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5 de abril de 2014

Pedro Donangelo, 3 poemas 3


Obra de Duy Huynh

COMO CHÉJOV

minutos antes del canto del zorzal
o de la alarma del despertador,
empieza a lamer mi cara.
El péndulo vivace del rabo
expresa la urgencia
de visitar el árbol y las mismas baldosas,
pero, especialmente
reconocer la marca
de su propia vida indiferenciada
y aunque nunca leyó a Chéjov
sigue el consejo sobre la escritura
en cuanto a su esencia: oler
como la primera vez
a diferencia del amigo que despierta,
que rastrea la pista del error existencial,
entre las brisas y las tormentas
de los recuerdos.



Obra de Quint Buchholz


RETRATO JUNTO AL TERRIER ENCADENADO

en la espera, el vidrio me refleja junto a él y a una columna del alumbrado.
Desde lo Otro, desde el interior del supermercado,
ella arribará con su lista de vituallas al borde de mi fastidio y partiremos.
También él, encadenado a los olores que ama.


RITRATTO INSIEME AL TERRIER INCATENATO 

Nell’attesa, il vetro mi riflette insieme a lui e una palo della luce.
Dall’Altro, dall’interno del supermercato,
lei arriverà con la sua lista di vettovaglie al limite della mia sopportazione e partiremo.
Anche lui, incatenato dagli odori che ama.




s/d del autor de la fotografía

UN PASEO

al fin hiciste lo que pensabas:
correr el clavo para ubicar casi en el mismo sitio
un plato incomparable.
Ese día o el día anterior al que corriste el clavo
viajamos al centro, "pero la recluida, imprevistamente,
apresuró el regreso"
y próximos al Palacio de la Pizza abandonamos tu mirada
en el mendigo que exhibía el pie partido.




Pedro Donangelo 
(Buenos Aires, Argentina, 1949)
de fin de episodio
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3 de marzo de 2014

Ana Istarú, 2 poemas 2 (II)




IV (LA ESTACIÓN DE FIEBRE)

Ahora que el amor
es una extraña costumbre,
extinta especie
de la que hablan
documentos antiguos,
y se censura el oficio desusado
de la entrega;
ahora que el vientre
olvidó engendrar hijos,
y el tobillo su gracia
y el pezón su promesa feliz
de miel y esencia;
ahora que la carne se anuda
y se desnuda,
anda y revolotea
sobre la carne buena
sin dejar perfumes, semilla,
batallas victoriosas,
y recogiendo en cambio
redondas cosechas;
ahora que es vedada la ternura,
modalidad perdida de las abuelas,
que extravió la caricia
su avena generosa;
ahora que la piel
de las paredes se palpan
varón y mujer
sin alcanzar el mirto,
la brasa estremecida,
ardo sencillamente,
encinta y embriagada.
Rescato la palabra primera 
del útero,
y clásica y extravagante
emprendo la tarea
de despojarme.
Y amo.


Fotografía de Lukasz Wierzbowski

ALGÚN DÍA

Algún día
algún misterioso día húmedo
me volcaré en mí misma para siempre,
y no podrá nadie llamarme
por mi nombre,
porque seré un encierro de paz,
único y eterno.
Algún día húmedo,
con el sello infinito de dos palabras:
no volveré.
Y la vida abierta y dolorosa
bajará rodando por las gradas.




Ana Istarú -Ana Soto Marín-
(San José de Costa Rica, 1960)
POETA/ESCRITORA/ACTRIZ
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9 de febrero de 2014

Emilia Bertolé, 2 poemas 2


Obra de Quint Buchholz
A UN DESCONOCIDO

Lenta apoyo en tu mano semibárbara
mi mano palidísima.

Breve, casi inmaterial,
la insólita caricia
debió asombrarte porque tu mirada
buscó a la extraña mujer desconocida.

Aún estremece mi muñeca exangüe
una piedad que no comprenderías.

(1939)



Obra de Quint Buchholz
A UN EXTRANJERO 

Acabo de leer tu libro, oh extranjero,
a quien no veré nunca.
Y aún estoy escuchando, estremecida,
tu voz de olvido y de aventura.
Tu roja voz cargada del terrible
atractivo de las cosas inseguras.
Así tu verso lúcido, que se torna 
/evasivo
sin que yo logre asir su esencia oscura.
Así tu rostro claro, que de golpe,
se me enturbia.
Has encendido un fuego en la tiniebla
y huyes sin defender su llama pura.

Sé que me voy a dormir en esta noche
de cautelosa lluvia:
Tus ojos y tus versos me han traído
la pena más absurda!

(1940) 



Emilia Bertolé 
(El Trébol, Santa Fe, Argentina, 1896-1949)
de Poemas del cuaderno de tapa de cuerina
en Obra poética y pictórica,
Editorial Municipal de Rosario, 2006
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17 de junio de 2011

Emilia Bertolé, El viejo libro


Landstrasse, de Quint Buchholz
EL VIEJO LIBRO

La lluvia, el viejo libro y tu recuerdo,
oh amigo, me han llenado de tristeza.

Se diría que en estas claras páginas
que están como impregnadas de tu ausencia,
vive un poco de tu alma, de tus ojos,
de tu sonrisa entre viril y tierna.
Y pienso que este libro, amigo mío,
es el único lazo que en la tierra
une mi vida frágil a la tuya
silenciosa y serena.

Lentamente he cerrado el viejo libro
y el alma toda se me ha vuelto niebla.




Emilia Bertolé 
(El Trébol, Santa Fe, Argentina, 1896-1949)
de Espejo en sombra, 1927
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3 de junio de 2011

Eleni Vakaló, 2 poemas 2 (+1)


Ilustración de Quint Buchholz

EL OJO DE MI PADRE

f r a g m e n t o 

Mi padre tenía un ojo de vidrio.
Los domingos que se quedaba en casa sacaba de su bolsillo otros ojos, 
los pulía con el extremo de su manga y llamaba
a mi madre para que eligiera. Mi madre reía.

Las mañanas mi padre estaba complacido. Jugaba con el ojo
en la palma de su mano antes de ponérselo y decía que era un buen ojo. 
Pero yo no quería creerlo.

Echaba un oscuro chal sobre mis hombros como si tuviera frío y era para espiar. 
Al final un día lo vi llorar.
No tenía
ninguna diferencia con un ojo de verdad.

Tο μάτι του πατέρα μου

Οπατέρας μου είχε ένα γυάλινο μάτι.
Τις Κυριακές που καθότανε σπίτι έβγαζε από την τσέπη του
κι άλλα μάτια, τα γυάλιζε με την άκρη του μανικιού του και φώ-
ναζε τη μητέρα μου να διαλέξει. Η μητέρα μου γελούσε.

Τα πρωινά ο πατέρας μου ήταν ευχαριστημένος. ‘Επαιζε το μάτι
στη φούχτα του πριν το φορέση και έλεγε πως είναι ένα καλό μάτι.
‘Ομως εγώ δεν ήθελα να τον πιστέψω.

Ερριχνα ένα σκούρο σάλι στους ώμους μου τάχα πως κρυώ-
νω κι ήταν για να παραμονέψω. Στο τέλος τον είδα μια μέρα να
κλαίει. Δεν είχε καμιά διαφορά από ένα αληθινό μάτι.

Αυτό το ποίημα
δεν είναι για να το διαβάσουν
όσοι δεν μ’ αγαπούνε
ακόμη
κι από κείνους
που δεν θα με ξέρουν
αν δεν πιστεύουνε πως υπήρξα
σαν
και κείνους.

Ύστερα από την ιστορία με τον πατέρα μου, υποψιαζόμουνα και όσους είχαν αληθινά μάτια.




Ilustración de Quint Buchholz


CÓMO SE VOLVIÓ UNA MALA PERSONA

Les diré cómo ocurrió
Así en este orden

Un pequeño y buen hombre encontró en su camino
a un golpeado

No muy lejos de él estaba en el suelo y
se compadeció

Tanto se compadeció
Que después tuvo miedo

Antes de acercarse a él y agacharse
para tocarlo, lo pensó mejor

Qué quieres para qué le buscas

Alguien más habrá de tantos aquí cerca
que del infeliz se compadezca

Y mejor no decir
Que siquiera lo he visto

Y como tuvo miedo
Así pensó

¿Acaso no es culpable?, ¿a quién golpean
sin que tenga la culpa?
Y bien se lo merece pues quiso jugar con
las autoridades

Empezó entonces él también
A golpearlo encima

Principio del cuento buenos días tengan ustedes.


Πώς έγινε ένας κακός άνθρωπος

Θα σας πω πώς έγινε
Έτσι είναι η σειρά

Ένας μικρός καλός άνθρωπος αντάμωσε στο
δρόμο του έναν χτυπημένο
Τόσο δα μακριά από κείνον ήτανε πεσμένος και λυπήθηκε 
Τόσο πολύ λυπήθηκε
που ύστερα φοβήθηκε

Πριν κοντά του vα πλησιάσει για να σκύψει να
τον πιάσει, σκέφτηκε καλύτερα
Τι τα θες τι τα γυρεύεις
Κάποιος άλλος θα βρεθεί από τόσους εδώ γύρω,
να ψυχοπονέσει τον καημένο
Και καλύτερα να πούμε
Ούτε πως τον έχω δει

Και επειδή φοβήθηκε
Έτσι συλλογίστηκε

Τάχα δεν θα είναι φταίχτης, ποιον χτυπούν χωρίς να φταίξει;
Και καλά του κάνουνε αφού ήθελε vα παίξει με τους άρχοντες 
Αρχισε λοιπόν και κείνος
Από πάνω να χτυπά

Αρχή του παραμυθιού καλημέρα σας






B O N U S  T R A C K 




EDUCACIÓN VEGETAL

La educación de las plantas es distinta a la de los hombres.
Que no se mueven que no se suicidan
No es la única diferencia
Las plantas son permanentemente revolucionarias
Bastaría pensar cómo crecen en las noches de luna.

Leído en PALABRAS PESADAS




Eleni Vakaló 
(Constantinopla, 1921 - Atenas, Grecia, 2001)
de Genealogía del mundo,  1990
Versión de Francisco Torres Córdova

29 de agosto de 2010

Margaret Atwood, Las palabras siguen su viaje


Obra de Quint Buchholz

LAS PALABRAS SIGUEN SU VIAJE

¿Sufren en realidad los poetas más
que otra gente? ¿No es sólo
que a ellos les toman fotos
y se les ve hacerlo?
Los manicomios están llenos de aquellos
que nunca escribieron un poema.
La mayoría de los suicidas no son
poetas: una buena estadística.

Algunos días sin embargo quiero, todavía,
ser como otra gente;
pero entonces voy y hablo con ellos,
esa gente que se supone que son
distintos, y se parecen mucho a nosotros,
excepto que carecen de esa cosa
que pensamos que es una voz.
Nos decimos entre nosotros que ellos son más débiles
que nosotros, menos definidos,
que ellos son lo que nosotros definimos,
que les estamos haciendo un servicio,
que nos hace sentir mejor.

Ellos son menos elegantes en el dolor que nosotros.

Pero mira, dije nosotros. Aunque pueda odiar tus tripas
individualmente, y nunca quiera verte,
aunque prefiera pasar el rato
con dentistas, porque aprendo más,
hablé de nosotros en plural, nos uní
como los miembros de alguna caravana de la muerte

que es como nos veo, viajando juntos,
las mujeres con velo y de una en una, con esa mirada
hacia adentro y los ojos desviados,
los hombres en grupo, con sus bigotes
y pasatiempos y baladronadas

en el lugar al que estamos pegados, el lugar que hemos escogido,
un peregrinaje que tomó un rumbo equivocado
en alguna parte hace mucho y terminó
aquí, a plena luz
del sol, y las sombras duras rojinegras
desplegadas por cada piedra, cada árbol muerto misterioso
en sus particularidades, su doble gravedad, pero flotando
también en la aureola de piedra, de árbol,

y no estamos más malditos en realidad que nadie, mientras vamos
juntos a través de este terreno lunar
donde todo está seco y agoniza y está
tan vivo, hacia las dunas, desvaneciéndonos fuera de campo,
desvaneciéndonos fuera de la vista de los demás,
desvaneciéndonos incluso fuera de nuestra propia vista,
buscamos agua.

THE WORDS CONTINUE THEIR JOURNEY

Do poets really suffer more
than other people? Isn’t it only
that they get their pictures taken
and are seen to do it?
The loony bins are full of those
who never wrote a poem.
Most suicides are not
poets: a good statistic.

Some days I want, still,
to be like other people;
but then I go and talk with them,
these people who are supposed to be
other, and they are much like us,
except that they lack the sort of thing
we think of as a voice.
We tell ourselves they are fainter
than we are, less defined,
that they are what we are defining,
that we are doing them a favor,
which makes us feel better.
They are less elegant about pain than we are.

But look, I said us. Though I may hate your guts
individually, and want never to see you,
though I prefer to spend my time
with dentists because I learn more,
I spoke of us as we, I gathered us
like the members of some doomed caravan

which is how I see us, traveling together,
the women veiled and singly, with that inturned
sight and the eyes averted,
the men in groups, with their mustaches
and passwords and bravado

in the place we’re stuck in, the place we’ve chosen,
a pilgrimage that took a wrong turn
somewhere far back and ended
here, in the full glare
of the sun, and the hard red-black shadows
cast by each stone, each dead tree lurid
in its particulars, its doubled gravity, but floating
too in the aureole of stone, of tree,

and we’re no more doomed really than anyone, as we go
together, through this moon terrain
where everything is dry and perishing and so
vivid, into the dunes, vanishing out of sight,
vanishing out of the sight of each other,
vanishing even out of our own sight,
looking for water.



Margaret Atwood  
(Ottawa, Canadá, 1939)
de Luna nueva, 1984
Icaria Poesía, 2000
Traducción de Luis Marigómez Marugán
para leer MÁS

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