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9 de octubre de 2025

Laura Verdejo, 6 poemas 6 (de La mujer de las cavernas)


Fotografía de Neil Krug
LA MUJER DE LAS CAVERNAS

1

Somos las hijas de aquella mujer
que vivió al borde del mundo 
escondida en la caverna del tiempo. 
Nadie escribió su historia 
porque la historia se escribe con voces altas     
y la suya era apenas un murmullo. 
Talló la roca con sus uñas, 
dibujó la caza, 
pintó las estrellas 
antes de que alguien les pusiera nombre. 
No dejó tumbas, 
no dejó estatuas. 
Solo dejó su aliento,
escondido en las grietas de la piedra, 
y su fuerza, enterrada en nuestros huesos.
Cuando miramos el fuego, 
cuando cantamos al viento, 
cuando nuestros pies golpean la tierra 
como si intentaran abrirla, 
es ella quien regresa, 
quien nos recuerda 
que llevamos en la sangre 
el eco de su grito. 

 
Fotografía de Neil Krug

2

Nadie recuerda su nombre,
pero sus manos están en las paredes,
son rastros de sangre y ceniza:
la curva del alce,
el salto del caballo,
un círculo que quizá sea el sol
o el grito vacío
de algo que arde cuando no hay fuego,
Cada trazo es una herida de luz
en la cartografía del silencio
¿Quién le enseñó a pintar el miedo?
Quizá el hambre,
o el goteo del agua
—ese reloj paciente
que mide el olvido.

 
Fotografía de Neil Krug

3

Antes de que el sonido pudiera sujetarse a la garganta
su voz era un arroyo cargado de piedras,                   
una espina desgarrando el silencio.
Primero fue un murmullo, 
un zumbido bajo, 
apenas un susurro 
atrapado entre los dientes. 
Luego, el tambor: 
el golpe de los pies contra la tierra, 
las manos rasgando el aire 
y la boca liberando el primer canto. 
No cantaba para los hombres,
cantaba para la luna, 
que la miraba con su ojo blanco y mudo; 
cantaba para los lobos, 
que acechaban en la penumbra;
cantaba para el niño dormido a su lado 
con el cabello cubierto de ceniza.         
Cantaba del hambre, 
pero también del sueño que la alimentaba, 
de las grietas en la roca, 
de los insectos que se escondían 
bajo el manto frío del amanecer. 
Cantaba hasta que su voz fue río 
y el bosque entero aprendió a soñar. 

 
Fotografía de Neil Krug

4

Mientras la oscuridad se cierra como un puño
ella junta hojas y raíces para encender el fuego
y cuando llega el frío con sus dientes de hielo
lo enfrenta con una antorcha viva,
un corazón de llamas que tiembla entre sus manos.
El fuego es vida y muerte.
promesa de calor en la garganta helada de la noche,
pero también presagio de cenizas.
Por eso,
cuando los otros duermen,
ella cuida del fuego que vive  entre las piedras,
esa bestia voraz que se retuerce y brilla en la penumbra.


 
Fotografía de Neil Krug

5

La mujer 
que dejó el fuego en la cueva
y salió antes del alba 
con un cuchillo de piedra en la mano
se mueve entre las hojas
como un hilo de humo.   
Sabe leer el temblor de la hierba
antes de que el corazón del mundo se detenga.
Lleva el olor del bosque en la piel, 
el tacto del musgo en los dedos. 
sabe que el hambre 
es también una forma de estar viva.       

 
Fotografía de Neil Krug

6

A veces, en la noche,
cuando el viento roza las ventanas
y el cielo cae sobre nuestras cabezas,
creemos escuchar su risa en la lluvia.
Somos sus hijas,
herederas de su hambre,
de su fuego,
de su instinto.
La mujer de las cavernas no tiene nombre,
ni estatuas que la guarden en piedra,
ni capítulos que la pronuncien
en el libro solemne de la historia.
Habita la curva de un hueso,
el rojo de la tierra,
el fuego que todavía no se apaga.
Su aliento respira en nuestra sangre.
La llama que encendió
nos ilumina.



Laura Verdejo Sánchez
(España)
Reside en Sitges, España
POETA/PROFESORA DE CATALÁN
de la serie La mujer de las cavernas
Participa en el taller de Mariana Finochietto
para leer + en FLOR DE AVE

30 de septiembre de 2014

Paula Lamamié de Clairac, 4 poemas 4


Fotografía de Yulia Gorodinski 

PAVEMENT EN CONCRETO

Masajeo mi corazón con lo único
que puede hacerle reaccionar ahora,
un poco de música de los noventa.





Obra de Alan Feltus
TILA

La enfermera me trajo un vaso de plástico
con agua hirviendo y tres bolsitas de tila.
Nunca había tomado tila,
no conocía la muerte
y jamás hubiera imaginado
que el dolor del alma
pudiera tratarse con yerbas.




s/d del autor de la fotografía

ERA ESO

En la mañana de domingo
Los Fabulosos Cadillacs
suenan como una ventana
completamente abierta al sol.
Correteamos por la casa
con una alegría nueva.
Soñamos despiertos.
Todavía no sabemos nada
de las cosas que vendrán.




Fotografía de Neil Krug 

SESIÓN DE TARDE

¿Te acuerdas de qué lejana quedaba la muerte
en aquella cocina
donde nos metíamos mano al atardecer
cuando no estaban tus padres en casa?
Yo me acuerdo de la luz amarilla
y de tus besos húmedos, mejores que la fruta,
Y de la embriaguez de no cansarme
nunca de tu boca.
Me acuerdo de la hierba entre los dedos de los pies
y del barro de los parques donde pasábamos
tardes infinitas.
Y de que la muerte era algo
que habíamos visto en las películas de Tarantino
y nos hacía reír.




Paula Lamamié de Clairac 
(Madrid, España, 1981)
FILÓSOFA/BAILARINA/COREÓGRAFA/POETA
extraídos de su blog IOWA LITERARIA
su otro BLOG


5 de junio de 2014

Lupe Gómez, 8 poemas 8 (de Levantar as tetas)


(*)

No soy guapa
ni fea.
Soy violenta. 


Non son guapa
nin fea.
Son violenta.



(*)

A veces
querría callar
y escribir a veces
es para mí
una forma de callar,
una forma de matar.


A veces
quixera calar
e escribir a veces
é para min
unha forma de calar, 
unha forma de matar. 



(*)

Quiero hablar,
como un animal, 
como un cuchillo. 


Quero falar,
como un animal,
como un coitelo.



(*)

Soy solitaria
y me gusta
estar con todos.


Son solitaria
e gústame
estar con todos. 




(*)

Quiero
abandonar
la vida muerta
de las princesas. 


Quero
abandonar
a vida morta
das princesas.




(*)

Es importante
para la mujer
descubrir la piel
y el cuerpo.
Descubrir las tetas
tapadas.


É importante
para a muller
descubrir a pel
e o corpo. 
Descubrir as tetas
tapadas.




(*)
Hago libertad
en mi falda rota.
Pongo un vestido
descosido
y bailo.
No enseño el cuerpo
porque tengo
una timidez muy
grande que
me viste, que
me esconde,
que me hace ser yo,
sin costuras. 


Fago libertade 
na miña falda rota.
Poño un vestido
descosido
e bailo.
Non ensino o corpo
porque teño
unha timidez moi
grande que
me viste, que
me esconde,
que me fai ser eu,
sen costuras.





(*) Fotografías de Neil Krug

Tengo frío en los labios
y me escondo
en un camión
y me marcho.
Me marcho comiendo
caramelos que saben
mal y que me gustan
mucho. Me marcho
diciendo unas canciones
muy bonitas y
muy raras.

Teño frío nos labios
e escóndome
nun camión
e marcho. 
Marcho comendo
caramelos que saben
mal e que me gustan
moito. Marcho
decindo unhas cancións
moi bonitas e
moi raras. 

Levantar as tetas, Espiral Maior, 2004



Lupe Gómez - Guadalupe Gómez - 
(Fisteus Curtis,  La Coruña, España, 1972)
POETA/DRAMATURGA/NARRADORA/CRÍTICA LITERARIA/PERIODISTA
de Levantar as tetas, Espiral Maior, 2004
Traducción del gallego de María Besteiros
Propuesta de traducción de Emma Gunst
para leer MÁS

29 de abril de 2014

Marta Dacosta Alonso, (De las mujeres desnudas)


Pulp -proyecto del fotógrafo Neil Krug y  Joni Harbeck

(DE LAS MUJERES DESNUDAS)

I

llevamos los cabellos extremadamente largos
y los cuerpos desnudos

los pies descalzos heridos por la arena
nos llevan al mar
imperturbable

nunca nos ven los rostros
sólo imaginan el agua, también, en nuestros ojos
los cabellos al viento, banderas desatadas
cuando ya no hay nada
entre la espuma y la carne

quedarán los poemas
los poemas atroces de las amantes de Hamlet.

(DAS MULLERES ESPIDAS)

I

levamos os cabelos extremadamente longos
e os corpos espidos

os pés descalzos feridos pola area
lévannos ao mar
imperturbable

nunca nos ven os rostros
só imaxinan a auga, tamén, nos nosos ollos
os cabelos ao vento, bandeiras desatadas
cando xa non hai nada
entre a escuma e a carne

quedarán os poemas
os poemas atroces das amantes de Hamlet.



Pulp -proyecto del fotógrafo Neil Krug y  Joni Harbeck

II

cuantas piedras para este muro inmenso
para este camino, para la casa
la casa que abriremos a las mujeres desnudas
que llegarán del mar procurando el árbol
y la fuente

guardamos el calor y guardamos la fuente
el naranjo sostiene sus frutos dorados
es nuestro deber para un tiempo sin dioses
que nunca ha sido el nuestro

como señal llevamos el sexo descubierto
los pechos y el cabello al viento que nos hiere
y esperamos pacientes
su paso de agua a nuestra casa abierta.


II

cantas pedras para este muro inmenso
para este camiño, para a casa
a casa que abriremos ás mulleres espidas
que chegarán do mar na procura da árbore
e a fonte

gardamos a calor e gardamos a fonte
a laranxeira terma dos seus froitos dourados
é o noso deber para un tempo sen deuses
que nunca foi o noso

como sinal levamos o sexo descuberto
os peitos e os cabelos ao vento que nos fere
e agardamos pacientes
o seu paso de auga á nosa casa aberta.




Marta Dacosta Alonso 
(Vigo, España,1966) 
de As Amantes de Hamlet, Edicións Espiral Maior2003
para leer más en ENFOCARTE
su BLOG

7 de noviembre de 2012

Rosario Loperena, 2 poemas 2 (+1)


Fotografía de Thomas Klementsson
EL CORTE

Fui a cortarme el pelo.

Pensé en los monos,
en cómo se acicalan
unos a otros.

El peluquero hizo volar 
gajos de pelitos 
caían como granizo negro.

Pensé en las frutas
en una piña,
en una zanahoria pelada.

Las tijeras astutas 
modelaban
yo, temía 
la integridad de mi corona.

Mi cáscara siendo recortada 
al placer indeciso 
del reflejo.

Pensé en la fortuna 
de que el pelo 
no doliera, 
y en lo caro 
del arreglo.


Fotografía de Neil Krug

MADRE MUNDO

Estrofitas intermitentes corren por un cable de carne
por un cordón que mana leche, sangre, sonido, mundo
agua agua agua agua agua agua
¿Cuál es el primer sonido que escucha un ser?
pulsa pulsa pulsa pulsa pulsa pulsa pulsa
lenta, invisible formación de vasitos sanguíneos resonantes
transparentes membranas despliegan alitas
sobre huesos de esponja
¿Cómo se escucha la carne dentro de la carne?
La unión de miembros y de oidos
Cruje, estruja, ¿duele? late, estira, abre
de lo invertebrado a la columna
de la punta de lo inexistente
a la orilla más terminada
de lo interminable: un hombre.
¿Cómo se escucha una mano acariciando un vientre?
En el oceáno más pequeño, una criatura alcanza a ver vibrando.
piano, placenta, afuera, vida, asfixia, llanto
La elasticidad de cada voz, de cada tacto:
una nota de la ceguera.
La sombra de la música, ¿usted la ha visto?
El llanto de los colores no-natos.
Terminaciones nerviosas, vibrato de la espera
Nace la imaginación en apenas un centímetro
Incrustaciones sonoras de la memoria.


BONUS TRACK

Fotografía de Laurent Seroussi

Un Padrenuestro
tres avesmarías.
Mi cadáver
es un dogma de fé.
como las pecas
bajo tus ojos negros,
una palabra tuya bastará
para olviadarme de tu rostro
al que llamo "hallazgo científico"

(un poema dedicado a Rosario Loperana)





Rosario Loperena -María Cob-
(México DF, México, 1985)
en FACEBOOK
su BLOG y su viejo BLOG
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