SECUELA
Quitarle a un pez el anzuelo
que le atravesó todo el cuerpo
y devolverlo al mar.
¿Vivirá?
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| Obra de Aron Wiesenfeld |
NUNCA NEVÓ EN CANALS
Conocimos la nieve
en junio de 1996
y así quedamos,
cada uno,
con su muñeco de trapo en la mano,
enceguecidos por el frío,
sobreviviendo entre techos pueblerinos,
alrededor de un ferrocarril,
donde nunca más
pasó un tren.
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| Obra de Aron Wiesenfeld |
DAMOS SALA
Vas a tener 9 años
recién cumplidos,
se te va a acercar una monja,
te va a decir: “Dios se lleva a su jardín
las mejores flores”. Luego,
sonará por todos lados:
los buenos mueren, los buenos
mueren.
Vas a tener 12 y otra vez la muerte
respirándote cerca,
tan cerca que grabarás a fuego
su aliento agrio,
se te meterá adentro,
cuestionándote la fe,
la vida,
el sentido.
Te van a decir
tantas cosas, te vas a decir
tantas cosas. Nadie te va decir:
“preparate chiquita”,
“esto recién comienza”,
“empezaste temprano”, además
de la muerte de tu padre y de tu madre,
de la idea de familia, de todo lo que creías
seguro, verás morir
seres amados, tuyos y de tus amigos,
morirás vos misma, una y otra vez,
conocerás el eterno poema de Perlongher
y descubrirás cadáveres
por todos lados, la muerte
será parte de la escena, a veces
protagonista principal,
doble de riesgo,
telón de fondo, entonces, la vida
burdamente absurda,
se matará de risa en tu cara,
tanto,
que te hará reír,
llorando incluso, a carcajadas,
reirás.
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| Obra de Aron Wiesenfeld |
CÍCLICA
La mesa era redonda,
es redonda, quiero decir,
sigue existiendo,
la tiene uno de mis hermanos.
Guarda en su interior
dos tablas,
se abre al medio,
despliega sus alas,
se agranda y queda ovalada.
Cuando dejamos de ser seis
ya no fue necesaria su extensión,
quedó redonda,
circular, como el uroboros
y nunca sabés bien
si el ciclo termina
o está por comenzar.
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| Obra de Aron Wiesenfeld |
EN EL NOMBRE DE ELLA
Rezábamos
todas las noches
como rutina de iniciación,
tus dedos en mi frente
sellaban,
mansamente una cruz
de arriba abajo,
de sien a sien,
tapada por un flequillo
intacto
donde perdura
la bendición.
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| ‘The Last Stop’ de Aron Wiesenfeld |
SUEÑO RECURRENTE I
¿Alguna vez soñaste
que eras chico
y el auto se ponía en marcha
con vos adentro?
A mí me pasaba seguido.
Mi viejo decía: “esperame acá,
no le abras a nadie, ya vuelvo”,
pero no alcanzaba a poner un pie en la despensa,
que el Duna avanzaba sin pausa,
mientras mi voz se estrellaba contra el vidrio
y él corría detrás.
El escenario no cambiaba,
la esquina con la casona vieja,
el bulevar,
el ferrocarril de fondo
y el veredón siendo testigo principal.
Con el tiempo, la desesperación,
como un relámpago,
se fue desvaneciendo,
pero yo seguía ahí, atrapada
como un pájaro en una jaula rodante,
pasando por esa esquina
sin parar, viendo a mi padre
achicarse a la distancia, en la vereda.
Un día, aún sin ser mayor de edad,
parece que aprendí a conducir,
esquivaba otros autos,
pasaba a saludarlo y nos decíamos,
ventanilla y bulevar mediante,
lo mucho que nos extrañábamos.
Nunca supe cuándo pactamos
encontrarnos siempre
en la misma estación,
pero recuerdo esa fiesta,
la pista de patinaje,
el trozo de brea
y mi cuerpo cayendo.
Tenía 6 o 7 años, una muñeca
fracturada, expuesta
y un padre sosteniéndome la mano.
En el quirófano,
mientras las hormigas coloradas
trepaban por mis venas
sin dejarme decir “uno”,
los médicos contaron hasta tres.
Desperté aturdida bajo una luz incandescente,
una puerta gigante se abría,
y el que entraba, era él.
Durante años
pensé que así sería mi muerte,
una luz brillante,
una puerta abierta y ellos,
esperándome del otro lado.
Ahora que creo en otras cosas,
y ya no lo busco en ferrocarriles,
ni en bulevares,
basta un motor encendido,
cualquier Duna pasando por alguna calle,
para que me suba a esa ruta invisible
donde la complicidad
es apenas un guiño
entre dos sombras que se cruzan,
dos destellos que se miran de reojo
y quedan ardiendo,
inalcanzables y unidos,
para siempre.
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| Obra de Aron Wiesenfeld |
AHONDAR
Con la misma prisa
con la que el reflejo del cielo
desaparece en un charco,
lo que brilla en la superficie se oxida
y aunque todo lo profundo ama el disfraz,
es necesario tocar fondo de vez en cuando,
rozar la médula del agua,
bucear las oscuridades, allí
donde el silencio guarda todos sus fósiles,
aprender del camuflaje de los peces,
llorar como ellos
sin que nadie se dé cuenta.
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| Obra de Aron Wiesenfeld |
VÍCTIMA
Estoy acá,
no me fui,
no voy a irme,
seré tu sombra y tu luz,
regaré tus plantas,
pondré tu canción favorita,
te haré bailar,
me olvidarás como a aquel paraguas,
te mojaré entera,
morirás de frío,
te enfermaré, luego
te llevaré a la cama,
pondré paños fríos en tu frente,
te abrigaré,
prepararé té de jengibre, miel y limón,
cocinaré para ti,
te alimentaré,
me alimentarás,
me acostaré a tu lado,
te abrazaré,
nunca más
estarás sola.
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| Obra de Aron Wiesenfeld |
TIEMPO ORGÁNICO
Así como no hay error
en la oruga
ni en la mariposa,
ningún fruto cae
fuera de estación.
La aceptación es un pasillo oscuro,
sinuoso,
lleno de espinas,
laberíntico, que desemboca
inevitablemente
en un campo florido.
El jardín sabe de espera.
Hasta el dolor más hondo
madura
cuando la rama lo suelta.
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| Obra de Aron Wiesenfeld |
REALIDAD PARALELA
Madre, madre,
vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.
Vuelve a contar mi vida.
Olga Orozco
I
En una realidad paralela
el 30 de junio
del año 2000
me atendés el teléfono,
confirmás la remisión
de la enfermedad,
volvés al pueblo,
la raíz se expande
ramificando el linaje,
cobijás con tejidos coloridos
los nuevos frutos,
hasta que la vida
siguiendo su curso,
te encuentra un día
acostada en tu cama,
rodeada de nietos,
escuchando de sus voces
los cuentos que antes les leías
y una brisa suave entra por el balcón,
te envuelve,
te duerme,
te lleva,
mientras entibio tus manos
con esa gratitud
de haber gozado
la vida que nos dimos.
II
En una realidad paralela
desciendo livianamente,
caigo,
soy alivio,
lluevo.
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| La casa profunda, 2025 |
María Sol Morais
(Canals, Córdoba, 1987)
Reside en Córdoba
POETA/LICENCIADA EN TRABAJO SOCIAL/
NUMERÓLOGA/ASTRÓLOGA
de La casa profunda, (edición de autora), 2025
Arte de tapa Joaquin Bonetto
Contratapa de Jorge L. Carranza
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