Mostrando entradas con la etiqueta elizabeth azcona cranwell. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elizabeth azcona cranwell. Mostrar todas las entradas

10 de abril de 2019

Elizabeth Azcona Cranwell, 2 poemas 2


Obra de Andrea Kowch
ESTO QUE SUBE Y TOCA TU PALABRA

Es un hablar de nieve
esto que sube y toca tu palabra.
Se dobla el otro extremo del espacio
allá donde el verano compromete
la ciudad en que habitas.
Alejada por la tierra implacable
tu cara es el azar de mi memoria.
Centellan los pájaros servidores del frío
y obedezco a los cóncavos designios
que le anuncian con colores helados en las ramas.
Voz de sol en destierro
manos que denominan cosas
entre huellas y pinos solitarios.
Yo sé mejor de lejos tu nombre de flor cruda
jugada en la inocencia.
Rotan su luz opuesta los solsticios
y hay un cambio secreto que le nace al lenguaje
agazapado en un rincón del mundo.
¿Qué punto del espacio
enlaza como un encuentro grave
tu decir y mi ausencia?
Algo ocurre en un sitio del alma
que desconoce sus predilecciones.
Levanto una mirada de fiesta prohibida
limada de una pérdida.
Ya no descubro rosas, las invento
de las sopladas voces de oscuridad y exilio.
Nunca se empieza a amar sin una chispa
de error en la mirada.
La distancia es a veces
mi mudo espacio de reconocimientos.



Obra de Andrea Kowch
SI EL ESPACIO ES DISTANCIA

Quizá porque era invierno entonces
con persistencia de hojas concluidas
invierno no elegido
apenas un lugar para partir el vino
y entender esa zona baldía
entre el vértigo y toda permanencia.

Cualquier forma de hablar nos fue lejana
porque siempre ignoré tu despertar
caído desde un sueño mutable
tu despertar tan nuevo en la memoria
como es nuevo el amar
y otro el murmullo de la nieve
ahora que otra vez es invierno
en un pronto país desconocido
y hemos quedado a espaldas del amor.

Quizá porque mis manos son de muro
y me apartan de ti
manos libres que nunca quisieron apresarte
acaso aquel furor huyó
por la pared de vidrio entre mis dedos.

Qué incandescencia les faltó a los días
qué chasquido del sol, qué voluntad de noche
qué giro de la gracia entre las hojas?

O es que el amor es otro,
siempre lejos, muy otro
fuera de toda unión posible
y del silencio revelado?

Hablo para reconocernos.




Elizabeth Azcona Cranwell 
(Buenos Aires, Argentina, 1933 - 2004)
POETA/NARRADORA/ARTICULISTA/TRADUCTORA/CRÍTICA LITERARIA
en Alta mareaMuestra de la poesía argentina del siglo XX
Editorial Nido de Cuervos, Lima, Perú, 2012
Selección de Jorge Ariel Madrazo y Julio Salgado
para leer + en DE SIBILAS Y PITIAS
MÁS

17 de marzo de 2018

Elizabeth Azcona Cranwell, Imposibilidad del lenguaje o los nombres del amor (+2)


s/d del autor de la fotografía

IMPOSIBILIDAD DEL LENGUAJE
O LOS NOMBRES DEL AMOR

A Mirtha y Néstor Grancelli Cha

Hay quien sucede entre las cosas dejándoles un gusto
que las cambia. Es obrar como si el aire se 
partiera, con el fervor lunático de no saber si la 
sustancia calla o resplandece. Existe la materia
donde se hunde la vida. Acontece la forma y el 
tiempo se diseca como un gran pájaro apedreado.

Hay quien sabe qué hacer con las memorias y ordena
el ejercicio de los días. El asunto es seguir,
vivir con los objetos y nunca con los nombres
polvorientos. Incrustar los recuerdos en las 
claras cuestiones de la tierra.

Pero mi única materia es la sustancia de mi vida. Me
sucede el lenguaje y le ocurren las figuras 
nostálgicas, el humo de vivir.

Y cuando digo de este nudo de ausencia porque 
alguien ya no está y digo que lo amaba por un
dormir estrecho de reconocimientos y un despertar
ajeno para el frío, cuando oigo que me era
necesario y este gran hueco que es él mismo se
hace también de una sustancia imperceptible.
(En cambio su omisión de mí se transforma en
un día cruzado por los hechos y el mundo.) Mis
maneras no alcanzan a separar el sentido de su
voz de lo que calla al paso de la noche.

Yo leía prolijamente las iluminaciones en su cara.
Con sus modales fabricaba mi casa, su morada
de voces era el sustento de mi vida.

Pero cuando lo digo no lo vuelvo a vivir, ni siquiera
lo creo. Sólo es como las aguas. Es abrir una 
lluvia que diluye los gestos, la realidad que le 
nacía a todo.

Y cuando hablo del avance del tiempo en el olvido,
no estoy diciendo nada, apenas lego a las palabras
la fuerza que les restaba cuando aún eran
sombras y no frases.

Nombrar es un cuchillo. Asestarles palabras a las formas.
Cuando ya las he dicho, la oscuridad 
secuestra su azul fosforescencia.

Si al menos fuera algo de mi vida lo que cayera dentro
de su reino. Si al menos lo que el tiempo
deshace fuera sustancia misma de ese tiempo.

Pero estamos perdidos. Ni tributos, ni el contorno
palpable de este hablar. Y es entonces cuanto
todo se pierde en divagar y estar y representarse
y vivir y enloquecerse con la noche, un vaso y
las palabras.

Sitio que vive y no responde, lugar donde dura una
frase que ajena memoria ya estaría olvidada en los
vaivenes de este mundo. Quedarse, tratar injustamente
de que el tiempo se apegue a esto que
también huye, a esto que se dice, se repite, trata
de merecer este juego supremo de luces y de amor.

Estoy, quizás estamos. Pero ¿qué es estar, qué es vivir?
¿Por qué se está, se vive, no se contesta a otros
llamados con nuestra voz insuficiente que sólo se
sabe ahondar sobre sí misma?

En un lugar desconocido, algo responde a mi llamado.
Algo que está en la niebla que me acierta un
sonido inescuchable. Está en la lluvia que 
presta su idioma devorante para nuestra necesidad
de las respuestas, para la fiebre de inventar las
palabras. Está en las otras músicas y en la 
lejanía donde las cosas duran de una nueva manera,
donde la libertad de amar se vuelve el modo de
fabricar un gesto más lejano que aquellos que 
tanto hemos guardado.

Estar, verse, devorar las imágenes.
Fuera de las contestaciones orgullosas, de la ambición
de días con la tierra a nuestros pies.

¿Qué confieso? ¿Dónde está la luz? ¿Qué supone ese
afán de seguir en la ausencia y en las voces no
dichas?

Es algo que estremece. Lo repito funcionando muy
solo en la manera de callarse cuando todo está
hablando casi insaciablemente.

Hay voz, destellos, pájaros, olvido. Sabiduría del 
olvido. Apertura de todo lo que calla. Respuesta.
Silencio.

de Imposibilidad del lenguaje o los nombres del amor, Editorial Losada, 1971



B O N U S  T R A C K 

Fotografía de Jan Kroupa

EL MURO

Por la ciudad de siempre, mientras caen las luces
y músicas extrañas descifran el crepúsculo
hay algunos que repiten mi nombre, que
despiadadamente transitan por mi imagen.

Creen saber mi vida,
la verdad de mis tardes con su silencio a cuestas.
Ellos dicen "su risa" y es el viento sin tregua de una
mañana oscura,
ellos dicen "sus ojos" y es un país desierto como un
mar infinito.

Yo no sé si lo saben
pero hay días que me invaden de pronto como una
salvación,
días largos, intensos, con la altura de algún tiempo
cumplido
un sol amaneciendo toda la luz del mundo.
Y otros en que la oscuridad quiere mis manos
y me rebelo en golpes insensatos a una puerta sin eco
mutilo mi vacío, dejo crecer la soledad como un
abrigo viejo
madurado en la voz, sin esperanza.

Yo quisiera mirarme en sus palabras
saber lo que recorren dentro de mi amor desconocido,
quisiera ver desde ellos el viento que me aturde,
qué forma tiene entonces mi vacío
conocerme en sus manos que nunca me descubren.
Pero jamás veré mi rostro entre sus días
mi imagen dibujada por sus ojos.

Fijada para siempre a un lado del espacio
en medio de mi voz y sus palabras
es la tierra desnuda
el país imposible.


s/d del autor de la fotografía

VISIONES DE RELÁMPAGO

Quise contarte el mundo a mi manera.
Quise hablarte de ti.
Y te asustó el cuchillo iluminado con que tallé el 
alcance de tu nombre.




Elizabeth Azcona Cranwell 
(Buenos Aires, Argentina, 1933 - 2004)
POETA/ESCRITORA/TRADUCTORA/CRÍTICA LITERARIA
extraídos de: FUNDACIÓN ARGENTINA PARA LA POESÍA
para leer MÁS y MÁS




30 de septiembre de 2012

Elizabeth Azcona Cranwell, 3 poemas 3

Fotografía de Anita Nadj (Croacia)

AMOR PERSISTE

Más allá del amor sólo hay maneras para morir
cuartos donde el destino inicia su silencio
de música cumplida.

A veces
cuando todo es en mí como una oscura casa
cuyas puertas desconozco
y el tiempo es un dulce asesino que acecha en la penumbra
oigo una voz golpeando la memoria
y me asalta de pronto su cadencia insensata.

Algo desde el amor
trae una magia equívoca que de nuevo me inventa
algo para tocar mi vida como un pájaro.

Sólo una mano cálida para cerrar instantes
sólo una voz lejana para envolver al mundo.




Tiempo de desamor, fotografía de José D. Almeida

EN ÚLTIMA INSTANCIA

No importa si el amor
resistirá a esta tierra de cáscara y ceniza.

No importa si el silencio
se hace presencia porque falta Dios.

Arderé en la intemperie
hasta que la intemperie se consuma.

Arderé en el amor
hasta que el amor me vuelva ausencia.

COME ULTIMA ISTANZA 

Non importa se l’amore
resisterà su questa terra di resti e ceneri.

Non importa se il silenzio
si fa presenza perché manca Dio.

Arderò nelle intemperie
fino a che le intemperie si consumino.

Arderò nell’amore
fino a che l’amore mi faccia assenza

(Traducción del CCTM)




SE REVELA Y SE ALUMBRA

                    a Alejandra Pizarnik

Quisimos que el amor dijera el porvenir, el oculto mecanismo
      del tiempo, el ruido de la vida.

Le supimos la voz, su propia música oscura en las ventanas.
Y no ha quedado nada, ni un leve resplandor desdeñando su
      forma por las cosas del mundo.

Sin embargo en la rosa tantas veces mirada se ha encendido
      una luz que transforma el sentido de la noche.




Elizabeth Azcona Cranwell 
(Buenos Aires, Argentina, 1933 - 2004)
POETA/NARRADORA/ARTICULISTA/TRADUCTORA/CRÍTICA LITERARIA
de Antología de la Poesía ArgentinaBiblioteca de Poesía Universal, 
Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979
Selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre
para leer MÁS

17 de mayo de 2012

Elizabeth Azcona Cranwell, 2 poemas 2 (+1)

(*)
LA NOSTALGIA

Hay un día en que las cosas son un hondo precipicio
conozco el rostro húmedo y las manos que nunca me abandonan
la noche que se abre
como un pueblo de alondras disperso en la tormenta.

Yo he escuchado a mi amor desde lejos en una lengua extraña
mientras la nostalgia murmuraba sus frases de curiosa hechicera
ella alargaba sus caricias en las ventanas del insomnio
como una huésped cuya mano asolaba el relámpago.

Porque ella no era el día
y tampoco era el ángel sediento de palabras
mi propia voz la nombra como a una desterrada
desabrigada madre, de pechos dulcemente vacíos.

Más allá de la noche donde se enciende la ternura
más allá de la calle donde el viento deshace la forma de los pasos
sé que hay un país nuevo, cansado de las sombras.

Una música fija
un tiempo de colores intensos como dioses desnudos.
Pero mi corazón sigue clavado para siempre en los sitios imposibles.




(*) Fotografías de Natasha Gudermane

LA AUSENCIA

Vacío
acaricio el vacío
ahora tengo los ojos saqueados por la sombra
de tanto iluminar
lo oscuro del amor.

Vacío
yo me aferro al vacío
porque la tierra es dura y no comprende
bastaba una mirada para todo el espacio
una mano iniciaba el alerta del mundo.

Se ha vaciado de golpe todo el candor del cielo
he perdido los árboles hundidos de miradas
¿qué gritaría un ángel ante tanto abandono?
¿cómo haría el silencio si no existiera el día?

Vacío
yo me abrazo al vacío
hace frío en la sangre desnuda de la noche.
De tanto haber amado
ya no soy sino un eco.

(de De los opuestos, 1966)


B O N U S  T R A C K

Fotografía de Gabriele Chiapparini

PERMANENCIA

El cielo es curvo y cierto de humedad
cielo de confesiones incumplidas.

Es en vano llenar de gestos nuevos los huecos de la 
tarde, adorar cada día un reflejo distinto, andar
cazando vida muy lejos de la orilla del corazón.

El amor envejece
y es tu voz la que precipita el desasosiego del atardecer.

Esto eres tú todavía, todavía tu intento insostenible,
todavía tu rostro, la gran dulzura desesperada.

Mi soledad saqueada por amigos sonrientes, ahora por
momentos su eterno descubrir.

Y de mi triunfa siempre la nostalgia, esa ardiente
insegura.

En el colmo del tiempo volveré a dedicarme a tu mirada.
El amor rozará muchas veces el borde de mi noche.
No te destruirá.

(Edgar Bayley […y otros] La poesía del cincuenta, Buenos Aires: CEAL, 1981)



Elizabeth Azcona Cranwell 
(Buenos Aires, Argentina, 1933 - 2004)
POETA/NARRADORA/ARTICULISTA/TRADUCTORA/CRÍTICA LITERARIA
para leer la Obra Completa de Dylan Thomas traducida por E.A.C
para leer MÁS
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...