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2 de noviembre de 2025

Elena Alonso, 3 poemas 3


Fotografía de Patty Maher
HAY UN DICCIONARIO ENTRE TU BOCA Y MI BOCA

TE BEBÍ EN EL CAFÉ DE LA MAÑANA.

Así entraste en mi cuerpo recién amanecido.

Fui respirando tu olor por la casa en la que
nunca has estado.

Subí los doce escalones como si recorriera tu
cuerpo.

Como si sobre ti avanzara.

Me acosté desnuda bajo una manta que nunca te
dio calor y que hoy me soplaba tu aliento.

Quiero meterme contigo en un avión y salir
corriendo.
Correrme contigo.

Por qué te doy besos de piedra
Por qué nos besamos secos.
Si sabes que yo beso desde el agua.
Si soy un pez.
Si yo sé que en tu boca está el cielo.
Por qué entonces tan duros los besos.

Hay un precipicio de miedo entre tu boca y la mía
entre tu mano y mi cara
entre tu cuerpo y mi boca
hay un diccionario

Si supieras las ganas que tengo
Las ganas que te tengo y lo que me gustaría
tenerte
Quiero quedarme a dormir en tus brazos
No ponerme más a de puntillas
Darte besos en el cuello
En la ropa
Amarte con todo
Meter mi mano dentro de tu abrigo que es como
una ueva quedarme dentro
Amarte
Cuidarte
Calentarte la casa
La cama

Quiero hacerte el amor y que el amor nos deshaga

Dejar de hacer
Deshacerme contigo
Tengo ganas de llamarte mío
Tengo ganas de llamarte
De amarte
Si supieras cuántas bocas
cuántas manos
cuántas veces repetí tu nombre en otros hombres

Ven
Ven y quédate a dormir conmigo
Que hace frío
Que es invierno
Y que empieza a hacerse tarde



Arte digital Cyril Rolando

He querido como una loca a quien menos se lo merecía.
He dejado pasar por delante trenes que llevaban mi nombre cargadito de estrellas. Me he reído de mí cien veces.

He ganado la batalla. Ya no me tengo en cuenta. He aprendido a señalarme con el dedo. A ponerme todas las coronas. A reinar por todas.

Me imagino ya vieja, en una hamaca, rodeada de pájaros y palmeras, sin miedo a la muerte, si es que la muerte no se adelanta a las canas. Se teme morir porque se teme la vida. Se vive como si no nos fuéramos a morir nunca.

No contesto los mensajes de la gente que me odia por nada, que me acusa de estar sentada en un pedestal teniendo el suyo en su casa.
He aprendido a llamar a Dios por mi nombre.


Fotografía de Patty Maher
La mujer que me habita, la que sabe, 
me dice cuándo es el momento de la retirada.
Me hablan mis ancestras.
Me guían.
Y me empujan al borde de los precipicios.
- Salta! - gritan.
Y si no salto me asfixian.
La mujer que me habita sabe cuándo salir corriendo.
Sabe dónde me comen y dónde como yo.
Y me habla bajito cuando duermo contándome cómo soltar las cadenas. 
Canta la loba en mi vientre canciones de salir corriendo.
Hay un tambor en mi centro que se pone a vibrar cuando llego vacía de todo, 
menos de mí.
Hay una serpiente en la tierra que se despierta 
y me busca cuando lo que elijo me enferma.
No hay tiempo.
Es ahora, o nunca.
Ha llegado el momento de mirar a la cara a la bruja. Y dejarle pasar.
Apartarse y morir. Morir a lo viejo. A la mentira. Lo conocido. 
La mujer a medias. La enferma. La que ama a medias y vive a medias. 
Y da a medias. 
Y a medias se queda. Yo te muero, mujer. 
Para revivirte de nuevo y darte el espacio que de verdad ocupas en el mundo.
El lugar que te corresponde.
No importa ese camino que te desaparece a cada paso que das ahora. 
No importa que no veas sendero delante de ti, mujer.
Avanza a oscuras con los ojos muy abiertos!
Huele a tus abuelas!
Y date cuenta de que conoces el camino. 
Porque ya fuiste antes.
Porque ya fuiste antes, mujer.
Ve, que no vas sola.

Viajamor 3: A la exacta distancia de tu capricho,
Uno Editorial, 2020



Elena Alonso - Elena del Cristo
de Viajamor 3 Uno Editorial, 2020
Lectura recomendada por Kiki Cacho
para leer + en BIBLITERAPEUTA


30 de agosto de 2020

Dolores Castro, 3 poemas 3


Fotografía de Patty Maher

[CÓMO ARDEN, ARDEN]

Cómo arden, arden
mientras van a morir empavesadas
las palabras.
Leñosas o verdes palabras.

Bajo su toca negra se enjaezan
con los mil tonos de la lumbre.

Y yo las lanzo a su destino;
en su rescoldo brillen.

de Soles, Jus, México, 1977



Fotografía de Patty Maher

SEMILLA ESTÉRIL

Si con arrodillarse
cayera de mí la noche
que se cierne sobre mi cabeza.

Si con arrodillarse
esta semilla estéril
se abriera.

Si con llorar
pudiera salir
como los ríos,
al mar.

Hoy me arrodillaría
a llorar sobre la tierra.

de Cantares de vela, 1960



Fotografía de Patty Maher
SEQUÍA

En espera, tendida como yerba
que apresura su flor en la sequía,
oigo el viento quebrado,
el espiral, la seña.

Quiero decir ahora,
que yo amo la vida:
que si me voy sin flor,
que si no he dado fruto en la sequía,
no es por falta de amor.

Quiero decir que he amado
los días de sol, las noches,
los árboles, el viento, la llovizna.

de Cantares de vela, 1960


El huésped, Secretaría de Educación 
del Gobierno del Estado de México, 2017



Dolores Castro Varela
(Aguascalientes, México, 1923 - 2022)
POETA/NARRADORA/ENSAYISTA/CRÍTICA LITERARIA/
PROFESORA DE LITERATURA
en El huésped, Secretaría de Educación 
del Gobierno del Estado de México, 2017
para leer + en ISLIADA
+ PERIÓDICO DE POESÍA
en WIKIPEDIA





4 de agosto de 2020

Guillermina Cherri, 2 poemas 2


Fotografía de Patty Maher

Enterraron la pierna de mi abuelo
en un ataúd de bebé.
La depositaron bajo el mármol negro
del panteón familiar
junto a su esposa que
esperaba hacía 15 años.
Mi abuelo cojo siguió caminando
con los avances de la ortopedia.
Reemplazó el deporte por los naipes.
La pesca por un sillón en la vereda.
El día que murió
no me dejaron verlo.
Me llevó una vecina a jugar con su nieta
y escuchamos discos de Abba
en un tocadiscos que hoy rematan
junto a varios cachivaches.





Fotografía de Patty Maher

Cada tres días, con mis hermanas
íbamos hasta un tambo cercano
a buscar leche fresca.
A las niñas de mi familia les correspondía
hacer todos los mandados, mientras
las mujeres mayores hacían en la casa
desde la huerta, hasta reparar los techos.
Al regreso, la abuela nos esperaba
para hervir la leche y separar
la grasa cremosa del líquido blanco.
Luego, frente a nuestras miradas hipnóticas
batía hasta formar una manteca gigante
como los pasteles que preparábamos
los sábados por la tarde.
Hoy pasé con mi bicicleta
por ese tambo inexistente.
En su lugar, se levanta un barrio
de modernos chalets a medio terminar
proyectados por jóvenes familias
de dos hijos y dos autos.




Guillermina Cherri
(Esperanza, Santa Fe, Argentina, 1983)
POETA/BIBLIOTECARIA DOCUMENTALISTA/NARRADORA ORAL
en Quedarse acá (Antología), Santa Fe, Argentina, 2020
Colectiva del grupo de Escritoras Feministas
Compilación de Susana Ibáñez, Laura Kiener, Violeta Vignatti
para leer + en META POESÍA
su INSTAGRAM
su FACEBOOK  


24 de noviembre de 2019

Rosa Silverio, 3 poemas 3

Fotografía de Patty Maher


LEER UN LIBRO

Leer un libro de pie,
sentada,
llorando,
haciendo el amor,
desnuda,
con el café en la mano,
con un poco de droga en los bolsillos,
con un cuchillo entre las venas,
sin ganas de aprender, sin horarios,
sin ruta de navegación y sin remos.
Leerlo con ganas,
con prisa,
sudando,
acongojada.
Leerlo en los parques, en los aviones,
en los edificios públicos,
en las peluquerías y los trenes.
Leerlo con hambre,
sin fe y sin justicia,
leer por leerlo,
leerlo entre el pan y la mañana.

2006


Manuela Maroli fotografiada por Rahman Hak-Hagir



CANTO A LA MUJER QUE SE CONSUME

Una mujer se levanta en la mañana
emprende el camino que la espera
Cualquiera diría
que estamos ante la última heroína
pero en sus aguas hay algo turbio que ella esconde
y que intenta proteger a toda costa
Hace muchos años
en el tiempo de la raíz primigenia
incluso antes de que el árbol fuera árbol
y el fruto fuera fruto
esta mujer levantó una cruz en su calvario
y se dedicó sin piedad a la matanza
Hoy ella deberá pagar sus crímenes
los poetas ya han hecho la hoguera
y a su alrededor baila el enemigo
Mujer
no hay forma de que puedas eludirlo
nadie te librará de tu condena
las Keres ya están listas para el ataque
y Némesis blande en su mano la guadaña
Pobre Athenea derrotada
llama que sin remedio se consume
para ti se han acabado los caminos
sólo el amor persiste en su afán de rescatarte
Mujer
carne de tu carne
polvo, naranja, costilla, sangre, nervios, espina dorsal, 
brazos, piernas, cerebro, corazón,  pensamiento y vida
por ti se han abierto y desaguado los cielos
se han quemado muchas ciudades
a ti te han perseguido y asesinado
con dureza han sido condenados tus pecados
y a tu jardín han ido a parar todas las piedras
Ha llegado por fin la hora de tu muerte
el cuervo ha detenido su viaje
y espera paciente su carroña
Muere, mujer, consúmete
dirígete hacia el fondo de ti misma
y desaparece.



Manuela Maroli fotografiada por Rahman Hak-Hagir




TARDE

Puede que sea tarde para muchas cosas,
tarde para el temblor y los amantes,
tarde para el paraguas y el aguacero,
tarde para el hábito y la fe.
Puede que también sea tarde
para irse a otras tierras,
para volverse tormenta o sombra,
para envejecer y ostentar nietos,
para sembrar las raíces o crecer hacia dentro,
para recoger en el parque las sobras del amor.
Puede que ya no haya tiempo
para todas esas cosas,
pero estoy segura de que hay un momento,
una hora inalienable e irreductible,
para sentarme bajo el árbol
y escribir tranquilamente mi poema.







Ph Massiel Zaiter Mejia
Rosa Silverio
(Sgo. de los Caballeros, Rep. Dominicana, 1978)
Reside en Madrid, España
ESCRITORA/PERIODISTA/GESTORA CULTURAL/LECTORA
poemas extraídos de su BLOG
para leer una entrevista en REVISTA GLOBAL
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10 de septiembre de 2019

Eeva Kilpi, 4 poemas 4 (+1)


Fotografía de Patty Maher


Cuando has visto una nube
en el regazo de un lago;
y la luna
entre los nenúfares;
inevitablemente estás a la merced
de tu propia alma.



Fotografía de Lumi Tuomi

Apenas él hubo pronunciado:
“Ahora lo único que falta son fresas”

cuando ya estaba yo corriendo hacia la descuidada
huerta de detrás de casa

y había cogido un puñado de fresillas silvestres
antes de que él hubiese acabado de tomar su yogur:
acababan de madurar.
Ten cuidado con lo que dices, dije, ahora todo se hace
realidad.
Y él tuvo cuidado.





s/d del/a autxr

Cuando una ya no tiene fuerzas para escribir, tiene que recordar.
Cuando una ya no tiene fuerzas para fotografiar,
tiene que ver con los ojos del alma.
Cuando una ya no tiene fuerzas para leer,
tiene que estar llena de narraciones.
Cuando una ya no tiene fuerzas para hablar,
tiene que resonar.
Cuando una ya no tiene fuerzas para andar, tiene que volar.
Y cuando llegue la hora,
una tiene que desprenderse de los recuerdos,
de los ojos del alma, dejar de soñar,
callarse y plegar las alas.
Pero pase lo que pase, sigue la narración, sigue.



Fotografía de Bex Finch

¿Qué ruido es ese que me despierta de noche?
Es la biología, que exige sus derechos.
De noche se escucha mejor,
claramente cuando
cuando los sociólogos duermen.



EEVA DIXIT

"Los viejos se clasifican de algún modo como forajidos. Mantener el respeto propio es un derecho fundamental para todos. El requisito previo para una buena vida es que se pidan las opiniones de las personas y se respeten sus deseos. Ahora eso no sucede".


"Vanhat on luokiteltu jotenkin hylkytavaraksi. Itsekunnioituksen säilyttäminen on jokaisen perusoikeus. Hyvän elämän edellytys on se, että ihmisen mielipidettä kysytään, ja hänen toiveitaan kunnioitetaan. Nyt niin ei tapahdu."

(leído en UUTISET)

Poesía Nórdica, Ediciones de la Torre,
Biblioteca Nórdica, 1999


Ph Jaani Lampinen 
Eeva Karin Kilpi 
(Hiitola, Carelia, 1928 - Espoo, Finlandia, 2026)
POETA/ESCRITORA/FEMINISTA
de Ennen kuolemaa, 1982
de Poesía Nórdica, Ediciones de la Torre, 1999
Edición, selección y traducción de Francisco J. Uríz
para leer MÁS

3 de junio de 2019

Kikí Dimulá, 3 poemas 3


Fotografía de Patty Maher


POLVO

Compadezco a las amas de casa
por el modo en que luchan
para quitar el polvo de su hogar cada mañana;
polvo: última carne de lo descarnado.
Escobas escobillas
escurridores plumeros sacudidores
bayetas y estropajos payasos
ruidos y formas lo mismo que acróbatas,
como látigo caen los movimientos
sobre el polvo doméstico.
Cada mañana balcones y ventanas
amputan una acción y una excitación:
cabezas incorpóreas saltan como un yoyó,
manos sobresalen, se retuercen
como si algo las matara desde dentro,
cuerpos rotos por la mitad
que al agacharse fueron serruchados.
Otra rotura más de lo Entero,
que sin cesar se rompe,
antes de existir se rompe
como si eso fuera exactamente su objetivo,
no existir.
La vida entera dicen otros.
A santo de qué entera
con un metro roto que lleváis siempre
¿y nosotros medimos?
Palabra deplorable lo Entero.
Corpulenta trastornada deambula.
Por eso los tronados metros la llaman trastornada.

Sacudiendo siempre sacudiendo
para quitar el polvo de las superficies poco profundas
para quitarlo de los profundos nidos del sueño,
sábanas y cobertores.
Y las ocasiones
en las que el cuerpo salta asustado
de noche aullando Dios mío me disminuyo,
se sacudirán también ellas como polvo,
polvo la reducción y el susto.
No aguanto estas sacudidas
que obligan a exponer los problemas familiares.
Infladas almohadas del sueño
golpeadas con furor y yo temo,
tiemblo para que no se estropeen:
son de cristal los testamentos de los sueños allí dentro.
Todos los sueños tienen por heredero un sueño
jamás una persona.
Tiemblo, tanta desheredación universal,
no aguanto que se sacuda como polvo.
Golpean las alfombras
para quitar el polvo de los nidos dibujados,
que se arroje de los puentes de los colores.
Y el paso presuroso que se distingue
enloquecido aquí y allá dentro de la casa
sobre la plana confianza de las alfombras
que no oigan los del piso de abajo qué camina
que no oigan qué no camina a la par,
se sacudirá él también como polvo.
No aguanto estas sacudidas
que obligan a exponer los problemas familiares.

Compadezco a las amas de casa
por su trabajo estéril.
El polvo no se quita, no se agota.
Cada vez que el tiempo se encuentra con el tiempo
se firma un nuevo acuerdo de polvo.
Las precauciones que él —lo Limpio
y lo Estable— adopta, acaban siendo medios para su regreso.
Lo trae el mejor, el número uno.
No he visto superficies más polvorientas que ellos.
Hasta la Luz, siempre limpia
se vuelve una transportadora alegre del polvo:
es un milagro verla
cómo avanza inmóvil sobre el rayo solar,
igual que si pisara sobre una escalera mecánica
de aquellas modernas, las hipnotizadas,
con los escalones castrados.
Se transporta
visible como aire molido grueso
para volver a entrar por las ventanas abiertas,
sus leyes abiertas.
Nuestra existencia es su casa y su futuro.

Yo, desordenada como soy, lo dejo sentarse
a estudiar sobre el lomo de un libro
que trata de la Vejez.
Sobre la fotografía juiciosa de mis hijos
cuando me llevaban puesta
blanca, almidonada, redonda Madre
cosida flojamente por dentro
con puntadas invisibles, ligeras
en su uniforme escolar.
Ahora mis hijos se han vestido de Personas Mayores,
el polvo tiene ahora puesto su uniforme escolar
el cuello redondo,
el polvo se viste de Madre
—así habrá de coser
las relaciones y las dependencias,
con costuras ligeras y flojas,
para que las puedan descoser fácilmente.
Yo nunca quito el povo
del atleta de bronce
que adorna el gran reloj de bronce.
Sus miembros tan musculosos
parecen enfadados.
Quizá porque lo obligan a ejercitar
algo muy invisible,
tal vez ejercite el tiempo,
tal vez el tiempo quiere y puede
correr más rápido de lo que corre.
Rendimiento que hace feliz al polvo.

Se posa sobre mi espejo,
es suyo, se lo regalé.
¿Qué haría yo con un campo baldío?
Dejé de cultivar mis caras allí dentro,
no tengo ganas de arar cambios
y de duplicarme distintamente.
Lo dejo sentarse
lo dejo llegar
que llegue con la bolsa
lo dejo que se desparrame sobre mí
como si fuera el cuento molido de una gran historia,
lo dejo que venga rápido muy rápido
como si fuera el tiempo que se ejercitó
para correr más velozmente de lo que corre
y el polvo pesado, gordinflón está sentado,
lo dejo sentarse, retrasarse,
gordinflón me cubre, lo dejo
que me cubra lo dejo
me cubre
que me olvides lo dejo
que me olvides dejo
que me olvides
que te olvides
te dejo
porque no aguanto estas sacudidas
que obligan a exponer los problemas familiares.

de Símbolos solubles, Ediciones Linteo, Ourense, 2010
Traducción de Nina Anghelidis





Fotografía de Patty Maher



PASÉ

Ando y anochece.
Decido y anochece.
No, no estoy triste.

Fui curiosa y aplicada.
Sé de todo. Un poco de todo.
Los nombres de las flores cuando se marchitan,
cuándo reverdecen las palabras y cuándo tenemos frío.
Cuán fácil gira el cerrojo de los sentimientos
con una llave cualquiera del olvido.
No, no estoy triste.

Pasé días de lluvia,
me llené de tensión tras esta
aguada tela metálica
de manera paciente e inadvertida,
como el dolor de los árboles
cuando pierden su última hoja
y como el miedo de los valientes.
No, no estoy triste.

Pasé por jardines, me paré en fuentes
y vi muchas estatuillas riéndose
por ocultos motivos de alegría.
Y a pequeños cupidos, fanfarrones.
Sus tensos arcos
salieron media luna en mis noches y me solacé.
Vi muchos y bonitos sueños 
y vi que me olvidaba.
No, no estoy triste.

Anduve mucho por los sentimientos,
los míos y los de otros,
y entre ellos siempre quedaba espacio 
para que el ancho tiempo pasara.
Pasé por oficinas de Correos y volví a pasar.
Escribí cartas y volví a escribir
y al Dios de las repuestas le recé sin esfuerzo.
Recibí breves postales:
cordial despedida desde Patras
y algún saludo
desde la Torre de Pisa que se inclina.
No, no estoy triste por que se incline el día.

Hablé mucho. A los hombres,
a las farolas, a las fotografías.
Y mucho a las cadenas.
Aprendí a leer las manos
y a perder manos.
No, no estoy triste.

Viajé por supuesto.
Fui por aquí, fui por allá…
En todos los sitios preparado para ver envejecer el mundo.
Perdí por aquí, perdí por allá.
Y por mi cuidado por dentro perdí
también por mi descuido.
Fui también al mar.
Se me debía una amplitud. Digamos que la cogí. 
Tuve miedo a la soledad
e imaginé hombres.
Los vi cayéndose
de la mano de una tranquila cortina de polvo
que recorría un rayo de sol
y a otros del sonido de una diminuta campana.
Y soné en repique
de ortodoxa soledad.
No, no estoy triste.

Cogí también fuego y me quemé lentamente.
Y no me faltó ni la experiencia de las lunas.
Su fase menguante sobre mares y sobre ojos
oscura me aguzó.
No, no estoy triste.

Cuanto pude me resistí a este río
si tenía mucha agua, para que no me llevara,
y cuanto pude imaginé agua
en los ríos secos
y me dejé llevar.

No, no estoy triste.
En hora correcta anochece.

Traducción de Virginia López Recio
extraído de REVISTA ÓMNIBUS Nº 50



Fotografía de Patty Maher



LA COARTADA

Cada vez que te visito
sólo el tiempo transcurrido
de una vez a otra ha cambiado.
Por lo demás, como siempre
se desliza desde mis ojos como un río
turbio tu nombre grabado
—padrino del guión pequeñín
entre las dos fechas,
no vaya a pensar la gente que ha muerto
sin bautizar la duración de tu vida.
A continuación limpio las mustias
cagaditas de las flores añadiendo
algo de arcilla roja donde se ha depositado negra
y le cambio, finalmente, el vaso a la lamparilla
por otro limpio que traigo.

Nada más volver a casa
a conciencia lavaré el sucio
desinfectando con lejías
y cáusticas espumas de espanto que echo
cuando me agito con fuerza.
Con guantes siempre y manteniendo mi cuerpo
a gran distancia del pequeño lavabo
para que no me salpiquen las aguas muertas.
Con estropajo metálico de dura aversión rasco
la grasa pegada en los labios del vaso
y en el paladar de la apagada llama
mientras la ira aplasta el ilegal paseo
de algún caracol, usurpador
de la inmovilidad vecina.

Enjuago luego enjuago con escaldante furia
bulle mi intento de volver el vaso a su primer
su alegre su natural uso
el de saciar la sed.
Y queda ya del todo limpio, reluce
ese mi afán hipocondríaco de no querer morir

querido mío, míralo de otro modo:
¿cuándo no ha temido a la muerte el amor?


(de Un minuto juntos, 1998)
Traducción de Raquel Pérez Mena 
especial para MediterráneoSur · Nov 2009



Το άλλοθι

Kάθε που σ' επισκέπτομαι
μονάχα ο καιρός που μεσολάβησε
από τη μια φορά στην άλλη έχει αλλάξει.
Kατά τα άλλα, όπως πάντα
τρέχει από τα μάτια μου ποτάμι
θολό το χαραγμένο όνομά σου
– ανάδοχος της μικρούλας παύλας
ανάμεσα στις δυο χρονολογίες
να μη νομίζει ο κόσμος ότι πέθανε
αβάπτιστη η διάρκεια της ζωής σου.
Eν συνεχεία σκουπίζω τις μαραμένες 
κουτσουλιές των λουλουδιών προσθέτοντας
λίγο κοκκινόχωμα εκεί που ετέθη μαύρο 
κι αλλάζω τέλος το ποτήρι στο καντήλι
με άλλο καθαρό που φέρνω.

Aμέσως μόλις γυρίσω σπίτι
σχολαστικά θα πλύνω το λερό
απολυμαίνοντας με χλωρίνες
και καυστικούς αφρούς φρίκης που βγάζω
καθώς αναταράζομαι δυνατά.
Mε γάντια πάντα και κρατώντας το σώμα μου
σε μεγάλη απόσταση από το νιπτηράκι
να μη με πιτσιλάνε τα νεκρά νερά.
Mε σύρμα σκληρής αποστροφής ξύνω
τα κολλημένα λίπη στου ποτηριού τα χείλη
και στον ουρανίσκο της σβησμένης φλόγας
ενώ οργή συνθλίβει τον παράνομο περίπατο
κάποιου σαλιγκαριού, καταπατητή
της γείτονος ακινησίας.

Ξεπλένω μετά ξεπλένω με ζεματιστή μανία
κοχλάζει η προσπάθεια να φέρω το ποτήρι στην πρώτη
τη χαρούμενη τη φυσική του χρήση
την ξεδιψαστική.
Kαι γίνεται πια ολοκάθαρο, λάμπει
το πόσο υποχόνδρια δε θέλω να πεθάνω

ακριβέ μου – πάρτο κι αλλιώς:
πότε δε φοβότανε το θάνατο η αγάπη;

(Ενός λεπτού μαζί, 1998)


LA COARTADA

Cada vez que vengo a visitarte
solo el tiempo transcurrido
de un encuentro a otro ha sufrido un cambio.
Por lo demás, como siempre
desde mis ojos fluye como un río
desenfocado tu nombre inscrito
-apadrinando el minúsculo guión
que media entre las dos fechas,
para que no piensen todos que pereció
sin bautizar la duración de tu existencia.
A continuación recojo
los restos de las flores marchitas
y añado un poco de tierra roja donde ha caído la negra
por último cambio la tulipa de la lámpara
por otra limpia que traigo.

Tan pronto como llego a casa 
friego con diligencia la que traigo sucia
la desinfecto con lejía
y la venenosa espuma de disgusto que brota de mí
cuando la agito con fuerza.
Siempre con guantes siempre resguardando mi cuerpo
a buena distancia de la palangana
para que no me salpique el agua muerta.

Con un duro estropajo de aversión 
restriego la suciedad pegada en el borde del cristal
y en el velo del paladar de la llama sofocada
mientras la rabia machaca el paseo clandestino
de una caracol intruso
en la quietud que la rodea.

Aclaro y aclaro con locura que escalda 
hirviente esfuerzo para devolver al cristal su origen
su luminosa naturaleza,
Su utilidad: 
apagar la sed.
Al fin el cristal deviene reluciente, brilla: 
qué aprensivo mi deseo de evitar morir.

Caro mío: míralo de modo diferente: 
¿cuándo no ha temido el amor a  la muerte?

(de Un minuto juntos, 1998)
Traducción de Meli San Martín




Ph Angelos Tzortzinis
Kikí Dimulá - Κική Δημουλά  - 
(Atenas, Grecia, 1931-2020)
en WIKIPEDIA
para leer una entrevista en EL PAÍS
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