2 de diciembre de 2025

Camila Evia, 4 poemas 4


Fotograma de la serie Mad Man

...

cubierto de nieve artificial
un árbol de plástico anuncia
la navidad en el Sur

...

covered in artificial snow
a plastic tree heralds
christmas in the south



Fotograma de la serie Mad Man

...

un nuevo año empieza
las gotas golpean
el espíritu enmudece

...

a new year begins
the drops pummel
the spirit falls silent



...

arrojamos las cenizas
sobre el lago espejado

...

we hurl the ashes
across the mirrored lake



Fotografía de Pablo Saracco

PATAGONIA

volcanes tiñen de gris
verdes espacios de cóndores
y ciervos sin refugio temen

ver sus astas abriendo las puertas
de hombres abrigados con pluma
en sus casas de lenga y piedra

cuando la naturaleza grita
ellos limpian sus parabrisas y lloran
los escombros de la mañana

PATAGONIA

volcanoes stain gray
the greened space of condors
and deer shelterless in fear

see their own antlers over the doors
of men mantled with down
their houses of beech and stone

when nature screams
men clean their windshields and lament
the rubble of another day



Camila Evia 
(San Martín de los Andes, NQN, Argentina, 1987) 
Reside en Buenos Aires
POETA/DISEÑAFORA GRÁFICA/TRADUCTORA/
DIRECTORA ARTÍSTICA DE BUENOS AIRES POETRY
de Madrugadas espirales/Spiral Dawns, Boise, Idaho, 2025
Free Poetry, College of Arts and Sciences at Boise State University
Traducción al inglés de Kelsey Hennegen
para leer + en ZENDA

25 de noviembre de 2025

Yanina Audisio, 3 poemas 3 (de Mordida por las flores)


Fotografía de Alena Kakhanovich

Necesito la fuerza de unas manos, su romance con el aire. Que vengan desde la evolución que las moldeó para el traslado y la captura, ya sumergidas en la aleta que agita el pez de barro. Que vengan a pulsar el cuello como haciendo música, a tallar lo que de piedra en su erosión deja el alma.

Jaleo, vértigo, embriaguez. La materia sueña con entregarse a un poder ajeno. Abandonaría la incomodidad que la acompaña desde los primeros diecisiete años cuando no conseguía salir del pueblo, como ahora del dolor. Guía de agua que se atascó, mi cuerpo invoca un profundo amasamiento, caídas vertiginosas, grandes caudales.

Estiramiento, fricción, golpeteo. La espalda y los muslos piden manos que les concedan lo que aquel río natal les mezquinó. Mi madre nació cerca del deslumbrante Paraná. Mi padre, de un barranco que crecía como una bestia feroz con las lluvias. Pulsera sin brillo para mi piel ronca, sólo hasta la rodilla me concedió su lamida aquel río trunco.

Acaso unas manos repararían el amor que no pude tenerle, el consuelo que no hubo en su lengua anchísima. Pondrían en el lomo un ave zancuda, un camalote sobre la orilla, donde el río no supo ser compañero. Los cuatrocientos kilómetros que ocupa en la tierra no consiguieron sacarme de esas calles. La mansedumbre no es navegable.

Como un ejército de saqueadores sobre la hora azul de las tolderías, pedía un caballo para soportar la morosidad, surcarlo en patas y crines negrísimas, más nocturnas que su garganta. Pero debí conformarme con la torpeza de cachorro, con la incomodidad de ejemplar añejo, con el cuerpo, hermanastro de ese río, revoltijo oscuro que no refleja el cielo.

Y aun reconocida en ese parentesco, lo situaba del lado de los asesinos. Aunque no se haya llevado ni un ternero. El crimen fue no convidar tardes de alivio, cubrir huesitos de abuelas ranqueles, ampliar la llanura con su tristeza de agua.

Vengan unas manos a resarcir lo que me debe el río, a dar flotación y arrullo, a componer lo que en el paisaje fue negado: hacer de mí una criatura reblandecida por el roce de una sustancia, que un dios alguna vez tocó para delegar la sanación.



Fotografía de Alena Kakhanovich

Necesito un río para bañar mis dolores. Custodio de remolinos, riesgo que corre, una lengua que repare la dureza del cuello.
Desbordaría por la tierra, concedida a los árboles. Treparía en brazos del agua a un reposo de fruto que espera ser devorado. El futuro vendrá punzante en el pico de un zorzal que se agota en su lastimadura.

Necesito un río que despunte sus juncos, como quien dibuja su sueño en el lujo. Caería al fondo con ese verde en la boca, barro en la espalda, arena en el pelo. Una materia más que se vuelca en el paisaje derrotado.

Necesito un río para darle el cuerpo: piedra inadecuada, no sabe flotar ni hundirse.
Necesito un río inconsolable, que me llore y me llore.



Fotografía de Alena Kakhanovich

Si el cuerpo no fuera un ancla, esta perturbación me haría levitar. Pero no le concede al organismo que retoce con soltura.
Vaciada, lenta y en astillas, conozco la agonía del caracol: no podrá apropiarse de la playa, sólo sabrá sucumbir a una sed desmesurada.


 Mordida por las flores - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires 



Yanina Audisio
(Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1983)
Reside en Buenos Aires
POETA/TRADUCTORA/PSICÓLOGA/MAGÍSTER EN SALUD PÚBLICA
de Mordida por las flores - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Bs. As.
para leer + en EMMA GUNST

22 de noviembre de 2025

Delfina Bunge, Sabiduría (+1)

Obra  A moment in time, de Nina Tsereteli

SABIDURÍA

Así sencillamente como el pájaro canta
dar en una palabra todo su corazón,
tener dentro del alma una dulzura santa
que luminosa alumbra con suave resplandor

Brindar el corazón en una frase sola
y con suave sonrisa mostrar el alma entera,
así como en verano sonríe la corola
y como el fuego amigo en invierno atempera.

Sentir el alma plena de alegría y dulzura
y saber expandirla también en derredor
como una tenue música tejida de ternura
que sabe apaciguar suavemente el dolor.

Luminosa, segura de su eterno brillar,
ser la lámpara suave que ilumina el hogar,
segura, previsora reconfortante y santa,
¡consumirse despacio alumbrar, alumbrar,
así, sencillamente como el pájaro canta!

Traducción del francés de Alfonsina Storni




 Poesías, Ediciones Selectas América, Nº35, 1920
Cuadernos Quincenales de Letras y Ciencias
Prólogo de José Enrique Rodó
Traducción de Alfonsina Storni



B O N U S  T R A C K




[…] Aunque yo no creyera del todo viable esas ideas [feministas], más degradante me parecía tener que aceptar que habíamos sido puestas en el mundo para no tener —hasta cierta edad— otra preocupación que el vestirnos, divertirnos y agradar… ¡para encontrar novio!

por Axel Gasquet


Delfina Bunge de Gálvez
(Bs.As., 1881 - Alta Gracia, Córdoba, Argentina, 1952)
POETA BILINGÜE/ESCRITORA/ENSAYISTA/PERIODISTA/FILÁNTROPA ARGENTINA
de Poesías, Ediciones Selectas América, Nº35, 1920
Cuadernos Quincenales de Letras y Ciencias
Prólogo de José Enrique Rodó
Traducción de Alfonsina Storni

20 de noviembre de 2025

Clara Muschietti, 2 poemas 2 (+1)


Obra de Leonor Ruiz Dubrovin, Memento, 2012

Debería irme a dormir, pero me desilusioné mucho con los duraznos hermosos que compré hoy a la mañana a la salida del médico nuevo. Pensé que serían jugosos y riquísimos, pero no, son opacos y secos. No voy a comparar esto con mi vida. A veces no hace falta.

Pienso en los duraznos, ya sé que una desilusión tan tonta no tendría que ponerme así. El tema es que tengo un pasado.

Todo el día pensando en los duraznos, dejándolos para más tarde, haciéndome desear para nada. No los voy a tirar. Los voy a dejar en la heladera hasta que se pudran.


Obra de Emma Ainala
Si nos sacaran una foto ahora
que mi especie y su especie
conviven así,
seríamos adorados por multitudes,
pero nadie nos mira
porque no hay nadie
ni nadie va a venir.
En este momento
me resulta imposible creer
toda la información que me dieron
sobre el mundo.


de Podría llevar cierto tiempo, Editorial Caleta Olivia, 3ª edición
Fotografía de Alejandro Lipszyc


*

B O N U S  T R A C K



Obra de Emma Ainala


Este un poema para nosotras
que crecimos a los golpes
sin pensar
en el futuro
y ahora estamos
en el futuro.


de Karateca / La canción que cantás,
Ediciones Nebliplateada, 2020



 
Clara Muschietti
(Buenos Aires, Argentina, 1978)
POETA/FOTÓGRAFA/TALLERISTA
para leer + en FLOR DE AVE
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