s/d del autor de la fotografía |
NADA QUE DECIR
No tengo absolutamente nada para decir.
Estuve comiéndome las uñas últimamente, así que no se ven bien.
En realidad, después del primer momento de inapetencia producido por el shock
estuve comiéndome todo lo que encontré
y ahora estoy redondita y blandita a la altura de la cintura que ni te cuento
así que como que me siento un osito debajo de los pulóveres de este invierno
que no alcanzan posta que no alcanzan para dejar de tiritar
mi casa es enorme y mi única calefacción
un caloventor que se dejó mi ex, regalo de su madre para nosotros
voy con él de habitación en habitación (con el caloventor, no con mi ex)
y lo voy enchufando –el ruido que hace me tranquiliza
no sé es como un ronroneo… me da una sensación de presencia, de protección
de que algo ESTÁ PASANDO…
de que el frío ESTÁ SIENDO DEGLUTIDO por un aire caliente…
(los que durmieron conmigo siempre se horrorizaron de que me gustara
ese ruido y esa sofocación del caloventor
pero ya no tengo ese problema, al menos no por ahora… vaaaammooooooos!!!!)
en realidad, a causa de la dificultad para calefaccionar los ambientes
y la enorme escalera
me reduje a dos habitaciones: la de dormir
y un cuartucho ínfimo donde me encierro para estar en facebook
rodeada de tazas ceniceros y rollos de papel higiénico.
Soy una especie de refugiada en mi propia casa
me abrigo para ir al baño
y pienso varias veces antes de cambiar de lugar.
No tengo nada en absoluto para decir.
Hoy dejé de fumar, de madrugada, porque me desperté con unos dolores
en el pecho
que me hicieron sentir un holocausto
y una tos de vieja moribunda, con flema puaj.
Me juré no volver a fumar y a la mañana tiré los cigarrillos al tacho.
Pero a eso de las nueve de la noche los saqué del tacho y me prendí uno
y acá estoy: fumo.
Es que cumplo veintinueve años. Hoy mismito. Veintinueve.
La buena noticia: sigo en los veintis.
La mala noticia: por poco tiempo más.
Nada para decir, nada.
El vino ya no me hace tan bien como antes.
Además, ahora agregué una dosis al mediodía. Ayuda a la siesta.
Algo adentro mío, a la altura del esófago (¿el esófago está por acá, no?)
me protesta, pero soy buena para desoírlo.
Mi sensibilidad no incluye partes inanimadas del cuerpo.
Por eso no me gustan los animales: porque no hablan.
No me gusta lo que no habla.
Aunque yo quisiera también ser un animalito, a veces.
Ser nada más. Ser como si las cosas le pasaran a otro: al cosmos,
al universo, pero no a mí.
Estoy bien, sí estoy bien. No me quejo.
No me quejo.
No voy a doblar la ropa, nada más voy a ponerla
del lado de la cama que no uso, total.
Linda montaña.
Y me voy a ir a dormir con mi montaña.
Sol Fantín
(Buenos Aires, Argentina, 1982)
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6 comentarios:
Pero ha dicho una cantidad de cosas, y con enjundia además.
Como siempre, tus fotos enamoran.
Bisous.
Qué manera de decir...Besos
tiene una tristeza implícita que lo dice todo, me gusta
Transmite el tedio, el frío, la soledad, de manera tan real y cotidiana.
Un abrazo,
Sin decir ha dicho casi lo indecible...
Estoy aquí, a veces despistada, perdida pero sabiendo que hay encadenamientos, afinidades electivas.
Estoy realtivamente bien, me quejoy duermo mal porque el mundo se me hace una montaña.
Las botas desgastadas de tanto subirla.
Un abrazo
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