27 de abril de 2021

María Alcantarilla, 4 poemas 4 (+2)


Ilustración de Sara Boccaccini Meadows

LA HIJA QUE NO TUVE

1

La hija que no tuve me recuerda la edad de la que vengo
y llama a mi puerta cada noche y me pregunta qué he soñado.
Existe en una época distinta
donde juega a hacer bufandas a todos sus muñecos
mientras yo la observo humilde
desde el quicio vencido de la infancia
-como otro niño más-
mientras la vida aspira a convocarnos.

La hija que no tuve se pasea descalza entre los pinos
y sus plagas de orugas y sus púas.
Habla con la arena,
la recoge entre los dedos y la deja caer
mientras su risa ahuyenta las borrascas
con una pulcritud de sacerdote.

La hija que no tuve me pregunta por la vida
y espera una respuesta
acorde con mi edad y con la suya
pero solo encuentra mi silencio.

Intuye que vivir se nos parece y sale de paseo
y teje bufandas en verano.

Que hay, en este juego insistente
en que agarra mi mano con ahínco,
una única palma que nos une,
una única madre para ambos.


Ilustración de Sara Boccaccini Meadows
2

La hija que no tuve me regala flores en invierno
y pinta en las paredes arcoíris
y me enseña a ser lo que no puedo.
A veces me pregunta por las nubes
e intenta convencerme
de que ambos llegamos hasta ellas
subidos a una silla;
que son, todas las nubes, espuma con deseo de ser aves,
que debo contemplarlas con respeto,
que a veces no logramos recordar nuestros poderes.

La hija que no tuve se calza un par de alas
y corre entre los coches
y esquiva a los peligros como un lince.

Si llueve, me agarra de la mano y me conmina a irnos a la calle,
a entrar en cada charco y a saltar sobre ellos sin zapatos
con la noble convicción de ser piratas.

La hija que no tuve tiene el mundo anclado a las pupilas
y en él me miro a veces
como si ella fuese quien lo erige
y quien le da sentido a cada cosa.

No hay hecho que en sus ojos no reflejen
ni persona ajena a su rutina.
En ellos cabe el mar y nos bañamos:
llegar hasta la orilla es suficiente,
secar la vida al sol y a sus fantasmas.


Ilustración de Sara Boccaccini Meadows
3

La hija que no tuve me llama por mi nombre
y se desdice en todas las vocales.
Juega a confundir nuestros papeles
como el viento confunde nuestras caras
y amenaza con un nuevo bautizo cada día
y se acuclilla en pos de cada río.
La hija que no tuve me recuerda al ser
que un día fue niño en mí y fue misterio.
Al verla, me gusta convencerme de los días,
mirarla y ver en ella la verdad y los milagros.
La hija que no tuve trae a casa a los huidos
y les habla de la familia
con una mansedumbre
que recuerda más a un alma anciana.
Reparte los cubiertos
y separa las sillas del abismo
―y sirve el pan―
como si todos fuéramos iguales
y pudiésemos cambiar nuestro destino,
volver a reencontrarnos al comienzo
y cumplir al fin cada promesa.


Ilustración de Sara Boccaccini Meadows

UN DÍA DE LLUVIA

Hace falta algo más que un día de lluvia
para limpiar los pies de quien camina.
Algo más que descalzarse en los hogares,
descalzarse ante el amor y su resaca
como el mar inflamado
cuando el astro aspira a poseerlo.
Algo más que la miseria asaltándonos la voz
Mientras mentimos al otro y le mentimos
a quien somos y a quien fuimos;
hace falta algo más que una intención
para enjuagar el alma de temores,
algo más que dulcifique al vivo y al descalzo,
que nos ate el alma al pie
mientras la lluvia cae y nos recuerda.


de La edad de la ignorancia, Colección Visor de Poesía, 2017
Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola




MARÍA DIXIT

Me parece que la poesía y la fotografía comparten un código íntimo que es la síntesis de la imagen. Curiosamente, cuando miramos una fotografía no hay tiempo, el pasado y el futuro están ausentes frente a un encuadre que, sin embargo, nos habla. Algo así sucede también con la poesía: debería tender hacia lo atemporal, es decir, saltar de un marco cerrado hacia la posibilidad infinita de ser leída en cualquier momento y que su sentido permanezca intacto. Por otra parte, la manera en la que poesía y fotografía pueden complementarse me parece mágica. Ampliar los significados, como un altavoz que sea capaz de llegar a más gente, es mi objetivo”.

con motivo de la presentación de su libro 
Introducción al límitecolección Vandalia,
Premio ‘Las librerías recomiendan’ 2020




*

«Creo que si se investigase más en torno a las relaciones que tienen fotografía y poesía ganaríamos mucho tanto poetas como fotógrafos. Creo que la fotografía, a cualquier lector que no está habituado a leer poesía, le ayuda a que se pueda leer mejor. La afinidad o la simbiosis entre poesía y fotografía puede abrir la capacidad de interpretación a ciertos lectores poco avezados o que se empeñan en decir que no entienden la poesía y no la leen. Y de ahí mi afán pedagógico de imbricarlas.»

con motivo de la edición de la edición de 





María Alcantarilla
(Sevilla, España, 1983)
Reside en Cádiz
POETA/ESCRITORA/LICENCIADA EN PERIODISMO/
FOTÓGRAFA/ARTISTA VISUAL/DIRIGE EL AULA 
DE ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA DE LA UNIVERSIDAD DE CÁDIZ
para leer + en ANTONIO MIRANDA




2 comentarios:

lunaroja dijo...

Demoledora belleza...
Gracias!

Biel Vila Pujadas dijo...

Desde el blog Nunaca llegan tarde las Hadas muchas gracias. La entrada con fecha de ayer, es de María Acantarilla y su poemario. La Edad de la Ignorancia.

Gracias. Miriam tu blog es un jardín muy recomendable, para ti. Una Ola Naranja, desde Mallorca

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