31 de octubre de 2016

Tulia Guisado, 3 poemas 3


Fotografía de Peter Hapak
INFIERNO

Los hombres buenos dilucidan,
elucubran, toman decisiones.
Me abren las vías en la muñeca,
en la yugular, las arterias, la boca,
la vagina, la nariz, la uretra.
Me abren las piernas,
me abren los brazos,
me abren el pecho,
me abren los ojos,
el cuello, la tráquea,
los pulmones,
la piel.

Y no me matan. 



Fotografía de Annemarieke Van Drimmelen

Si alguna vez fui feliz,
lo fui entonces, a 37 grados.

Nada debería existir.
Ni la tierra, ni el fuego,
ni el agua.
Mucho menos el aire,
donde respiran los demás
para dañarme.
Ni la esperanza.
Pero existe.
No hay palabras.
Y existe.

Nada debería alzarse sobre la tierra
y llamarse tierra y ser barro y existir
si a la tierra se regresa
antes de crecer en ella.

Yo no he inventado este dolor,
y sin embargo, trazo cada día
el mapa de la lluvia en el planeta,
y es nuevo, cada día, para mí
el trazo de esta herida, de esta llaga,
que se expande,
que crece
cada día.
Cada día.

–Nunca creíste que fuera tuyo
un dolor tan antiguo, tan usado,
dicen, tan poco original.

Es mío.

Cada día le pongo un nombre nuevo:
lo llamo pie,
lo llamo estómago,
lo llamo rodilla,
lo llamo cabeza,
cansancio, malestar,
canas, cuello, manos, huesos.
Y de todos,
mi favorito es insomnio.
Lo llaman insomnio.
Lo llaman insomnio los enanos.
Y los Hombres Malos.



Fotografía de Anna Gaskell
LAS MUJERES SABIAS (II)

La realidad es.
Pero a veces, la realidad,
sólo se deja ser.
Y es, sin nosotros.

Y la mujer de pelo rojo
se sienta cada noche junto a mí
en la cama, cada noche, cada noche.
Y me explica con palabras de humanos, con signos lingüísticos
de seres racionales, con enunciados, con todos los niveles del lenguaje:

lo irracional.
Y me explica, como me explicó entonces,
con unas palabras de plomo fundido
que caen sobre mí como espuma de ácido
en las sábanas, como las lágrimas:

lo que pasa.
Y así, dicho por ella, todo lo que pasa, parece normal.

Cada noche.

Y cada noche yo me aprendo la lección.
Asiento, y otra vez doy las gracias.
Cada noche doy las gracias,
aunque nunca sé por qué las doy.

Cuando se van, doy las gracias,
siempre doy las gracias, y nunca
sé por qué. Aún no sé por qué.

Camino en círculo,
porque es lo que hace
quien no quiere llegar a ningún sitio.

Y, si tengo suerte, me duermo.
No hay palabras.
Esto no son palabras.





ph Carmen Lafuente
Tulia Guisado 
(Barcelona, España, 1979)
de 37'6Legados Ediciones, Madrid, 2015
Prólogo de Alfredo Piquer
Epílogo de Federico Delgado Scholl
para leer una reseña en ENCUENTRO DE LECTURAS
su página en FACEBOOK
su WEB

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