16 de diciembre de 2009

Javier Belinchón, 3 poemas 3 (+1)

Fotografía de Federico Garolla


SIEMPRE HICISTE LO CONTRARIO A LO QUE PENSABAS

Siempre pospusiste la rebeldía y ese día tan soñado
en el que pondrías punto y final a tanta mierda.
Pero ya lo ves: ese día no llegó y el tiempo
no tuvo reparos en pasarte por encima.
Como mucho
te dio tiempo a constatar lo marcadas que estaban
las cartas en este juego y a confirmar que
la cobardía
no era un defecto más, sino
tu razón de ser.
Pensabas
que no importaba seguir adelante, que daba igual
dar un paso y otro y otro más hacia ese destino
que pretendías rechazar.
Y ahora mírate, mírate a los ojos
si puedes, y mírame a mí,
y a tantos otros,
en la misma situación que tú y haciendo
exactamente lo mismo que tú hiciste:
nada. 



Fotografía de Federico Garolla



HIERBAS

la fuerza de esas hierbas que
empujan hacia arriba resquebrajando
las aceras, su obstinación a
no morir
a no conformarse con una vida
aplastada por pies de hormigón aparentemente
invencibles

esas hierbas que parecen insignificantes
son

más grandes que todos nosotros




Fotografía de Federico Garolla


LA LUZ

A veces dan ganas de cortar los cables
quedarse a oscuras
cerrar los ojos
no sentir más que
el intento de un latido
en tu pecho a oscuras

callar y caer al suelo
dejar de esperar de pensar
olvidarte de la luz

esa puta luz allá en lo alto
que no deja de recordarnos
con su intensidad
que lo único que podemos
hacer con ella es
apagarla




B O N U S  T R A C K 


CÓMO PRETENDES SER POETA

¿Cómo pretendes ser poeta
si entre el folio
y el corazón
te empeñas
en poner todo el rato
la cabeza?




Javier Belinchón 
(Madrid, España)
su blog TINTA EN LAS MANOS
para leer MÁS

Francisca Aguirre, Nadie sabe qué son

Parker Fritz Artwork
NADIE SABE QUÉ SON

Bajan, atravesando el firmamento,
vienen sin ser llamados.
Nadie sabe qué son ni a dónde pertenecen.
Descienden, mágicos y ajenos,
iluminan sin luz, cantan sin música.

Llegan, definitivamente llegan;
nos invaden
y algo que no entendemos sobreviene
quemándonos sin fuego.
De donde no sabemos, vuelven.
Traen en su aparecer, en su deshora,
la desazón profunda de lo incierto.
No calientan ni hielan,
sólo inquietan. Y huelen
como la luna sobre el mar. Cantan
como el color vibrante de las flores.
Nadie sabe qué son ni a dónde pertenecen,
pero la sangre se acelera,
la memoria tirita como un náufrago.

Bajan, atravesando el firmamento,
suben desde el abismo y la nostalgia,
iluminan sin luz, cantan sin música.
Dios mío, cantan, cómo cantan.





Francisca Aguirre 
(Alicante, España, 1930-2019)
de Pavana del desasosiego, Ediciones Torremozas
Prólogo de Andrés Sorel
I Premio María Isabel Fernández-Simal
para leer
MÁS

6 de diciembre de 2009

Rodolfo Willemet, Puede ser que lo consigas todo


Fotografía de Rebeca Paz

PUEDE SER QUE LO CONSIGAS TODO

El motivo era escaparse.
Nos sacamos los relojes al recoger las mochilas,
un viaje sin tiempos dijiste.
Siempre le tuviste miedo a las distancias.
Y así evité recordarte como fue que él falleció
una tarde de calor y mil problemas
Y el mejor boleto cercano a tu boca
sin precios en las tardes frente al lido
el cielo dando vueltas en tu pollera
Esperamos el sacudón y vimos el mundo correr al revés.
Comenté que eran ellos los que se movían
y te reíste de compromiso por el miedo
el viento fresco entraba a pleno
Y contamos hasta cansarnos los pasos a nivel.
La ciudad dejo de ser, se apagó como una línea
y por fin se hizo luciérnaga.
Apoyado en tus piernas escuchaba un cuento viejo
y te quería más mientras me dormía.
Dejaste de leer, terminaste el remolino en mi cabeza
y desde mi mundo invertido escuché que me decías
Tené cuidado con lo que deseas
Porque puede ser que lo consigas todo
Puede ser que lo consigas todo.



Rodolfo Willemet 
(Bahía Blanca, Argentina, 1966)
para leer MÁS


Visiones

de nicolás fernandez, argentina



Nada es verdad ni es mentira,
todo depende del cristal con que se mira.
(Campoamor)



OMMMMMMMMMMMMM

ahhhhhhhhh...cómo me gustará estar en ese lugar, sentirme en paz, sentir paz. Acaba de llegar una amiga con su famila de pasar unos días en la costa uruguaya, en menos de 5 días los desvalijaron...

Escuché que llegaba y bajé a recibirla, ya con cara de enojada como diciendo: "hija de p..., Cómo te fue????". "Nos robaron TODO".... bueno, y de la emoción del encuentro, pasamos a agradecer que solo fueron "cosas materiales", a saber: celulares, auto, cámaras digitales, dinero, ropa de abrigo..., el auto lo encontraron a las 3 cuadras por un sistema de cortacorriente, pero sin las llaves...en fin. Hay que agradecer que están bien, que no es poco.

5 de diciembre de 2009

Clarice Lispector, 2 fragmentos 2

foto de emmagunst




Siento ahora mismo el corazón latiendo desordenadamente dentro del pecho. Es una reivindicación porque en las últimas frases he estado pensando solamente en el nivel de mi superficie. Entonces las profundidades de la existencia se manifiestan para bañar y borrar las huellas del pensamiento. El mar borra las huellas de las olas en la arena. Oh Dios, qué feliz soy. Lo que estropea la felicidad es el miedo.Todavía tengo miedo. Pero el corazón late. El amor inexplicable hace que el corazón lata más de prisa. La única garantía es que he nacido. Tú eres una forma de ser yo y yo una forma de serte, éstos son los límites de mi posibilidad.Pero qué hacer si no te enterneces con mis defectos, mientras yo he amado los tuyos. Mi inocencia fue humillada por ti. No me amaste, eso sólo yo lo sé. Estuve sola. Sola de ti. Escribo para nadie y se está creando una improvisación que no existe. Me he despegado de mí.

de Agua Viva








Estuve sola todo un domingo. No telefoneé a nadie ni nadie me telefoneó. Estaba totalmente sola. Me quedé sentada en un sofá con el pensamiento libre. Pero en el transcurso de ese día, hasta la hora de dormir, tuve tres veces un súbito reconocimiento de mí misma y del mundo que me asombró y me hizo sumergir en profundidades oscuras de donde salí hacia una luz de oro. Era el encuentro del yo con el yo. La soledad es un lujo.

de Un soplo de vida





Clarice Lispector 
(Ucrania, 1920 - Brasil,  1977)
ESCRITORA/PERIODISTA
para leer MÁS

Susana Villalba, El cangrejo ermitaño

Fotografía de Katarzyna Widmanska


EL CANGREJO ERMITAÑO

Estás cayendo
como si el mundo fuera de agua
en el fondo
una ballena en su sueño
mamífero.
Una madre inmensa y movediza te traga
sin decir esta boca
es mía, esta es mi casa,
con su voz de sal que se disuelve
o se derrama en un reloj
donde el arriba y el abajo se confunden.
Estás cayendo muy alto.
Un desmoronamiento en la piel
de la culebra,
hay historias que te pesan
sin haberlas vivido.
Estás lejos de tu casa
que no es ésta.
Tratando de errar todo camino,
llegar hasta un desierto
donde escuchar tu corazón.
Y aún la luna
te sostiene por un pelo.
Estás flotando como si cayeras
si el agua te soltara.
El fondo es infinito,
no hay caída
que detenga la caída.
Tiendo la mano
pero estás cayendo en otro lado.
Pero yo también estoy cayendo.

Tiendo mi corazón
vacío de recuerdos y no es cierto
que se pueda empezar como si nada
hubiera sucedido.
Como un animal mojado
tiendo mi corazón al sol,
llovió tanto
que no sé dónde estás.
Pasan maderas, gatos muertos,
carteles como restos
de un mundo que fingía
estar en orden.
No hay arriba ni abajo,
vas como un sonámbulo
que al tropezar camina
por el borde de un sueño.
Soñé que el amor era sencillo,
soñé que algo dejaba de moverse
alguna vez
por un minuto entero.
Que había un sitio
para cada cosa
que levanta una casa,
las llaves, la silla
está quemándose otra vez,
otra vez estaba distraída,
como siempre.
Te ofrezco el corazón como un lugar
donde pasar la noche.
Pero la nieve es una tentación,
caer hasta que sea un manto
el frío, hasta que no haya nada
que perder.
También la nieve cambia,
estás cayendo en la ilusión
de redimir con cada paso
el paso dado.
Estás ante una puerta que golpea
el viento.

Llegan los restos
de un naufragio
que el agua trae hasta mi casa.
Estás a la deriva
y yo como muy lejos
te grito cuando el agua tira
hacia adentro
hay que hacerse a un costado
de la corriente.
Te veo por momentos emerger
y hasta te veo
saludarme, como si fuera un juego
de equilibrio.
Es tu manera
de que algo quede fijo,
yo, por ejemplo, en el sitio
de la espera.
Te sumergís sabiendo en qué lugar
está la playa
como una madre de oros
infinitos,
como una leona
en su mirada mansa pero atenta
sostiene el universo.
No me creas
si no te pido nada.

Estás cayendo y en silencio
pedís que no te tenga
en cuenta,
sería un peso más.
Tiendo mi mano y toco agua.
Me tiendo, estoy cansada,
la canilla pierde,
prometiste arreglarla pero hablabas de una
casa
imaginaria
que siempre está cayendo
en tu memoria.
Estoy cansada de palabras
que no sirven
para que me entiendas.
Estoy cansada de tus silencios,
yo también estoy triste
a veces,
yo tampoco sé
cómo salir.
Tiendo la mano para no caer
pero estás detrás de un vidrio,
no escucho qué gritás,
a quién,
el agua borra tus rasgos,
no sé quién sos.
Pero tiendo la mano
y te reconozco como un ciego,
como un perro reconoce su casa
por el olor,
por el vacío que la circunda.
Porque tiendo la mano
imantada
encuentra tu mano, en la multitud
me está buscando.
Me está buscando
allí donde no estoy.

Me tiendo en la cama, hace frío,
yo tampoco tengo dinero,
la gata pregunta por vos,
le digo en cualquier momento cae,
en cualquier momento cae por acá.
Caés sobre mí como un gato cae
sobre su sombra sin saber
si es una víbora o el viento
agita el pasto.
No sé si hay cascabeles en este país,
no viví en el campo como vos,
yo tampoco tengo todas las respuestas.
Voy por la casa tendiendo la mano,
tocando cosas,
pero las cosas no me agarran
ni responde su quietud
por qué todo se mueve.
Tiendo la mano hacia el teléfono.
Estás cayendo
como si quisieras dominar
el vacío.
Como quien encuentra
la cuerda
de un funámbulo, a mitad de camino
pregunta qué hago
aquí.
O cómo
hasta ahora no caí
o qué mano me soltó de pronto.
Estamos sujetos a la realidad
por un hilo delgado,
me sorprende, una opinión común
construye el mundo,
me sorprende que exista
todavía
si no nos entendemos
vos y yo.

Estoy cayendo otra vez en conjurar
la ausencia con palabras.
Estoy cayendo en la trampa
que me tiende tu fuga,
me vuelvo un cazador
de imágenes
y no quiero perder
toda esperanza.
Soy yo ¿te acordás?
La que está cansada
pero se levanta.
La gata también se levanta,
me sigue a todas partes
como en mi casa
no sabés dónde ponerte.
Te ofrezco mi silla quemada,
mi máquina de escribir.
Pero no hay dónde recibir.
En el corazón deshabitado
nadie escucha,
nadie escucha que estoy golpeando
la puerta, dejame entrar,
estás durmiendo en el suelo,
estás
soñando y creés que estás cayendo.
Dejame entrar, soy yo,
la que tiene miedo de la ausencia.
Mi corazón también fue abandonado,
yo también abandoné mi corazón
alguna vez.
Dejame salir,
estoy encerrada en una cita,
y soy la que tiene miedo del encierro,
¿te acordás?
Llaman las amigas pero estoy cayendo
en la trampa de la espera,
ya no sé qué quería
yo.
Porque soy yo todavía,
la que llega siempre a casa
como después de un largo viaje
y encuentra que la casa se mueve
como un barco.

Pasó la tarde,
agazapada en su silencio,
como vos, la gata ve las cosas
de otra forma.
Tiendo la mano hacia el reloj,
ya no te espero, caigo en otra trampa.
Te espero en un lugar que no existe.
Soy yo la que no llega
a comprender que se vacía
lo lleno y viceversa.
Caés como el cangrejo
en un caracol vacío.
Como cae un caballo
celoso de su sombra,
La luna estaba
demasiado alta.
La ballena sueña con el hijo
que pueda separar la tierra
en dos cuando camina.
Tiendo la mano y sólo encuentro algas,
minutos que se escurren
lamentos
del agua que es el alma
del mundo.
Soy yo la que lleva un cartel
de aquí se escucha
y todo el que ha perdido
el corazón,
como si fuera un caracol que canta
me lo tiende.
Menos vos.

Lo que une a dos personas
más tarde las separa.
No me imagines quieta
en un lugar,
no me imagines, soy yo.

No sé si estás cayendo
o ascendiendo en un camino
en el que es necesario despojarse.
Pero estás como arrancado
del jardín de tu casa,
trasplantado en mí.
Como si no tuvieras manos ni pies
sino raíces.
Pero en el agua.

Soy yo,
el fuego que no viste todavía.
Y nunca he visto un fuego sobre el agua.



Susana Villalba 
(Buenos Aires, Argentina, 1956)
de Matar a un animal, Venezuela, 1995 / Argentina, 1997
reeditado por Curandera Ediciones, Buenos Aires, 2011
para leer más en LA INFANCIA DEL PROCEDIMIENTO
MÁS

4 de diciembre de 2009



serán unas fiestas diferentes? a esta altura no lo creo, pero siguiendo con la perspectiva de la buena predisposición...me conformaría con estar alegre, pero me temo que este año, definitivamente, me voy a emborrachar y hacer un buen escándalo familiar!!!

Tina Vallès, Ensalada


Fotografía de Ruth Orkin

ENSALADA

Dile a Kundera 
que ya basta de amores ridículos,
que quiero aliñar uno de veras,
mío por entero,
con hortalizas que compro en el mercado;
que ya basta de diccionarios 
para interpretar notas a pie de página,
que quiero pancartas con letras mayúsculas.

Dile también que basta de libros y citas y poemas,
¡basta!
Que me lo digan en la acera,
con el ruido de la calle, 
del autobús que calienta motores,
de los músicos disecando canciones,
de las motos avanzando por la izquierda.
Que me lo digan y que lo entienda;
como en una ensalada verde
-"No, no, nada de condimentos, ni salsas, no;
tan sólo aceite y sal, para sentirlo todo"-,
donde la lechuga es lechuga,
y la cebolla, cebolla, y no me hace llorar.


Tina Vallès López
(Barcelona, España, 1976)
POETA/ESCRITORA/FILÓLOGA/TRADUCTORA
su WEB




Carilda Oliver Labra, Discurso de Eva


Snejana Onopka para Vogue


DISCURSO DE EVA

Hoy te saludo brutalmente:
con un golpe de tos
o una patada.
¿Dónde te metes,
a dónde huyes con tu caja loca
de corazones,
con el reguero de pólvora que tienes?
¿Dónde vives:
en la fosa en que caen todos los sueños
o en esa telaraña donde cuelgan
los huérfanos de padre?
Te extraño,
¿sabes?
como a mí misma
o a los milagros que no pasan.
Te extraño,
¿sabes?
Quisiera persuadirte no sé de qué alegría,
de qué cosa imprudente.

¿Cuándo vas a venir?
Tengo una prisa por jugar a nada,
por decirte: «mi vida»
y que los truenos nos humillen
y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo unas ganas locas de mirarte al fondo
y hallar velos
y humo,
que, al fin, parece en llama.

De verdad que te quiero,
pero inocentemente,
como la bruja clara donde pienso.
De verdad que no te quiero,
pero inocentemente,
como el ángel embaucado que soy.
Te quiero, 
no te quiero.
Sortearemos estas palabras 
y una que triunfe será la mentirosa. 

Amor... 
( ¿Qué digo? estoy equivocada,
aquí quise decir que ya te odio. )
¿Por qué no vienes?
¿Cómo es posible
que me dejes pasar sin compromiso con el fuego?
¿Cómo es posible que seas austral
y paranoico
y renuncies a mí?

Estarás leyendo los periódicos
o cruzando
por la muerte
y la vida.
Estarás con tus problemas de acústica y de ingle,
inerte,
desgraciado,
entreteniéndote en una aspiración del luto.
Y yo que te deshielo,
que te insulto,
que te traigo un jacinto desplomado;
yo que te apruebo la melancolía;
yo que te convoco
a las sales del cielo,
yo que te zurzo:
¿qué?
¿Cuándo vas a matarme a salivazos,
héroe?
¿Cuándo vas a molerme otra vez bajo la lluvia?
¿Cuándo?
¿Cuándo vas a llamarme pajarito
y puta?
¿Cuándo vas a maldecirme?
¿Cuándo?
Mira que pasa el tiempo,
el tiempo, 
el tiempo, 
y ya no se me aparecen ni los duendes,
y ya no entiendo los paraguas,
y cada vez soy más sincera,
augusta...
Si te demoras,
si se te hace un nudo y no me encuentras,
vas a quedarte ciego;
si no vuelves ahora: infame, imbécil, torpe, idiota,
voy a llamarme nunca.

Ayer soñé que mientras nos besábamos
había sonado un tiro
y que ninguno de los dos soltamos la esperanza.
Este es un amor
de nadie;
lo encontramos perdido,
náufrago,
en la calle.
Entre tú y yo lo recogimos para ampararlo.
Por eso, cuando nos mordemos,
de noche,
tengo como un miedo de madre a quien dejaste sola.
Pero no importa,
bésame,
otra vez y otra vez
para encontrarme.
Ajústate a mi cintura,
vuelve;
sé mi animal,
muéveme.
Destilaré la vida que me sobra,
los niños condenados.
Dormiremos como homicidas que se salvan
atados por una flor incomparable.
Ya la mañana siguiente cuando cante el gallo
seremos la naturaleza
y me pareceré a tus hijos en la cama.

Vuelve, vuelve.
Atraviésame a rayos.
Hazme otra vez una llave turca.
Pondremos el tocadiscos para sIempre.
Ven con tu nuca de infiel,
con tu pedrada.
Júrame que no estoy muerta.
Te prometo, amor mío, la manzana





Carilda Oliver Labra 
(Matanzas, Cuba, 1922-2018)
en Otra Cuba secreta: Antología de poetas cubanas del XIX y del XX,
Editorial Verbum, 2011
Edición, introducción, notas y bibliografía de Milena Rodríguez Gutiérrez
para leer MÁS
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...