6 de diciembre de 2021

Adriana Bertran Anía, El 4º lado del triángulo (+1)


Ilustración de Violeta Cereceda

EL 4º LADO DEL TRIÁNGULO

Hace doscientos cuatro años
Robert Owen se horrorizó de que los obreros trabajaran
jornadas de dieciocho horas
y propuso la actual / actual \ actual
jornada de 8 horas:
8 horas para trabajar / 8 horas para dormir \ 8 horas para el ocio.

Su propuesta se aprobaría en España ciento dos años después,
hace ciento dos años,
tras 44 días de huelga
de la CNT.

Hoy tenemos aquí a Caroline Dale,
esposa de Robert Owen,
madre de sus 8 hijos 
e hijas.
Güelcome, Caroline.

          Thank you.

Caroline, guat du yu think
abaut thous eight hauers 
for ricrieishon?

          ‘Well, so much depends upon
          una esposa-Sísifo levantando la vida
          por las cuestas de la alimentación y la higiene
          para encontrarse, nuevamente,
          empty stomachs and dirty underwear,
          crying babies and smelly bed sheets.’

Vaya.

          Yes. El triángulo perfecto
          era just for men:
          nosotras, a cambio de love and protection
          no contábamos horas de trabajo
          para que nuestros husbands pudieran tener
          eight hours labour / eight hours rest \ eight hours recreation.

          I am a wife and a mother.
          Taking care of my eight children
          is an act of love.
          There’s no work involved.
          It is not political.
          It is not political.
          It is not political.

Según un estudio alemán de 2014
las horas de sueño son directamente proporcionales
a la clase social.
Porque hay quien sí puede comprar el cuidado.
Porque el dinero permite
(igual que antes estar casado)
saltarse el cuarto lado
del triángulo.

Pero escuchemos las conclusiones
de la Encuesta Nacional de Salud en España de 2017:
“Todos los indicadores de morbilidad neuropsiquiátrica en adultos 
mostraron un gradiente según la posición socioeconómica, 
más profundo en mujeres. 
Esta mayor morbilidad en mujeres y en las clases bajas se refleja perfectamente
en el consumo de psicofármacos 
pero no así en el uso y acceso 
a los servicios de salud
mental.”

Si ya hace 16 años que el suicidio mata más 
que los accidentes de tráfico
y por todas partes hay señales y radares para que no se te ocurra ir a más de ciento veinte
kilómetros por hora / hora \ hora;
¿a qué esperamos 
para corregir el error de cálculo
que obvió que existe el trabajo de cuidados,
ese cuarto lado del triángulo?
Dejemos de decir “és que no m’ho atrapo”,
de buscar individualmente la causa del cansancio:
lo llaman “conciliación” como si la vida y el trabajo estuvieran ligeramente enfadados
pero la maestra pudiera llevarlos a un rincón tranquilo del patio
donde decirse “Perdón” y estrecharse las manos.
Dejémonos de fantasías de “necesito días
de veinticinco..., no, mejor ¡de treinta horas!”,
porque ojalá el mercado nunca pueda
decidir la duración de la rotación de la Tierra.

Mirémonos a los ojos
en los pasillos del metro en hora punta:
no somos la secuela 
de the walking dead 
sino de los cálculos
de hombres que no hacían nada en casa.
No puede ser equilátero
porque nunca | nunca | nunca | nunca
fue triángulo.

Imaginemos qué posibles
nos han estado esperando
al otro lado de este cansancio.

Entendamos por fin las matemáticas
de cuidar de la vida y de vivirla:
8 horas para soñar durmiendo
dejan 16 para, despiertas,
repartir entre los trabajos
del dinero y de la vida
y ese tan necesario 
rascarnos la barriga
y lo que nos salga
del cuadrilátero.





B O N U S  T R A C K 



Ilustración de Matheus Costa

NO TE DESEO

“ What would happen if one woman told the truth about
her life?
The world would split open.”

Muriel Rukeyser, ‘Käthe Kollwitz’

No te deseo
que “mal sexo”
signifique dolor físico
en vez de aburrimiento.

No te deseo
que tu pareja sólo cocine en barbacoas
después de que tú pienses la lista de la compra.

No te deseo que tus hermanas
consideren que tu género
está mejor preparado
para cuidar de vuestros padres enfermos.

No te deseo las pinzas,
no te deseo el láser,
no te deseo que la cera arranque
trozos de tu cuerpo señalados
como “poco higiénicos”.

No te deseo 9 veces más
fibromialgia,
el doble de
ansiedad,
11 veces más
bulimia, 4 veces
más síndrome de fatiga crónica,
y quién sabe cuánta más probabilidad
de que los equipos médicos crean,
con científica certeza,
que exageras por histérico.

No te deseo un 23% menos de sueldo.

No te deseo aprender a desoírte
para ser “bueno”.

No te deseo el miedo
a que otros ocupen tu cuerpo
con su derecho al deseo.

No te deseo espejos imposibles en los ojos
cuando miran reflejos.

Deseo que te enseñen, también a ti, a amarte
y punto. A amar
y punto. A escuchar
y punto. A compartir
y punto.

Deseo que aprendas el lenguaje del miedo
para sacártelo tú también del cuerpo.
Deseo que sepas que el aire que te quitan
cuando la vida
se precariza
no lo ganas ocupando nuestros cuerpos,
que no es ésta
la batalla,
que no hay batalla,
ni hay fieras a la entrada de la cueva,
ni yo recolecto, ni tú cazas,
que si el mundo nos tiene perplejxs
dando vueltas tan rápido que
nos caemos,
y te aferras a la certeza de este privilegio,
que sepas que estás cayendo,
que nosotras seguimos corriendo,
corriendo para parar la abominable
velocidad contra la vida,
reivindicando el innegable permiso
de ser enteras,
de amar enteras,
de caminar sin miedo por todas las aceras,
de compartir los trabajos que la vida genera,
y dirigir la rabia de un mundo cambio y corto y olvido
hacia lo alto, como quien teje redes en el aire
parando un suicidio colectivo.



Adriana Bertran Anía
(Barcelona, España)
POETA/PERFORMER/SPEAKER/
FILÓLOGA/PROFESORA/FEMINISTA INTERSECCIONAL
Campeona de España y subcampeona de Europa de Poetry Slam 2018
para leer + sobre la gran dimisión en THE GUARDIAN
para leer + en su WEB



1 comentario:

lunaroja dijo...

un himno que deberíamos recitar,orar,gritar todas juntas!
MARAVILLOSO!

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