
Yo quisiera desnudarme
del amor
ser solo un cuerpo
suave y vacío
como una camisa
sin estrenar.




Fotografía de Paul Perrault
Atardeció
otra vez
en mi terraza
y no viniste.
No cruzaste
la avenida
no corriste
agitada
no tocaste el timbre
nunca llegaste.
No debí
haberte esperado
con todo este cielo
los árboles
el deseo
el agua a punto.


Fotografía de Bryan Derballa
Cuando vuelva al mar
y me hunda
en el sonido metálico
que atraviesa el silencio
bajo el agua.
Cuando regrese
para dejar en remojo
este corazón
que boquea
como pez en la orilla y pueda
hacer cabriolas
saltos mortales mirando el horizonte.
Cuando vuelva
a tensarse mi piel
con escamas de sal.
Cuando vuelva a respirar violento
fuerte como soplido de ballena
y me queme los pies demorando
la llegada del médano
a la orilla.
Cuando estalle otra vez el golpe seco
de la primera ola en medio
del pecho y vuelva
al mar y me abandone
al vaivén
azul y sea otra vez
el pez que fui.
Cuando vuelva.


Ilustración de Andrea Ucini
... soy una selva de raíces vivas,
solo el follaje suele estarse muerto.

Fui cuidadosa, mamá.
Escarbé con paciencia china
no usé la fuerza
no maldije
no di golpes bruscos
pero la maceta se rompió
se derramó en mis manos
como si fuese de agua.
Me quedé observando
el pan compacto de raíces
cegadas por la luz.
La pena fue tan grande, mamá,
porque esa maceta era
entre las tuyas
mi favorita.
De terracota
robusta
parecía eterna.
¿Y qué hago ahora
que no tienen refugio
esas raíces?
¿Crecerá el pino
de hojas como agujas
sin su tierra?
¿Crecerá
como seguí creciendo
cuando te fuiste
y quedé ciega
con mis raíces al sol?


 Raíces al sol, Salta el Pez Ediciones, 2022
Colección Camalote



Jorgelina Soulet
(Buenos Aires, Argentina, 1972)
POETA/EDITORA/LICENCIADA EN LETRAS/
CORRECTORA LITERARIOS, EDUCATIVOS Y CIENTÍFICOS
de Raíces al sol, Salta el Pez Ediciones, 2022
Colección Camalote
para leer + en EMMA GUNST

30 de julio de 2023

Mariana Finochietto, 5 poemas 5 (de Quiero sacar la cabeza por la ventanilla de tu coche)


Fotografía de Jan Saudek

II

Me gustan los hombres sencillos y serenos,
esos de ojos buenos,
y manos anchas
que tocan el mundo
como si nada en él les perteneciera,
con cuidado,
con miedo de romperlo.

Así,
exactamente
como me gusta que me toquen.


Fotografía de Jan Saudek

VI

Curiosos
los días del amor,
cuando las horas se sostienen
de un cielo que después
caerá
a pedazos.



Fotografía de Jan Saudek

X

Lo que aprendí
mientras iba de aquí para allá
con las manos rotas
es que al amor se lo espera
de pie.


Fotografía de Jan Saudek

No es la tristeza,
no.
Es la noche mordiendo la garganta,
la certidumbre huérfana en el hueco de mi abrazo,
la presciencia de un mundo que era mío
y no tengo.


Fotografía de Jan Saudek

Debería estar triste.
Debería
tener mi corazón apretadito
como cuando se es joven
y duele.

Debería
extrañarte y salir a la calle
cubierta por el manto gris de la melancolía
y no mirar a otros hombres
para sólo pensarte,
porque se es fiel a la ausencia de quien se ama.

Porque te amo, en fin,
y te abandono
sin arrojarme del acantilado de tu nombre.

Te abandono
con todo el amor con que te quise
porque en toda buena historia es conveniente
saber cuándo poner el punto de todos los finales.



Halley Ediciones, 2023




Mariana Finochietto
(General Belgrano, Bs. As., Argentina, 1971)
Reside en City Bell, La Plata
POETA/TALLERISTA
Colección Poesía
Prólogo de Jorgelina Soulet
para leer + en EMMA GUNST

24 de octubre de 2018

Jorgelina Soulet, 4 poemas 4


Fotografía de Alexandria's Lens 

La ferretería era
el paraíso de mis amigas
la envidia tal vez.
Llegaban y querían
abrir las puertitas
revisar los cajones
escudriñar los estantes.
Pero la atracción cumbre era
subir a la escalera con rueditas
elemento cardinal del universo ferretero.
Cuatro armazones de madera robusta
prolijamente lustrados
macizos 
imponentes.
Una guía de hierro
las mantenía suspendidas en la altura.
Era un ritual
correr por el pasillo
apoyar un pie
y con el otro dar uno, dos
cuatro enviones.
Trepar los peldaños
mientras se deslizaba
era un desafío
y cerrar los ojos
la prueba máxima.
Un ir y venir
una hamaca celestial
un trapecio.
Soltar las manos
sentir el aire oxidado
la cal y el cemento
la pintura penetrando las narinas
pero seguir rodando.
Cuándo fue
que dejé de jugar
y bajé las escaleras
para asentarme en la tierra.
Cuándo empecé a resbalar
peldaños abajo
y abandoné la costumbre
de sonreír en la cúspide.
Cómo fue que preferí
el alambre de púas
a las escaleras flotantes.



Fotografía de Alex Currie

Leí en diarios y revistas
que practicar deportes
genera endorfinas
moléculas de felicidad.
Entonces ansié
salir a correr bajo la lluvia
o subirme a la bici
y rodar
hasta que se haga la sonrisa
pedalear
para ver el mundo
con los ojos chinos de reír.
Quise además
hacer boxeo
saltar con garrocha
lanzar la bala
la jabalina
con arcos y flechas
dar en el blanco.
Anhelé zambullirme
en una pileta olímpica
romper el agua
hacer burbujas
de alegría submarina.
Correr maratones
que me devuelvan
el viento en la cara
la gota que cae por la sien
y el trotecito al corazón.



Fotografía de Laura Serrano

Me pedía que nadara
quería ver
ligeros mis pies
la respiración simétrica
a un lado
y al otro.
Quizás
porque ella
tanto le temía
nunca pudo
bordear el agua
sin antes elegir un salvavidas.
Le gustaba contemplar
cómo me lanzaba
los brazos extendidos
rectas las piernas
se deleitaba viéndome
hacer dibujos en el agua
brazada tras brazada.
Es como una guirnalda
-decía-
esa estela de burbujas
que te envuelve.
Me llamaba sirena
y yo
que siempre quise
vivir en lo profundo
desarrollé branquias
aletas dorsales
y vejiga natatoria.
Ahora lo sé
nada puede hundirme
siempre logro
salir a flote
sortear las olas más altas
los maremotos
los tifones.
Mi mamá siempre decía
que yo
podría haber nacido pez.



Fotografía de Gregory Crewdson 

Te vas a quedar sola
con tus plantas
tus gatos
y tus libros
me dijo
el último día que la vi
pero hace dos meses
acá
los días transcurren mansos
y un gato duerme al sol
mientras yo
con las manos en la tierra
pienso el poema
que voy a escribir
para contarle
que en esta casa
estamos muy bien
muy felices
los gatos
las plantas
los libros
y yo.




Jorgelina Soulet
(Buenos Aires, Argentina, 1972)
POETA/EDITORA/CORRECTORA DE ESTILO/
LICENCIADA EN LETRAS
de El amor y otras cosas espantosas, Alción Editora, 2018
para leer + en UN POCO DE FIEBRE
+ en MIS POETAS CONTEMPORÁNEOS2
su FACEBOOK


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