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10 de noviembre de 2019

Mía Gallegos, Mis hermanas


Obra de Roxana Halls
MIS HERMANAS

Mi vida es un brutal accidente
sin sangre.
Tan solo la frente suda
y la cabeza se deshace.

No debí nacer pero aquí estoy,
escondida en una esquina de la casa.

Otras mujeres, que como yo,
tampoco debieron nacer, me acompañan.
Escucha sus nombres vanos,
tal vez a ti no te digan nada
pero ellas son de la misma estirpe maldita,
maldecida, negada, 
oscurecida.
Eunice, la apátrida,
Camille, la mujer hacedora de los oscuros recintos, la bella
que acaso evoca la tristeza de su hermano,
Alejandra, la hermosa muerta que reivindicó París.
Violete, la bastarda,
Teresa, la maga de Valparaíso,
Yolanda, la que realizó su ruta,
Alfonsina, la que encontró a su madre en el mar,
Mariana, la portuguesa, cuyo amor brilla en la eternidad,
Juana Inés la de conciencia cósmica
en cuya soledad me hallo,
me encuentro,
y soy como un Ícaro de espuma
y camino y cavilo
en esta casa interminable y sola,
envuelta en un silencio sórdido,
de prisión,
de miedo,
de negación.

Estas son mis hermanas,
mi familia.
Otra no tengo.
Somos de la misma maldita sangre
que me recorre,
que nos recorre.

Somos las parias, las mujeres hechiceras
que en cada siglo aparecen para ser castigadas,
quemadas,
incineradas,
olvidadas.

Solo yo no las olvido.
Están aquí conmigo en este árido cuarto,
el de las palabras,
el del conjuro.

Soy familia de estas mujeres
que pecaron,
que miraron emerger la vida en lo profundo.
La vida es cíclica.
La rueda que gira
nos vuelve a colocar frente a los mismos verdugos.
Siempre habrá un poder masculino
y cruel que nos acabe.
Yo soy de la misma estirpe.
Miradme.
Estoy sola,
Muy sola.
Mis verdugos están aguardando
que acabe,
que me acabe,
Pero no puedo,
Estoy atada a mis hermanas
a través de hilos infinitos.

Y ellas me piden escribir,
para disentir,
para increpar.

Y yo no me rindo.





Mía Gallegos
(San José, Costa Rica, 1953)
POETA/PERIODISTA CULTURAL/PROFESORA UNIVERSITARIA/
MIEMBRO DE LA ACADEMIA COSTARRICENSE DE LA LENGUA/
RELACIONISTA PÚBLICA
de El umbral de las horas, San José: Editorial Costa Rica, 2006
para leer más en LA CASA DE ASTERIÓN
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6 de noviembre de 2019

Mía Gallegos, Coreografía


Fotografía de Anne Brigman, The breeze, 1909
COREOGRAFÍA
Para mí amigo Carlos Cortés Caro

En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.

Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo instante del milagro.

Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.

Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.

Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.

Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.

Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.

Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.

No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.






Mía Gallegos
(San José, Costa Rica, 1953)
POETA/PERIODISTA CULTURAL/PROFESORA UNIVERSITARIA/
MIEMBRO DE LA ACADEMIA COSTARRICENSE DE LA LENGUA/
RELACIONISTA PÚBLICA
de Los reductos del sol, San José: Editorial Costa Rica, 1985
Premio nacional de Poesía Aquileo J. Echeverría
para leer más en REVISTA OZ
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16 de agosto de 2012

Mía Gallegos, 2 poemas 2

Fotografía de Irma Haselberger
EL CLAUSTRO ELEGIDO

No busco nada.
A nadie aguardo en este día.

Esperar es una de las raras
estratagemas de Dios
para detenernos en un punto.

Mi país:
montaña verde y lluvia.
Un caballo se pierde en la llanura
imaginada,
que ahora está vedada a mis ojos.

Busco la intensa reflexión:
la de los libros amigos,
la luz interna que preciso para vivir,
el candil de oro,
el Eclesiastés y la paciencia de Job.

A mi edad y en un país de lluvia,
el claustro es una elección.

Ahí se pierden los contornos.
La vida se diluye en un ir y venir
del trabajo al café,
del café a la taberna.

Busco la infancia que soy:
la llanura, la sombra del árbol gigantesco,
el único mar sin fondo,
el caballo desbocado en su furia,
el verdor de la montaña junto al cielo.

Me gusta quedarme a solas
sintiendo como la sangre me nutre de nuevas vestiduras.

A solas me pertenezco.
No hay dicotomía entre el espejo y yo.
Una vive y la otra sueña.
Juntas recordamos a un hombre.
Juntas hemos escrito estos versos.




Fotografía de Irma Haselberger
VUELVO A LA NOCHE

De pronto vuelvo
a la noche
con mis zapatos de agua.

Me desnudo
en el lento
ejercicio de mis manos
y busco
solamente
un objeto mío,
un pequeño barco,
un cometa,
un circo de inventadas cosas,
figuras cotidianas,
tuyas y mías,
que amo.

Pero sé
que de pronto
me vuelvo inaccesible
y vuelvo a ser silencio
y llama oscura,
donde mi barco
se escapa de tu orilla.





Mía Gallegos 
(San José, Costa Rica, 1953)
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