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26 de julio de 2019

Clara Beter, 10 poemas 10


Obra de Walid Ebeid

FATALIDAD

Sueños, sueños, sueños, que se lleva el viento
implacable y frío de la realidad:
- ¿Tendré hogar, cariño, sosiego algún día?
Y una voz responde: “jamás”



Obra de Walid Ebeid

MI DOLOR

A veces, hasta me da vergüenza llorar
pensando en lo pequeña que es mi pena,
ante la enorme pena universal.
¿Qué es mi dolor de triste yiradora
 ante el de aquellos que no tienen pan?





Obra de Walid Ebeid

QUICIO

Me le entrego a todos, mas no soy de nadie;
para ganarme el pan vendo mi cuerpo
¿qué he de vender para guardar intactos
mi corazón, mis penas y mis sueños?


 
Obra de Walid Ebeid

A LAS 23:30

Abre un cine su boca desdentada
y nos echa a la calle, aliento de hembras
de carne fácil y de amor difícil.
Se encienden como lámparas los ojos
y comienza la oferta y la demanda.
Viejos caducos y gomosos pálidos
el tacto y el olfato desarrollan.
Es la calle como una mancebía.
¡Cuánto daría por poder ahogarlos
a todos en un vómito!




Obra de Walid Ebeid

EPISODIO

Iba tan mal trajeado y fue tan honda
y dolorosa su mirada, que
detuve el paso y leve, dulcemente,
le dije: “¡Ven!”
Pero quizá sin comprenderme, irguióse
con altivez, borrando su tristeza,
y con tono zumbón me dijo: “¡Vete,
no me acuesto con perras!”



Obra de Walid Ebeid

PRESENTIMIENTO

La luz de este prostíbulo apuñala
las sombras de la calle.
Paso delante suyo y se me enciende
Un pensamiento cruel en la cabeza:
¿Terminaré mi vida en un prostíbulo?




Obra de Walid Ebeid

COMPASIÓN

En la calleja solitaria y triste
de este fosco arrabal,
como un ladrón acecho agazapada
la ocasión de saltar sobre mi presa.

Llega un hombre, se acerca, me descubre;
y cuando sin recelo se aproxima,
a la luz de la luna veo su rostro
de adolescente, contener no puedo
una sonrisa franca y, entreabriendo
el 8 extravagante de mi boca
doblo el cuello a la hiena de su instinto.




Obra de Walid Ebeid

DESNUDA

Que estos pechos temblorosos que soban las manos temblorosas
de los viejos ahítos de lujuria, pudieron
amamantar a un hijo, ¡pero no me lo dieron!
¡la vida nunca supo de acciones generosas!
Mas en tanto desnuda frente al espejo admiro
mi cuerpo y voy palmando mis curvas promisorias
hay algo que me anuncia: ¡tendrás mejores horas!
Y confiada en la última vocecilla, suspiro!





Obra de Walid Ebeid

ACTITUD

¡Ah, si fuera valiente qué lección les daría
a las caricaturas humanas de Florida!

Por mitad de la calle pasaría desnuda
y diría mostrándoles mi cuerpo sano, impúdica:

Mujeres puritanas que sin igual os creéis;
miradme y asombraos: ¡esto es una mujer!





Obra de Walid Ebeid

ATAVISMO

Hoy debemos sufrir –para nosotras
esa es la ley suprema de la vida–,
pero el futuro puede ser en nuestras
manos, dócil arcilla.



B O N U S  T R A C K

Bajo el seudónimo de Clara Beter, César Tiempo (heterónimo, a su vez, de Israel Zeitlin) se hizo pasar por una prostituta ucraniana, cuyos poemas aparecieron primero en la revista
Claridad para luego ser publicada en la colección Los Nuevos como joven promesa de la poesía de Boedo. Si bien el uso de seudónimos no era extraño para la época, el caso de Clara Beter tuvo algunas particularidades. La secretaría de redacción de la revista, de la cual Zeitlin formaba parte, no conocía la verdadera identidad de Beter. Por lo mismo, la poeta prostituta se convirtió en una especie de leyenda y fue un verdadero episodio en la historia de Boedo, no exento de enamoramientos platónicos. Los poemas del libro reconstruyen la subjetividad de la poeta y prostituta que reflexiona, menos sobre su propia condición de vida que sobre los males universales que aquejan a los hombres. En este sentido, el yo poético se sitúa también en el universo de los marginados, pero en este caso como una testigo además de protagonista: Clara Beter, por estar en contacto directo con los obreros, conoce y versa también sobre sus miserias. El libro consigna tres reediciones, la primera de ellas por Editorial Rescate (1977), la segunda por Ameghino (1998) bajo su colección Los precursores, y una última edición por Ediciones Biblioteca Nacional (2015), que cuenta con un estudio preliminar donde se reconstruye la historia de Clara Beter.

en La Colección Los Nuevos de la Editorial Claridad. Un análisis desde los criterios materiales y literarios de su composición, Amoxtli, 2, primer semestre 2019:70-82, por Lucía Vera Cytryn






Clara Beter
(Dnepropetrovsk, Ucrania, 1906 - 1980)
POETA/PROSTITUTA
Israel Zeitlin/César Tiempo/Clara Beter
en Versos de una..., Colección Los Nuevos, Editorial Claridad, 1927
Vol VIII (64 págs.)
reeditado por Editorial Rescate, 1977
reeditado por Ediciones Biblioteca Nacional, 2015
para leer El caso Clara Beter / Sueños y espíritu de grupo en los años veinte,
para leer más en SEPA ARGENTINA

30 de enero de 2013

Victoria Sibelles, No leas


Fotografía de Daylessday

NO LEAS

Me dije y les dije
que no eran verdades,
que estoy limpia de amores.

Soy amable, sonrío y agradezco.
No soportaría que me quieran,
en la imagen que les presento.

Me digo y nunca lo sabrán,
soy una mentira piadosa
para sus egos dóciles.

Soy apasionada, irreverente y cínica.
No soportaría que me quieran,
en la imagen que es la real.



Victoria Sibelles 
(Córdoba, Argentina)
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15 de enero de 2013

Victoria Sibelles, Oníricas III


(*)
ONÍRICAS III

Imbécil, buena para nada
solamente eres una fábrica de hijos…

Dijo de ella.

Treinta y seis puñaladas,
rostro irreconocible…

Dijo un informe sobre él.




Victoria Sibelles
(Córdoba, Argentina)
(*) s/d del autor de la fotografía
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1 de enero de 2013

Victoria Sibelles, Felicidades


Fotografía de Lina Scheynius

FELICIDADES

Si yo me muero
no te enojes.
Es que estoy cansada
de estar sola,
extrañarte.

No soporto cuando estás.


Se io muoio
non t’arrabbiare.
Sono stanca
di stare sola,
di sentire la tua mancanza.

Non sopporto quando ci sei.

(Traducción del CCTM)


Victoria Sibelles 
(Córdoba, Argentina)
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25 de noviembre de 2012

Victoria Sibelles, Oníricas II


(*)

ONÍRICAS II

Fue en la tercera hora, del único día del mes número catorce, del año tardío.
Ese mes no hubo soles, la pude ver perfecta, mente y cuerpo...
la pude ver, pero sus lutos…
Daba miedo su amor y me alejé de sus pasos.
Cargué mi fusil, en el segundo eterno de la noche de sus párpados cerrados,
le acerté... en el centro mismo de su pecho.
La herida parecía un cuervo dispuesto a salirse todo,
a llevarse su presencia.
Pero maldito día único del mes catorce del año tardío...
en ese instante que la hubiese liberado para siempre , apareció ...
Siempre creí ser la única viajera, pero él... no sabía yo de él. 
Bebió sus azúcares, devolvió el cuervo a su lugar, a su corazón... danzaron.
Y en su palma dejó el regalo que ella esperaba.
El regalo que día a día, noche a noche la exilia de la realidad.
Disparé nuevamente el fusil, hacia mi pecho, pero yo no anido cuervos.
Empezaba el mes quince de ese año, el mes de las quinientas tardes,
y yo emprendía un nuevo viaje.
Oigo sus risas, aún en el mes cuatro
y faltan todavía siete siglos para que suceda lo que he contado.



Victoria Sibelles 
(Córdoba, Argentina)
(*) s/d del autor de la fotografía
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8 de noviembre de 2012

Victoria Sibelles, Dos memorias

Fotografía de  Irina Werning

DOS MEMORIAS

Desde mi primera memoria, él me miraba.
Y sospechaba su deseo.
Cuando mis pechos despuntaron, los besó.
Se le hizo costumbre, deslizar su cuerpo en el mío.
Se me hizo insoportable
su aliento
y mi quietud.

Un día, con sus ojos rojos de siempre,
mi madre me llevó a su cocina.
No me develó sus recetas,
solamente me hizo observarla,
toda la mañana,
como usaba la vieja cuchilla
entre verduras y carnes.

En la siesta de aquel viernes,
la del calor insoportable,
los perros se pelearon por la ración extra.
El llanto de mi padre, arrodillado,
la mirada lejana de mi madre.
Son mi última memoria desde entonces.




Victoria Sibelles 
(Córdoba, Argentina)
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14 de octubre de 2012

Victoria Sibelles, Historia digital

Fotografía de Sabina Dimitriu
HISTORIA DIGITAL

Durante cincuenta años, fue una chica gris.
Nunca tuvo vida propia.
Sus temas de conversación, desde siempre, fueron las quejas, lo que le dolía,
sus sufrimientos existenciales, historias de sus vecinos, familiares
y amigos de los amigos de un primo lejano, al que solamente conocía por fotos.
Era un arduo trabajo. Salvo en alguna reunión, a la que cada vez invitaban menos,
Su labor de queja y llamar la atención era arduo, de a una persona por vez.
Pero se le hizo la luz (una luz gris, por supuesto).
Descubrió el facebook.
Ahora cientos, miles de personas pueden leer sus penurias, sus ideas robadas,
Ver alguna que otra foto que se sacó al lado de algún “famoso”.
Ella opina desde la izquierda a la derecha en política.
Desde la luz mística del propio yo hasta el tomarse las manos virtualmente para
salvar el estafilococo sublingual de la extinción suprema.
Está de acuerdo con todos, no vaya a ser que pierda público.
Total, la incoherencia no se le notará.
Ella, ahora, sufre felizmente.
Es alguien.



Victoria Sibelles 
(Córdoba, Argentina)
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15 de septiembre de 2012

Victoria Sibelles, Treinta segundos

Fotografía de Laura Marie

TREINTA SEGUNDOS

Flotaba ella en la luz de la noche cerrada.
Yo estaba dormida desde hacía años,
me habló con sus ojos.
La quise abrazar, hacerla mía.
No me toques, dijo,
no todavía.
Le rocé la palma de la mano
y desapareció.
Fue el amor de mi vida.

TRENTA SECONDI

Lei fluttuava nella luce della notte chiusa.
Io ero addormentata da anni,
mi ha parlato con i suoi occhi.
La volli abbracciare, farla mia.
Non mi toccare, disse,
non ancora.
Le ho sfiorato il palmo della mano
e sparì
E’ stato l’amore della mia vita.

(Traducción del CCTM)

Victoria Sibelles 
(Córdoba, Argentina)
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22 de agosto de 2012

Victoria Sibelles, Espejos rotos


Fotografía de George Prutenau
                                                                                                                                                   

ESPEJOS ROTOS

“...voy dejando pedazos de vida atrás”
Juan Rulfo                                                                                                                                                               
   

Quizás eso es lo terrible, despertarme en un gran escalón sin saber a donde voy.
Pensar, tal vez, que esa mitad del camino es el final de todo.
El subir o el bajar me resultan igual de difícil. Los pasamanos están lejos, aunque ellos se acerquen no podría tomarlos. Nada me alienta a cambiar la cómoda posición. Lo de abajo ya lo pasé, ya dije basta una vez, y soy persona de una sola palabra, o por lo menos respeto las varias que pude haber dicho.
Arriba está ella, jamás me dijo que subiera,
pero es hiriente la forma en que espera, lo sabe.
En mi escalón mando yo, es como el “patrón de la vereda” que jugaba
cuando era chica, nadie entra ni puede pasar sin que yo quiera, si no, lo toco.
Y no juega más.
No es que me guste hacerlo, pero el juego es así.
A mí me lo hicieron muchas veces, cada vez que quería ir al escalón de alguien.
Donde esta ella no hay escalones, y eso me anima un poco.
Me daría miedo que baje a buscarme.
Es peligroso andar por escalones que uno nunca pisó.
No quiero que se lastime.
Pero, más que por ella, es por mí.
No me quiero doler de amor. 



Victoria Sibelles 
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21 de julio de 2012

Victoria Sibelles, De reiteraciones y consecuencias

Fotografía de Rosie Hardy

DE REITERACIONES Y CONSECUENCIAS

No es ningún mérito mi fidelidad a la ideologia.
Me sucede.
Perdí amigos entrañables.
Perdí amores profundos.
Perdí, para siempre,
tener alguna vez una noche sin sobresaltos de pesadillas.
Casi perdí la vida.
Aunque a veces pienso que sobra el casi.
No ha de sorprenderme entonces, que ahora te pierda a vos,
Sos el inevitable nuevo renglón de mi lista de dolores y resignaciones



Victoria Sibelles 
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20 de mayo de 2012

Victoria Sibelles, Recuerdos del ahora



Fotografía de Masha Pavlova

RECUERDOS DEL AHORA

Me vi de lejos... y a ella, en la otra latitud.
No recuerdo bien si hace quinientos años 
o dentro de noventa y cuatro... no recuerdo, realmente,
pero es corta la brecha, no importa con exactitud.
Decía... estaba en la otra latitud y la observaba yo. 
Casi con un pie en el aire ella, o los dos. 
Se despedía de gente , de cosas, de ella misma y del futuro.
Se la veía cuidadosa, con tantas puertas. Ventanas no. 
Yo también odio las ventanas, siempre... y ella... a veces.
Cerré mis ojos, solo un segundo y el estampido fugaz me sobresaltó.
Los trozos brillantes caían sobre mi... el espejo roto la deshizo en miles,
pero no escuché su voz.
Los niños, eran la mentira. 



Victoria Sibelles 
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3 de abril de 2012

Victoria Sibelles, Cuerdas


Fotografía de Anka Zhuravleva

CUERDAS

Seis cuerdas, la guitarra.
Un violín, tiene cuatro.
Después de la veintisiete,
me perdí con las del piano.

Yo no soy cuerda,
decía mi padre.
Si las otras dos, mis hermanas.
Pero igual vibraba.

Mi madre lo era
en los comienzos,
cantaba.
Un día
desafinó
y los compases
se llenaron de silencios.



Victoria Sibelles 
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29 de febrero de 2012

Victoria Sibelles, Dos actos

Fotografía de Anka Zhuravleva

                              

 DOS ACTOS

I

 

 

Me estoy muriendo de vida.
                                Rojo vértigo baila delante.
Asesino mi pasado.
                                 Sola
por no contarlo.
La baldosa fría
que besa mis labios
es el clímax
de lo que vendrá.


II

Con medio pasaje de ida
la vuelta no se compra
            se gana,
                          de a pedazos brutos
aguantando,
sobreviviendo la resignación
           de dientes apretados.
Los derechos
son fornicados,
                                 de a poco
               sutilmente
 impotencia
                                 gestos sordos
                                        Rojo vértigo baila delante
Solo me queda la seguridad
de los que fracasan.


Victoria Sibelles 
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17 de febrero de 2012

Victoria Sibelles, 2 poemas 2 (II)


Fotografía de Stanko Abadzic

VESTIDITO COLORADO

Vestidito colorado,
domingo atardecido y frío.
Mi padre, de adobes,
sudores y vida.

Cocina de leña
que mi madre nunca
habitó, nunca
estuvo.

Danzan cenizas,
brasa saltarina
en el vestidito colorado.
Ardemos.

VESTITO ROSSO 

Vestito rosso
domenica tramonto e freddo.
Mio padre, di mattoni
sudore e vita

Cucina di legno
che mia madre mai
ha vissuto, mai
c’è stata.

Danzano ceneri
brace salterina
sul vestito rosso 

Ardiamo.

(Traducción del CCTM)


AGUA

Del mas abajo
que la cintura,
la parte que no se nombraba,
por los tobillos y la tierra
colorada,
del patio.
Imposible las palmas y los dedos
la detuvieran.
Ni las rodillas juntas,
ni antes los muslos, apretados.
Se congeló el juego
y las risas quedaron mudas.
Las mayores acudieron
y me explicaron.
Es el agua,
colorada,
del mas abajo que la cintura.
Me nombraron mujer.



Victoria Sibelles 
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