Mostrando entradas con la etiqueta poesía sudafricana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poesía sudafricana. Mostrar todas las entradas

29 de octubre de 2019

Koleka Putuma, Ropa heredada


Fotografía de Jill Freedman



ROPA HEREDADA

En enero,
se celebran los cumpleaños
con un cubo de KFC, una tarta básica y Coca-Cola.
En enero abren los colegios, así que ni te plantees montar una fiesta;
tenías suerte
si te dejaban invitar a tus amigas de la casa de al lado.

Pero incluso con el síndrome de enero,
nos asegurábamos de no aparecer el primer día de clase
con el uniforme de noviembre o las trenzas de diciembre,
aunque estuvieran aún en buen estado.
Todo tenía que ser de estreno: el cabello relajado o afeitado,
una capa de vaselina tan gruesa que podría aguantar todo tipo de clima.
Estábamos relucientes y llenxs de esperanza.
¿De qué?
No lo sabíamos.
De las raíces del pelo a las uñas de los pies, éramos nuevxs.

El primer día de la escuela siempre era un concurso,
una competición que demolía algunas carteras en secreto.
Nos mirábamos de reojo a los zapatos para ver si eran Toughee o Buccaneer.
Los niños que llevaban Grasshoppers eran superguays.
Las niñas que no cumplían la norma de cubrirse las rodillas
eran delincuentes castigadas a quedarse después de clase.
No valía nada el material escolar si no venía en una caja de los Waltons.
No se empezaba a aprender hasta que tu cuaderno negro estaba forrado de plástico y colorines.
Nuevo nos marcaba, daba forma a nuestro comportamiento y nuestras poses.
Nuevo creaba la ilusión de que algunxs tenían más de lo que lucían.

El sacrificio abastecía.
El sacrificio se multiplicaba milagrosamente frente al amor
o la vergüenza.

Vengo de una estirpe de multiplicación:
de maná caído del cielo,
de dos peces y cinco panes,
de agua convertida en vino.
También vengo de una estirpe de prestar y pedir prestado.
El azúcar de la vecina era un tarro abierto, sin deudas ni cobros.

(a veces) nuevo era un lujo,
era lo imposible enviado a Dios por oración.

Lxs hermanxs mayores deben llevar el jersey con cuidado y solo los domingos,
en dos años será tuyo
era lo más nuevo que iba a ser (a veces).

Si se rompía, podía repararse.
Si se moría, podía resucitarse.
Si se rasgaba, podía remendarse.
Si se perdía,
¡pues-lo-en-cuen-tras-que-el-di-ner-o-no-cre-ce-en-los-ár-bo-les!

Nuevo era sinónimo de rico, aunque no fuese verdad.
Nuevo era un adjetivo para la ansiedad.

La tensión entre nuevo y de segunda mano
era como vivir en una casa sin techo
y esperar que no lloviese,
cruzar los dedos para que tu marca Sin Logo no te delatara
ni destacara ni te desnudara en público.

El anhelo por lo nuevo cultivó malas costumbres,
nos tejió deseos dentro
que podíamos articular a través de la imaginación.

En nuestra imaginación,
éramos cuerpos oscuros
viviendo como reyes en la casa de lxs blancxs.
Éramos superhéroes y modelos huesudas
de cara blanca.
Pedíamos postres que no sabíamos pronunciar
en acentos que no eran los nuestros.
Íbamos en aviones con destino a cualquier lugar
que no fuera de donde éramos.

Incluso nuestra negritud era inasequible.
No éramos tan pobres como para no permitirnos un ¿Y si…?
Éramos cuándos y cómos y ahoras
y chasquidos de los dedos para meterle prisa al camarero.

Nuevo
era
una
soga
con
la que
aislarnos
de
la
realidad.

He heredado una estirpe de ropa de segunda mano.
Ha hecho una mecánica y maga de mí.
Ha hecho de mi cuenta bancaria un cubo con un agujero.
El impuesto negro es el agua.
He aprendido a decir que tengo el vaso medio lleno hasta cuando está roto.
También sé clonarme a mí misma.
Dar, incluso cuando no queda.
Tengo a las sobras de mis abuelxs en mis hábitos.

En el lugar de donde vengo,
las herencias no eran siempre cosas materiales.
Una zapatilla de seiscientos rands en la mesa del comedor
era la manifestación de un hambre que llevábamos dentro
y la comida no podía llenar.

Cuando eres negra y pobre
y apareces en un sistema
que te mira como si fueses
mugre.
Cutre.
Desechable.
Rota.
Mano de obra.
Que te habla como si fueses ropa heredada.
Que te gasta como si fueses ropa heredada.
Que te pisa como si fueses ropa heredada.
Que te tira como si fueses ropa heredada.
Nos hacemos pobres para parecer ricxs.

Abrimos la puerta a «la riqueza» con créditos y deudas
y pagos a plazos y cuentas Foschini y facturas
y un ansia constante de más.
De mejor.
De nuevo.

El sistema nos tiene en chozas, lidiando con el síndrome de vivir al día.
Nos tiene conduciendo Mercedes por asentamientos ilegales.
Nunca deja de enseñarnos
lo que no podemos tener,
lo que no podemos ser,
y lo que nos han robado.

En el lugar de donde vengo,
heredar ropa no fue siempre una elección.
(a veces) era lo único que había.
(a veces) era un amor que
decía: Lo he cuidado como oro en paño para ti.
Decía: Ponte este recuerdo conmigo.
Decía: No me saciaré hasta que tú comas.

(a veces) la ropa heredada era un sacrificio que decía:
Estoy aquí.
Sin importar el estado.





Ph Andiswa Mkosi
Koleka Putuma
(Port Elizabeth, Sudáfrica, 1993)
Reside en Cape Town
POETA/ESCRITORA/DRAMATURGA/DIRECTORA DE TEATRO
Amnesia colectivaFlores Raras, 2018
Traducción de Lawrence Schimel y Arrate Hidalgo
para leer MÁS
en TWITTER
su WEB

10 de octubre de 2019

Koleka Putuma, 3 poemas 3 (+1)


Fotografía de Iskeem Semincibi

CENA DE NAVIDAD CON ESQUELETOS

Tu perpetrador tiene los ojos de tu tío
y aliento a brandy barato.

¿Cuántos abortos se te han caído de la boca
mientras contabas los hombres de tu vida?

La locura se sienta a comer a la mesa también
y la bendice con un ojo abierto.



Fotografía de Jarryd Kleinhans

MEMORIAS DE UNA ESCLAVA Y PERSONA CUIR

No quiero morir
con las manos en alto
ni
abierta de piernas.

leídos en NoMeGustaLaPoesía




Fotografía de Andy Mkosi
INSOMNIO

Anoche
guardaste cadáveres en tu garganta,
demasiado asustada para abrir la boca
y derramar a los muertos.
Cómo los echas de menos.
Qué injusto es. Cómo ninguna de nosotras lo comprende.
Vas pasando fotos de gente que estaba aquí
y ya no está.
Vaya broma. Vaya broma más pesada.
Pensaste.
La música está demasiado alta dónde estás.
Al menos la gente parece feliz.
Te preguntas cuántos de ellos guardan cadáveres en la garganta,
Tratando de ahogar las penas con veneno y bailes.
Estás ahí y no estás.
Vuelves a leer los artículos.
Vuelves a pasar las fotos.
Estás en un punto a medias entre torturarte
y tratar de encontrarle el sentido a cosas que no puedes cambiar.
Te sientes enferma y desestabilizada.
Los cadáveres pesan demasiado.
Esto es lo que supone vivir en una morgue
con un felpudo que dice
“alegría”.

leído en Pompas de papel



B O N U S  T R A C K 


Fotografía de Retha Ferguson

[…]

¿No es curioso?
Que cuando preguntan sobre nuestra infancia negra,
solo les interesa nuestro dolor,
como si las partes felices fueran accidentales.
Escribo poemas de amor también,
pero
solo quieres ver mi boca desgarrada en protesta
como si mi boca fuera una herida
con gangrena y pus
en lugar de alegría.



Amnesia colectivaFlores Raras, 2018




Ph Andiswa Mkosi
Koleka Putuma
(Port Elizabeth, Sudáfrica, 1993)
Reside en Cape Town
POETA/ESCRITORA/DRAMATURGA/DIRECTORA DE TEATRO
de Collective AmnesiauHlanga Press, 2017
Amnesia colectiva, Flores Raras, 2018
para leer + en CÍRCULO DE POESÍA
en TWITTER
su WEB


8 de marzo de 2016

Gabeba Baderoon, Viejas fotografías


Fotografía de Leanne Surfleet
VIEJAS FOTOGRAFÍAS

En mi escritorio tengo una fotografía tuya
tomada por la mujer que te amaba entonces.

En otras fotos su sombra se adivina
en primer plano. En esta
su cuerpo no está muy lejos del tuyo.

¿Hiciste ese gesto
porque a ella le gustaba?

Ella no es invisible, ni
mi enemiga, ni siquiera el pasado.
Creo que amo las cosas que ella amó antes.

De todas tus viejas fotografías, prefiero esta
porque me gusta tu gesto. Creo
que estabas a punto de girar la cabeza
y tus ojos miran un poco hacia un lado.

¿Estabas comenzando a irte?

OLD PHOTOGRAPHS

On my desk is a photograph of you

taken by the woman who loved you then.


In some photos her shadow falls
in the foreground. In this one,
her body is not that far from yours.

Did you hold your head that way
because she loved it?

She is not invisible, not
my enemy,
nor even the past.
I think
I love the things she loved.

Of all your old photographs, I wanted
this one for its becoming. I think
you were starting
to turn your head a little,
your eyes looking slightly to the side.

Was this the beginning of leaving?


A Hundred Silences, Kwela Books, Cape Town, 2008



Gabeba Baderoon 
(Port Elizabeth, Sudáfrica, 1969)
de A Hundred Silences, Kwela Books, Cape Town, 2008
en So Much Things to Say: 100 Poets from the First Ten Years of the Calabash
editado por Kwame Dawes y Colin Channer, 2010
Traducción de Martín López-Vega
para leer + en EL CULTURAL
su WEB

23 de junio de 2015

Mongane Wally Serote, Una mañana...


Taiwo y Khenide, The Lujadu Sisters

Una mañana
mi pueblo estará pendiente
de un amanecer...
nos enfrentaremos al sol...
dejando atrás
tantos muertos,
heridos,
locos,
tantas cosas absurdas,
habremos enterrado el 
apartheid -¿Cómo nos 
daremos la mano,
cómo nos abrazaremos 
ese día? ¿Cuáles serán 
nuestras primeras palabras?

-fragmento-





… one morning
my people will hang on a sunrise
as a child after falling would to its mother;
the morning
we shall stand face to face with the sun
like a woman would
who has been raped and raped and raped
a woman whose eyes will stare
whose face will be there without expression
for indeed
many words, many deeds and many things
shall have lost their old meanings;
we shall stand face to face with the sun
we shall hang on a sunrise
perch on the dawn of a day
leaving behind us
so many dead
wounded
mad
so many senseless things
we shall have buried Apartheid—
how shall we look at each other then,
how shall we shake hands,
how shall we hug each other that day?
ah
how shall we smile and laugh
what first words will we utter?
We are a wounded people
so many nights
have we huddled into our dark night
hurt
crying
learning to fight anew
so many nights—
what shall we look like when that sunrise
comes?
what shall we do with its first minute
first hour
first day?


B O N U S   T R A C K

Observaré lo que sucedió…
con el silencio con que las raíces de las plantas
agujerean la tierra



Mongane Wally Serote 
(Johannesburgo, Sudáfrica, 1944)
de A Tough Tale, Kliptown Books, London, 1987
en Poesía i-realidad, Editorial UNAB, Colombia, 2004
para leer + el EPDLP

6 de noviembre de 2014

Ingrid Jonker, 2 poemas 2


Fotografía de Robby Cavanaugh

TE REPASO

Te repaso
sin principio ni fin
repaso tu cuerpo
El día tiene una estrecha sombra
y la noche cruces amarillas
el paisaje no cuenta
y la humanidad es una fila de velas
mientras yo te repaso
con mis pechos
que imitan la cavidad de tus manos

de Humo y ocre, 1963
Traducción de Agustín B. Sequeros



Fotografía de Nishe

EL NIÑO ASESINADO POR LOS SOLDADOS EN NYANGA

El niño no ha muerto
el niño levanta el puño contra su madre
que grita ¡África! grita el olor
a libertad y a brezo
en los emplazamientos del corazón acordonado

El niño levanta el puño contra su padre
en la marcha de las generaciones
que gritan ¡África! gritan el olor
a justicia y a sangre
en las calles de su orgullo armado

El niño no ha muerto
ni en Langa ni en Nyanga
ni en Orlando ni en Sharpeville
ni en la comisaría de Philippi
donde yace con una bala en la cabeza

El niño es la sombra oscura de los soldados
en guardia con fusiles blindados y porras
el niño está presente en todas las asambleas y legislaturas
el niño escruta desde las ventanas de las casas y dentro del corazón de las madres
el niño que sólo quería jugar al sol en Nyanga está en todas partes
el niño hecho hombre recorre toda África
el niño hecho gigante recorre todo el mundo

Sin un pase

Traducción al español de Mario Melnik

THE CHILD WHO WAS SHOT DEAD BY SOLDIERS IN NYANGA

The child is not dead
The child lifts his fists against his mother
Who shouts Afrika ! shouts the breath
Of freedom and the veld
In the locations of the cordoned heart

The child lifts his fists against his father
in the march of the generations
who shouts Afrika ! shout the breath
of righteousness and blood
in the streets of his embattled pride

The child is not dead not at Langa nor at Nyanga
not at Orlando nor at Sharpeville
nor at the police station at Philippi
where he lies with a bullet through his brain

The child is the dark shadow of the soldiers
on guard with rifles Saracens and batons
the child is present at all assemblies and law-givings
the child peers through the windows of houses and into the hearts of mothers
this child who just wanted to play in the sun at Nyanga is everywhere
the child grown to a man treks through all Africa
the child grown into a giant journeys through the whole world

Without a pass

A CRIANÇA QUE FOI MORTA A TIROS POR SOLDADOS EN NYANGA

criança não está morta!
Ela levanta os punhos junto à sua mãe.
Quem grita África ! brada o anseio da liberdade e da estepe,
dos corações entre cordões de isolamento.

criança levanta os punhos junto ao seu pai.
Na marcha das gerações.
Quem grita África! brada o anseio da justiça e do sangue,
nas ruas, com o orgulho em prontidão para luta.

criança não está morta!
Não em Langa, nem em Nyanga
Não em Orlando, nem em Sharpeville
Nem na delegacia de polícia em Filipos,
Onde jaz com uma bala no cérebro.

criança é a sombra escura dos soldados
em prontidão com fuzis sarracenos e cassetetes
criança está presente em todas as assembleias e tribunais
Surge aos pares, nas janelas das casas e nos corações das mães
Aquela criança, que só queria brincar sob o sol de Nyanga, está em toda parte!
Tornou-se um homem que marcha por toda a África
filho crescido, um gigante que atravessa o mundo

Sem dar um só passo.





Ingrid Jonker 
(Douglas, 1933 - Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 1965)
Tradución libre al portugués de Maria Helena D´Eugênio
para leer sobre su VIDA
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...