1 de agosto de 2026

Mayte Gómez Molina, VII


Arte digital de Mayte Gómez Molina

VII

Todos nos creemos especiales
Hasta que vemos nuestro cuerpo hecho curva 
escalando una estadística
Una hormiga alada no es una mariposa
Un pájaro
abre las alas en mi garganta pero no vuela
¿Qué pensó Judas antes de sentarse a la mesa?
Me traiciono siete veces siete
Antes de las siete de la mañana
Todos los dispositivos tecnológicos asociados a la 
servidumbre tienen voz de mujer
Y de entre todas las preguntas, 
Alexa nunca ha oído 
la de si tiene madre, 
a de si quiere ser libre
Ni yo, tampoco.

Mayte Gómez Molina
(Madrid, España, 1993)
Reside en Granada
POETA/ESCRITORA/INVESTIGADORA/
ARTISTA AUDIOVISUAL Y DIGITAL
-Premio Nacional de Poesía Joven en 2023-
Editorial Catedra, 2026 - Colección Letras Hispánicas (n.º 928)
Editado por Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández
para leer una reseña de la Universidad de Murcia
su WEB

30 de julio de 2026

Katya Adaui, 2 poemas 2

FRUTO NOPAL

Quisiera ser la paz de tu respiración segura;
la confianza con que tu palma abierta reposa.
Desnudé para ti una tuna,
la has comido de mi mano;
antes de dormirte
ibas cerrando los ojos, abriendo la boca.
Acaricio una ventana de piel,
hay una espina entre tu piel y la mía.
Todavía no, me dice.
Te adoro. Yo te adoro.
Duermes a mi lado, resuelvo un conflicto.
Rejuveneces, las marcas de la almohada en la mejilla.
Tus pupilas luchan bajo los párpados,
será que irán a abrirse.
Tuyos son los colores de la rama viva.

2008


Obra de Linda Vachon
BISTURÍ

Al principio solo fue una ampolla.
Ahora son verrugas.
La más grande ha comenzado a sangrar.
Aparecen y desaparecen en sus pies,
como un calambre de madrugada.
Se pincha la más grande con el poste del arete.
Se pregunta por qué no hace algo con ellas.
Por qué no busca una solución definitiva.
Un ataque con armas de destrucción masiva de verrugas:
Acido láctico. Nitrógeno líquido. Bisturí.
Le dicen que felizmente no le salen en la cara.
Para ella sus pies son su cara.
Se siente como un cepillo de dientes: sola en un vaso.
En el vaso queda un poco de agua.
No se lavará los dientes.
Se ahogará en el consejo de su madre:
"Y te daba chocolate para que no llores
y tú decías que eras feliz de nuevo".
Comerá chocolate.
Observa las plantas de sus pies que aún caminan
y se pregunta si acaso su madre sabe más que dios.

2009


PH ISABEL WAGERMANN
Katya Adaui
(Lima, Perú, 1977)
Reside en Buenos Aires
ESCRITORA
Leídos en su BLOG
para leer + en PERÚ 21
en X

26 de julio de 2026

Krisma Mancía, Virginia Woolf tomó mi mano (+2)


Virginia Woolf, obra de Marta Toledo
VIRGINIA WOOLF TOMÓ MI MANO

Él no llegó a la cafetería aquella tarde lluviosa.
De regreso a casa, Virginia Woolf tomó mi mano
y me habló de la casa amueblada de Orlando.
Necesitaba un falso amante esta tarde de lluvia
o tal vez una taza de café, permitirme un beso, contemplar botones.
Cualquier cosa que se resistiera a envejecer.
Pero él no llegó esa tarde lluviosa.
De regreso a casa, me detuve a comprar flores
y me negué a entrar al salón de belleza.
La soledad era demasiada hermosa debajo del paraguas
y es fácil envidiar lo que ya no se tiene.

Necesitaba que sucediera algo.
Algo que me golpeara, algo que me hiriera, algo que me hiciera sentir algo,
sobre todo eso: sentir.
No importa qué, ni cómo.
Entonces dejé que la gente chocara contra mí,
solo por sentir una mano rozándome por accidente…
Creo que hay una especie de dolor interior que solo el dolor exterior equilibra
y se me pasó la mano,
la fuerza necesaria en el cuello,
el límite de velocidad,
el no detenerme a tiempo…
hice caso omiso al sonido de la sirena de una patrulla,
a la cinta amarilla,
al calor de una bala rozando mi frente,
a la tos,
al deseo de vomitar…
Siete minutos y no pasó nada, Virginia.
Los ataques de ansiedad solo tienen un motivo: exceso de futuro;
y un solo objetivo: la perdida de control,
y esperar, esperar es la peor medicina.
Es la pesadilla vestida de sueño.
Esperar que se normalice la respiración, el pulso, las ideas…
La inmovilidad,
la incapacidad de volver del viaje,
las aspas del ventilador se detienen
y solo hay siete minutos.
Pánico. Una sensación extrema.
Pánico a morir. Pensar en la pena máxima.
Pensar en…
No pensar. No pensar.
No quiero pensar en la felicidad y en la belleza de vivir.
Pensar que no sucede nada.
—Pensar, ¿pensar qué?

Virginia Woolf tomó mi mano.
Hubiera sido una buena amante en esa tarde lluviosa.



Historia de un cometa. Editorial El Pez Soluble,
(Colección Maremonstrum), 2024, 58 p.
El Salvador, América Central


*
Ilustración de Vanessa Borrell [Lady Desidia]
YO, COMO UNA PLANTA

En medio del jardín
mi cuerpo es una brújula sin dirección
manejada por una rama seca dentro de mi vientre

cortarme
mutilar una parte de mi cuerpo
(un meñique
una mano
un brazo)
y plantarla cerca de un ciprés
cerca de un cortejo de pájaros    
donde la sinfonía de la lluvia
la fecunde en la tierra
y las raíces la alimenten de lo verde
y del arco iris más lejano

el musgo la cubrirá
y una noche 
entraré profanando la tierra
y la traeré hacia mí, 
hacia mi jardín sediento de risas.

*

B O N U S  T R A C K 


Yo no cumplo años.
Yo no envejezco.
Yo no muero. 
El tiempo me olvidó
donde termina el mundo.  
La Muerte me respeta
y nadie puede destruir algo
que es inmortal.

Leído en su FACEBOOK


Krisma Mancía
(San Salvador, El Salvador, 1980 - 2026)
POETA/ESCRITORA/DISEÑADORA/ARTISTA
para leer la reseña de André Cruchaga en ENTRETMAS
para leer + en EL ESCARABAJO


24 de julio de 2026

Stefhany Rojas Wagner, 2 poemas 2



LA MUJER QUE AMÓ A LOS HOMBRES
 
Cuántas veces en tu lecho
no te recogiste entre las manos
tendiendo el cuerpo ante un hombre
preciso y solitario
con la boca llena de sal y pantano,
metiendo los dedos en sus cabellos
deslizando las piernas, el vientre, lo que era tuyo,
sus huesos, su vaho tembloroso sobre ti,
sintiendo el sudor del verano, de los truenos.
Un hombre que llegaba a la puerta de tu casa,
siempre uno a la vez a cualquier hora del día,
rodeado por tus brazos.
Qué importa que este hombre tenga tantos cuerpos
y que se llame de mil formas,
siempre será el mismo frente al nacimiento,

con las uñas en tu carne sensual
de serpiente, de gasolina, con olor a leche.
Qué importa que te pida de madrugada
que seas su hogar, que cultiven una huerta,
que tengan hijos hermosos, dicen todos ellos a la vez.
Después de esta ventisca, ¿qué hogar puedo ser para los otros?
¿Qué hogar puedo tener dentro del pecho?
Si son este hombre o ninguno,
no pueden decir que no los amé
como si fueran especies en peligro
o países en la guerra.


THE WOMAN WHO LOVED MEN

How many times in your bed
You pulled yourself together,
Laying your body before a lonely, Meticulous man
With your mouth full of salt and bog,
Moving your fingers through his hair,
Sliding your legs, your belly, that which was yours,
His bones, his tremulous breath over you,
Feeling the summer’s sweat, the clap of thunders.
A man who used to come to your house’s door,
Always one at a time at any hour of the day,
Hugged by you.
What does it matter if this man has so many bodies
Or that he’s known by so many names,
He’ll always be the same when facing birth,
With his nails over your snake-like
Sensual flesh, with the scents of milk and gasoline.
What does it matter if he asks you at dawn
To be his home, to cultivate a garden,
To have beautiful children together, they all say at once.
After this blizzard, what home can I be for others?
What home can I have inside my chest?
If they are this man or none,
They can’t say I didn’t love them
As if they were endangered species
Or nations at war.

Traducción de Miguel Falquez-Certain

 

PLEGARIA DESDE UNA FÁBRICA DE PLÁSTICO

En este cráneo comprimido
estoy yo cubierta por una costra de plástico
enloqueciendo. Mira el mundo, Madre,
comemos y bebemos de la desesperación,
después dormimos felices sintéticamente.
Cuando despierto miro la montaña
con los dientes quebrados; y estoy aquí, en esta ruina,
viviendo mi edad adolescente
en el naufragio circular de mis razonamientos.
Ven, Madre, en este musgo nocturno
mis ojos se descocen con el vapor de la maquinaria.
Sácame de este monólogo y déjame
ser un elefante en la llanura africana.
Deshójame, pacientemente, con tu ternura.



Breve tratado de la melancolía, Valparaíso Editorial, 2020
VIII Premio Nacional de Poesía "Obra Inédita" 2020


Breve tratado de la melancolía, Abisinia Editorial
Traducción de Miguel Falquez-Certain
Contratapa de Margaret Randall





Stefhany Rojas Wagner 
(Bogotá, Colombia, 1994) 
POETA/ARTISTA/EDITORA/GESTORA CULTURAL/
CO-FUNDADORA Y DIRECTORA DE ABISINIA EDITORIAL
de Breve tratado de la melancolía, Valparaíso Editorial, 2020
VIII Premio Nacional de Poesía "Obra Inédita" 2020
para leer + en CÍRCULO DE POESÍA
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