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12 de febrero de 2014

Jeymer Gamboa, 4 poemas 4


Fotografía de Sarah Ann Loreth
GILLETTES USADAS

La puerta está abierta
para que la canción de la radio
llegue hasta el baño.

Ella está depilándose las piernas
y pensando en que esto va mejor.

Su momento cumbre de reflexión
se interrumpe justo
con ese corte cerca del tobillo.







Fotografía de Janine Mizéra

PERCHAS

La poesía no va a reparar esta relación.
Ni los otros electrodomésticos
dañados.

Lo que en verdad aterroriza
es abrir el ropero
y ver tantas perchas sin nada.





Fotografía de EPOKHE
LA DISTANCIA MÁS CORTA ENTRE DOS PUNTOS

Ella está durmiendo boca abajo.
Yo estoy despierto boca arriba.

¿Una semana igual a la otra
sólo nos distancia más?

Del otro lado del cielo raso
un niño arrastra sus juguetes
por el piso.

Si me concentro bien
puedo ver el camioncito
arrollador de preguntas.





Fotografía de Rinko Kawauchi

OPCIONES PARA IR A LOS SANTOS

En la ventanilla donde compro
los tiquetes de autobús
para ir a casa de mis familiares
hay un rótulo manuscrito que dice:
se venden pastillas para viajar.





Jeymer Gamboa 
(Santa Cruz de León Cortés, Costa Rica, 1980)
Reside en Buenos Aires
de Días ordinarios, Pre-textos, Málaga - Valencia, 2010
XI Premio de Poesía Emilio Prados
para leer + en SEMANARIO UNIVERSIDAD
Recomendado por JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ
su WEB

13 de abril de 2011

Vilborg Dagbjartsdóttir, Sueño


Fotografía de Nikoline
SUEÑO

Soñé que me encontraba en un arenal o un promontorio. Había un camino desde la punta del arenal que seguía la costa y en lo alto se veía un cinturón de rocas. (Jamás había visto ni en sueños ni despierta un paisaje más desolado.) Caminé hacia el norte a lo largo de la lengua de arena, con el mar a un lado y el acantilado al otro. Vi algo lejos a una persona que venía hacia mí. Al acercarse vi que era un hombre fornido, con una zamarra gris y un sombrero oscuro con un ala baja que le tapaba media cara.La senda era tan estrecha que nos rozamos al cruzarnos y en ese momento tuve la intuición repentina de quién era. Lo llamé entonces, porque me pareció que tenía muchas cosas que decirle.

Se detuvo rápidamente, volvió la cabeza, y bajo el sombrero vi brillar sus ojos ardientes de deseo.

Se me ocurrió entonces que hasta el mismo Odín sólo piensa en una cosa cuando se trata de mujeres. Y yo creí que era poeta... logré espantar el sueño y despertar... con el alma llena de rabia.


DRAUMUR

Mér þótti ég stödd á eyri eða nesi. Lá vegur af eyraroddanum austanverðu á ströndinni en efra tóku við  klettabelti. (Aldrei hef ég hvorki í svefni né vöku séð útyflislegra landslag.) Gekk ég sem leið lá norður tangann með hafið á aðra hönd en hamravegginn á hina. Sá ég þá hvar maður kom á móti mér í nokkurri fjarlægð. Þegar hann nálgaðist sá ég að þetta var karlmaður, mikill vexti, klæddur stuttum, gráum stakki með dökkan hatt, slútti annað barðið svo það huldi nær hálft andlitið.

Svo þröngt var á einstiginu að ég straukst við hann þegar við mættumst og um leið laust því í hug mér sem eldingu hver hann var. Kallaði ég þá til hans, því ég þóttist eiga við hann margt vantalað.

Hann snögg stansaði, vatt til höfðinu, og undan hattbarðinu glitti í auga logandi af girnd.

Rann þá upp fyrir mér að jafnvel Óðinn sjálfur á ekki nema eitt erindi við konur. Og ég sem hélt ég væri skáld  mér tókst að hrista af mér svefninn og komst yfir í vöku – í sál minni brann reiðin.

(Ljod, 1981)




Vilborg Dagbjartsdóttir 
(Seyðisfjörður, Islandia, 1930 - 2021)
Traducción de José Antonio Fernández Rom
para leer MÁS



20 de febrero de 2011

José Antonio Fernández, Sueños ácidos

(*)




A mí también me entristecen mis ojos
forzados por el peso de una ojera.
Mañana empezaré ese libro
en el que nadie muere en las primeras páginas
y ningún verso me ofrezca su ruina.

Siempre arranco el final de toda historia,
así mis ojos no me dañan,
ni el colirio se resiente.

Me dejas la ventana abierta
y una mariposa atrapada en el parabrisas,
buscando mis carencias, como prueba.

Pero esta noche me mancho de purpurina los dedos y al fin la suelto.

Y ya me orienta.

Creo que sé llegar a tu casa sin que me digas cómo.

Mientras,
la ciudad se escribe.



José Antonio Fernández Sánchez (Terrassa, España, 1963)
su BLOG

(*) fotografía extraída de la web
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