Mostrando entradas con la etiqueta amiko li. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amiko li. Mostrar todas las entradas

18 de mayo de 2020

Nellie Wong, Cuando crecía


Fotografía de Amiko Li
CUANDO CRECÍA

Yo sé ahora que una vez deseaba ser blanca.
¿Cómo? preguntas tú.
Déjame contarte las maneras.

cuando crecía, la gente me decía
que era oscura, y yo creía en mi misma oscuridad
en el espejo, en mi alma, en mi propia visión estrecha

cuando crecía, mis hermanas
de piel blanca eran exaltadas por su belleza, y en la oscuridad
me caía más, abrumada entre paredes altas

cuando crecía, leía revistas
y veía películas, estrellas rubias del cine, piel blanca, 
labios apasionados y para ser elevada, para ser una mujer, 
una mujer deseada, empecé a usar piel blanca imaginaria.

cuando crecía, estaba orgullosa
de mi inglés, mi gramática, mi deletreo
de pertenecer, caber en el grupo de niñas inteligentes
inteligentes niñas chinas, de pertenecer, de ser parte, de estar en fila

cuando crecía y fui a la secundaria descubrí a las muchachas blancas ricas,
unas pocas muchachas amarillas,
con sus vestidos de algodón importados,
con sus suéteres de casimir,
con su cabello  rizado y pensé que yo también debería tener
lo que estas muchachas afortunadas tenían

cuando crecía, hambreaba
la comida americana, estilos americanos, clave: 
estilo blanco y hasta para mí, una niña nacida  
de padres chinos, ser china
era sentirme extranjera, era limitante,
era no-norteamericana

cuando crecía y un hombre blanco quería
salir conmigo, yo pensaba que yo era especial,
una gardenia exótica, ansiosa de pertenecer 
al estereotipo de una chica oriental

cuando crecía, me sentía avergonzada
de ciertos hombres amarillos, sus huesos finos,
sus cuerpos frágiles, su escupir por la calle, su tos,
acostados en cuartos sin sol,
inyectándose los brazos.

cuando crecía, la gente preguntaba
si era filipina, polinesia, portuguesa
nombraban todos los colores menos el blanco, la cáscara
de mi alma, pero no de mi tosca piel oscura

cuando crecía me sentía sucia.
Creía que dios
hizo a la gente blanca limpia
y no importaba cuanto me bañara no podía cambiar,
no podía mudar mi piel en el agua gris

cuando crecía juré
que me iba a escapar a las montañas púrpuras,
casas al lado del mar sin nada sobre mi cabeza,
con espacio para respirar,
no congestionada por la gente amarilla del área
llamada el Pueblochino, en un área 
que después aprendí era un barrio pobre, 
uno de muchos corazones
de la asía-américa

Yo sé ahora que alguna vez deseé ser blanca.
¿Cuántas maneras más?, preguntas tú.
¿Qué no te he dicho suficiente?


WHEN I WAS GROWING UP

I know now that once I longed to be white.
How? you ask.
Let me tell you the ways.

when I was growing up, people told me
I was dark and I believed my own darkness
in the mirror, in my soul, my own narrow vision.

when I was growing up, my sisters
with fair skin got praised
for their beauty and I fell
further, crushed between high walls.

when I was growing up, I read magazines
and saw movies, blonde movie stars, white skin,
sensuous lips and to be elevated, to become
a woman, a desirable woman, I began to wear
imaginary pale skin.

when I was growing up, I was proud
of my English, my grammar, my spelling,
fitting into the group of smart children,
smart Chinese children, fitting in,
belonging, getting in line.

when I was growing up and went to high school,
I discovered the rich white girls, a few yellow girls,
their imported cotton dresses, their cashmere sweaters,
their curly hair and I thought that I too should have
what these lucky girls had.

when I was growing up, I hungered
for American food, American styles
coded:  white  and even to me, a child
born of Chinese parents, being Chinese
was feeling foreign, was limiting,
was unAmerican.

when I was growing up and a white man wanted
to take me out, I thought I was special,
an exotic gardenia, anxious to fit
the stereotype of an oriental chick

when I was growing up, I felt ashamed
of some yellow men, their small bones,
their frail bodies, their spitting
on the streets, their coughing,
their lying in sunless rooms
shooting themselves in the arms.

when I was growing up, people would ask
If I were Filipino, Polynesian, Portuguese.
They named all colors except white, the shell
of my soul but not my rough dark skin.

when I was growing up, I felt
dirty.  I thought that god
made white people clean
and no matter how much I bathed,
I could not change, I could not shed
my skin in the gray water.

when I was growing up, I swore
I would run away to purple mountains,
houses by the sea with nothing over
my head, with space to breathe,
uncongested with yellow people in an area
called Chinatown, in an area I later 
learned was a ghetto, one of many hearts
of Asian America.

I know now that once I longed to be white.
How many more ways? you ask.
Haven't I told you enough?

1981




Nellie Wong
(Oakland, California, EE.UU., 1934)
POETA/ACTIVISTA FEMINISTA Y SOCIAL
de The Death of a Long Steam LadyWest End Press, 1986
en Esta puente, mi espalda, Voces de mujeres tercermundistas 
en los Estados Unidosism press, San Francisco, 1988
Editado por Cherríe Moraga y Ana Castillo
Traducido por Ana Castillo y Norma Alarcón
contacto nelliewongpoet2@yahoo.com 
para leer MÁS

9 de enero de 2018

Silvina Giaganti, 5 poemas 5



Fotografía de Amiko Li
LAS COSAS SE VAN CON VOS

En las fotos familiares que guardo 
estoy arriba de un triciclo, una bici, un auto a
                                                                             [pedales.
Tenía ocho, nueve años y a mi papá le pedía
que me llevara a andar en bici, en karting, en moto.
En el Italpark me gastaba la chequera de los juegos 
en la pista de Indianápolis
me estaba preparando para un movimiento
que ahora veo no termina nunca.
A los 20 me fui de casa
porque del barrio hay que irse rápido.
El 98 por ciento de las familias son disfuncionales,
                                                                             [mi papá
traía plata a casa pero cenaba 
en otro cuarto y cuando subíamos
al colectivo se sentaba lejos de mí
aunque tuviera espacio.
Del barrio hay que irse digo siempre
para eso tomé envión y cocaína 
pero como me dijo mi tío que está muerto
te vayas a donde te vayas las cosas se van con vos.
Siento que estoy llena de vida y también 
que no lo soporto.
Del barrio hay que irse sigo diciendo
aunque yo ya me fui.




Fotografía de Amiko Li

ME DIJO QUE AMOR TUVE

A mi mamá le cuesta abrazarme
y preguntarme en qué ando.
Creo que no sabe qué estudié
ni de qué me recibí
pero me hace comida
para que traiga a casa
y hasta hace poco me ayudó
a pagar la obra social.
Ahora gano más
que las dos jubilaciones
juntas de mis padres
y me da una vergüenza enorme.
Mi psicóloga me dijo
que seguramente mi mamá
no hablaba mucho
conmigo ni con nadie
porque le pasaron cosas
que la metieron para adentro.
Y que si no me hubiera querido
ni me hubiera dado
los cuidados 
que de bebé necesité
no hubiera sobrevivido.
Que amor tuve, eso me dijo.




Fotografía de Amiko Li

NO ERA FECHA RELIGIOSA

Me daba mucha vergüenza que mi papá se dejara puesta
la ropa de trabajo fuera de horario y anduviera
por ahí así vestido, la camisa, el pantalón azul de grafa,
yendo y viniendo por el barrio, tomándose colectivos
como si no supiera, o no se mereciera, usar otra cosa.
Una vez abrí la puerta de su pieza y lo encontré hablándole de cerca
a un cuadro con la imagen de Jesús, colgada 
sobre el respaldo de la cama.
Le hablaba en susurros, la cara 
pegada al marco, le había puesto unas ramas de laurel.
No era fecha religiosa.
Me pregunto qué le decía, porque conmigo no hablaba. 
No se dio cuenta de que yo estaba ahí.
Hasta jubilarse se levantó a las 4.30 de la mañana calentaba leche 
en una taza de loza mientras le pegaba una barrida a la cocina. 
A veces el ruido de las fibras de la escoba me despertaba
y lo miraba por la ventana esperando el colectivo para irse a trabajar.
Recuerdo que hacía fuerza para que llegara rápido, así no pasaba frío
o algo raro en la calle.
Se colgaba de torres para soldar, y los fines de semana hacía changas: 
revoques, pintura de interiores y frentes, arreglos de cortinas.
En la cancha, en una final, le grité un gol en la cara 
porque somos de equipos diferentes.
Alguna vez me dijo que yo le gustaba como era porque me defendía 
de lo que él no pudo.
Ahora gano más que su jubilación y me da una vergüenza enorme.
Siempre me compró las mejores zapatillas, las mejores ropas, la mejor gaseosa.
Hace poco fui a su casa y me llevé la camisa Ombú que ya no usa, 
me empezó a gustar la tela y el color.



Fotografía de Amiko Li

EL INSTINTO DE UN PERRO

La noche del 29 de mayo
cociné pastas que comí
al lado del fuego
que mantuve encendido
con pericia por horas.
Era la primera vez
que hacía fuego en un hogar
y me gustó aprender algo nuevo
el día de mi cumpleaños.
Después salí a caminar por el campo
me prendí un cigarrillo
un perro me siguió dos cuadras
hasta que otra cosa lo distrajo y se fue.
Y me quedé pensando
que me gustaría tener
el instinto de un perro:
saber cuántas cuadras acompañar
y cuando tener que irme.



Fotografía de Amiko Li

TOMAR AGUA COMER FRUTA

Tomar agua comer fruta
usar ropa de algodón
especialmente holgada 
en los hombros y los brazos.
Leer libros que cuenten 
una historia y no que
la reflexionen.
Usar colonias refrescantes.
No hablar de lo que duele
excepto con quien sabe
crecer, volver a pasar
por el mismo lugar
sin hacerse tanto daño


Tarda en apagarseCaleta Olivia Ediciones, 2017





ph Pauli Villamil
Silvina Giaganti
(Avellaneda, Bs. As., Argentina, 1976)
ESCRITORA/FILÓSOFA/DOCENTE/TUITERA
de Tarda en apagarse, Caleta Olivia Ediciones, 2017
Prólogo de Santiago Llach
para leer + en LOS INROCKUPTIBLES
para leer una entrevista en INFOBAE
su TWITTER

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...